"La ciencia se encuentra actualmente
en una crisis de principios. La racionalidad de la crisis determina su
amplitud. No es un fenómeno local y episódico, que se presente en una o varias
ciencias con caracteres independientes”
(Eduardo Nicol. 1984. 9).
Las crisis epistemológicas
representan fenómenos recurrentes en el devenir histórico de cualquier ciencia.
En ocasiones las crisis inclusive pueden contribuir a la gestación y desarrollo
de nuevos esquemas explicativos, estimulando, además, la evolución de los
esquemas existentes, conduciéndoles a los límites históricos de sus
posibilidades interpretativas. Las llamadas “ciencias de la
comunicación” hoy enfrentan agudas e inquietantes crisis epistemológicas que
muchos académicos e investigadores no desean siquiera reconocer. El formidable desarrollo que
han alcanzado las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones,
particularmente en años recientes, parece haber desbordado las posibilidades
explicativas de muchos de los esquemas interpretativos que ayer todavía nos
proporcionaban relativa confianza en la evolución teórica de nuestra
disciplina. Para resolver favorablemente algunos de los
dilemas que nos ha impuesto la formidable evolución de las avanzadas
tecnologías de información y comunicaciones, los investigadores de las ciencias
de la comunicación debemos emprender la rigurosa, sistemática y profunda
revisión crítica de muchas de las “certezas teóricas” en las cuales hemos
permanecido cómodamente instalados. La renovación conceptual de cualquier
ciencia únicamente es posible a partir del recurso de la crítica. Si
renunciamos al recurso de la crítica, las crisis que hoy enfrentamos
inevitablemente se agudizarán. La revisión crítica de cada una de nuestras
“certezas” además deberá convertirse en práctica permanente. Sólo así podremos
evitar las tentaciones del dogmatismo. Toda forma de dogmatismo representa una
categórica renuncia a la evolución misma del conocimiento.
En América Latina, durante
varias décadas, no pocos académicos e investigadores de la comunicación
restaron importancia al estudio de las nuevas tecnologías de información y
comunicaciones, por considerarles asunto periférico y de menor jerarquía
conceptual en la investigación de las ciencias
de la comunicación. En la década de 1970, un extenso grupo de académicos
e investigadores de la comunicación, contagiados por el radicalismo
althusseriano (1), sostenía que los “aparatos ideológicos de difusión” estaban
subordinados a propósitos de dominación de las clases hegemónicas del
imperialismo. Tales interpretaciones ideológicas aún eran recurrentes a
principios de la década de 1990. En el año de 1992, por ejemplo, Jesús Galindo
Cáceres, destacado investigador mexicano sostenía:
“Los aparatos de
difusión de masas convierten la ideología de la clase dominante en la principal
ideología dominante del conjunto social. Los medios de comunicación producen,
transmiten e inculcan colectivamente las diversas ideologías dominantes y sus subconjuntos
ideológicos, que requieren las distintas clases y fracciones de clases,
nacionales y extranjeras, para consolidar a partir de sus respectivos
mecanismos y proyectos de fetichización de la realidad, sus múltiples programas
de acumulación de capital. Se trata de producir la armonía social que requiere
la dinámica de conservación de la formación capitalista, según sea el grado de
consolidación en que se efectúa dicha operación (…) Los medios masivos de comunicación se han
convertido en poco tiempo en las principales puntas de la hegemonía de las
clases en el poder. Como aparatos ideológicos tienden a constituir dos áreas de
influencia básicas, la del poder civil vía la publicidad y el consumo, y la del
poder político vía la propaganda y la idea de la unidad y el orden sociales.
Las instituciones de los medios son cada día más complejas, más poderosas, más
sofisticadas, se enrolan en las relaciones del poder económico, civil y el
poder político, adquiriendo su propio status en tanto adquieren fuerza corporativa.
Los aparatos ideológicos anteriores a los medios se enriquecieron con su
potencialidad, y a la vez surgieron otros con su aparición. Los medios son
instrumentos del poder, y a la vez son ellos mismos una forma más de poder, de
un nuevo y formidable poder” (Galindo. 1992: 104-105).
Sólo un reducido número de
académicos e investigadores de las ciencias de la comunicación, principalmente
aquellos dedicados al estudio de la comunicación educativa, había comprendido
la necesidad de estudiar y utilizar las avanzadas tecnologías de información y
comunicaciones, apartándose de posiciones ideológicas tan radicales. Tan
afortunado “pragmatismo” les permitió desarrollar exitosos programas de
“educación a distancia” cuando la mayoría de las
investigaciones en el campo de la comunicación que se producían en América
Latina se distinguía por su elevado nivel de teoricidad (2). Sobre los excesos
e inercias del “teoricismo ideológico”, Enrique Sánchez Ruiz (1994: 35), otro
destacado investigador mexicano señaló:
"(...) se tomaron ciertos dogmas y ciertas verdades
absolutas que impedían hacer la investigación concreta. A los investigadores
latinoamericanos en los años sesenta y setenta se les olvidaban operar con
rigor las teorías, las metodologías y las técnicas de investigación. Entonces
elaboraban un discurso muy acabado, a veces con un respaldo factual, pero no
dejaba de ser discurso".
En México algunos académicos e investigadores de la comunicación organizacional, como el
doctor Carlos Fernández Collado, oportunamente infirieron la trascendencia que
admitiría la obra de Marshall McLuhan en el desarrollo de las teorías de la
comunicación. Understanding media: The extensions of man (La comprensión de los medios como extensiones del hombre), publicado
por primera vez en 1964, hasta la fecha sigue siendo
objeto de apasionados cuestionamientos. Una de las
primeras descalificaciones al pensamiento de McLuhan corrió a cargo de Carlos
Monsiváis, célebre intelectual mexicano (1988: 364), quien en el libro Días de Guardar -cuya primera edición
fue publicada en diciembre de 1970-, incluyó el ensayo “México a través de
McLuhan”. En el referido ensayo Monsiváis señaló:
“Marshall McLuhan. Síntesis tan breve como falsa como inevitable como
rudimentaria: Marshall McLuhan, profesor y pensador canadiense. Sus teorías,
acerbamente originales, sospechosamente aplicables a cuanto cabe entre cielo y
tierra, se han difundido a través de un medio para él obsoleto: la imprenta.
Sus libros básicos: (The Mechanical Bride, The Gutenberg Galaxy, Understanding
Media, The Médium is the Message, War and Peace in the Global Village, Verbo
Voco Visual Explorations) lo han situado bajo la peligrosa luz cotidiana de los
mass media. Profeta de la era electrónica, se ha visto homologado con Einstein,
descendido a farsante, ascendido a genio, rebajado a simulador”.
En América Latina no pocos académicos e investigadores de la
comunicación fermentaron un sensible menosprecio al pensamiento de McLuhan,
quien sencillamente fue estigmatizado como “gringo y funcionalista”, aun cuando McLuhan en
realidad nació en Canadá. La mayoría de los numerosos detractores de McLuhan
además ignoraban la contribución teórica del visionario canadiense al
desarrollo de una de las más importantes escuelas de comunicación: la “Media
Ecology” -Ecología de los Medios o Escuela de Tornoto (3). De acuerdo con el destacado investigador español Miquel
de Moragas, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona (1997: 28):
"El interés preferente por los aspectos ideológicos de
los discursos sociales impidió a muchos analistas comprender la validez de las
principales intuiciones de McLuhan respecto de los cambios en los usos de los
medios, o respecto de las distintas relaciones culturales que pueden
establecerse entre los medios y sus receptores".
Los medios de comunicación
efectivamente admiten ser considerados prolongaciones del hombre –como toda
tecnología-, y las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones
representan complejas “remediaciones” de anteriores medios o dispositivos. Hoy
las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones son capaces de
transformar nuestra percepción del tiempo y el espacio, imponiendo además
nuevas posibilidades de información y entretenimiento que transforman el tiempo
libre y el consumo cultural de las sociedades. En la actualidad un gran número
de nuestras comunicaciones ordinarias las realizamos a través de interfases
inteligentes, las cuales desplazamos con nosotros a cualquier parte. Avanzados
dispositivos multimedia y portátiles permiten integrar el teléfono celular, la
cámara digital, la grabadora de voz, el reproductor de MP3 y navegar en
Internet. Cada nueva tecnología de información va transformando la forma cómo
creamos y cómo nos comunicamos (Johnson: 1997).
A comienzos de la década de 1990, destacados investigadores de la
comunicación, como el doctor Guillermo Orozco Gómez (1992: 116), advertían la
gravedad de la crisis que ya enfrentaban los estudios sobre comunicación:
"La deficiencia congénita de los estudios sobre comunicación
se traduce actualmente en el hecho de que los académicos de la comunicación,
estamos a punto de ser completamente irrelevantes para la sociedad en general y
en particular para la formación de nuevos comunicadores. Los mercados laborales
están fuera de nuestro control; no logramos que los empleadores acepten
nuestros productos; los comunicadores recién egresados no tienen una identidad
o en todo caso tienen una identidad difusa ante sí mismos como profesionistas
de la comunicación. Hemos improvisado a los docentes a que la expansión
galopante, desarticulada y caprichosa de facultades de comunicación en suelo
latinoamericano. Hemos dirigido la investigación a problemáticas o de moda o
derivadas de intereses personalistas, desvinculando la producción de
conocimiento de la formación de nuevos profesionistas. Y seguimos aferrados a
sostenes disciplinarios que cada vez nos oscurecen más la salida".
Ya avanzada la década de
1990, a pesar del formidable desarrollo que había alcanzado Internet en el
mundo, en América Latina, no pocos académicos e investigadores de la
comunicación todavía se negaban a reconocer a Internet como medio de
comunicación. En La tercera ola, Alvin
Toffler (1981: 170) afirmó que el medio de comunicación
distintivo de la “tercera ola”, no sería un medio masivo:
“Lo que, en la
superficie, parece ser un conjunto de acontecimientos carentes de relación
entre sí, resulta ser una ola de cambios estrechamente interrelacionados que
barren el horizonte de los medios de comunicación, desde los periódicos y la
radio, en un extremo, hasta las revistas y la televisión, en el otro. Los
medios de comunicación de masas se hallan sometidos a intenso ataque. Nuevos y
desmasificadores medios de comunicación están proliferando, desafiando –y a
veces, incluso reemplazando- a los medios de comunicación de masas que ocuparon
una posición tan dominante en todas las sociedades de la segunda ola. La
tercera ola inicia así una Ola verdaderamente nueva, la era de los medios de
comunicación desmasificados. Una nueva infosfera está emergiendo a lo largo de
la nueva tecnosfera. Y esto ejercerá un impacto más trascendental sobre la
esfera más importante de todas, la que se alberga en el interior de nuestros
cráneos. Pues, tomados en su conjunto estos cambios revolucionan nuestra imagen
del mundo y nuestra capacidad para entenderlo”.
Con mucha anticipación al sociólogo Manuel Castells, Alvin Toffler
señaló algunas de las principales características de la sociedad de la
información, como el desarrollo de entornos inteligentes, el teletrabajo, el
advenimiento de las comunidades virtuales, la e-democracia, el hogar
electrónico. Desafortunadamente, Alvin Toffler siguió una suerte similar a
Marshall McLuhan en América Latina, pues también fue calificado como
“pragmático” y “simplista”, y sus obras fueron consideradas “best sellers” de
pobre “rigor académico”. De acuerdo con el doctor José Carlos Lozano (1995:15),
destacado investigador del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, director
de la Cátedra de Comunicación e Información, las ciencias de la comunicación se
habían convertido en una "profesión en peligro”:
"En la década de los ochenta y a principios de los
noventa, las teorías de la comunicación en México y América Latina han
experimentado una renovación saludable y necesaria. Importantes investigadores
de la comunicación han criticado la sobreideologización de los enfoques
teóricos, la escasa producción técnica de los autores en los diferentes métodos
cuantitativos y cualitativos de investigación, y el divorcio inadecuado entre
los estudiosos de la comunicación y los profesionales de la misma".
Mientras los comunicólogos
emprendíamos extenuantes discusiones bizantinas para determinar si Internet
efectivamente admitiría o no ser considerado medio de comunicación, la Red
prolongaba notablemente sus posibilidades comunicativas, extendiendo la
amplitud de la irreversible convergencia tecnológica en la cual hoy estamos
inmersos, la que ha contribuido a desmoronar muchas de las fronteras que
anteriormente prevalecían entre las telecomunicaciones, los medios de difusión
masiva, la realidad virtual, la electrónica de consumo doméstico, la robótica,
la informática, la ingeniería genética y la biotecnología. La convergencia
tecnológica es tan profunda como irreversible.
El formidable desarrollo que
ha alcanzado Internet provocó algunos reacomodos en la academia latinoamericana
de comunicación. No pocos académicos e investigadores que ayer afirmaban su
vocación y compromiso ideológico con el radicalismo althusseriano, se vieron en
la necesidad de traicionarse a sí mismos para intentar figurar como expertos en
temas de cibercultura o en el estudio de la Sociedad de la Información. Sólo
algunos investigadores de la comunicación, como el belga Armand Mattelart y el
mexicano Javier Esteinou Madrid, con ejemplar congruencia efectivamente han
venido sosteniendo las mismas tesis que afirmaban desde la década de 1970.
En los años recientes, empresas e instituciones de todo tipo y tamaño,
han realizado considerables inversiones para establecer su infraestructura de
comunicaciones digitales, la cual, de acuerdo con Bill Gates, representa el
“sistema nervioso digital de las organizaciones”, y así poder enfrentar en condiciones más favorables
la competencia mundial que desplaza consigo la globalización de las economías
(Pavlik: 1998). La introducción de avanzados sistemas de información y
comunicaciones digitales hasta en micro y pequeñas empresas, inevitablemente
exhibió las graves deficiencias formativas y la pobre capacidad de adaptación de
muchos profesionales de comunicación, egresados precisamente de nuestras
universidades. Acostumbrados al rutinario manejo de medios de comunicación
analógicos y convencionales, no pocos de nuestros egresados terminaron por
aceptar que toda decisión
relativa al diseño, desarrollo y administración de sistemas de información en línea, y de acciones comunicativas a través de
avanzados dispositivos digitales, fuese delegada a ingenieros en sistemas computacionales.
Quizá así creían evitarse problemas
innecesarios y conservar sus empleos mientras la “moda” de Internet
paulatinamente se extinguía. Evidentemente se equivocaron. La alta dirección de
esas organizaciones rápidamente advirtió cuan absurdo representaba contar con
los servicios de profesionales de la comunicación que únicamente dominaban el
“hemisferio analógico” de los procesos comunicativos, y que sólo resultan
capaces de realizar su trabajo a través de los canales y medios de comunicación
convencionales. Las exigencias de la comunicación institucional estratégica hoy
son muy complejas. Las organizaciones deben reparar en la importancia de su
imagen institucional, relaciones públicas, publicidad y promoción,
comunicaciones internas, imagen pública, cabildeo, mercadotecnia social, comunicación en crisis,
comunicación filantrópica, protección de la información crítica, etc. Cada una
de las referidas modalidades de la comunicación institucional estratégica hoy
en buena medida depende del eficiente soporte de las comunicaciones digitales.
La expresividad institucional (Cees Van Riel, 2003) es compleja y
eminentemente estratégica. Los comunicadores estrictamente “analógicos” resultan poco competitivos para las
organizaciones. Quienes se desempeñan como responsables de cualquier unidad de
comunicación institucional también deben dominar el “hemisferio digital” de los
procesos comunicativos, pues un considerable número de acciones comunicativas
institucionales suponen el inteligente empleo de Internet, de sus múltiples
herramientas de comunicaciones, y en general, de avanzadas tecnologías de
información y comunicaciones multimedia.
2. En el ocaso del privilegio informativo
El acceso a la información y la difusión de hechos noticiosos ya no
representan indisputables privilegios de periodistas, profesionales de la
información y medios de difusión masiva. La apertura informativa que desplaza
consigo el desarrollo de Internet ha impuesto nuevas reglas en la competencia
por la información. A través de los llamados weblogs, por ejemplo, cibernautas independientes han empezado a
competir por la primicia de determinados hechos noticiosos, susceptibles de
atraer la atención mundial.
En el desarrollo de la invasión de Irak, el desempeño informativo de
algunos weblogers independientes,
indudablemente les permitió erigirse
en obligada referencia noticiosa para miles de cibernautas en el mundo. Las
desafortunadas prácticas de autocensura que observaron determinados medios
informativos estadounidenses, definitivamente resultaron propicias para el
llamado boom de los weblogers. A la instantaneidad noticiosa
y sofisticados recursos multimedia que desplegaron las principales cadenas de
televisión en el mundo, los weblogers
opusieron el recurso del “hiperrealismo testimonial” en la cobertura mediática
de la invasión de Irak. La contribución de los weblogers al desarrollo de la industria de la información
representa un importante precedente que de ninguna manera puede ser ignorado.
En lo sucesivo, la competencia por la información será más abierta, y de
ninguna manera estará restringida a la participación de periodistas,
profesionales de la información y medios de difusión masiva.
A pesar de las nuevas condiciones de competencia informativa que impone
el tránsito a la llamada Sociedad de la Información y el Conocimiento, de ninguna manera será
posible prescindir de los servicios que prestan periodistas profesionales, aun
cuando miles de cibernautas independientes relatarán determinados hechos
noticiosos. El periodista es el historiador de lo cotidiano, y como
atinadamente afirma el destacado escritor mexicano Carlos Fuentes: “es factor indispensable para que los hombres y las
mujeres, bien informados, actúen política, social y personalmente para mejorar
su entorno” (4).
El tránsito a la Sociedad de la Información y el Conocimiento, efectivamente
impone nuevas exigencias formativas a los profesionales del periodismo y la
información. En la academia es imperativo reconocer la necesidad de formar un
nuevo tipo de profesionales de la información: los periodistas multimedia,
quienes habrán de realizar sus labores informativas empleando las más avanzadas
tecnologías de información y comunicaciones. A diferencia de quienes afirman
que Internet terminará por extinguir al periodista profesional, es posible
confiar en que el periodista multimedia se perfilará como el profesional de la
información en las “Sociedades de la Información y el Conocimiento”.
A pesar de la sostenida expansión que es posible advertir en la práctica
del periodismo digital en Iberoamérica, la formación de comunicólogos y periodistas
digitales representa una más de las asignaturas pendientes que enfrenta la
atribulada academia de comunicación. En el escenario áulico pronto tendremos
que encontrar respuestas efectivamente satisfactorias para contribuir a formar
a los periodistas multimedia que hoy ya está demandando el desarrollo de la
llamada Sociedad de la Información y el Conocimiento. En nuestra profesión ya
es posible advertir la presencia de sensibles “brechas profesionales”, las
cuales agudizan las crisis epistemológicas que perturban hasta la definición
misma de nuestra disciplina. La expansión del periodismo digital se perfila
como un proceso que definitivamente admite ser reconocido como irreversible.
Mientras tanto, indiferentes a ese hecho, en la academia seguimos insistiendo
en la necesidad de formar periodistas fundamentalmente “analógicos”. Tal
omisión además viene acompañada de una costosa factura en materia de
oportunidades de desarrollo profesional, la cual, desafortunadamente, tendrán
que pagar muchos de nuestros egresados.
Al inicio de la delicada recesión que hoy enfrenta la economía
argentina, Walter Napoli, director de La
Nación On Line –versión en Internet del reconocido diario de Buenos Aires,
Argentina-, refería uno de los primeros efectos de la llamada brecha digital en
nuestro oficio. Mientras que el periódico impreso registraba constantes
despidos de periodistas, en la versión “online” se abrían plazas para
incorporar a periodistas con habilidades multimedia. Tal situación generaba
evidente frustración entre los periodistas que fueron despedidos de la versión
impresa del diario La Nación, quienes
objetaban que jóvenes recién egresados de las universidades ocuparan
inmediatamente las plazas vacantes que demandaba la versión en línea del mismo
periódico.
En la mayoría de las universidades latinoamericanas en las cuales se
imparten programas de la licenciatura o posgrado en ciencias de la
comunicación, definitivamente no hemos reparado en la necesidad de realizar las
adecuaciones pertinentes a nuestros programas de estudios para incorporar todas
aquellas asignaturas o especialidades que pudieran elevar la eficiencia
terminal y la competitividad de nuestros egresados, y responder así a las
nuevas exigencias profesionales que ha impuesto el acelerado desarrollo de las
comunicaciones digitales. Desdichadamente, en la actualidad no pocos académicos
e investigadores de la comunicación, quienes imparten clases en algunas de
nuestras universidades, siguen afirmando que el tema de las computadoras
representa un asunto que básicamente compete a ingenieros en sistemas
computacionales, no a comunicólogos.
Hace algunos años, el destacado investigador español Javier Díaz Noci, se cuestionaba sobre el tipo de habilidades y conocimientos que deberán distinguir al nuevo periodista: “Estamos ante un nuevo modo de hacer periodismo, o lo único nuevo es la técnica y el modo en el que se presenta la información periodística” (5). El periodista digital y el periodista multimedia efectivamente deben dominar las técnicas inherentes al oficio, afirmando siempre un compromiso ético con la permanente búsqueda de la verdad. Todo ello significa que las bases y fundamentos del periodismo no han cambiado. A pesar de las grandes transformaciones tecnológicas que en los años recientes ha resentido la industria de la información, los mismos principios siguen siendo vigentes en el periodismo. Sin embargo, la nueva generación de periodistas que demandan nuestros “nuevos tiempos modernos” deberá ser capaz de manejar los lenguajes multimedia, pues texto, audio, video, gráficos y animaciones están estrechamente relacionados.
En la Sociedad de la Información y el Conocimiento, el periodista será
un periodista multimedia, capaz de realizar su trabajo en todos los medios y
con todos los medios. Su sólida formación ética y profesional le permitirá
distinguirse de las tareas informativas que asumirán entusiastas cibernautas,
quienes con el paso de los años seguramente conformarán una extensa red de
corresponsales autónomos que disputarán a periodistas profesionales el
privilegio de referir hechos noticiosos de interés mundial.
A pesar del formidable desarrollo que en los años recientes han
registrado las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones, en la
mayoría de las universidades de Iberoamérica en las cuales se imparten
programas de licenciatura o postgrados en comunicación y periodismo,
desafortunadamente no se ha reparado en la necesidad de realizar las
adecuaciones pertinentes a los planes de estudio para incorporar todas aquellas
asignaturas o especialidades que pudiesen contribuir a incrementar la
eficiencia terminal y la competitividad de nuestros egresados. Gabriel García
Márquez, presidente de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano,
destacó cuan graves ya resultaban las limitaciones formativas que advertía en
muchas de las escuelas y universidades que imparten programas de licenciatura o
posgrados en ciencias de la comunicación y periodismo, en la conferencia que
dictó en el marco de la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa,
evento celebrado en octubre de 1996, en Pasadera, California, Estados Unidos:
“(Gabriel García Márquez) expresó sus dudas sobre la
capacidad actual de las escuelas y facultades para preparar convenientemente a
los profesionales de la Comunicación. Los avances tecnológicos y las nuevas
necesidades sociales han provocado que algunos centros educativos se hayan
quedado anticuados. Se queja de que el oficio de periodista no ha logrado
evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos y de que los periodistas
se han extraviado en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia
el futuro. Según el Premio Novel, el infortunio de las facultades de
Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy
poco del oficio mismo” (6).
Reacios a la necesidad de reaprender para transmitir conocimientos
efectivamente productivos a nuestros alumnos, en muchas escuelas y facultades,
en las cuales se imparten programas de licenciatura o posgrados en comunicación
y periodismo en Iberoamérica, seguimos empecinados en formar “comunicólogos
analógicos”, a pesar de que el mercado profesional demanda las habilidades y
conocimientos de los “comunicólogos digitales”. En la radio, televisión,
industria publicitaria, relaciones públicas, comunicación organizacional, en la
industria de la información y el periodismo, –además, por supuesto, de cada uno
de los campos emergentes de desarrollo profesional que introduce Internet-, hoy
son demandados los servicios de profesionales de la comunicación y del
periodismo, capaces de diseñar, desarrollar y ejecutar acciones comunicativas
que impliquen el inteligente empleo de las avanzadas tecnologías de información
y comunicaciones.
La honesta y profunda autocrítica de lo que ahora estamos enseñando en
nuestras universidades, definitivamente exhibiría cuan graves ya resultan
muchas de nuestras limitaciones formativas. Si efectivamente nos interesa que
nuestros egresados obtengan mejores condiciones de empleo en el mercado
profesional, deberíamos emprender a la brevedad la profunda revisión de cada
una de las asignaturas que integran nuestros planes de estudios, procediendo a
incorporar un mayor número de asignaturas relacionadas con el aprendizaje de
las comunicaciones digitales.
Más allá de las evidentes brechas generacionales, las ecologías
culturales de nuestros claustros docentes y los estudiantes de comunicación no
sólo presentan sensibles diferencias, en algunas ocasiones los ambientes
comunicacionales (Lance Strate, 2004), resultan ser incompatibles y hasta
excluyentes. Las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones forman
parte del entorno cotidiano en el cual se desenvuelven nuestros estudiantes.
Muchos de los dispositivos que ellos portan consigo son interfases inteligentes.
La tecnología representa un principio de actualización y deviene en lógica
extensión de la moda. McLuhan ya
había advertido la importancia del narcisismo en la adopción de nuevas
tecnologías de información y comunicaciones. Es posible afirmar que, en la actualidad,
tecnología y moda se encuentran íntimamente asociados. En no pocas facultades de comunicación y periodismo, para
muchos académicos e investigadores de la comunicación la simple posibilidad de
reemplazar la vieja máquina de escribir por una computadora todavía representa
un auténtico choque cultural. En cambio, muchos de nuestros estudiantes
entienden con perfecta naturalidad las nuevas tecnologías de información que
los propios profesores. Mientras los profesores especulamos sobre los posibles usos
y aplicaciones de las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones,
los estudiantes, más pragmáticos y conocedores, simplemente las usan y portan
consigo.
En la academia latinoamericana de comunicación, abundan predicadores de
las bondades que suponen inherentes a la “Sociedad de la Información y el
Conocimiento”, incurriendo, por supuesto, en interpretaciones de orden
“teoricista”. Pocos, sin embargo, son capaces de transmitir conocimientos
efectivamente prácticos para contribuir al desarrollo de las habilidades de los
estudiantes, quienes demandan nuevas habilidades y conocimientos para adecuarse
a las exigencias del mercado profesional.
No debemos soslayar el hecho de que la formación de comunicólogos
capaces de desarrollar sus conocimientos y habilidades en el horizonte de las
industrias digitales, hoy impone la necesidad de realizar considerables
inversiones. Evidentemente no todas las instituciones educativas en las cuales
se imparten programas de licenciatura o posgrado en comunicación, disponen de
los recursos económicos necesarios para realizar las adecuaciones pertinentes a
sus instalaciones e infraestructura. Para el equipamiento de las impresionantes
instalaciones con que hoy cuenta la Facultad de Periodismo y Comunicación de la
Universidad de Sevilla, por ejemplo, fue necesario invertir millones de euros.
Algunos organismos internacionales aportaron los recursos necesarios para
convertir a la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad de
Sevilla en obligado referente para la e-formación de comunicólogos y
periodistas en Iberoamérica. Fernando
Contreras, responsable de infraestructura de la Facultad de Periodismo y
Comunicación de la Universidad de Sevilla, dedicó varios años al exhaustivo
análisis de las propuestas de equipamiento que sometieron a su consideración
decenas de importantes proveedores de soluciones de tecnología. En los próximos
años podrán advertirse los primeros resultados, y por supuesto, en los años
próximos inevitablemente tendrán que realizarse considerables inversiones para
seguir disponiendo de las más avanzadas tecnologías de punta para la enseñanza
del periodismo y la comunicación.
Para no pocos empresarios de la educación, las escuelas y facultades de
comunicación y periodismo hoy ya no representan un negocio atractivo y seguro.
La brecha digital no sólo establece importantes diferencias en materia de
calidad de vida mediática entre ciudadanos y gobiernos, la brecha digital
también se ha extendido a las instituciones educativas en las cuales se imparten
programas de licenciatura o posgrados en comunicación y periodismo, marcando
importantes diferencias en la calidad del aprendizaje. Hoy es indispensable
realizar cuantiosas inversiones para disponer de la infraestructura idónea que
efectivamente permita responder a las expectativas que el mercado profesional
ha depositado en la formación de los profesionales de la comunicación y el
periodismo. Seguramente muchas instituciones educativas, manejadas por
empresarios de la educación, no realizarán las inversiones necesarias para
incorporar las más avanzadas tecnologías de información y comunicaciones en las
escuelas y facultades de comunicación y periodismo que “administran”. En cambio
aquellas instituciones educativas que pretendan mantener facultades o escuelas
de comunicación y periodismo que efectivamente dispongan de las más avanzadas
tecnologías de punta, tendrán que reparar en la necesidad de negociar
financiamientos externos, pues difícilmente el monto de las colegiaturas que
pagan los estudiantes de comunicación y periodismo podrá amortizar el costo de
las inversiones que periódicamente deberán realizar para disponer de las más
avanzadas tecnologías de punta. Quizá en algunas universidades, determinadas
carreras que dispongan de una elevada matrícula, y que no necesariamente
demanden elevadas inversiones en materia de tecnología, como derecho, por
ejemplo, permitirán transferir recursos a las escuelas de comunicación y
periodismo. Es posible inferir que tal panorama producirá una incómoda y peligrosa
dependencia.
La competitividad de los egresados de las escuelas de comunicación y
periodismo de ninguna manera ya podrá depender del prestigio que han logrado
acumular los claustros de profesores de determinadas universidades. A las
facultades de comunicación y periodismo de esas universidades, seguramente les
resultará traumático el despertar del letargo en el cual habían decidido
permanecer cómodamente instaladas, para advertir que los cambios que han
impuesto las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones, en las
ciencias de la comunicación, resultan tan dramáticos como irreversibles.
Nuestro trabajo, como académicos e investigadores de la comunicación, es
poder proporcionarles la mejor preparación posible a nuestros alumnos, para que
ellos efectivamente puedan encontrar trabajo, realizándose plenamente como
seres humanos y profesionales de la comunicación. Es tiempo de ser más humildes
y reconocer que el aprendizaje es dialéctica pura, y que los cambios son tan
necesarios como inevitables. Debemos aprender a cambiar. El doctor Gastón Melo,
quien fue discípulo del destacado comunicólogo Abraham Moles, y principal
asesor de Emilio Azcárraga Milmo, principal accionista de Televisa, suele
afirmar que no hay nada más práctico que una buena teoría. Para superar las
crisis que hoy perturban el devenir de las ciencias de la comunicación, resulta
indispensable atender el llamado de la realidad. Aún nos queda tiempo, debemos
reaccionar.
Notas
(1) La obra seminal de Louis Althusser es La filosofía como Arma de
la Revolución, texto en el cual el célebre pensador francés abordó el tema
de los “aparatos ideológicos del Estado”.
(2) Término propuesto por Daniel Prieto para designar el trabajo teórico
francamente improductivo que realizaban no pocos académicos e investigadores de
la comunicación.
(3) Neil Postman, estadounidense, catedrático de la Universidad de Nueva
York y destacado investigador de la comunicación estadounidense, en 1968
introdujo el concepto “media ecology” (ecología de medios), para designar al
conjunto de teorías propuestas por Marshall McLuhan, Walter Ong, Harold Innis y
el propio Postman, que centran su atención en el papel que desempeñan los
medios de comunicación en la construcción de los escenarios y ecologías
culturales. En la actualidad, la
ecología de los medios –también conocida como Escuela de Toronto o
“mediología”-, admite ser considerada como la más importante escuela de
comunicación de Norteamérica. El presidente de la Media Ecology Association es
el doctor Lance Strate, investigador de la Fordham University, Nueva York,
Estados Unidos. Sobre la contribución de McLuhan en la construcción de la
escuela dedicada al estudio de la ecología de los medios, recomendamos
consultar: Casey Man: “The Intellectual Roots of Media Ecology”. En The New Jersey Journal of Communication.
Vol. 8. Número 1. Primavera de 2000, p. 1-8.
También recomendamos: Lance Strate: “A Media Ecology Review”. En Communication Research Trenes. Centre
for the study of Communication and Cultura. Volume 23, No. 2, 2004, p. 3-39.
(4) Carlos
Fuentes: “El periodismo y la libertad social”. Chasqui. Número 84, diciembre 2003, p. 3.
(5) Javier Diaz Noci. (1999) “Un
nuevo modo de hacer periodismo”. Ponencia presentada en las Jornadas de
Periodismo Digital CEU San Pablo, Valencia. 12 de mayo de 1999. Disponible en
línea en: [http://www.ehu.es/diaz-noci/Conf/C15.pdf]
(6) Kuldovika Meso Ayerdi: “La formación del periodista digital”. Chasqui. Número 84, diciembre 2003, p.
5.
ALTHUSSER, L. (1982). La filosofía como arma de la revolución. México,
Cuadernos Pasado y Presente.
AMOR, D. (2002).
The e-business (r) evolution. New Jersey,
Prentice Hall.
BENASSINI, C.
“Tres momentos para su llegada”. En Revista
Mexicana de Comunicación, número 84, p. 21-22, 2003.
BELL, Daniel (1991). El advenimiento
de la sociedad postindustrial. Madrid, Alianza.
CAMPELL, A. y GOLD, M. (1999). The
collaborative enterprise. Massachusetts, Perseus Books.
CAREY, J. (1989). Communications as culture. Essays on media
and society. Boston. Unwin Hyman.
COHAN, P. (2001). e-Stocks.
Finding the hidden blue chips among the Internet impostors. New York,
HarperCollins Publishers.
DAVIDSON, A. (1997). Riding the tiger. New York, Harper
Business.
DERTOUZOS, M. (2001). The
unfinished revolution. Human-Centered Computers and what they can do for us. New
York, HarperCollins Publishers.
DRUCKER, P. (1990). Las nuevas
realidades. Colombia, Norma.
DRUCKER, P. (1994). La sociedad poscapitalista. Colombia,
Norma.
EASTON, T. (1997). Taking sides.
Clashing views on controversial issues in Science, Technology, and Society.
USA, Dushkin Publishing Group.
ESTEINOU, J. "El estudio materialista de la comunicación de masas.
En Cuadernos del TICOM. UAM Xochimilco. Número 1. 1979. México.
ESTEINOU, J. "La
sobredeterminación social de los aparatos de consenso de masas". En Cuadernos
del TICOM. UAM Xochimilco. Número 4. 1980. México.
ESTEINOU, J. "Aparatos de
comunicación de masas, Estado y puntas de hegemonía". En Cuadernos del
TICOM. UAM Xochimilco. Número 6. 1980. México.
ESTEINOU, J. "El surgimiento de los aparatos de comunicación de
masas y su incidencia en el proceso de acumulación de capital". En
Cuadernos del TICOM. UAM Xochimilco. Número 10. 1981. México.
ESTEINOU, J. (1983). Los medios de comunicación y la construcción de
la hegemonía. México. Nueva Imagen.
ESTEINOU, J. "La identidad cultural frente a las nuevas tecnologías
de comunicación". En Tecnología y Comunicación. CONEICC-UAM
Xochimilco.1983. México.
ESTEINOU, J. "Las
tecnologías de información y la confección del Estado ampliado". En Cuadernos
del TICOM. UAM Xochimilco Número 30. 1984. México.
ESTEINOU, J. "La
comunicación por satélite y la sociedad mexicana". En La comunicación
social en México. UAM Xochimilco. 1985. México.
ESTEINOU, J. "El sistema de
satélites Morelos y la sociedad mexicana". En Cuadernos del Centro de
Servicio y Promoción Social. Universidad Iberoamericana. Serie Investigación,
número 9. 1989. México.
ELLUL, Jacques (1967). The
technological society. New York, Vintage.
FOLKEBERTS, J., et al (1998). The media in your life.
USA, Allyn and Bacon.
FRADETTE, M. y MICHAUD, S. (1998). The power of Corporate kinetics. Create the
self-adapting, self-renewing. Instant-action enterprise. USA, Simon & Schuster.
GARR, D. (1999). IBM Redux. Lou
Gerstner & the business turnaround of the decade. New York,
HarperCollins Publishers.
GALINDO, J. (1992). Ideología y
comunicación. El Estado, la hegemonía y la difusión masiva. México. Premia
Editora, La Red de Jonas.
GATES, B. (1995). Camino al
futuro. México, McGraw-Hill.
GATES, B. (2000). Business @ the speed of thought. Using a digital nervous
system. USA, Warner Books.
GHOSHAL, S. y BARLETT, C. (1997). The individualized corporation. USA, Harper Business.
GIDDENS, A. (1991). The consequenses
of Modernity. Stanford, Stanford University.
HABERMAS, J. (1993). Ciencia y técnica como “ideología”. México, REI.
HEPWORTH, M. (1990). Geography of
the information economy. New York, The Guilford Press.
HOLTZ, H. (1998). The consultant´s guide to getting business
on the Internet. USA, John Wiley
& Sons.
HORN, S. (1998). Cyberville. New York, Warner Books.
INNIS, H. (1951). The Bias of Communication. Toronto:
University of Toronto Press.
INNIS, H. (1986). Empire and Communications. Oxford, Charendon Press.
ISLAS, O. y GUTIÉRREZ, F. (2000). Internet el medio inteligente. México,
CECSA.
ISLAS, O. y GUTIÉRREZ, F. (2002).
Explorando el ciberperiodismo Iberoamericano. México, CECSA.
ISLAS, O. y GUTIÉRREZ, F. (2002), .com probado. México, CECSA.
JOHNSON, S. (1997). How new
technology transforms the way we create and communicate. USA, Harper Books.
JOYANES, L. (1997). Cibersociedad. Los retos sociales ante un mundo
digital. España¸ McGraw Hill.
LEER, A. (2000). La visión de los líderes en la era digital. México,
Prentice Hall.
LEVINSON, P. (1997). The soft edge. A natural history and future
of the Information Revolution. London, Routledge.
LEVINSON, P. (1999). Digital McLuhan. A guide to the information millennium. London-New
York, Routledge.
LUCAS, H. (1996). The T-Form
Organization. Using technology to design organizations for the 21st
Century. San Francisco, Jossey-Bass Publishers.
MAN. C. “The Intellectual Roots of Media Ecology”. En The New Jersey Journal of Communication.
Vol. 8. Número 1. Primavera de 2000, p. 1-8.
MARTIN BARBERO, J. (1987). De los
medios a las mediaciones, Barcelona, Editorial Gustavo Gili.
MATTELART,
A. (1977). Multinacionales y sistemas de comunicación: los aparatos
ideológicos del imperialismo. México. Siglo XXI.
MATTELART,
A. (2000): Historia
de la utopía planetaria. De la ciudad profética a la MATTELART,
A. (2002): Historia de la sociedad de la información. Siglo XXI, Barcelona.
McLUHAN, M. (1962). The Gutenberg Galaxy: The making of Typographic Man, Toronto,
University of Torornto Press.
McLUHAN, M. (1977). La
comprensión de los medios como extensiones del hombre. New York, McGraw-Hill.
McLUHAN, M. and McLUHAN, E. (1988). Laws of Media: The New Science. Toronto,
University of Toronto Press.
MITNICK, K. y SIMON, W. (2002). The
art of deception. Controlling the Human Element of Security. USA, Wiley
Publishing.
MORAGAS, M. "Las ciencias de la comunicación en la sociedad de la
información". En Diálogos de la comunicación. Número 49. Octubre,
1997.
MOSCO, V. WAKO, J. (1988). The political economy of information. USA. The University of Wisconsin Press.
MUIRHEAD, B. y SIMON, W. (1999). High velocity leadership. New York, Harper
Business.
NAISBITT, J. (1990). Megatendencias
2000. Colombia,
Norma.
NEGROPONTE, N. (1996). Ser Digital. México, Océano.
NICOL, E. (1977). Metafísica
de la expresión. México, Fondo de Cultura Económica
NICOL, E. (1984). Los principios de la ciencia. México.
Fondo de Cultura Económica.
NG, C. y MUNRO-KUA, A. (1994). Keying
into the future. The impact of computerization on office workers. Malasya, Vinlin
Press.
NOSNIK, A. (1991). El desarrollo de la comunicación social. Un
enfoque metodológico. México, Trillas.
ONG, W. (2002). Orality and literacy. The technologizing of the world. London,
Methuen.
OROZCO, G. "De las disciplinas a los saberes. Hacia una
reestructuración de la comunicación desde la academia". En LUNA C.
(Coordinador): Generación de Conocimientos y formación de comunicadores.
VII Encuentro Latinoamericano de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS).
Comunicación, identidad e Integración Latinoamericana IV. México, 1992.
PAPOWS, J. (1998). Enterprise.com Market leadership in the
information age. Massachusetts, Perseus Books.
PAVLIK, J. (1998). New media
technology. Cultural and commercial perspectives. USA, Allyn and Bacon.
POSTMAN, N. (1986). Amusing ourselves to death. Discourse in
the age of show business. New York, Viking.
POSTMAN, N. (1992). Technopoly.
The surrender of culture to technology. USA, Vintange Books.
POSTMAN, N. y WEINGARTNER (1969). Teaching as a subversive activity. New York, Delacorte.
PRIETO D. "Educación, tecnologías y futuros". En Chasqui.
CIESPAL. Segunda época. Número 5, 1982. Ecuador.
ROJO, P. (2003). Sociedad global y
nuevas tecnologías de la información. Los retos de la comunicación social ante
la liberación del mercado europeo. Monografías de Ciencias Sociales y de la
Comunicación. Universidad Católica San Antonio, España.
SAMPSON, A. (1995). Company man.
The rise and fall of corporate life. USA, Times Business.
SÁNCHEZ DE ARMAS, M. (1998). Comunicación y globalidad. Ensayos de
Ecología Cultural. México, Fundación Manuel Buendía.
SÁNCHEZ RUIZ, E. "Investigación y comunicación en América Latina en
tiempos neoliberales. Tres comunicólogos debaten". En Revista Mexicana
de Comunicación. Número 37. Octubre-noviembre de 1994. México.
SEGIL, L. (1996). Intelligent
Business Alliances. How to profit using today´s most important strategic
tool. USA, Times Business.
SEYBOLD, P. (1998). Customers.com
How to create a profitable business strategy for the Internet and beyond.
New York, Crown Business.
STEPHEN T. (1995). The future
does not compute. Trascending the machines in our mist. Sepastopol,
California, O´Reilly & Associates.
STRATE, L. “A Media Ecology Review”. En Communication Research Trenes. Centre
for the study of Communication and Cultura. Volume 23, No. 2, 2004, p. 3-39.
STRAUBHAAR, J. & LAROSE, R. (1996).Communications
media in the Information Society. USA, Wadsworth Publishing Co.
TURKLE S. (1998). La vida en pantalla. La construcción de la
identidad en la era de Internet. Madrid, Taurus.
VAN RIEL, C. (1997). Comunicación Corporativa. Madrid, Prentice Hall.
WERBACH, Adam (1997). Act now, apologize later. USA, Cliff Street Books.