El rebelde que venció al ruido

El Titán en un grito que sintetiza su historia

Por CriSTiaN GroSSo

La familia Palermo elegía Necochea para disfrutar de las vacaciones. A veces, en el balneario Tres Arroyos. Otras, en El Atlántico, un escenario mucho más futbolero que alentaba ese mecanismo de adoración de los fanáticos hacia sus ídolos. 

De aquellos días Martín conserva fotos con los planteles de Estudiantes, Vélez y River, que pasaban por allí de pretemporada. Es más, juran que en algún cajón de la casa de siempre en La Plata hay una imagen junto al Beto Alonso. Pero a mediados de los 80 hubo un cambio de planes. Esa vez, Carlos y Mary, los padres, escogieron Santa Teresita. Especialmente el balneario Takamar, donde Martín, un adolescente con pelo largo y peinados raros que transitaba por las divisiones menores pincharratas, se entretenía con el voleibol playero. Por entonces lo atrapaba la música. Y, en especial, Soda Stereo, que acababa de lanzar su segundo disco Nada personal. La habitación de Martín estaba empapelada con pósters del grupo. La influencia de Cerati, Alberti y Zeta Bosio resultaba evidente: al Loco era usual verlo con jean rotos, la campera agujereada, los ojos con delineador y aritos. 

Ese pibe se hizo hombre. Pero antes le pasó de todo y todos lo saben. Como no aparecía entre los planes de Miguel Russo en Estudiantes, a los 21 años cambió La Plata por San Miguel de Tucumán. Pero en la Ciudadela recibiría otra dosis de displicencia y desdén. A San Martín lo dirigía Héctor Jesús Martínez., faltaban dos días para el comienzo de la B Nacional. El jueves participó de la práctica, la Garza hizo un gol y al día siguiente debía firmar. Se encontró con un dirigente que lo sorprendió: "¿Quién sos?", lo interrogó. Mal comienzo. Palermo le explicó quién era y que estaba allí para cerrar su vínculo con el club. El Loco recordó un préstamo., por $ 20.000. "No", fue la seca respuesta que escuchó. Recuerdan que hasta en algunos diarios el apellido Palermo apareció en la probable formación de ese frustrado debut ante Deportivo Morón. 

Desobediente, corrosivo, provocador, las excentricidades decoraron la primera mitad de su carrera. Maduró con los años y los bofetazos de la vida, especialmente los que lo emboscaron más allá de una cancha. La segunda etapa de su trayectoria describió a un emblema de cuidado perfil, que se distanció de los disparos altisonantes. Y sin perder una pizca de carisma, se rebeló contra ese mandato social que asegura que ser profesional y discreto es un obstáculo en un fútbol que tantas veces celebra la exposición. Nadie con nobles intenciones podría apodarlo "Mago", pero él se reinventó, desafío al ruido y se convirtió en leyenda. 

Publicado en http://www.canchallena.com/ - 13 de Junio de 2011 -