LA RELACIÓN ENTRE COMUNICACIÓN Y
CULTURA EN LA TRAYECTORIA
DE INVESTIGACIÓN DEL PROGRAMA
CULTURA. UNA EXPLORACIÓN
TEÓRICO-CONCEPTUAL DESDE LA
PROPUESTA DE LA COMUNICOLOGÍA POSIBLE
Universidad Autónoma de
Resumen
El
texto aborda la relación entre la comunicación y la cultura en la trayectoria
de investigación del Programa Cultura de
Palabras clave: Comunicología -
estudios culturales - cultura - comunicación - teoría - Programa Cultura.
1. Introducción
El Programa Cultura de
En el texto “El Programa
Cultura. Los caminos cortos y los caminos largos hacia la plenitud”, Jesús
Galindo (2004a) relata de forma sintética la historia del Programa, que surge
oficialmente en 1985 bajo el impulso del propio autor y de Jorge González,
ambos fundadores del Programa. El primero, interesado en la relación entre
cultura mexicana y movimientos sociales; el segundo, en principio, en los
estudios culturales británicos. En palabras del propio Jesús Galindo, el
Programa Cultura puede entenderse a partir de cuatro fases: el inicio, a cargo
de los fundadores; dos expansiones; y la segunda y tercera generación de
investigadores del Programa (a). No es éste el momento para revisar con
detenimiento toda la historia del Programa Cultura; sin embargo, vale la pena
señalar tres elementos: las telenovelas, por un lado, y la cultura regional,
por el otro, como objetos de estudio; la importancia de la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas;
y la creación de
Aunque el Programa Cultura puede considerarse, sobre todo,
un programa de investigación, un centro interesado en la investigación empírica
de la cultura y sus múltiples aristas, el objetivo del presente texto es
explorar lo teórico-conceptual dentro del programa. La tarea es compleja, pues
no existe un texto que en sentido estricto dé cuenta de los marcos teóricos,
los paradigmas, los enfoques, etc., a partir de los cuales se trabajó y se
trabaja empíricamente en el Programa Cultura. La estrategia seguida parte de
dos elementos: entrevistas a los fundadores del Programa, por un lado, y
análisis de la producción bibliográfica de los miembros del Programa en la
revista Estudios sobre las culturas
contemporáneas, por el otro.
Antes de iniciar con la exploración teórico-conceptual, es
pertinente presentar un breve apunte sobre la relación que existe entre
comunicación y cultura en general. Para ello se presentan algunas reflexiones
generales y, brevemente, las ideas básicas en torno a esta relación conceptual
en los Estudios Culturales, corriente que cobija gran parte de las reflexiones
legitimadas sobre la relación apuntada.
2. la relación entre comunicación y cultura, los estudios
culturales y la propuesta de la comunicología
¿Es primero la comunicación o la cultura? ¿Se puede pensar
únicamente la comunicación desde lo cultural o existe una lectura
comunicológica de la cultura? En este punto se presentan algunas definiciones
de los dos conceptos en cuestión, se aborda también el denominado enfoque
cultural de la comunicación y se exponen brevemente algunas de las ideas sobre
la cultura desde el proyecto de
Tanto la cultura como la comunicación se han convertido en conceptos ampliamente definidos en el ámbito de las ciencias sociales. No existe una sola definición para cada uno de ellos; es más, en torno a la cultura existen más de 300 definiciones documentadas, y sobre la comunicación otras tantas. Sin embargo, y en aras de sintetizar, a continuación se presentan sólo algunas acepciones de cada uno de los términos.
Desde
En términos generales, se afirma que la cultura proporciona a las personas un marco de referencia cognoscitivo general para una comprensión de su mundo y el funcionamiento en el mismo. Esto les permite interactuar con otras personas y hacer predicciones de expectativas y acontecimientos. Hasta aquí, el énfasis está en la dimensión subjetiva de la cultura (Triandis, 1977), según la cual la cultura sería la respuesta de la gente a la parte del medio ambiente hecha por el hombre, o la forma característica de un grupo de percibir y significar su medio ambiente social (Brislin, 1981). Para María Jesús Buxó (1990), la cultura es el sistema de conocimiento a partir de cuyos significados el sujeto tamiza y selecciona su comprensión de la realidad, así como interpreta y regula los hechos y los datos de su entorno. Y es pertinente aquí hacer también referencia a la cultura como proceso, para lo cual se toma la tradicional definición de Clifford Geertz (1987): la cultura como red de significaciones o sentidos, traducidos en una especie de programa, que sirven para significar la vida cotidiana. Como se puede observar, la mayoría de las definiciones seleccionadas ponen énfasis en la cultura como principio organizador de la experiencia humana, y no como conjunto de producciones materiales, objetivas, de una sociedad determinada.
A continuación se presentan algunas definiciones del otro
concepto matriz, la comunicación. En sus acepciones más antiguas, el término
comunicación hacía referencia a la comunión, la unión, la puesta en relación y
el compartir algo. Esta definición, sin duda, se aleja de la asociación casi
automática de la comunicación con la transmisión de información a través de un
vehículo técnico: los medios masivos. Si las primeras definiciones de
comunicación apuntaban a esa dimensión más interpersonal, más relacional, en la
actualidad parece que estas aproximaciones quedaron atrás y no son casi tomadas
en cuenta en la reflexión sobre la comunicación, al menos desde el Campo
Académico oficial de
Dentro de este abanico de posibilidades, la relación entre
comunicación y cultura requiere, sobre todo, el considerar a la comunicación
como el proceso básico para la construcción de la vida en sociedad, como
mecanismo activador del diálogo y la convivencia entre sujetos sociales. Desde esta
perspectiva, hablar de comunicación supone acercarse al mundo de las relaciones
humanas, de los vínculos establecidos y por establecer. La comunicación es la
base de toda interacción social, y como tal, es el principio básico de la
sociedad. Y es que la sociedad y la cultura deben su existencia a la
comunicación. Es en la interacción comunicativa entre las personas donde se
manifiesta la cultura como principio organizador de la experiencia humana. En
este sentido, la vida social puede ser entendida como “organización de las
relaciones comunicativas establecidas en el seno de los colectivos humanos y
entre éstos y su entorno” (2). De alguna manera, este enfoque propone “imaginar
el tejido social como una trama de interacciones” (3). En este párrafo, como se
puede observar, se apuesta por una concepción de comunicación que abarca a la
cultura, y no a la inversa.
Lo “cultural” en la comunicación se reconoce oficialmente
como un legado de la escuela británica de los Estudios Culturales, surgidos en
Birmingham. La importancia de los Estudios Culturales para el campo de la
comunicación es fundamental. Para Galindo (2003), los estudios sobre medios de
difusión de masas de
Un apunte sobre la relación entre comunicación y cultura
desde la propuesta de
En este punto, es importante no perder de vista un asunto
importante. Pese a los intentos de los Estudios Culturales, comunicológicamente
podemos observar a la cultura como algo estático, terminado, como un hecho dado
que no busca la movilidad sino la permanencia. Así vista, la cultura dista mucho
de la comunicación, incluso pueden considerarse opuestas: la cultura es lo
estático, la comunicación es lo móvil y cambiante; la cultura es lo permanente,
la comunicación se mueve y mueve a los sujetos en el espacio y en el tiempo; la
cultura sujeta, la comunicación vincula; la cultura convierte en estáticas a
las relaciones, mientras que la comunicación es la relación per se.
El párrafo anterior introduce elementos importantes para no
perder de vista que una cosa es el llamado enfoque cultural de la comunicación,
con el peso y la centralidad de los Estudios Culturales –tanto británicos como
latinoamericanos- y su pretensión de ver lo móvil, lo dinámico y lo dinámico de
la cultura –por cierto, con marcos conceptuales decimonónicos-, y otra cosa,
ciertamente distinta, es ver a la cultura desde la propuesta de
3. Exploración de la relación entre
comunicación y cultura en la trayectoria del programa cultura
En este apartado se aborda la cuestión central del artículo. Interesa dar respuesta, o al menos explorar posibilidades, en torno a cómo se comprendió y se comprende la relación entre comunicación y cultura en el Programa Cultura. Dicho de otra forma, en esta parte se revisa el enfoque teórico bajo el cual se hizo y hace investigación en el Programa. La exploración parte de una lógica de construcción teórica, es decir, no interesa tanto conocer los objetos de estudio empíricos del Programa Cultura –aunque irremediablemente se nombrarán-, sino más bien explorar con qué conceptos y categorías, así como desde qué marcos paradigmáticos, se abordó y aborda la relación entre comunicación y cultura en el programa objeto de este artículo. Para ello, como ya se apuntó, se presentarán los resultados de dos estrategias implementadas: una, las entrevistas a los fundadores del Programa Cultura; y la otra, la revisión de la bibliografía de los miembros del Programa publicada en el órgano editorial del mismo, la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas (c). La primera estrategia sirve para dar cuenta de la visión desde adentro del programa, una visión quizás más subjetiva y menos técnica, pero que por el énfasis dado a preguntas de corte teórico-conceptual, apunta ideas interesantes para explorar la relación comunicación-cultura. Y la segunda estrategia, el análisis de los artículos publicados en la revista, permite objetivar la producción y, a partir del análisis de ésta, vislumbrar algunas imágenes en torno a la relación conceptual objeto de este artículo.
3.1. La relación comunicación-cultura en la
visión de los fundadores del Programa Cultura (d)
Es hasta cierto punto curioso que los dos fundadores del Programa Cultura, Jesús Galindo y Jorge González, tengan visiones tan distintas de lo que fue el Programa, por un lado, y de la relación teórica-conceptual entre comunicación y cultura –lo que aquí interesa-, por el otro.
Aunque el Programa Cultura es considerado como uno de los programas de investigación que más ha aportado al desarrollo de los Estudios Culturales en México, no está tan clara la adscripción del Programa a esta corriente de estudios con origen en Birmingham. Las palabras de Jorge González así lo ponen de manifiesto: “en el Programa Cultura nunca nos gustó decir que hacíamos “estudios culturales”, sino estudios de las culturas contemporáneas”. Jesús Galindo, por su parte, afirma que el reconocimiento oficial del Programa Cultura a nivel internacional, en el ámbito de los Estudios Culturales, se dio fundamentalmente por el abordaje de las telenovelas: “Según lo que el campo académico de la comunicación reconoce fue la investigación sobre las telenovelas la que ubicó al programa bajo la atención del mundo, es decir en otras lenguas, sobre todo el inglés, no creo que en francés u otro idioma distinto al español o el inglés exista alguna información sobre el Programa Cultura”. Si bien no puede negarse el reconocimiento del Programa Cultura en el ámbito latinoamericano, los fundadores del Programa tienen visiones algo distintas. González considera que es la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas la principal aportación del Programa Cultura a los Estudios Culturales Latinoamericanos. El análisis de Galindo va más allá, al incorporar elementos “campales” a la discusión: “El campo académico de la comunicación se interesa en los medios, la investigación sobre las telenovelas ha sido el rostro visible. Jorge González es reconocido como un investigador latinoamericano de importancia en la década de los ochenta, junto a Jesús Martín Barbero, Guillermo Orozco, y otros. De lo demás no hay conocimiento divulgado con la misma extensión. En otros campos aparece el trabajo sobre cultura de investigación y redes, responsabilidad de Jesús Galindo, o sea yo, pero circunscrito a los lugares en donde ha trabajado, ciertas ciudades de Colombia y de Brasil (…) La mayor parte del trabajo del programa no tiene presencia latinoamericana en otros aspectos”. Y con respecto a la aportación del Programa Cultura a nivel mexicano, tanto González como Galindo señalan que la revista, como órgano editorial de fomento de la cultura de investigación, es el principal logro del Programa en el país. En términos de investigación, parece dominar la creencia de que la investigación sobre todo aquello que no sean estrictamente medios de difusión, no tiene mucho reconocimiento en México. Jesús Galindo añade al respecto: “Yo creo que es muy difícil que la investigación social tenga influencia, somos un espacio académico colonizado. En México nadie es profeta en su tierra”.
Entrando a la exploración de corte más teórico-conceptual, la que interesa para este artículo, los fundadores del Programa Cultura afirman que la reflexión teórica y la investigación empírica fueron igualmente importantes durante sus trayectorias en él. Sin embargo, Galindo precisa que “la investigación estuvo más motivada por los objetos de trabajo que por la sistematización conceptual. La metodología de investigación ocupó más tiempo que la construcción teórica. Y el trabajo de diseño de investigación y de búsqueda, registro y análisis de información, estuvo siempre al centro”. Pese a la centralidad de la reflexividad metodológica y el impulso y desarrollo de la cultura de información, por tanto, en el Programa Cultura sí hubo reflexión teórica en torno a la relación entre comunicación y cultura. Para Jorge González, la comunicación, en el Programa Cultura, nunca se asoció a los medios masivos de difusión, sino que fue comprendida más bien como “interacción dinámica”, como sistema de vínculos que permiten analizar y objetivar relaciones sociales en las culturas contemporáneas. Jesús Galindo, por su parte, comenta que la relación entre la comunicación y la cultura, en la primera etapa del Programa, se sintetiza en “la doble relación de cultura de información y cultura de comunicación, elementos claves en la configuración de la cultura política como centro de la cultura urbana”, los dos últimos, objetos de estudio privilegiados por Galindo durante su trayectoria en la primera etapa, de mediados de los ochenta a mediados de los noventa. Ya en la segunda etapa, la segunda mitad de los noventa, la cultura y la comunicación se objetivan de forma específica en “el trabajo sobre redes, la cultura de investigación y la cibercultura”, a decir de Galindo.
Como se puede observar, aunque el campo académico de la
comunicación latinoamericano y mexicano asocia el Programa Cultura con los
Estudios Culturales, y privilegia los estudios sobre medios –que en el Programa
Cultura se dan, sobre todo, en las investigaciones sobre las telenovelas-, los
propios fundadores del Programa reconocen que la comunicación nunca estuvo
asociada estrictamente a los medios de difusión, sino que fue vista como
sistema de relaciones, por un lado, y como fundamento y requisito indispensable
para el desarrollo de la cultura de investigación y las redes de
investigadores, por el otro (e). Desde el punto de vista de
Al ser el Programa Cultura un centro de investigación, a lo
largo de su trayectoria no predominaron los seminarios de corte teórico o
epistemológico. Obviamente, hacer investigación implica partir de ciertos
conceptos y categorías, pero en este caso, el punto nodal era la investigación per se, de modo que la teoría se veía
más como un marco previo y una construcción posterior a la investigación, y no
como un objeto de reflexión en sí misma. Sobre lo primero, la teoría como el a priori de la investigación empírica,
Jorge González manifiesta lo siguiente: “sin
teoría no hay explicación alguna, sin ella no hay objeto, ni pregunta, ni
conocimiento”. Pese a ello, como se acaba de apuntar, la construcción
teórica no fue ni es el centro de los trabajos del Programa Cultura. Al
respecto, Jesús Galindo apunta: “Por lo
general improvisamos, no formamos parte de programas generales de construcción
teórica, y si lo hacemos sucede en forma poco consciente o participativa. El
Programa Cultura se interesaba en la teoría, pero no llegó a ubicarse con
claridad en alguna corriente o escuela. Más bien tuvo autores preferidos,
libros de cabecera”. Lo anterior confirma, nuevamente, que la asociación
automática entre Programa Cultura y Estudios Culturales sea, sino errónea, al
menos sí poco fundada y, hasta cierto punto, exenta de argumentos claros.
Es interesante ver como los fundadores del Programa Cultura
conciben la consolidación de los Estudios Culturales en Comunicación. La
respuesta tiene vetas afirmativas y negativas simultáneamente. Para Jorge
González, no están consolidados, y la causa de ello es la “improvisación, moda, falta de oficio, sobrepolitización,
hiporeflexividad y falta de claridad en el objeto”. Para Jesús Galindo,
sólo están consolidados oficialmente, porque el Campo Académico así lo
considera, pero no están consolidados en términos programáticos, es decir, no
hay programas de estudio sólidos en este terreno. En sus palabras, “No hay programas de estudio claros en
México o América Latina. En el norte existen líneas sobre género, sobre
audiencias, sobre minorías. Aquí hay investigadores individuales, en general
asociados a bibliografías extranjeras, traducidas del inglés o del francés, de
preferencia. Lo que podría consolidar los estudios culturales en comunicación
sería programas de estudio”. En una línea similar, González considera que
para que se consoliden los Estudios Culturales en Comunicación hace falta “disciplina, estrategia, proyecto, cientificidad
y desarrollo de oficio con memoria”. La importancia de esta coincidencia no
es menor: el campo académico de la comunicación en general, y la corriente de
Estudios Culturales no es una excepción, carece de estrategias programáticas,
de programas de estudio reflexivos que partan de propuestas claras. El enfoque
cultural de la comunicación parte del “todo vale”, de poco más. Y la
reflexividad teórica, más que otros elementos, brilla por su ausencia.
En palabras de Jesús Galindo, “el Programa Cultura trabajó la cultura y la comunicación dentro de
parámetros que no estaban articulados a un programa internacional de Estudios
Culturales dentro de los cuales nosotros hayamos decido alguna opción entre
otras. Más bien lo que sucedió fue que el medio asfixiante de lo economía
política y la sociología marxista tuvo de pronto en los estudios de la cultura
un oasis para respirar algo distinto a todo es economía o política”. Y
continúa: “en ese contexto para nosotros
la cultura significaba darle a las ciencias sociales la oportunidad de mirar a
la vida desde la subjetividad, desde la gente, no desde la dureza de la
objetividad marxista y las instituciones o sólo lo macro. Y en ese sentido los
objetos de aquel entonces fueron asociados con la ideología, con las mentalidades,
con las formas culturales-simbólicas regionales, y por grupos y los actores
concretos particulares, mujeres, jóvenes, sectores populares urbanos”. Las
afirmaciones anteriores dejan ver que la cultura, en el Programa Cultura, se
observó y observa como parte sustantiva de la vida cotidiana. Cultura,
subjetividad, experiencia y vida cotidiana son elementos indisolubles, y para
el contexto de los ochentas y los noventa, estas vinculaciones conceptuales
compartían mucho con el proyecto académico de los Estudios Culturales, que
desde su nacimiento, se separaron de los estudios macro-sociales de óptica más
marxista.
En el segundo apartado de este texto se afirmaba que cultura
y comunicación pueden ser vistas, en cierto modo, como conceptos antagónicos. Lo
anterior niega gran parte de lo producido desde la oficialidad del campo de la
comunicación asociado a los Estudios Culturales. Pero confirma, por otro lado,
que la mirada comunicológica puede dar lugar a afirmaciones alejadas del
sentido común, de la doxa, del campo
académico. Jesús Galindo, promotor desde 2002 del proyecto hacia una
Comunicología Posible, afirma lo primero, que la cultura y la comunicación son
antagónicas: “En mi punto de vista son
agua y aceite. La cultura es la desaceleración del movimiento, es la lentitud
del cambio, la negación de lo diverso y diferente. Y la comunicación es lo
contrario, movimiento, cambio, diversidad. Pero todo es según del color de
cristal con el que se mira. Para otros la cultura es diversa y móvil, y la
comunicación es la interacción dentro del acuerdo, el consenso, el código
definido. Ambas visiones son parte del campo académico que las usa, y hay otras”.
Esta afirmación actual parece no aplicar estrictamente a lo que sucedió y
sucede en la trayectoria de producción académica del Programa Cultura.
Conocer las fuentes de pensamiento o enfoques adoptados en
el Programa Cultura puede ser una vía interesante para complejizar las
reflexiones sobre la concepción de la relación entre comunicación y cultura en
el Programa. Para Jorge González, más que adoptar enfoques teóricos
preexistentes, el Programa Cultura trabajó con esfuerzos teóricos originales, “pues los objetos que estudiábamos requerían
más que meras aplicaciones de conceptos”. Sin embargo, González admite que
los Estudios Culturales británicos fueron importantes: “abrevamos de fuentes similares a los Estudios Culturales ingleses y
muy posteriormente gringos, estuvimos cerca de la demología italiana (f), de
la macro sociología, de la economía política de las comunicaciones, de la
etnografía de las industrias culturales, etc.”. Como se puede
observar, las matrices teóricas con las que trabajaba –y posiblemente trabaja-
el Programa Cultura, se asocian en parte con los Estudios Culturales surgidos
en Birmingham, así como
La negación de una adscripción teórica específica es algo en
lo que también coincide Jesús Galindo: “El
Programa Cultura no puede ser identificado por una postura teórica común, o por
una perspectiva analítica común. Lo que lo identifica es un objeto de estudio,
que fue común en un momento, en la primera etapa, y después no, las
telenovelas. Y lo interesante de ese proyecto, el de telenovelas de la primera
etapa, es que no tenía una postura teórica clara ni presión para tenerla. Lo
que sí tenía era una postura metodológica, de construcción de objeto”.
Nuevamente, la reflexividad metodológica se antepone a la construcción teórica,
el objeto al concepto. La multiplicidad de marcos teóricos o enfoques venía
dada, por tanto, por el objeto de estudio del investigador en cuestión. Jesús
Galindo pone algunos ejemplos al respecto: “Gabriel
González, que trabajó sobre industrias culturales, desde la perspectiva de los
estudios culturales ingleses. Teresa Quinto, que trabajó sobre cañeros en
Colima, desde
Quizás sea pertinente comentar que en la segunda etapa
aparecieron nuevos enfoques, más novedosos, con más posibilidades. Nos
referimos a la teoría de la complejidad y del caos, a la Cibernética, a la
teoría de sistemas, a la Praxeología, la teoría de la información y las teorías
del análisis de redes. Sin embargo, y como se verá en el apartado de análisis
bibliográfico, estos enfoques teóricos fueron más bien empleados para la
intervención, que daría lugar a la conformación de la Red de Investigación y
Comunicación Compleja.
La principal aportación del Programa Cultura al Campo
Académico de la Comunicación es, para los dos fundadores, la creación de redes
de investigadores, y en un sentido más amplio, lo que ambos denominan Cultura
de Investigación. Por tanto, más que una aportación teórica-conceptual, se
trata de un enriquecimiento de la cultura de investigación, de la
profesionalización rigurosa de la labor de investigar. La cultura, por tanto,
además de ser objeto de estudio en sus múltiples aristas, es también el
aprendizaje y cultivo de estrategias sistemáticas para la consolidación de la
investigación. Como indica Jesús Galindo, y como se verá en el análisis de la
producción bibliográfica de los investigadores del Programa Cultura en su
revista, “la tercera parte de los textos
de miembros del programa en la revista son sobre cultura de investigación, no
hay otro asunto que nos agrupe más”.
Parece ser, entonces, que lo que unió a los investigadores
del Programa Cultura fue más bien la reflexividad metodológica que la
adscripción a un enfoque teórico concreto. Sin embargo, no es un detalle menor
el que los tres fundadores del Programa (aquí se hace referencia también a la
figura inicial de Gabriel González Molina, quien abandonó el Programa Cultura
poco tiempo después de su creación) provinieran de un ambiente marxista, que
promovía, antes que cualquier otra cosa, el estudio de la ideología y la
cultura. Las formaciones particulares de cada fundador dieron lugar a las tres
líneas principales de investigación en la primera época del Programa Cultura,
algunas de las cuales, como veremos, se mantuvieron en las siguientes épocas.
La siguiente explicación de Jesús Galindo da luces al respecto: “Jorge González venía formado por Gilberto
Giménez en franceses e italianos, en particular Bourdieu y Cirese, con
antecedentes de Althusser y Gramsci. Gabriel G. Molina venía formado por los
estudios culturales ingleses. Y yo venía con la formación de la escuela
nacional de Antropología e Historia en Antropología y Sociolingüística. Así que
se formaron tres líneas de trabajo, una de frentes culturales, la de Jorge
González, otra de industrias culturales, la de Gabriel G. Molina, y otra de
Cultura Urbana, la mía. La decisión por el proyecto de telenovelas fue porque
las tres líneas lo podían abordar desde cada una de las tres perspectivas, y
era el objeto cultural más importante de México, desde una visión
contemporánea, como indicaba el título del programa general (Programa de
estudios sobre las culturas contemporáneas)”.
Si el macro objeto de estudio del Programa Cultura lo
constituyó y constituye la cultura, en general, como ha quedado dicho en el
párrafo anterior, fueron tres los objetos de estudio específicos: frentes
culturales, industrias culturales y cultura urbana. Y los tres, agrupados en
algún momento en el proyecto general de telenovelas. Como se puede observar, en
este espacio de objetos la comunicación no aparece nombrada. Sólo puede verse
cierta presencia del objeto “comunicación” en el rubro de las industrias
culturales y en el objeto compartido de las telenovelas. Aunque parece, así,
que la comunicación se asocia a los medios –lo cual acercaría completamente al
Programa Cultura con el Campo Académico oficial de la comunicación-, veremos
cómo esta asociación es cuando menos una simplificación. Si para Jesús Galindo
en lo anterior puede reconocerse “dispersión
en objetos pequeños”, para Jorge González hasta cierto punto es normal que
el Programa Cultura se interesara por un magma tan amplio de asuntos, pues el
centro de interés era y es, en palabras de González, “cualquier objeto que nos permita interrogar a la totalidad de las
relaciones sociales desde el punto de vista de la construcción de sentido”.
La frase anterior deja entrever un asunto interesante para
este artículo: la comunicación aparece asociada con las relaciones sociales, y
la cultura con la construcción de sentido. En términos comunicológicos,
parecería entonces que la relación entre la comunicación y la cultura es vista
en el Programa Cultura desde una óptica más cercana a la Sociología
Fenomenológica, a todo lo relacionado con construcción de sentido, con
subjetividad social, con relaciones y vínculos sociales como constructores de
significaciones. Pero quizás falta tiempo para un análisis más detallado de la
forma de comprender la relación entre comunicación y cultura en el Programa
Cultura. Lo que es un hecho es que en el Programa la presencia de comunicólogos
no es algo menor. Es hasta cierto punto curioso que uno de los programas de
investigación más reconocido en el país por sus aportaciones a los estudios
sobre cultura estuviera y esté conformada por investigadores formados, al menos
en alguno de los niveles, en comunicación.
Oficialmente, el proyecto que mejor sintetiza las
aportaciones del Programa Cultura a la reflexión sobre la relación entre
comunicación y cultura es el de telenovelas. Y aquí parece desaparecer, por
falta de reconocimiento oficial, la centralidad de la cultura de investigación.
En palabras de Galindo, “quizás lo más
importante del Programa, la cultura de investigación, es un tema que no tiene
la visibilidad que debiera, ahí sí que somos un paradigma nacional e
internacional, aunque nadie lo sabe. Pero eso es algo que no le interesa por
ahora al mundo académico nacional o internacional”. Y continúa: “No creo que el programa cultura haya
aportado algo en la comprensión teórica de la comunicación y la cultura que el
mundo académico se haya enterado, lo único que aparece en los recuentos
históricos es la aportación de Jorge González de los frentes culturales, que es
una categoría que proviene de una época previa a su primera investigación en
Colima, la de telenovelas”.
En este apartado se han presentado las visiones de los
fundadores del Programa Cultura, Jorge González y Jesús Galindo, en torno a la
organización del programa, la presencia de marcos teórico-conceptuales, la
importancia de ciertos objetos de estudio, etc. Será objetivo del próximo
apartado el ver cómo aparecen estas cuestiones en las publicaciones de los
investigadores del Programa en Estudios
sobre las culturas contemporáneas.
3.2. La producción del Programa Cultura en Estudios sobre las culturas contemporáneas
Atendiendo a la propuesta de Jesús Galindo (2007) en el artículo “El Programa Cultura y la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas. Un ejercicio de observación de segundo orden”, los objetos de estudio de cada una de las etapas del Programa Cultura pueden sintetizarse como sigue:
Figura 1. Objetos de
estudio en las tres etapas del Programa Cultura
|
|
OE
1 |
OE
2 |
OE
3 |
OE
4 |
OE
5 |
|
1ª
etapa (1985-1993) |
Frentes culturales (telenovelas) |
Cultura nacional / Cultura regional |
Industrias culturales |
Metodología |
|
|
2ª
etapa (1993-2000) |
FOCYP (g) |
Cibercultura / Redes |
Telenovelas |
Tecnologías |
|
|
3ª
etapa (2000-2007) |
NTIC y jóvenes |
Pobreza |
Metodologías de intervención |
Telenovelas |
Lectura |
Fuente: elaboración
propia a partir de la propuesta de Jesús Galindo (2007).
Como ya se ha expresado en el apartado anterior, en el
Programa Cultura estos objetos de estudio no se abordaron ni se abordan desde una
lógica conceptual común. Más bien cada objeto conlleva a un marco de conceptos,
a un enfoque, específico. Sin embargo, es posible nombrar algunos de los
enfoques teóricos privilegiados durante la trayectoria de investigación del
Programa Cultura. En el prólogo del libro De
cuerpo entero…Todo por hablar de música. Reflexión técnica y metodológica del
grupo de discusión, de María Guadalupe Chávez, investigadora de la segunda
generación del Programa Cultura, Jesús Galindo hace referencia a esta variedad
de disciplinas que sustentaban las investigaciones del Programa Cultura: “el
marco de referencia era muy amplio, desde la antropología británica, francesa e
italiana, hasta los Estudios Culturales, desde la llamada antropología mexicana
indigenista hacia una nueva antropología emparentada con el pensamiento
postmoderno y la complejidad” (4). Los enfoques apuntados por Galindo podrían
asociarse a lo que en el proyecto de Comunicología Posible denominamos
Sociología Crítica y Sociología Cultural, y, en menor medida, a
En aras de ofrecer una exploración más depurada de los objetos de estudio del Programa Cultura, en el siguiente mapa se establecen algunas relaciones entre los objetos de estudio apuntados en la figura anterior.
Figura 2. Relaciones
entre objetos de estudio en el Programa Cultura


Fuente: elaboración propia
El cuadro anterior refleja la centralidad de los estudios
sobre Metodología, Frentes Culturales y Cultura nacional-cultura regional,
propios de la primera etapa, y de los cuales emergieron objetos como las
telenovelas y, posteriormente, FOCYP y las tecnologías. Es importante recalcar
que la cibercultura, además de ser objeto de estudio, se relaciona con la
intervención, en el sentido que fue la propuesta de Cibercultura de Galindo la
que dio lugar a la conformación de
Lo esquematizado en el cuadro, obviamente, no puede dar
cuenta del magma de investigaciones que se han realizado a lo largo de la
trayectoria del Programa Cultura. Siguiendo a Galindo, el Programa se propuso
trabajar al menos tres dimensiones, materializadas en tres programas de
trabajo: “el objeto cultura, en su configuración conceptual, el objeto cultura
mexicana nacional y local en su configuración en sistemas de información, y la metodología
y tecnología para conseguir el desarrollo de los dos primeros puntos” (Galindo,
2004b: 16). Si bien todos los proyectos, o casi todos, buscaron un sustento
conceptual riguroso, en el primer programa de trabajo, interesado por la
configuración conceptual de la cultura, podríamos ubicar dos claros objetos de
estudio: por un lado, la construcción conceptual de los frentes culturales de
Jorge González; y por el otro, las construcciones teóricas de la cultura
nacional y regional y la propuesta de
El tratamiento de dichos objetos de estudio, como ya se apuntó, no se adscribió ni adscribe a enfoques teóricos específicos. O mejor dicho, no hubo ni hay un enfoque teórico que unificara todas las investigaciones realizadas en el Programa Cultura. Los Estudios Culturales Británicos se juntaron con conceptos provenientes de otros marcos conceptuales como la economía política, el marxismo, la lingüística, la semiótica y la antropología urbana, entre otros. Y el centro del Programa, la cultura de investigación –que quedaría bajo el objeto “metodología”- evolucionó con el contacto, ya en la segunda etapa, con enfoques como la teoría de sistemas, la complejidad y el análisis de redes. Diversidad de objetos de estudio, multiplicidad de abordajes metodológicos, articulación de conceptos y categorías variados.
A continuación se presenta el análisis detallado de la producción bibliográfica de los miembros del Programa Cultura en Estudios sobre las culturas contemporáneas. Se hará referencia constante a los objetos de estudio nombrados en las figuras anteriores. El análisis se realizó con base en la nomenclatura de objetos de estudio de Jesús Galindo (5), con algunas adaptaciones mínimas.
La muestra de artículos que se toman en cuenta para estas reflexiones suma un total de 67, que por épocas, están divididos de forma más o menos pareja, con una presencia algo mayor de artículos en la tercera época (del 2000 a la actualidad) que puede explicarse por el elevado número de artículos de miembros del Programa Cultura en el último número –junio de 2007-, dedicado precisamente a la reflexión en torno a los veinte años de existencia de la revista. La revisión de los artículos de los tres fundadores –Jorge González, Jesús Galindo y Gabriel G. Molina- se muestra en la siguiente gráfica, donde queda claro el predominio de los dos primeros, sobre todo de Jesús Galindo, quien publicó al menos un artículo en cada uno de los números de la primera época (1985-1993) y en gran parte de los números de la segunda época (1993-2000).
Figura 3.
Artículos de los fundadores del Programa
Cultura

Más interesante aún es el asunto de las generaciones. El siguiente gráfico
muestra el predominio de artículos escritos por los Fundadores del Programa (39
de los 69 artículos) a lo largo de las tres épocas del mismo. También destaca
la notable presencia de textos escritos por las investigadoras de la segunda
generación, con 19 del total de artículos.
Figura 4.
Los artículos de las diferentes
generaciones y expansiones del Programa Cultura

A continuación se muestra la evolución de la publicación por
épocas del Programa Cultura. Como se podrá observar, el predominio de Jesús
Galindo y Jorge González es abrumador en las dos primeras épocas, pero
desciende mucho en la tercera, que se caracteriza por la diversificación de
autores. Los siguientes gráficos dan cuenta de lo anterior.
Figura 5.
ESCC en la primera
época del Programa Cultura (1985-1993)

Figura
6.
ESCC en la segunda época del Programa Cultura
(1993-2000)

Figura 7.
ESCC en la tercera
época del Programa Cultura (2000-2007)

El asunto clave se encuentra en la diversificación de autores, que responde
a la propia diversificación de investigadores que se fueron incorporando al
Programa Cultura. Como se verá, esta diversificación de autores trae consigo un
aumento en la variedad de objetos de estudio abordados. A ello se dedican los
siguientes gráficos. A efectos de continuar con la clasificación mostrada en
Figura 8.
Objetos de estudio en los artículos en ESCC en la primera etapa (1985-1993)

En el tránsito de la primera a la segunda época del Programa
Cultura, no existe una modificación notable en los objetos de estudio
abordados: las dos grandes líneas programáticas (Cultura nacional / Cultura
regional y Frentes Culturales) se mantienen como las de mayor producción. Sin
embargo, destaca el aumento de artículos sobre metodología, por un lado, la
desaparición de la línea programática de Industrias Culturales (coordinada por
Gabriel G. Molina), la consolidación del objeto “telenovelas”, que en la
primera época aparecía bajo el cobijo de la propuesta teórica-conceptual de los
frentes culturales y la aparición de dos nuevos objetos de estudio: uno con
mucha presencia, la cibercultura, y otro a penas impulsándose, la tecnología.
Hemos denominado al objeto “cibercultura” como “cibercultura y nuevos
enfoques”, ya que Jesús Galindo, principal impulsor de esta línea de trabajo,
no sólo abordó el asunto de la cibercultura en general, sino que empezó a
incorporar nuevos enfoques teóricos como la complejidad, la teoría de sistemas
y las ciencias cognitivas, por citar algunos.
Figura 9.
Objetos de estudio en los artículos en ESCC en la segunda etapa (1993-2000)

La diversificación es aún más notable en la tercera época
del Programa, del año 2000 a la actualidad. En estos momentos Jesús Galindo y
Jorge González dejan Colima, y por tanto, su presencia en el Programa Cultura
(objetivada, en este caso, en la producción de artículos de sus líneas o
programas de investigación) se ve disminuida notablemente. Aquí aparecen nuevos
objetos de estudio, se consolidan las investigadoras de la segunda generación
del Programa y empiezan a emerger algunas que podrían ya considerarse
investigadoras de la tercera generación. El siguiente gráfico da cuenta de la
distribución de objetos de estudio en la tercera etapa del Programa Cultura. Como
se puede observar, predominan los textos ubicados en lo que hemos llamado “Reflexividad”,
que no son otros que los publicados en el número especial de junio de 2007,
donde los investigadores del Programa Cultura (de todas generaciones y
expansiones) se dedican a pensar la trayectoria del Programa, cada uno desde
sus lugares, poniendo énfasis en temas distintos. También destaca la presencia
de las telenovelas, que responde, por un lado, a la consolidación de la línea
programática, y por el otro, al espacio dedicado al tema en el número especial
de 2007 al que hemos hecho referencia. La relación entre Nuevas Tecnologías y
Jóvenes,
Figura
10.
Objetos
de estudio en los artículos en ESCC en
la tercera etapa (2000-2007)

Una vez mostrados los datos generales de las publicaciones de
los investigadores del Programa Cultura en Estudios
sobre las culturas contemporáneas se está en condiciones de explorar con
más detalle el tratamiento de la relación entre comunicación y cultura en dicha
publicación. De este apartado, destacamos dos asuntos: la diversificación de
autores y objetos de estudio, por un lado, y la continuidad de las líneas de
investigación en “metodología” y “telenovelas”, los dos grandes objetos de
estudio por excelencia. El primero, de corte más teórico-reflexivo; el segundo,
empírico.
3.2.1. La comunicación y la cultura en los artículos de los
investigadores del Programa Cultura
Atendiendo a la revisión de la historia del
Programa Cultura, y a las líneas de investigación en torno a las cuales se
organizó, el total de objetos de estudio presentes en los artículos publicados
en Estudios sobre las culturas
contemporáneas (h), pueden
agruparse en cinco grandes macro-objetos: Cultura nacional / Cultura regional,
Frentes Culturales, Cibercultura y nuevos enfoques, Metodología, Tecnologías y
Telenovelas, los dos primeros sólo con presencia durante la primera época y
parte de la segunda.
Una primera cuestión que podemos inferir es que la cultura,
más allá de ser objeto de estudio, es requisito de investigación. La propuesta
de las tres culturas (cultura de información, cultura de investigación, cultura
de comunicación), de Jesús Galindo, da cuenta de ello. Y es que como ya se
afirmó, el Programa Cultura tuvo y tiene la pretensión de formación rigurosa en
metodología, en sistematización de información, en consolidación de programas
de investigación cuidadosos con las estrategias metodológicas y técnicas
empleadas, en intervención y comunicación académica, etc.
El objeto empírico por excelencia es la telenovela. De ahí
que pudiera considerarse que en el Programa Cultura comunicación equivale a
medios de difusión. Es de destacar la ausencia de artículos que aborden
cuestiones relacionadas con otras de las dimensiones centrales de
La afirmación de que en el Programa Cultura comunicación
equivale a medios de difusión merece algunos ajustes. Si bien uno de los temas
que mayor continuidad ha tenido en el Programa Cultura ha sido el estudio de
las Telenovelas, no puede decirse que dicho estudio haya estado marcado por una
visión mediática que reduce comunicación a medios. En este caso, podemos decir
que la telenovela se tomó como ejemplo de texto configurador de cultura, en el
entendido que se consideraba a “los medios de difusión masiva como los grandes
configuradores de la cultura contemporánea” (6). El objeto no era, por tanto,
la telenovela en sí misma, sino el papel de este género televisivo en la
construcción de cultura. De ahí que el análisis privilegiado de la telenovela
fuera desde el punto de vista de la recepción, de la construcción de públicos,
y en mucha menor medida, del análisis discursivo per se. Es importante ver cómo desde este punto de vista, la
comunicación se concibe como configuradora de culturas, y no a la inversa. La
cultura requiere de dispositivos comunicativos para configurarse, para
visibilizarse, para expandirse. Y la comunicación, con los medios al centro, es
el dispositivo que más fuerza tiene para ello.
En la primera etapa del Programa Cultura (1985-1993) las
telenovelas se cobijan bajo las reflexiones más teórico-conceptuales sobre los
frentes culturales, propuesta de Jorge González. Sin embargo, poco a poco se
consolidan como objeto de estudio específico, y el énfasis se encuentra en dos
rutas: la ruta de estudiar los públicos de las telenovelas, por un lado, y la
ruta de la reflexión metodológica en torno a las múltiples vías posibles de
aproximación al objeto de estudio. Nuevamente, la metodología aparece al centro.
En la línea programática de Cultura nacional / Cultura
regional, la comunicación no aparece como objeto en sentido estricto. Sin
embargo, además de abordar los temas relacionados con movimientos sociales y
cultura popular urbana, Jesús Galindo se incorpora, desde este proyecto, al
estudio de las telenovelas como textos configuradores de vida cotidiana, de
cultura. Nuevamente, el texto mediático aparece como clave para la comprensión
de la cultura contemporánea.
Con respecto a la línea programática de
Por último, merece también un apunte el tratamiento de la
tecnología. Aquí se observan dos vetas: una es el estudio de la tecnología
relacionada con ámbitos diversos como la educación y la cultura en general; la
otra, y más importante, es la que aborda la relación entre Nuevas Tecnologías y
jóvenes. Y la consideramos más importante porque parece ser la línea
programática más cercana a la consolidación en estos momentos. Nuevamente, la
comunicación equivale a los medios (aquí tecnologías), sin embargo, no se parte
nunca de ver a la tecnología como mera transmisora de información, como
difusora, sino que el énfasis se encuentra nuevamente en la comprensión de los
usos de la tecnología (en este caso por parte de los jóvenes), de los
significados atribuidos a las tecnología, del papel de ésta en la vida
cotidiana de los jóvenes, etc.
Por todo lo expresado anteriormente, la relación entre la
comunicación y la cultura en el Programa Cultura puede resumirse en los
siguientes tres aspectos:
-
Como objeto de estudio empírico, la comunicación se asocia a
los medios de difusión masiva, lo cual se observa sobre todo en los artículos
sobre telenovelas y tecnologías. Sin embargo, como ya se ha dicho, el medio se
ve como configurador de cultura, y se estudian sus textos siempre en función
del papel que cumplen en la configuración de sentidos. El libro como medio de
comunicación, y la formación de públicos culturales (dentro de los cuales
caben, obviamente, los públicos mediáticos) son los otros dos objetos empíricos
que, junto con las telenovelas y las tecnologías, permiten hablar de esta
asociación entre comunicación y medios.
-
Como objeto teórico-conceptual, se piensa a la comunicación
en términos de acción e intervención, como fin a alcanzar más que como objeto de
estudio per se. La creación de redes o
comunidades de comunicación impulsadas por Jesús Galindo –con la RICC al
frente- es ejemplo de esta concepción praxeológica de la comunicación como fin
más que como objeto.
-
A nivel metodológico, la comunicación es parte de la
propuesta de
Como se puede observar, el Programa Cultura
comparte con los Estudios Culturales la concepción de la comunicación como
configuradora de culturas, es decir, el interés por el abordaje empírico de
objetos comunicativos –con los medios de difusión masiva de información al
frente- en su relación con los contextos sociales y culturales en los que éstos
están inmersos.
4. Cierre
La Comunicología es una ciencia de la comunicación en
construcción. La propuesta del Grupo hacia una Comunicología (GUCOM) parte de
la necesidad de reconstruir el pensamiento comunicacional a partir de la
identificación de las fuentes científicas históricas de la Comunicología, para
posteriormente, construir una ciencia de la comunicación desde el punto de
vista sistémico-constructivo. Una de las fuentes del pensamiento comunicológico
de mayor importancia para el campo de la comunicación es, precisamente, la
Sociología Cultural, dentro de la cual, entre otras muchas aportaciones, se
ubican los Estudios Culturales.
Este artículo ha puesto de manifiesto que la centralidad de
los Estudios Culturales en comunicación en México no es un asunto baladí. El
Programa Cultura es, si no el único, el ejemplo más claro –y sobre todo de
mayor continuidad- de programa de Estudios Culturales en el país. Aunque los
fundadores del Programa, Jesús Galindo y Jorge González, advierten que la
trayectoria del Programa Cultura no puede ubicarse en una tendencia o corriente
teórica específica, muchos de los puntos de vista adoptados para el estudio de
los grandes objetos de investigación son cercanos a los Estudios Culturales. Lo
anterior lo vemos no sólo en el gran objeto de estudio –la relación entre
medios de difusión y cultura contemporánea- sino también en las metodologías
empleadas –más cualitativas que cuantitativas-.
Los dos macro-objetos de estudio impulsados en los inicios
del Programa Cultura (Frentes Culturales y Cultura Nacional / Cultura Regional)
aportaron elementos, cada uno desde su punto de vista específico, para el
estudio del objeto empírico “telenovelas”, un objeto mediático. Aquí es donde
se ve, quizás, la mayor vinculación entre comunicación y cultura en el
Programa. Los objetos de estudio posteriores (tecnologías, lectura,
cibercultura, formación de públicos, etc.) ofrecen también importantes aristas
para el abordaje de la relación entre comunicación y cultura.
Si se considera, sin embargo, que la principal aportación
del Programa Cultura la encontramos a nivel metodológico, el asunto de la
relación entre comunicación y cultura cambia. El aporte no es tanto en términos
de investigación empírica, sino más bien en lo que se refiere al cultivo de la
cultura de comunicación, cuyos frutos, sobre todo, se observan en la
conformación de la red impulsada por Jesús Galindo, la RICC. La comunicación no
es objeto de estudio, es algo a lograr. La cultura no es tanto el contexto de
producción de sentidos, es la apropiación sistemática de elementos para el
enriquecimiento y mejora de la producción de conocimientos.
Referencias
(1) Gallino, Luciano (1995: 181-183).
(2) Moreno, Amparo (1988: 14).
(3) Galindo, Jesús (1997).
(4) Galindo, Jesús (2004b: 16).
(5)
Galindo, Jesús (2007).
(6)
Galindo, Jesús (2004b: 17)
Notas
(a) “El programa
cultura ha tenido con claridad tres ciclos hasta la fecha, uno que va de
(b) Para mayor información sobre la propuesta de
(c) Aquí vale la pena mencionar que para el análisis no
se tomaron en cuenta las reseñas, las entrevistas y las introducciones de los
números de la revista. Esta decisión responde a la necesidad de observar textos
originales, producto de las investigaciones y reflexiones de los miembros del
Programa Cultura.
(d) Todas las frases en cursiva
son extraídas textualmente de las entrevistas a Jesús Galindo y Jorge González,
fundadores del Programa Cultura.
(e) Esta “errónea” o al menos parcial visión del Programa
Cultura asociado con los Estudios Culturales en comunicación se puede observar
en la siguiente afirmación de Jesús Galindo: “El campo académico de la comunicación, pobre entre los pobres en un
sentido de altos estudios, reconoció al Programa Cultura como parte de su
trayectoria, pero la historia interior fue distinta”.
(f) El máximo representante de la demología italiana es
Alberto Cirese. La demología hace referencia al estudio del pueblo, no sólo
descrito en términos estadísticos, sino observado por medio de cualquier otro
método de investigación, más amplio y comprensivo que cualquiera de los usados
por
(g) Las siglas FOCYP hacen referencia al proyecto “Formación
de oferta culturales y públicos en México”, coordinado por Jorge González.
(h) El análisis arroja que los objetos de estudio son los
siguientes: cultura nacional / cultura regional, frentes culturales, industrias
culturales, cibercultura y nuevos enfoques, lectura, historia, nuevas
tecnologías y jóvenes, pobreza, reflexividad, tecnología y telenovelas.
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Todo por hablar de música. Reflexión técnica y metodológica del grupo de
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sobre las culturas contemporáneas. Un ejercicio de observación de segundo
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