*Por Gastón M. Luppi, docente de la Facultad
¿Qué sentido tiene que el aula 4 de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social se llame José Luis Cabezas? Se me ocurren varias cosas, pero ninguna de ellas es la que me mueve a escribir estas líneas. Sé qué sentido tiene para mí, y lo traduzco en una mezcla de emoción, orgullo y, por sobre todo, responsabilidad.
En el aula 4 doy clases con estudiantes del primer año de la Tecnicatura Superior Universitaria en Periodismo Deportivo. La materia es troncal, es el abecé del periodismo: las 5W; pirámide invertida; volanta, título y bajaba; crónica, entrevista; citas directas e indirectas; edición. Hago la cuenta rápido: estos estudiantes que hoy dan sus primeros pasos en la carrera tendrían dos, tres, cuatro, cinco años en 1997.
Aquel 25 de enero faltaban cuatro días para que yo cumpliera los diecisiete. De inmediato se me vienen imágenes. Las primeras: la filmación de un canal local en la que se ve el auto transportado por una grúa; el cintillo “asesinato de un periodista”; la tapa negra de la revista Noticias; el “No se olviden de Cabezas”. El último recuerdo lindo que tengo de mi abuelo está asociado a la muerte de José Luis: no quería que yo fuera a Corrientes y Talcahuano el 25 de febrero; con toda la buena leche, de verdad, él sostenía que por algo lo habían matado. Justamente, de eso se trataba.
Me quedaba por delante todo un año en el Colegio Nacional. Sin embargo, la muerte de Cabezas reafirmó mi convicción por estudiar periodismo. Mi carpeta de quinto tenía el “No se olviden…”. No sé si hoy volvería a hacerlo, pero por entonces sentí la necesidad. Y fui a Pinamar, a los Tribunales de Lavalle, a la Plaza San Martín de La Plata. Y otras imágenes: las cámaras en alto; “En el país de la libertad” de León Gieco; “La peor opinión es el silencio, la peor actitud es la indiferencia”, en la voz de Quique Pesoa; los escalofriantes “Cabezas, presente” y “Basta de impunidad”.
Más imágenes vienen solas, se me mezclan: Gladys y sus padres; la viuda de José Luis, el doctor Vecchi y Gabriel Michi; “La mejor policía del mundo” y “el cadáver que le tiraron a Duhalde”; Menem, Cavallo y Yabrán; la foto de la playa, las fotos de Pedro Klodczyk y Fernández Meijide, las fotos y el video con los hijos, la autofoto que usó Noticias en tapa; "sacarme una foto es como pegarme un tiro en la cabeza”; el testigo Redruello, Pepita La Pistolera y los cabarets del puerto marplatense; la cámara, los stickers y la rabdomancia; la cruz en la cava de General Madariaga y las imágenes estacadas en Plaza de Mayo; Gregorio Ríos, Prellezo, Luna, Cammarata y Los Horneros; La Liebre Gómez y Blas Altieri; los Tribunales de Dolores; Yabrán con Mariano Grondona; Yabrán con la imagen de Cabezas; los golpes al auto; el Turco Sdrech y Fernández Llorente; el “Se mató o lo mataron” de Página/12; La Argentinidad al palo de la Bersuit; “El diario del juicio”; “El Caso Cabezas II”.
Sigo repasando y el “Basta de impunidad” va y viene. Pienso en la reducción de penas, en las libertades concedidas, en las miradas desafiantes, en las dudas del suicidio, en los que siguen dando vueltas. Y pienso en la revista Noticias hoy, y en la Editorial Perfil. Caigo en la cuenta de que Cabezas era un laburante. Ni un héroe ni un mártir, un laburante. Al fin y al cabo, el tipo que ponía el cuerpo. Y hoy tanto editor, tanto medio, tanta cámara empresaria, tanto servil que levanta las banderas de la libertad de prensa, la libertad de expresión, el derecho a la información.
El “No se olviden de Cabezas” lo sostuvieron la familia y los laburantes de prensa. Gremio complicado este último, caracterizado muchas veces por el egoísmo, la competencia estúpida, la sumisión y la convivencia con quienes tanto mal hacen al oficio; quizá los reporteros gráficos queden fuera de esta caracterización.
Que el aula 4 de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social se llame José Luis Cabezas no solo es un homenaje a un laburante. Es el reconocimiento a la lucha de una familia, de un sector del periodismo y de la sociedad. Y es el compromiso de la Facultad de no olvidar, de no resignarse ante la impunidad, de seguir exigiendo justicia: Memoria, verdad y justicia. Para mí es un orgullo dar clases en esa aula. Pero es también una enorme responsabilidad: que los estudiantes sepan quién fue José Luis Cabezas y por qué no hay que olvidarlo.