| "El
elemento popular “siente”, pero no siempre comprende
o sabe. El elemento intelectual “sabe” pero no
comprende o, particularmente, “siente”. Los dos
extremos son, por lo tanto la pedantería y el filisteísmo
por una parte y la pasión ciega y el sectarismo por
la otra. No se trata de que el pedante no pueda ser apasionado;
al contrario, la pedantería apasionada es tan ridícula
y peligrosa como el sectarismo y la demagogia más desenfrenados.
El error del intelectual consiste en creer que se pueda saber
sin comprender y, especialmente, sin sentir ni ser apasionado
(no sólo del saber en sí, sino del objeto del
saber), esto es , que el intelectual pueda ser tal (y no un
puro pedante) si se halla separado del pueblo-nación,
o sea, sin sentir las pasiones elementales del pueblo, comprendiéndolas
y, por lo tanto, explicándolas y justificándolas
por la situación histórica determinada, vinculándolas
y justificándolas por la situación histórica
determinada; vinculándolas dialécticamente a
las leyes de la historia, a una superior concepción
del mundo, científica y coherentemente elaborada: el
“saber”. No se hace política-historia sin
esta pasión, sin esta vinculación sentimental
entre intelectuales y pueblo-nación. En ausencia de
tal nexo, las relaciones entre el intelectual y el pueblo-nación
son o se reducen a relaciones de orden puramente burocrático
formal, y los intelectuales se convierten en una casta o un
sacerdocio (el llamado centralismo orgánico)."
Antonio Gramsci “El
materialismo histórico y la filosofía de Benedetto
Croce”. |