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Argentina ya tiene ley de identidad de género

Por Claudia Vásquez Haro

En un acto histórico el Congreso Nacional voto a favor de una ley que sienta precedente en nuestro país y el mundo. Por su alcance y su grado de inclusión, determina que cada persona tiene derecho a la vivencia interna e individual del género tal cual lo siente, pudiendo corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento. Según el caso, la o el peticionante pueden solicitar el cambio del nombre de pila, la imagen, y/o la rectificación registral del sexo para que se ajuste a su vivencia personal del cuerpo e identidad autopercibida. Para ello solo se deberá ser mayor de 18 años y en el caso de los menores de edad lo harán bajo el consentimiento de sus padres o tutores.

A su vez esta ley despatologiza, desjudicializa, descriminaliza y desestigmatiza estas identidades. La legislación argentina no solicitará pericias y diagnósticos psiquiátricos o trámites judiciales ni administrativos para los cambios registrales ni tampoco para el acceso pleno a la salud. De esta manera la norma fomenta la reducción de la desigualdad, a diferencia de otras leyes pioneras como la española que exige diagnósticos psiquiátricos para el acceso a operaciones de reasignación sexual. Esta ley de máxima obliga al sistema público y privado a prever tratamientos hormonales y/u operaciones parciales o totales entendiendo a la salud como un derecho humano básico y fundamental.

La ley de Identidad de Género es el producto de una lucha que han llevado adelante diferentes movimientos LGBT en conjunto con otras instituciones políticas, sociales y académicas como es el caso de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que fue la Primera Unidad Académica que se expidió a favor del reconocimiento y el respeto de la identidad género autopercibida en su ámbito formativo.

Pensar que cuando armamos el proyecto de resolución en la facultad, decíamos que uno de los objetivos principales era que esta medida sirviera para instalar el tema en la agenda política, académica y mediática del país, para lograr materializarlo en una ley que reconozca la identidad de género en el DNI”, recordó Jorge Jaunarena, secretario de Derechos Humanos de esta Facultad.

Esa resolución llega en el 2008, con la cual se me otorga este derecho y, de esta forma, paso a ser la primera persona trans en la historia de la UNLP en ser reconocida en mi identidad de género por una facultad latinoamericana. El caso de la FPyCS es un ejemplo de cambio cultural sin precedentes que se amparo en la búsqueda de la inclusión social de todo sus alumnos, docentes y no docentes, para un trato igualitario y no discriminatorio que garantizara la permanencia en el sistema universitario de todos aquellos que sufrimos la discriminación y el estigma por nuestra identidad diversa.

A partir de este avance, otras facultades y universidades del país se inspiraron en el caso de la FPyCS para replicar esta iniciativa en sus respectivas casas de altos estudios, como fue el caso de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP, las universidades de La Patagonia Austral, del Comahue, Córdoba, UBA, entre otras.

Esta ley tiene que ser entendida como un proceso de reparación histórica y simbólica hacia nuestra comunidad, por la violación sistemática de nuestros derechos humanos que no nos permitió ser reconocidxs como ciudadnxs sujetxs a derecho.

Hemos aprendido que la ley es un primer paso y una herramienta indispensable, pero redoblamos la apuesta y asumimos el enorme desafío para dar la batalla cultural y que como ciudadanxs de esta nación nos involucra a todos y a todas. La historia nos demostró que el destino de nuestro pueblo está en nuestras manos y que tenemos la posibilidad de torcerlo y cambiar su rumbo hacia una sociedad pluricultural donde todos tengamos los mismos derechos y la libertad de expresarse en la diversidad.

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