ONG: UN JUEGO DE OPUESTOS (*)
Universidad Nacional
de La Plata (Argentina)
mcgiglibox@yahoo.com.ar / mcgb_br@yahoo.com.br
Resumen
El fenómeno de las ONG no es considerado de modo equivalente
por quienes lo analizan. Concretamente, existen visiones no sólo diferentes,
sino opuestas. En este trabajo nos proponemos presentar dos, para mostrarlas
como dables de articularse. Rescataremos lo que ambas poseen como posible
“puente”: veremos a la asociación y el ejercicio concreto de la solidaridad vis
a vis cuestiones acerca del oenegeísmo, que distorsionan aún más al objetado
Primer Sector –obligando al particular a hacer lo que a ése le compete. Intentaremos
arribar, así, a una conjugación que no desafíe ni invalide ninguna de las dos
posturas; sino que, luego de dinamizarlas, no olvide que cada una presenta su
núcleo sólido de validez en sí misma.
Palabras
clave: ONG - Asociación - Ventajas - Perspectivas.
El mundo en que vive cada cual depende del modo de
concebirlo.
Arthur Schopenhauer
El fenómeno de las
Organizaciones No Gubernamentales (ONG), no es apreciado del mismo modo por
quienes lo analizan. Concretamente, existen visiones no sólo diferentes, sino opuestas acerca de aquéllas. Para
comentarlas, debemos atender a que las ONG pueden ser consideradas como una
excelente iniciativa, con múltiples ventajas para los que participen de ellas
–e incluso a la sociedad toda-. Esas mejorías incluyen mayor confianza de los
actores en la iniciativa social, detección inmediata y precisa de las
necesidades, participación directa y concreta de quienes gestionan
Como vemos, cada
una de las posiciones tiene su sustento. Siendo así ¿esto remitiría la cuestión
a una mera opinión, que decida cuál
de aquellas posiciones resulta más plausible para tomar postura acerca de las
ONG? O bien ¿será preciso analizar la situación concreta a la que nos referimos
y, basándose en ella, decidir la perspectiva con que deben juzgarse dichas
organizaciones? Lo cierto es que es posible que ambas preguntas sean correctas.
En cuanto a la primera, es muy cierto que las apreciaciones que tengamos acerca
de cómo se presentan estas organizaciones determinarán nuestra adhesión a favor
o en contra de las ONG. En cuanto a la segunda, debemos descontar que la
situación concreta a la que nos referimos será casi categórica para poder
emitir un juicio de valor acerca de cómo el Tercer Sector se organiza.
Por esta razón,
estas líneas se proponen presentar estas posturas opuestas acerca del
oenegeísmo, exponiendo sus fundamentos. Aunque si allí finalizase su objetivo,
sólo restaría que cada lector decida su evaluación personal acerca del
fenómeno. Pero ése no será el cometido final por el que las expondremos. El
verdadero fin que nos espera es la articulación –en alguno de sus aspectos-
posturas que parecen excluyentes entre sí. En concreto, se pretende rescatar lo
que ambas posturas tienen como un posible “puente” con respecto a la otra,
acerca del advenimiento de las ONG hoy por hoy. De este modo, veremos a la
asociación y el ejercicio concreto de la solidaridad vis a vis cuestiones como las mencionadas: actividades que distorsionan
aún más al objetado Primer Sector –que obliga al particular a hacer lo que a él
le compete. Utilizando una idea que todos mencionamos casi a diario, veremos
si, en materia de ONG, el vaso está medio
lleno o medio vacío. No dejando de lado que ambos estados al unísono sea la
respuesta más apropiada… Veamos cómo llegar a ella:
Asociarse
= 100% positivo
Los mismos perros que riñen por un hueso; cuando no lo
tienen, juegan juntos.
Samuel Buttler
Reparemos aquí, en
las múltiples ventajas que implica el mancomunar voluntades. En primer lugar,
encontramos la mayor confianza de la que gozan las ONG, por su misma
naturaleza: colaborar o recibir apoyo de personas que no están a la saga de
votos para llevarlos o mantenerlos en el poder; las diferencian del servicio
social que puede exigirse a un político. En relación con esto, también será más
fácil cooperar para un fin, si quienes lo promueven son miembros de la
comunidad. Es cierto también que estas asociaciones pueden contar con mayor capacidad
de adaptación ante nuevos problemas (unido a instrumentar acciones concretas
para paliarlos). De este modo, las ONG gozan de mayor probabilidad de respuesta
inmediata que en el caso del burocrático Estado. No debemos olvidar que es
posible observar mayor eficiencia en la acción de las asociaciones del tercer
sector, devenida de acciones realizadas con menos cantidad de recursos (sean
monetarios o no), pero con una concreción práctica mucho más completa que la
que deviene de los mega-proyectos del Estado o de organismos internacionales.
Inclusive, las ONG pueden poner en marcha actividades que no son aprobadas por
los canales corrientes del Estado o por quienes brindan servicios a través del
mercado. En pocas palabras, ellas pueden oficiar de laboratorios para ensayar emprendimientos que deben ser pulidos en
la práctica -y que el Estado y/o los agentes del mercado no darían siquiera
lugar a probarse-.
Vale hacer una
brevísima interrupción, para una aclaración procedente en este tramo del
ensayo: pues, centraremos la noción de ONG
en tanto que conjunto de organización perteneciente al Tercer Sector para la
promoción del desarrollo social y defensa de derechos, con financiación propia.
Petras alude a los Organismos Internacionales –que, si bien no integran el
espacio estatal-, definiéndolas por igual como ONG, y las reduce -al equipararlas-. Aquí tomaremos dicha categoría
teniendo en cuenta a las organizaciones de menor dimensión (incluyendo en las
organizaciones de la sociedad civil: las de base, colectividades, etc.).
Las ONG también
llegan a lugares donde el Estado no puede hacerlo. Grupos o individuos que
sientan cierto recelo por su relación con la ley (inmigrantes ilegales,
interdictos por diferentes causas, etc.), requieren servicios –sean asistencias
sociales o asesoramiento jurídico-. Desde ya, pueden sentirse más cómodos en
una organización fuera del Estado. Es dable recordar que esto no es taxativo
sólo para quienes se encuentren en interdicción hacia el sistema legal. Casos
como las asociaciones que investigan cuestiones de desaparición y restitución
de personas, son espacios donde quienes necesitan asesoramiento, pueden
encausar su caso en un espacio especializado (y que no reviste la exposición
que otras agencias –por lo general estatales, pero de diferente índole-,
podrían implicar). En relación con esto, al tener una mayor cercanía con
diversas problemáticas (muchas veces, incluso surgen por la detección de
aquéllas), pueden descubrir mucho más rápido las necesidades que deben
satisfacerse. Esto se relaciona directamente con la creación de un espacio de
participación directa. Y sus consecuencias serán el aprendizaje en actividades
como participar, decidir entre opciones diferentes, consensuar desde posturas no tan cercanas, asumir responsabilidades, comprender
las diferencias de posturas y negociar
entre ellas, aportar servicios, administrar
lo que se tiene, controlar fondos;
son aspectos positivos para ejercitar, reproducir y entrenar del asociarse en
el Tercer Sector. Incluso, actores que comenzaron con una acción modesta en
Al exterior de las
ONG y en clave de la dinámica social, el hecho de poseer un tercer sector
organizado, se traduce en una mayor articulación de sus actores. Esta red hace
del tejido social un espacio fuerte, que puede proyectar un futuro más activo.
En otras palabras, permite que esa sociedad -ahora más madura-, encuentre un acceso al desarrollo humano mayor que el
que implican sólo los indicadores económicos. En términos económicos, esta
es una de las mayores externalidades positivas que justifica la creciente
generación de ONG.
Con esto, referimos
a actores que confían más en una realidad que [ya] no es la que se les presenta
sin más; sino que cuentan con la esperanza [o hasta la certeza] de provocar
cambios para mejor en su situación. En pocas palabras, se puede crear un escenario posible; y, lo que es más
entusiasta aún, se pueden moldear una nueva condición, para luego gozarla. En síntesis, el oenegeísmo genera
una nueva concepción de la solidaridad, en donde la participación es la llave
de acceso a una multiplicidad de realidades. Con esta nueva cultura, también
asistiremos a una nueva función crítica a la función de un estado y un mercado
que no atienden demandas debidas. Y, el perjuicio de su no cumplimiento no es
menor porque acontezca en un pequeño grupo de habitantes. En estrecha relación con
esto, es preciso destacar que la defensa de intereses particulares no implica
necesariamente la contraposición a otros –o al bien general de la sociedad-.
Por último, si
tuviésemos que formular coloquialmente esta nueva dinámica de acción que ofrece
el oenegeísmo, podríamos expresarlo como un grupo de personas que se dicen
entre sí: necesitamos algo y no lo
tendremos si actuamos como hasta ahora [sea esperándolo del Estado, sea del
mercado]… pues bien, lo hacemos nosotros. En estos términos tal vez nos suene
más familiar. Pues concretamente, ésa es la lógica del asociarse. Veamos a
continuación lo disímiles que pueden ser los juicios acerca de las ONG…
Organizaciones
Non Gratas (ONG)
Mas vale dar poco que prometerlo.
Dicho popular
africano
Veamos ahora cómo
las Organizaciones del Tercer Sector pueden ser un sinónimo de mala palabra.
Tomaremos el caso de James Petras, pronunciado como detractor de ellas. La
detracción se funda en el plano de lo que la solidaridad concreta genera en el
mediano y largo plazo: la desestructuración de los pueblos explotados y la
despolitización -cual efecto anestésico- en sus reclamos. El autor señala un
largo proceso, que debemos visualizar desde principios de los 80, donde los
sectores hegemónicos neoconservadores, percibieron la polarización que sus
medidas económicas provocarían. La forma de contrapesar el descontento, fue
generar estrategias desde abajo. Así, organizaciones anti-estado crearían un
amortiguador social ante la caída libre que se iría iniciando. Pero es bueno
mencionar que las ONG tienen un antecedente directo en los 70. Paradigmático en
esa década fue el apoyo humanitario de organizaciones de DDHH, para asistir a víctimas
del terrorismo de Estado. Claro que no sólo buscaban el paradero de personas,
sino que también actuaron en ollas populares (que ya paleaban la terapia de
choque que las dictaduras realizaron en lo económico). Si bien estas
actividades parecen completamente loables, lo cierto es que esas primeras ONG
no denunciaban a los patrocinadores estadounidenses y europeos que asesoraban a
las dictaduras (incluso, en aquellos años, no se hacía todavía un ataque directo
en la vinculación de las políticas económicas y su relación con las violaciones
a los DDHH para poder ser perpetradas). El límite
se encontraba en el financiamiento externo que estas organizaciones civiles
recibían. Esto cegaba su perspicacia,
y las transformaba en funcionales a ese sistema perverso de convivencia entre
políticas neoliberales y el contrapeso de formas alternativas de acción social
desde abajo. Por causa de esto (y curiosamente), en la crítica del Estado
izquierda y derecha se juntaban: la primera, defendía la perspectiva de la
sociedad civil y se posicionaba desde arriba y desde afuera (FMI, BM, gobiernos
europeos y el estadounidense, etc.).
La segunda, en
nombre de la primacía del mercado, demonizaba al Estado. Siendo –además- parte
de los sectores hegemónicos internacionales y nacionales, patrocinaba el diseño
de la macroeconomía, mientras los subsidios estatales apuntaban a operaciones
exportadoras como financieras. Concomitantemente, el “olvido” del Estado de
subsidiar al común de la población –y dentro de ella a la más vulnerable-, las
ONG promocionaban acciones de responsabilidad particular (al igual que el
mercado); lo que incluía a los problemas
sociales. Y se llegaba al punto de destacar esta acción como virtuosa en sí
misma. El panorama era el siguiente: enriquecimiento en progresión geométrica
de los sectores hegemónicos, mientas los particulares de clase media y los más
empobrecidas, sólo accedían a pequeñas sumas para financiar pequeños proyectos
económicos -en donde asumían la totalidad
de los riesgos-.
Un dato de la
realidad a tener en cuenta en este contexto es el que una ONG no puede
proporcionar un programa universal y completo de corto o largo plazo, como lo
había hecho el Estado del Bienestar. Pero lo más grave de esta situación, es
que las cuentas deben rendirse no ya al grupo hegemónico local, sino a “los
jefes de los jefes”: esto es, los grupos hegemónicos ultramarinos. Pero hay más aún: la situación empeora cuando los
particulares padecen una doble carga.
Esta se plantea en un contexto en tanto que sujetos necesitados de ayuda
estatal, financian (sea con recursos, sea con trabajo) las actividades de
En términos de la
totalidad del sistema, las ONG actúan subsidiando defectos (que son los deberes de un estado que no cumple), pero
nunca bregan por una reforma más estructural que recoloque al poder público en
su función. De este modo, la solidaridad de clase se macera por causa del sopor
en que la subsumen las ONG, las que despolitizan a los grandes movimientos
políticos de antaño. Así, la lucha contra un sistema -ya era perverso-, se
diluye en la pelea entre las ONG por los recursos que los financistas externos
tienen. De hecho, su misma calaña, implica que la falta de “lo político” en sus
fundamentos, hace que su orientación en la autoayuda, evite la educación
política que también requiere una sociedad movilizada en problemáticas como la
naturaleza del imperialismo, la lucha de clases, etc. En esencia, las ONG
permanecen en una dinámica social sintomática, y se apropian de la defensa de
lo que son eufemismos como excluidos,
discriminados, etc. En otras
palabras, detrás de una fachada solidaria, existe la neoconservadora estructura
del poder nacional e internacional. Y por supuesto -como muchos fenómenos-,
posee un costado irónico: la racionalidad neoliberal, crea una polarización de
clases mucho más cercanas al marxismo que a la visión del posibilismo de las
ONG.
Hasta aquí, el
planteo de uno de los teóricos más críticos para con las ONG. Veamos en lo que
sigue, qué posibilidades de conexión existen entre perspectivas tan disímiles.
¿Asociados?
o… ¿”Apedreando” al capitalismo?
El capitalismo es un sistema que promueve la
explotación del hombre por el hombre.
El comunismo, lo contrario.
John Kenneth
Galbraith
Tamaña tarea nos
espera. ¿Cómo lograr que los opuestos se comparen, sino es por sus diferencias?
Para favorecer la síntesis, daremos los desacuerdos -muy explícitos-, por
dados. Así, veamos si la esperanza de alguna articulación entre dos
apreciaciones tan disímiles nos lleva a algún lugar posible que nos permita posicionarnos para ver la realidad de
las asociaciones del Tercer Sector articulando ambas posturas. El criterio que
guiará este intento, será el no ser presa de un maniqueísmo que tantos
compromisos obliga a asumir al optar por una postura excluyente.
Como mención
inicial, debemos realizar una salvedad ineludible: la diferencia de ambos
análisis no sólo incumbe al juicio de valor que realizan (optimista la primera,
crítica la segunda); sino en los planos en que cada perspectiva se posiciona
para realizar su análisis. En el caso de la perspectiva optimista, se rescatan
a las ONG al interior del asociarse. En otras palabras, dado un tipo de sociedad
–en el que conviven diferencias sociales, demandas insatisfechas por el Estado,
minorías no atendidas ni comprendidas por ninguna legislación, etc.-; se
encuentra positivo el vincularse para paliar la situación que les aqueja. En
ese sentido, quienes abogan por la asociación, no plantean una solución posible
desde la reforma estructural del sistema; que -de suyo-, dejaría de lado las
diferencias que el neoliberalismo impone. Esta es la intención que caracteriza
a la segunda posición expuesta. De este modo, el decurso de la primera posición
parte del ambiente dado a las posibilidades de mejorarlo; mientras la segunda
plantea -desde la totalidad de una racionalidad del sistema-, en qué sentido
las ONG son funcionales a él en sus fundamentos (aunque en la superficie
parezcan estar yendo en contra de lo que aquél impone).
Vuelvo a una
pregunta que, ya hecha, ahora no me favorece en lo absoluto: ¿pueden compararse
posiciones diferentes que corren por algo así como carriles diferentes? Tremendo sería que la respuesta fuese
negativa, ya que estas líneas deberían ser abandonadas en este preciso
instante. Con intenciones opuestas a esto, pretendo conseguir un enlace entre
ambas (1).
Propongo para
empezar, despojar cierta ponderación que cada una hace de su mensaje: me
refiero a quitar alguna cuota de optimismo ingenuo
de la primera; y cierto pesimismo extremo de la segunda. En este sentido,
debemos saber que las ventajas del asociarse que fueron narradas en el primer
acápite no son necesariamente automáticas
o mecánicas. En esencia, que un
grupo de personas se asocien por una meta a cumplir, no las hace coordinarse
fluidamente por el sólo hecho de hacerlo. Entre otros, problemas de
ineficiencia (el “malgastar” los recursos que obtienen, o diferir en cuanto a
cómo y en qué asignarlos) pueden existir. Quienes convengan una asociación
civil pueden padecer errores de apreciación en la problemática, como carecer de
disposición al ceder el mando cuando tuviere que hacerse. Por otro lado, siendo
intención de estas asociaciones el trabajar
codo a codo, no necesariamente todo integrante tiene igual vocación al
trabajo, o evalúa idénticamente el reconocimiento que debe darse por aquél.
Existe también la
posibilidad que el gusto por trabajar al interior de
Por otro lado, la
postura crítica tiene a su interior algunas dificultades que deben ser
expuestas. Petras comienza mencionando cómo las fuentes externas de
financiamiento –con fondos íntimamente relacionados al poder- han limitado la
actitud crítica de las ONG. Claro que esto presenta una contradicción: el estar
sometidas a esta dinámica, no permitiría considerarlas como “no gubernamentales”.
En relación con esto, una constitución viciada no implica que las verdaderas
ONG sean malas. Y, en conclusión, habrá que visualizar qué organizaciones son
no gubernamentales y cuáles… no tanto.
En el caso de la
coincidencia del perfil antiestado en las ONG y los grupos pro-mercado; se
aprecia una problemática teórico-semántica. Me explico: si las ONG fiscalizaban
desde una perspectiva que defendía a la sociedad civil; tendremos el problema
(enormemente más largo que el espacio disponible en estas líneas) de una
correlación objetable entre el concepto de “sociedad civil” e “izquierda”.
Siendo así de complejo, sólo lo formulo: la primera noción alude a parámetros
teórico-semánticos que se ubican en espacios diferentes a los que acuñan la
idea de “sociedad civil”. Siendo sintéticos y simples por demás, diremos que
“la izquierda” (tal como la presentan sus teóricos más rigurosos), tiene
pretensiones estructurales para el orden social (las que incluyen una postura
crítica a la noción de “sociedad civil” –más cercana a una lógica
demo-liberal). En relación con esto, si el autor objeta el modo en que ejerce
la política el neoliberalismo para contraponerlo al Estado del bienestar; es
problemático no encontrar y plantear en aquél, un modo de dominación de clase
también (sea “benefactora” o “neoliberal”). En conclusión, la acción
antiestatista de las ONG se traduciría –para el autor- en socavar al Estado del
bienestar que suministra servicios sociales (pero este también es un estado de
cosas diferente al que pretendería una izquierda conforme a principios
rigurosos).
Otro problema
aducido por Petras, señala que las ONG no apoyan causas que jaquearían el
interés de los grupos dominantes, como son las huelgas y protestas salariales.
Si bien esto puede ser cierto, debemos recordar que los reclamos laborales no
son la única necesidad insatisfecha en una sociedad (y las ONG podrán dedicarse
a las que quedan por fuera de aquellos reclamos). Por cierto, existen
instituciones –con génesis en la asociación también-; encargadas de aquellos
reclamos. Y, en el caso que su trabajo fuese errático en algún aspecto, no
deberá ser cargado a las ONG… En relación con lo anterior, Petras habla de la
despolitización de líderes potenciales para la lucha por grandes cambios –que
acabaron cooptados en los pequeños y acotados proyectos de las ONG-. Aquí
tenemos un problema semántico que puede tener consecuencias por fuera de tal
ámbito.
Me explico: si
creemos que “la política” es una actividad humana que solamente se justifica
con la acción colectiva de los diferentes grupos que bregan por sus necesidades
desatendidas, la desmovilización causada sería tal como la plantea el autor.
Aunque sería difícil sostener que la política sólo se remite a ello. La
participación –por el hecho de elegir una problemática de “lo político” al
azar- no sólo se dirime en el accionar directo. Si por otro lado, entendemos a
“la política” en un sentido más antiguo -como aquel espacio de actividad
común-, las ONG politizaron más a la sociedad, ya que la han sacado del mero
reclamo de bienes debidos (situación que no niego); para devenir en grupos
ahora, más participativos. En relación con esto, es preciso mencionar que no se
debe dejar de lado un tópico que el mismo Petras señala: las numerosas
dictaduras que sufrió América Latina, las transformó en sociedades con menos
incentivos y capacidad de participación. En relación con esto, se podría erigir
a las ONG como “escuelas” de prácticas de participación, que pueden llevar a
una sociedad más participativa. Su norte podrá ser –mientras su accionar
continúe- la construcción de una actitud crítica que corrija [una parte, o bien
mucho] de las mismas falencias que Petras les achaca.
Incluso
–desprendiendo al máximo las consecuencias de las afirmaciones de Petras-,
éstas nos obligarían a concebir a las ONG que trabajan con objetivos más
acotados que las grandes organizaciones no gubernamentales e internacionales,
como “peores” en términos de la participación de un gremio que reclama
salarios. En mi modesta opinión, veo a todos los reclamos como necesarios.
En relación con
esto, es preciso dejar en claro que su carácter de no gubernamental no las
coloca necesariamente en un rol específico. Me explico: las ONG no tienen
obligación de realizar funciones que corresponden a uniones sindicales o
partidos políticos. En síntesis, Petras –haciéndole honor a su nombre, que
evoca la raíz de la palabra piedra-, podría apedrear estricta y solamente al
capitalismo [y lo que de él se desprende], en lugar de incluir en su lapidación
a todas, incluso a las pequeñas ONG.
Puentes
de cristal (…pero enlaces al fin)
VERDAD SOCIOLÓGICA: una verdad matemática se aprende en
un minuto; una verdad sociológica se aprende en cincuenta años o se muere
rechazándola.
[Idea de Francisco
Bulnes rescatada por el sociólogo Torcuato Di Tella]
Tenemos dos
posturas consistentes en sí mismas, mas opuestas. En primer lugar, existirían
dos opciones: la primera, sería abonar a una de ellas, sin más. Y allí habría
terminado toda la cuestión. La segunda, podrían ser pretender
interrelacionarlas. En esencia, sin dejar de considerar a cada una como una
totalidad, existe la posibilidad de encontrar puentes que nos permitan considerar situaciones contempladas por
alguna de las posturas. Haciéndolo, tal vez se pueda iluminar una mayor
cantidad de escenarios a presenciar. Caso contrario, perderíamos situaciones
que efectivamente se dan en la realidad. En esencia ¿Existen posibilidades de
articular posturas tan disímiles? Estimo que sí, y por ello presento unas pocas
cuestiones a tener en cuenta desde ambas posiciones: la primera, alude a la
afirmación de los optimistas que ven a las ONG como buenos laboratorios de
actividades que el Estado o el mercado no llevarían a la práctica a riesgo de
fracasar. Desde la perspectiva de Petras, se mencionan la totalidad de riesgos
que las ONG asumen al ejecutar labores estatales. Pues bien, podríamos concebir
la acción de aquellas como un ámbito de ensayo de tareas que –una o varias ONG
aunadas-, podrá(n) exigirle al Estado. Por otro lado, el aprendizaje que las
ONG realizan en participación, el ejercicio del consenso en el accionar de sus
actividades, etc., son espacios motivadores para una sociedad menos abusada por
poderes hegemónicos –lo que incluye a algunas ONG- como la que Petras nos
muestra. Además, de resaltar que una sociedad que sepa que esa participación,
aunque aún pequeña, no implica que sea así para siempre.
En cuanto a la
objeción del mismo acerca de las respuestas particulares que realizan las ONG y
la falta de reclamos ante problemáticas más universales, esto no obsta que las
que realizan –aunque modestas-, puedan soslayarse. En lo que refiere al
señalador de Petras en la imposibilidad de establecer programas universales,
los optimistas reclaman esto como la especificidad de la esencia de las ONG. Lo
cierto es que aquí el argumento de Petras debe leerse en clave diferente. El proveer lo que realmente se necesita
–y que el “universo” comprenda a quienes lo procuran-, es lo que se debe
pretender. En el caso de un plan universal de servicios sociales, pero con
problemas de acceso a todos los individuos que forman parte del universo del
mismo, implica que los individuos potenciales lo reciban efectivamente. Si
pudiésemos imaginar la situación ideal, ésta sería, sin dudas, un “universo” en donde cada uno reciba lo
que dictaminan sus necesidades. Siendo ese “recibir”, diferente [o no]
entre cada persona con necesidades. En pocas palabras, lo que debe ser “universal” es la satisfacción de las necesidades de
las personas (aun cuando éstas varían entre ellas).
Por otro lado, en
cuanto a la rendición de cuentas al exterior, esto puede ser real en las
grandes ONG; pero en las pequeñas, es dudoso que reciban fondos externos en
cantidad, mientras sus socios -a veces-, hacen aportes en especie por carecer
de recursos monetarios efectivos. En
esencia, tomando las advertencias que Petras nos muestra y las ventajas que los
“optimistas” defienden acerca de las ONG, podemos encontrar en ellas un
medio a una nueva cultura política y social que exija y EFECTIVICE esas
acciones que Petras le objeta a las ONG internacionales. En otras palabras, las ONG pueden [deben] EXIGIRLE al Estado
lo que él no da, y lograr así un tercer sector activo, que sea un contralor del
primero –y que lo obligue a cumplir con su función.
Por último, Petras
señala la paradoja del oenegeísmo al final de su tesis (esto es, la
polarización de clases más similar al marxismo que al posibilismo que
defiende). Y la paradoja de estas líneas también aparece en su última etapa: el
análisis de Petras acaba por ser
“inspirador” de una función importante para que las mismas ONG conquisten y
ejerzan. En lugar de desterrarlas por no haberla logrado, podrán propender a efectivizar el reclamo
que el autor sustenta, en lo que será su función verdadera [=necesaria].
¿Vasos
Vacíos?
¿Pensaron alguna vez que si no fuera por todos, nadie
sería nada?
Mafalda
Volviendo a la
dicotomía entre los dos análisis opuestos, podríamos ilustrarlos en esa imagen
-que a diario utilizamos-, como es la de ver al vaso medio lleno o medio vacío.
Esto no sería un problema en sí mismo, ya que ver la mitad de un vaso vacío [o
lleno], es siempre, absolutamente correcto: cuando miramos un vaso con
contenido hasta su ecuador, éste se encuentra -a la misma vez y literalmente-
medio lleno y medio vacío. La clave estará en elegir cuál de las dos lógicas
nos resulta más conveniente, ya que ambas –repito- son válidas.
El escenario para
seguir implicará preferir una opción –y actuar [pensar] en consecuencia. Esa
elección –que será arbitraria y caprichosa, para la postura contraria-,
determinará el modo en que veamos las ONG. Y el escoger finalmente por
cualquiera de ellas, es mucho más cómodo que el construir un esquema de
análisis que vincule las fortalezas y posibilidades de cada posición: en
esencia, tal vez las potencialidades de las ONG no sean tan mecánicas como los
optimistas defienden, pero tampoco pueda reducírselas a meros esbirros del
capital internacional hegemónico. En pocas palabras, existe un punto medio que
nos da las posibilidades de capitalizar lo hecho y estar atentos ante las
lógicas perversas y solapadas que muchas veces existen debajo de lo que
nuestros ojos pueden ver. Así, siguiendo en la lógica que ha guiado este
ensayo, la elección de una opción entre posturas dicotómicas y un tercer punto
medio, también correrá por decisión soberana de quienes leen estas líneas.
Notas
(*) Quisiera
agradecer consideradamente al profesor Fabián Ygounet (UNLP), quien me
introdujo con pericia en la discusión académica y práctica del oenegeísmo.
(1) Pretendemos
humildemente imponernos el ambicioso desafío, con una presentación distinta de
quienes han articulado la diferencia entre teorías: muchas veces, merodearon la
mera suma de posiciones, para acabar por conglomerar los puntos fuertes de cada
una y suponer que así lograron vincular y dinamizar lo diferente. En otras
palabras, lo que realmente se realizó fue anexar las [pretendidas] virtudes de
una, dejando los [pretendidos] defectos de la otra, concomitantemente. Si estas
líneas pudiesen lograr algo diferente, serán los lectores dueños de tal
veredicto.
Bibliografía
Filmus, D., Arroyo,
D. y Estebanez, M.: El perfil de las ONG en Argentina, Buenos Aires.
FLACSO/Banco Mundial, 1998.
GADIS-PNUD:
Confines Sociales. Organizaciones de
Petras, J.: Duro
alegato de James Petras contra el accionar de las ONG, en Resumen
Latinoamericano, nº 40, pp.8-9, 1999.
Petras, J.: ONG:
Colaboracionistas del poder y apaga fuegos de las luchas populares, en Resumen
Latinoamericano, nº 50, p.19. Algorta, 2000.
Tobar, F. y Fernández
Pardo, C.: Organizaciones Solidarias. Gestión e Innovación en el Tercer Sector,
Lugar Editorial, Buenos Aires, 2001.