La formación de entrenadores, elemento central del crecimiento

La formación de entrenadores, elemento central del crecimiento

Por FeRnAndO PaCiNi 

La histórica producción de futbolistas de calidad ha decrecido en los últimos tiempos. Acaso porque el mercado arranca a los jugadores tempranamente, o tal vez porque la combinación de genética privilegiada con pasión por el juego ya no es suficiente sin actualizar los métodos.

Pero también es posible que la formación se haya relajado. La Argentina alguna vez estuvo a la vanguardia, con Cesarini, Griffa, Griguol, Duchini, etcétera. Hoy, países con menor tradición se nos han adelantado. No se puede intervenir sobre la genética ni sobre el mercado global. Pero sí se puede devolverle prestigio a la formación. 

La calle, el potrero (los que queden), el barrio, son lugares donde se forjan el carácter, la competitividad y tantas otras cosas. Exaltados estos valores, es mejor no despreciar los contenidos académicos. La calle y la academia son compatibles, aunque en el fútbol tenemos la extraña tendencia de suponer que la calle es de los vivos, y la academia, de los giles. 

Sudamérica y la Argentina podrían promover un ámbito de formación de excelencia. Formar y desparramar calificados entrenadores por todo el país, y que los padres y ex jugadores que hoy dirigen inferiores estén capacitados para enseñar, además de ser padres y ex jugadores. Una Academia Nacional de entrenadores no debería ser el solitario esfuerzo de la Asociación de Técnicos. Debería ser un asunto "de estado", un objetivo de toda la comunidad futbolística, estimulado y sostenido por las Federaciones. Derivar recursos en esa dirección nunca será un gasto. En el fenómeno educativo está la garantía de que los conocimientos se transfieran y que en las sucesivas transferencias se enriquezcan. 

En ocasión de la Copa América pudo haberse organizado un congreso con la participación de los seleccionadores. No fue posible. ¿No hubiera sido interesante pedirle a Markarian que preparara una charla sobre conducción, a Tabárez sobre la composición del ataque, a Farías sobre la evolución de Venezuela, a Mano Menezes sobre la merma del talento, etcétera? 

La Federación Española, por ejemplo, dicta una licenciatura para ex jugadores que como mínimo hayan jugado 8 temporadas en la liga. Se divide en tres bloques, dedicados a la formación de infantiles y cadetes, a la de juveniles y a la de profesionales. Más de 430 horas lectivas por bloque (el último segmento incluye, además, 6 meses de prácticas). Los alumnos dan testimonio de la alta calidad de los contenidos, de lo exigente que resulta y de lo mejorados que están al acabar el curso. Nadie les quita las herramientas con las que llegaron, pero seguro se van con otras nuevas. 

Messi es una muestra contundente del resultado que puede producir la fusión de naturaleza y programa. Es la mezcla justa de esa genética sudamericana, llena de amor por el juego, singular y hasta romántica, con la horneada final de un programa. Messi es la hipótesis de máxima. Si la Argentina pudiera trazar un plan capaz de recrear aquellos elementos que hacían a la formación espontánea -y que hoy ya no están por razones que exceden al fútbol, sumada a una vasta generación de entrenadores altamente calificados, las posibilidades de quedar rezagados serán mucho menores que hoy. 

 

Publicado en http://www.canchallena.com/ - 23 de Marzo de 2012