La educación y la vida. Un libro para maestros de escuela y educadores populares. Reseña crítica Por Adrián Ferrero
 
EPC
 

La educación y la vida. Un libro para maestros de escuela y educadores populares. Reseña crítica Por Adrián Ferrero

En su Prólogo al presente libro, Florencia Saintout, decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, evoca en primer lugar al autor y docente fallecido, su trayectoria coherente, su carácter de referente ineludible en los estudios de educación en el contexto académico, así como contextualiza el trabajo en el marco del resto de su obra. Menciona la relevancia de la presente publicación en tiempos de restauración conservadora en toda la región y repasa a grandes rasgos los contenidos de la investigación. Por otro lado, pone el énfasis en su  importancia en el marco del pensamiento crítico, popular y emancipatorio. Por último, y en un  balance de la trayectoria del autor y lo que podríamos llamar su legado, se refiere a la singularidad y los aportes del pensamiento de Jorge Huergo: su abordaje de la Educación desde la Comunicación, en un entrecruzamiento de prácticas, en toda su fecunda singularidad.  

     La educación y la vida condensa, con solidez pero también con concisión, lo más sustantivo de las  teorías y las prácticas pedagógicas que, en ocasiones de modo atomizado, suelen ser analizadas (y naturalizadas) por separado y sin la posibilidad de ponerlas en diálogo y de modo sistemático. Huergo las revisa, por otra parte, críticamente, sometiéndolas a un enfoque analítico además de expositivo. Porque el autor concibe a la educación como una zona (en ocasiones problemática y conflictiva, no exenta de contradicciones) de prácticas, saberes, modos de inscripción en los cuerpos de esas teorías y de ellas en tanto que constructos culturales.

     En efecto, historizando prácticas, instituciones, representaciones sociales, formas de producir y transmitir del saber, modos de concebir e imaginar la educación así como el lugar que en ese marco se les otorga a los sujetos  (tanto como docentes, como alumnos, ocupando un rol más pasivo o más activo dentro de esos sistemas) Huergo también recapitula dichas teorías. Inicia su exposición partiendo del siglo  XVII, con la pedagogía de Juan Amós Comenio, y a continuación prosigue con el contractualismo y el iluminismo, la política educativa oficial sarmientina en nuestro país (que opone el sujeto civilizado frente al sujeto bárbaro), el normalismo y el positivismo, el idealismo y el espiritualismo, el desarrollismo y la modernidad. Hasta llegar a las teorías y las prácticas pedagógicas concebidas a la luz del sistema neoliberal y tecnocráctico. Se detiene entonces en las ideologías en las cuales, mediante un supuesto “discurso de la calidad educativa se encubre por detrás el tema de la medición de cantidades”, con vistas a formar sujetos económicamente productivos. Este pensamiento pedagógico (o “ideología de la no ideología”, como afirma Huergo) ha cundido paralelamente con la instrumentación de políticas educativas del capitalismo reciente en las cuales se aspira más que a brindar una formación, se aspira a una capacitación de recursos humanos, específicamente de los docentes. La privatización de las instituciones, el avasallamiento, el retroceso del Estado como instancia integradora de los sujetos así como proveedora de destrezas y recursos para una sociedad más igualitaria de inclusiva se cargan de un léxico paralelo. Ese léxico se apodera de palabras como “calidad, competitividad, eficiencia, eficacia, racionalidad de la gestión”, como explica el autor.

     El objetivo de Huergo es claro: indagar en el nacimiento de la escuela como institución, de ella como espacio al cual se ha restringido el aprendizaje de prácticas culturales, conocimientos y saberes, operaciones y destrezas concretas. Así, esa institución ha sido divorciada y separada de los contextos sociales en el  seno de los cuales está inserta. Esta es una hipótesis fuerte del libro. La necesidad la que la educación “regrese” a la sociedad.  Que sea revisada en tanto que sede exclusiva de las prácticas educativas. Porque en lugar de ser pensada como un ámbito más de aprendizaje entre muchos otros espacios formativos (incluso otros también institucionales) se ve divorciada de la sociedad y se deposita en ella  toda la responsabilidad formativa. El mencionado divorcio hace que los sujetos sólo asistan al aprendizaje como una instancia escolarizada. De allí la gran preocupación de Huergo de “la vida en la educación”:

     La escuela, en un arco complejo y al mismo tiempo distinto en sus matices (también según su historia), abarca desde el internado y la reclusión  hasta ámbitos de una relativa o mayor apertura extramuros en los cuales se puede advertir la vocación de dar lugar a otras instancias de la relación entre los sujetos, los saberes y las prácticas. Pero dentro las perspectivas de la escuela como eje del sistema educativo queda inscripta en los cuerpos y la socialización, en la mirada sobre la libertad y la dominación, sobre el acontecimiento educativo y su evaluación. En la medida en que la educación va al encuentro de la sociedad inspirada por líneas de pensamiento emancipatorio, tanto más libre será esa sociedad así como sus miembros.  

     Preocupa a Huergo precisamente este punto. De qué modo la escuela, en tanto que institución que debiera ser de carácter integrador y agente de cambio, de pensamiento para la emancipación y de estímulo para la creación en el seno de la vida, corre el peligro de divorciarse de ella debido a ciertas ideologías que pretenden convertirla en un mero espacio formador de recursos humanos o de preparación como antesala para el ingreso a s vez a otras instituciones. Esta posición distancia institución escolar de experiencia y, al mismo tiempo, institución escolar de crítica al statu quo cultural en sus costados más represivos.

     Se busca en la escuela no la producción de nuevos sentidos (y de un pensamiento cuestionador y problematizador) sino que se aspira a formar sujetos que reproduzcan cuando no memoricen conocimientos adquiridos. La escuela debe ser a ojos de Huergo un sistema de producción de nuevos sentidos a la luz de las necesidades de las comunidades de a las que deben integrarse.

     La segunda parte, titulada “La vida en la educación”, tiene, según las palabras preliminares del autor, la función triple de desnaturalizar, problematizar y resignificar. Estas tres operaciones, conjugadas, persiguen el objetivo, cada una en su singularidad, de ir al encuentro de un pensamiento crítico claramente alternativo al propuesto hasta el momento por las líneas dominantes que Huergo procedió a exponer en páginas anteriores. Ya las pedagogías y las ideologías que las sostienen serían sometidas a una intensa revisión a la luz de la cual repensarlas. Concretamente la desnaturalización, la primera de estas operaciones, es la que permite al lector, a la lectora, poner en cuestión “las formas naturalizadas mediante las cuales práctica educativa y condiciones históricas e intereses la produjeron”.  La problematización “abre las posibilidades de condiciones de producción a la idea de práctica educativa”. Estas otras posibilidades que alumbraron nuevas prácticas educativas alternativas, fueron sustraídas e invisibilizadas por los intereses de dominación de los poderes, precisamente contra los cuales estas prácticas educativas revestían una amenaza o atentaban contra su concreción. El tercer movimiento, el de la resignificación, es una operación que se configura bajo la forma de interrogarse acerca de esas mismas prácticas y sus premisas, meditar acercar de nuevas formas de posibilidad (y responsabilidad) de su realización concreta.

     Como puede apreciarse, Jorge Huergo concibe también su abordaje desde una narrativa histórica de la educación como un doble movimiento que se articula entre las concepciones teóricas y una revisión de las prácticas,  sea dando cuenta de dar cuenta de casos concretos de experiencias, sea mediante la descripción de las prácticas que de dichas teorías pueden potencialmente emanar. Este abordaje tan rico es el que permite que los docentes se asomen al presente libro desde una mirada de realizaciones concretas que no sólo les permita reflexionar acerca de cómo, para qué y a quiénes educar sino a través de propuestas  Pero en especial pensarse ellos mismo en esos contextos como vehículos de cambio.

     Esta diferencia entre una educación para la vida y de la vida en la educación, no es una mera una fórmula o un juego de palabras. Es el modo más intenso en que Jorge Huergo deja en claro su posición frente a la teoría, las prácticas, los saberes y el lugar asignado a los sujetos en seno del  fenómeno educativo. La vida en la educación no admite una definición simplista. Menos aún prácticas simplistas.

     Esta investigación constituye una intervención académica que introduce una reflexión meditada, esclarecida, sistemática, documentada, informada, acerca de un corpus de filosofías y teorías de la educación, así como de las prácticas implícitas en ellas. Las de un conjunto de pedagogos (en algunos casos también miembros disidentes latinoamericanos del clero) que alentaron una aproximación a la educación que no divorciara la vida entre lo escolar y lo  extraescolar. Lo institucional de la vida cotidiana.  Que fomentara relaciones más horizontales e interactivas entre docentes y alumnos y entre prácticas escolares y prácticas de participación política. De una educación que no renunciara a pensarse como una forma de liberación en el marco de una sociedad en la que era urgente el pensamiento para la libertad.

      Una educación como laboratorio permanente, como espacio integrador en el seno de la vida y sus procesos sociales dinámicos  Una educación que intervenga en ese mundo como agente de justicia social y lo interrogue de modo cuestionador. Que lo haga con la intención de modificarlo inspirada por concepciones más equitativas e inclusivas en el seno de las cuales los sujetos ocupen un rol activo e imprescindible. También un pensamiento pedagógico concebido desde y para América Latina. Desde y para Argentina. Todo esto desveló a Jorge Huergo y quedó plasmado en la presente investigación.

     El libro cuenta asimismo con un importante capítulo escrito por Diana Rogovsky que aborda el caso concreto del gobierno peronismo  (1945-1955) y la educación como pedagogía popular. En él, traza algunas hipótesis en torno de concepciones políticas y  prácticas educativas y de educación en el seno de la etapa de este gobierno.  

  •  

Correo Perio