Mujeres que derriban fronteras
 
Prensa
 

Mujeres que derriban fronteras

Por Flavia Delmas*

En el calendario hay días que no son iguales a los demás. El 8 de marzo es uno de esos días que con el correr del tiempo se ha extendido a todo el mes de marzo, en cientos y cientos de actos y manifestaciones de diferente tipo y con multiplicidad de colores, las mujeres del mundo volvemos a decir, a reflexionar, a conmemorar la necesaria emancipación, la necesaria erradicación de todos los tipos de violencia, que nos permita vivir en sociedades más democráticas con relaciones más igualitaria.

Generalmente cuando se escribe por el 8 de marzo se recuerda que en esa fecha en 1908 trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York llamada Cotton declararon una huelga en protesta por las condiciones insoportables de trabajo ocuparon la fábrica. El dueño cerró las puertas y las prendió fuego. Las 129 trabajadoras murieron.

También se hace referencia a la propuesta de internacionalizar el día, hecha por Clara Zetkin, líder del movimiento alemán de mujeres socialistas, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910. Algunos artículos rememoran que en Rusia en el año 1917 las mujeres se amotinaron ante la falta de alimentos, dando inicio al proceso revolucionario que acabaría en el mes de octubre de ese mismo año, y que a partir de allí el Día Internacional de la Mujer se celebrara sin más cambios hasta la actualidad el 8 de marzo.

Se menciona que queda establecido el 8 de marzo como fecha de conmemoración internacional en Naciones Unidas, en 1975, durante la 1º Conferencia Mundial de la Mujer realizada en México. Esa Conferencia en la que Domitila Chungara alza su voz en la Tribuna, para denunciar la explotación que sufrían sus compañeros mineros en Bolivia, posición que la llevó a debatir con Betty Friedan, a quien le dijo: “Señora, hace una semana que yo la conozco a usted. Cada mañana usted llega con un traje diferente; y sin embargo, yo no. Cada día llega usted pintada y peinada como quien tiene tiempo de pasar en una peluquería bien elegante y puede gastar buena plata en eso; y, sin embargo, yo no. Yo veo que usted tiene cada tarde un chofer en un carro esperándola a la puerta de este local para recogerla a su casa; y, sin embargo, yo no. Y para presentarse aquí como se presenta, estoy segura de que usted vive en una vivienda bien elegante. Nosotras las mujeres de los mineros, tenemos solamente una pequeña vivienda prestada y cuando se muere nuestro esposo o se enferma o lo retiran de la empresa, tenemos noventa días para abandonar la vivienda y estamos en la calle. Ahora, señora, dígame; ¿tiene usted algo semejante a mi situación? ¿Tengo yo algo semejante a la situación de usted? Entonces, ¿de qué igualdad vamos a hablar entre nosotras? ¿Si usted y yo no nos parecemos, si usted y yo somos tan diferentes? Nosotras no podemos, en este momento, ser iguales, aun como mujeres”.

Cristina con todas letras

En este marzo es preciso detenerse en nuestro país porque nos atraviesa un momento histórico que hace que esta conmemoración sea particular, al menos para muchas personas. Estamos en el último año de gestión de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, la primera mujer elegida en dos oportunidades por la amplia mayoría del pueblo (me animo a afirmar que serían más de dos si la Constitución nos lo permitiese). Se produce, con su llegada al poder, una transformación que tiene que ver en principio con lo que se cree y con los límites, se rompe la barrera del “hasta acá llegaste”, el mito que se ancla en el sentido común que sostiene que “las mujeres no sabemos de política” y que debemos ser tuteladas, representadas.

Cabe recordar que fue necesaria una ley de cupo del 30% para que ingresen mujeres en las listas de los partidos políticos, y aunque deberíamos estar debatiendo la equidad, es decir el 50%, vemos (con atenta vigilancia) las artimañas permanentes para evadirlo.   

La otra creencia es muy cara cuando llega el momento de circular por los juzgados o cuando se denuncia un abuso.  También entre las paredes de una casa, en la cama, en las iglesias, en los sindicatos, en los espacios públicos y privados donde históricamente la construcción del discurso y la autoridad  han sido territorio de varones.

Ese otro giro que se produce tiene que ver con la resignificación social del valor de la palabra dicha por una mujer, la palabra con valor de palabra transformadora, de palabra que comunica y decide, de palabra que con inteligencia despliega estrategias, crea significantes, introduce sentidos,  que se cuela en las prácticas, que increpa e interpela, la palabra valiente que no busca escapatorias y que desafía los silencios.

Marzo es un mes de conmemoración y manifestación, es un mes en el que Julieta Lanteri, Flora Tristán, Cecilia Grierson, Eva Perón, Piri Lugones, Alicia Eguren, Norma Arrostito, Dora Coledesky, Ana María Acevedo, Estela Maldonado y tantas otras cuyos nombres trascendieron y tantas otras cuyos nombres atesoramos en nuestro recuerdo, y tantas otras que construyen la patria grande y tantas otras que gastaron sus zapatos en una plaza, y tantas otras que pelean el día a día desde las barricadas más inimaginables, vuelven a nuestra memoria, nos acompañan en las calles, nos recuerdan que las luchas no son en vano, que queda tanto por hacer, tanto camino a recorrer, tantas fronteras a derribar.

*Directora de la Especialización en Comunicación y Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

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