Invierno de 2008. El invierno es ese período que está definido por los tres meses que van del 21 de junio al 21 de septiembre en el hemisferio Sur del planeta Tierra, tercer planeta viniendo desde el Sol. En general hace más frío que en las otras estaciones. Y en este rincón del mundo, nuestra ciudad de La Plata, el viento helado arrecia doblando las esquinas, llega y se va furibundo por las diagonales, sitia tanto al extraordinario edificio del Teatro Argentino como a las casas de los más humildes que -en esta ciudad- no sólo están en la periferia, hace crujir la corteza de los cientos de árboles que enraízan la trama más pensada a un suelo que siempre la sintió ajena.
El invierno, por supuesto, también, enfunda en bufandas de colores extremos a los miles de estudiantes que son una marca distintiva de La Plata; el invierno concentra aún más a esos grupos de jóvenes que van caminando en torbellinos de miradas, suspiros, promesas y sueños enteros; el invierno da tema de conversación más aún que el otoño, la primavera y el verano juntos.
Esto y mucho más es el invierno en La Plata, como cualquier ciudad, pueblo o aldea... en que los relieves se hacen Geografía justo en el cruce con las historias, en que las construcciones se hacen Política en el exacto encuentro con la Historia, en que las imágenes trocan en Comunicación sólo si hacen dialogar las necesidades con las provisiones.
Hace quince años ya, en medio de un invierno tan igual a todos -en esta La Plata-, el 17 de agosto, una patrulla policial entre los que estaban Walter Abrigo y Justo López, detuvo a uno de aquellos tantos estudiantes que hacen de esta ciudad un jardín en flor permanente. Miguel Brú es su nombre. En la comisaría 9na. de La Plata, lo torturaron con la participación necesaria deDomingo Ojeda y Daniel Ceresetto. Lo retiraron ya al borde de la muerte y lo desaparecieron. Luego Amílcar Vara, juez, hizo todo lo que pudo para que ninguna investigación prosperara. Y tantos otros -todos los sabemos- son tan culpables como éstos y a los cuales sólo los protege su cobardía.
Digo que en medio de un invierno de hace quince años ya, un alumno de nuestra Facultad de Periodismo y Comunicación Social, un estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, fue secuestrado, torturado, dicen que muerto y efectivamente desaparecido por personas de carne, hueso e identidad comprobada. Que siguen disfrutando de la impunidad con que el sistema económico, social y político definido como capitalismo define la cultura democrática en el invierno, la primavera, el verano y el otoño en esta ciudad hermosa y trágica... como cualquier ciudad, pueblo, región, país o aldea que no ha definido para sí reglas de justicia que respeten los derechos de todos.
Es Question una publicación académica que participa de varios proyectos educativos y científicos. Y los que la hacemos postulamos que lo académico, lo científico, lo educativo, se definen como tales sólo si proveen a la justicia social, a la transformación de los procesos históricos, a la reconfiguración de las relaciones humanas en pos de la felicidad de todas las personas en un equilibrio armónico con el uso de los recursos naturales y culturales que aseguren la vida en todas sus formas, reconociéndole sus identidades profundas y verdaderas.
Por eso es que denunciamos y reclamamos por la aparición con vida de Miguel Brú, como símbolo de la demanda que hacemos por todas las víctimas de los regímenes con que la Injusticia Social se viste para perpetuarse.
En el editorial del número 18, el otoño de 2008, reseñamos el humo y los sordos ruidos con que agoreros del pasado nacional nos querían construir un nuevo presente que desandara los incipientísimos caminos de Justicia que estamos recorriendo luego de mucha impunidad. Y afirmábamos que el tiempo se acababa y las excusas eran la vergüenza de la hora al momento de explicar nuestra propia posición en aquel debate.
Entonces... ¿dónde está Miguel? ¿qué hacen con él? ¿qué hacemos con él?... porque si no, pareciera que Auschwitz no es un recuerdo del pasado sino que está al final de las vías del Futuro, que se construye mientras que no lo hagamos volver de la noche y de la niebla al que lo hemos condenado por tener las necesidades que tenía y merecer las provisiones que no le dimos.
En el entretanto a nuestro relieve le siguen faltando historias para ser la Geografía de la Justicia; a la Historia -como toda Política- le siguen sobrando construcciones desoladas de ausencias; ala Comunicación no la puebla el diálogo con las palabras que todos los desaparecidos no dicen...
Por todo esto, queridos todos, recordemos que el invierno es todo lo dicho pero también puede durar más que tres meses... y si no, preguntémosle a Rosa Schoenfeld de Brú por el frío, el viento y los estudiantes que no llegan a casa.
Carlos Giordano