“Solita se tiró alcohol y se prendió fuego”

Por Florencia Cremona

 

Una vez más, se repite la historia de la impunidad:  el incineramiento de una mujer embarazada de siete meses, invadió las páginas de los diarios locales. Paula Sofía González , la joven de 21 años perdió a su bebé a causa de las quemaduras sufridas en un 75% del cuerpo, especialmente el rostro, las manos y gran parte del cuerpo . Y hoy murió.

Paula había denunciado a su pareja hace tiempo atrás “por golpes”. Por su parte, la pareja de la víctima asegura que la chica se prendió fuego sola, tal como ocurrió con el caso Taddei.

Patricia, hermana de la víctima,  relató: “presencié el parto y ya nació muerta, su cuerpito estaba sin vida” y agregó que los médicos le dijeron que “las probabilidades de vida (de su hermana) son mínimas, está en las manos de Dios”.

El diario local  El Día cubrió la noticia en su edición matutina del diario on-line:

Anteanoche, la joven, que estaba embarazada de siete meses, sufrió quemaduras en el 75 por ciento de su cuerpo y perdió a su bebé en gestación tras prenderse fuego con alcohol durante una discusión con su pareja en su casa de la calle 141 entre 530 y 531. (El Día, Policiales, sábado 16 de junio).

Si bien el fiscal no encontró elementos para imputar a la pareja de la víctima en la causa y el medio aclara en la cobertura del hecho que “aún se investiga si Paula Sofía González fue víctima de un accidente, de un ataque o si ella misma se lesionó”, las expresiones utilizadas por el/la cronista a la hora de narrar que su cuerpo sufrió quemaduras  “tras prenderse fuego” (resaltada en cursiva) alude a la presunción de inocencia de su pareja, pero también, y de modo peligroso a nociones que circulan en los discursos públicos sobre las víctimas de la violencia machista. Estas nociones de sentido común producen y reproducen prejuicios que desvirtúan el tratamiento mediático de los casos que presentan características similares al que se presenta.

Los desbordes psicológicos de una mujer que se enfrenta una pelea de pareja,  evidencia, en este como en otros casos la probabilidad de un castigo auto-infligido, como si se tratase de una llamada de atención de una mujer que se despoja de su subjetividad para hacerse visible-audible ante los ojos inermes de su cónyuge, para pasar a ser protagonista de una crónica sangrienta donde ya nadie podrá acallarla. La realidad, sin embargo, demuestra que la estrategia del incineramiento para borrar las huellas del crimen, el hermético escenario de lo doméstico como espacio de intimidad , las denuncias y las sospechas de los familiares de la víctima, abonan el terreno de lo no dicho por la justicia y los medios de comunicación.

Ante estos silencios surgen los interrogantes: ¿Qué pasos se siguieron tras la denuncia por violencia de género que efectuó la hermana de la víctima en la comisaría? ¿Cómo es posible abordar un caso de estas características sin profundizar en las causas y los procesos que desencadenan la expresión más cruda de la violencia contra las mujeres, el femicidio? ¿Cuál es el impacto que tiene/ha tenido en la opinión pública, en los efectores de políticas públicas y quienes administran e imparten justicia la sucesión de casos de incineramiento como método y estrategia para garantizar la reproducción de la impunidad?

Observatorio de Comunicación y Género del Centro de C y Genero de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.