Historia de las Ideas y los Procesos Políticos 1

  1. El objeto

Mannheim en Ideología y utopía (1927) distinguía la historia de las ideas de la historia de los procesos concretos o materialista. Para el sociólogo la primera es fiduciaria de la segunda; las ideas deben ser puestas en relación con lo que las vuelve posibles. No obstante, esta lectura que reproduce la metáfora de la estructura y la superestructura, no permite aprehender con cabalidad el espíritu que se le quiere dar a la presente propuesta. La relación entre la historia de las ideas o conceptual y los procesos políticos es más compleja y es, todavía, debate abierto.

Si la primera se ocupa del estudio de los “textos y de palabras”, de las representaciones que se hacen de cada época, la segunda hace uso de ellos para analizar y deducir de ellos estados de cosas que no están contenidos en los textos mismos. En otras palabras, la segunda se vale de la primera para estudiar los procesos sociales; la construcción y transformación de las formaciones sociales, formas de organización, relaciones entre colectivos, etc. No obstante, la forma de abordar estos análisis se apoya pero también produce nuevos conceptos. 

Los procesos (permanencia y transformación de la dimensión política de la vida social) son aprehensibles dentro de comunidades lingüísticas que están regulados por determinados conceptos rectores. A la vez, la historia de las ideas no puede ser descontextualizada puesto que la producción de las mismas depende de quién es el hablante, en que pasado, presente y futuro se encuentra y cuáles son sus interlocutores, paradestinatarios, contradestinarios, etc. 

Por eso no se tratará simplemente de realizar una historia de los sistemas teóricos sino de reflexionar sobre y desde una terminología política que será relevante para el acopio y el análisis de las experiencias de los procesos políticos. Ambos son aspectos de un mismo objetivo; pensar críticamente nuestra sociedad y reflexionar en torno a su significado pasado, presente y futuro.

Se debe tener en cuenta que en la  Modernidad, los conceptos como Pueblo, Igualdad y Libertad, las ideas sobre Revolución Industrial, la Declaración Universal de los Derechos Humanos o la Revolución Francesa, entre otros, son a la vez fenómenos históricos y producciones de la semántica política que adquieren dos características importantes; son terreno de confrontación de proyectos políticos a la vez que dan luz a los fenómenos presentes en el campo de la historicidad. Estado, Pueblo, Libertad, Contrato, Revolución, son signos que proporcionan claves de comprensión para entender los fenómenos del pasado pero también del presente y del “de-venir”.[1] Como señala Koselleck “piénsese sólo en el cambio de función y de significado del concepto «revolución» que ofreció, en primer lugar, una fórmula paradigmática del posible retorno de los acontecimientos, que después se reformuló como un concepto límite desde la filosofía de la historia y como concepto político de acción y que —para nosotros— es un indicador de los cambios estructurales. En este caso, la historia conceptual se convierte en una parte integrante de la historia social.” (1993; 110).

Pueblo también también a una categoría históricamente construida. Categoría que por supuesto no tiene un referente empírico, un recorte tangible del otro lado (pueblo no es tal cosa), no se lo puede recortar demográficamente o sociológicamente.  Pueblo, señala la necesidad de los gobiernos republicanos de legitimar su dominación.

En los sistemas monárquicos no existía el pueblo sino que existía una relación (justamente el feudalismo explica eso) servil: había un rey y sus súbditos. Cuando este proceso se modifica y se pasa lentamente, pero se va pasando, a un sistema de dominación republicano el soberano necesita, requiere de ser legitimado por aquellos que lo eligen como tal, entonces la figura del pueblo sostiene, soporta, legitima a este nuevo soberano.

 Pero a la vez este mismo pueblo, que es afirmativo en el sentido de que legitima al soberano, es recolocado en un proceso cultural que se da en simultaneidad como el depositario de lo vulgar, lo bajo, lo atrasado, lo salvaje, lo incivilizado. Es decir que, nuevamente, se observa ahí una inflexión que habla de un vínculo asimétrico donde pueblo deviene un conjunto de sujetos o individuos, para ser coherentes históricamente, incivilizados, sin ilustración, a los cuales hay que educar, y por lo tanto hay una clase política destinada a educar a esos salvajes incivilizados y no ilustrados.

Si como señala Rinesi (2033), apoyándose en Lefort (1990), la política supone un campo de tensión entre orden y conflicto, entonces la historia de las ideas y los procesos políticos deben apuntar a la reflexión y estudio de este territorio tensionado. Un concepto teórico remite, se diferencia y se distancia de otros, lo que le permite su propia identidad pero también permite explicar la experiencia histórica. La exégesis de las diferentes formas de abordar el concepto Estado, por ejemplo, y su relación con el mercado o la idea de Pueblo y la del Ciudadano, desborda el ámbito teórico - abstracto. Los procesos políticos quedan comprendidos en la adquisición del lenguaje así como la permanencia, el cambio y la futuridad de cada situación socio-histórica. Así, es imposible separar el sistema de ideas de su contexto, como tampoco es posible hacer la operación inversa. No obstante, si bien son dimensiones que se corresponden mutuamente, es necesario describir sus lógicas diversas para entender su identidad.

 De allí que abarcar el estudio de las ideas y los procesos políticos, (siempre desde un recorte histórico que implica también una mirada arbitraria legitimada en el campo académico) enlaza analizar críticamente los sistemas de ideas relevantes, teniendo en cuenta la limitación conceptual de su época y en la auto comprensión del uso del lenguaje que hicieron las partes interesadas en el pasado. Y a  la vez  se centrará en diferentes momentos históricos, los conflictos políticos y sus resoluciones.

Además, el estudio y la reflexión de estos textos y los procesos producidos desde diferentes campos, experiencias y legitimidades del saber, permiten articular y sistematizar una comprensión de los tiempos modernos y tardíamente modernos como historia cultural. Es decir en tanto universos de problemáticas en disputa, entendidas como constructos culturales para la propia producción crítico-teórica, expresándose en el mundo de las ideas como así también en los procesos políticos en que se diseminan.

 

[1] Aquí se hace referencia al dispositivo del Fouclault y desarrollado por Deleuze. Este está dividido entre el archivo (la parte histórica) y el diagnóstico, el cual está compuesto por lo actual y el presente. Mientras este último da cuenta de lo que ya está dejando de ser, lo actual es aquello que ya estamos empezando a ser,  lo que devenimos. 

NOTAS TEÓRICO 13.30 (SOLO DEL TRABAJO FINAL GRUPAL)

NOTAS TRABAJO FINAL (FALTA PROMEDIAR) 

Notas finales comisión de prácticos miércoles

Tercer parcial fecha miércoles 6 de diciembre 13.30 hs aula del teórico. Textos: Laclau, Lechner, Manzano, Garretón, Mouffe

El mièrcoles 6 de diciembre 13.30 hs  en el aula de los teóricos, se tomara el TERCER PARCIAL

Autores: Mouffe, Laclau, Lechner, Garretón, Manzano, James. 

Listado de alumnos de comisión miércoles 13.30-15.30 que entregaron trabajo práctico conceptual

El listado està publicado en pestaña textos.