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La lucha por la no discriminación es una práctica permanente

 

Por: Claudia Vásquez Haro

Una vez más vuelvo a chocar con las barreras de la exclusión y la discriminación por parte de las instituciones del Estado Argentino.  Esta vez fue en la Oficina de Convalidación de Títulos Secundarios y Técnicos, del Ministerio de Educación de la Nación.

 

El pasado 29 de abril, me dirigí a la Oficina de Convalidación de Títulos Secundarios y Técnicos, ubicada en la calle Montevideo 950 (CABA) a consultar acerca del trámite para la convalidación de título secundario, para poder  obtener mi título universitario de Licenciada en Comunicación Social, obtenido en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata –concluido el 09/06/12–.

Ante mi consulta del trámite que debía seguir para lograr la convalidación  me informaron que la resolución no iba a contemplar mi identidad autopercibida en franca contradicción con los postulados de la ley 26.743 (ley de identidad de género) generándome graves perjuicios para obtener mi título universitario.

La funcionaria  María Elena Di Nuso, mostró un claro desconocimiento de las normas que rigen el Estado Nacional al negarse a dar impulso al trámite por la mera circunstancia de que en mi título secundario procedente de la hermana  República del Perú consta el nombre que se me asignó al momento de nacer.

Esta situación pone de manifiesto una violación clara a mis derechos constitucionales, presentándome escollos innecesarios para proseguir el trámite, dado que en virtud de la Ley Nacional de Identidad de Género he efectuado el ejercicio previsto en dicha ley (Art. 3) y su decreto reglamentario 1007/12 (Art. 9) que prevé el supuesto de las personas extranjeras –como mi caso–, dando inicio al expediente administrativo 22240562006 y Disposición 26907 del Ministerio del Interior de la Nación que determinó mi identidad de género autopercibida y la expedición del Documento Nacional de Identidad con mi nombre real, Claudia Vásquez Haro.

Mi historia de vida, esta signada por una serie de obstáculos e impedimentos que no permiten el acceso y cumplimiento  de derechos constitucionales que tiene todx ciudadanx en este país. Esta historia de vida no es individual sino colectiva, no es un hecho aislado,  es lo que nos pasa a cada persona trans cuando chocamos con las instituciones que fueron creadas por  y para heterosexuales y que aun habiéndose sancionado la ley de identidad de género, prácticas autoritarias y represivas intentan seguir  sosteniendo el status quo.

Me parece importante y  es necesario dejar en claro que las instituciones por si solas no son nada. Somos nosotrxs,  lxs sujetxs sociales cargados de nuestras ideologías  y costumbres, quienes le  damos sentido, es decir, en este caso  lo que se pone de manifiesto de manera casi automática  son los mecanismos de un viejo orden   autoritario, patriarcal, machista, sexista y heteronormativo. Mecanismos  al cual le estamos dando batalla desde otra mirada de mundo, más inclusiva, diversa e igualitaria.

La sanción de la ley de identidad de género en mayo del 2012, viene a sentar la base jurídica para nosotrxs, pero la batalla  cultural es la que venimos dando día a día. Tengo una visión profundamente Gramsciana, de pensar que las instituciones hay que transformarlas desde a dentro de ellas. Estos mecanismos de represión violan nuestros derechos humanos y atentan con la integridad del colectivo trans en la argentina.

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