LA RELACIÓN ENTRE COMUNICACIÓN Y CULTURA EN LA TRAYECTORIA

DE INVESTIGACIÓN DEL PROGRAMA CULTURA. UNA EXPLORACIÓN

TEÓRICO-CONCEPTUAL DESDE LA PROPUESTA DE LA COMUNICOLOGÍA POSIBLE

 

 

Marta Rizo García

Universidad Autónoma de la Ciudad de México (México)

mrizog@yahoo.com

 

Resumen

El texto aborda la relación entre la comunicación y la cultura en la trayectoria de investigación del Programa Cultura de la Universidad de Colima, uno de los más claros exponentes de los Estudios Culturales en México, a partir de las voces de sus dos fundadores: el Dr. Jesús Galindo Cáceres y el Dr. Jorge González Sánchez. Después de una breve presentación histórica del Programa Cultura, se exponen las aportaciones del programa al campo de los estudios culturales latinoamericanos y mexicanos. El énfasis se encuentra en los aportes teórico-conceptuales para la comprensión de la relación entre comunicación y cultura. Las reflexiones se inscriben en los trabajos que el Grupo hacia una Comunicología Posible (GUCOM) está llevando a cabo en torno a la relación entre la Comunicología y los Estudios Culturales. ¿Se pueden entender la una sin los otros y viceversa? ¿Qué objetos de los Estudios Culturales han sido primordiales en el campo académico de la comunicación? ¿A partir de qué enfoques teóricos se ha investigado y pensado la relación entre comunicación y cultura en el Programa Cultura? Estas interrogantes, entre otras, guían el ensayo que se presenta.

 

Palabras clave: Comunicología - estudios culturales - cultura - comunicación - teoría - Programa Cultura.

 

 

1.  Introducción

El Programa Cultura de la Universidad de Colima es uno de los máximos exponentes de los Estudios Culturales en México y América Latina. Su trayectoria de más de veinte años permite la revisión de su producción, y sobre todo, permite explorar algunas ideas en torno a la relación entre comunicación y cultura, base de la producción académica de los Estudios Culturales en Comunicación. En este texto se aborda esta relación en la trayectoria de investigación del Programa Cultura de la Universidad de Colima.

En el texto “El Programa Cultura. Los caminos cortos y los caminos largos hacia la plenitud”, Jesús Galindo (2004a) relata de forma sintética la historia del Programa, que surge oficialmente en 1985 bajo el impulso del propio autor y de Jorge González, ambos fundadores del Programa. El primero, interesado en la relación entre cultura mexicana y movimientos sociales; el segundo, en principio, en los estudios culturales británicos. En palabras del propio Jesús Galindo, el Programa Cultura puede entenderse a partir de cuatro fases: el inicio, a cargo de los fundadores; dos expansiones; y la segunda y tercera generación de investigadores del Programa (a). No es éste el momento para revisar con detenimiento toda la historia del Programa Cultura; sin embargo, vale la pena señalar tres elementos: las telenovelas, por un lado, y la cultura regional, por el otro, como objetos de estudio; la importancia de la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas; y la creación de la Red de Investigación y Comunicación Compleja (RICC), producto de los trabajos de gestión y vinculación de Jesús Galindo y Jorge González.

Aunque el Programa Cultura puede considerarse, sobre todo, un programa de investigación, un centro interesado en la investigación empírica de la cultura y sus múltiples aristas, el objetivo del presente texto es explorar lo teórico-conceptual dentro del programa. La tarea es compleja, pues no existe un texto que en sentido estricto dé cuenta de los marcos teóricos, los paradigmas, los enfoques, etc., a partir de los cuales se trabajó y se trabaja empíricamente en el Programa Cultura. La estrategia seguida parte de dos elementos: entrevistas a los fundadores del Programa, por un lado, y análisis de la producción bibliográfica de los miembros del Programa en la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas, por el otro.

Antes de iniciar con la exploración teórico-conceptual, es pertinente presentar un breve apunte sobre la relación que existe entre comunicación y cultura en general. Para ello se presentan algunas reflexiones generales y, brevemente, las ideas básicas en torno a esta relación conceptual en los Estudios Culturales, corriente que cobija gran parte de las reflexiones legitimadas sobre la relación apuntada.

 

2.  la relación entre comunicación y cultura, los estudios culturales y la propuesta de la comunicología

¿Es primero la comunicación o la cultura? ¿Se puede pensar únicamente la comunicación desde lo cultural o existe una lectura comunicológica de la cultura? En este punto se presentan algunas definiciones de los dos conceptos en cuestión, se aborda también el denominado enfoque cultural de la comunicación y se exponen brevemente algunas de las ideas sobre la cultura desde el proyecto de la Comunicología Posible. Como se puede observar, las tres rutas son distintas, incluso la segunda y la tercera pueden ser vistas como contradictorias.

Tanto la cultura como la comunicación se han convertido en conceptos ampliamente definidos en el ámbito de las ciencias sociales. No existe una sola definición para cada uno de ellos; es más, en torno a la cultura existen más de 300 definiciones documentadas, y sobre la comunicación otras tantas. Sin embargo, y en aras de sintetizar, a continuación se presentan sólo algunas acepciones de cada uno de los términos.

Desde la Sociología y la Antropología, la mayoría de definiciones de cultura ponen el acento en las siguientes características: se basa en símbolos universales que nos ayudan a comunicarnos; se comparte entre los diferentes seres humanos; y, por último, es aprendida o adquirida. Como se puede observar, en estos rasgos está presente la comunicación bajo múltiples formas: una, la existencia de símbolos que ayudan a comunicarse a los seres humanos son construcciones culturales; otra, la cultura se transmite, y por tanto, necesita de medios para su difusión; y por último, el aprendizaje y la adquisición de cultura también implican formas comunicativas de mediación entre sujetos, o entre dispositivos y sujetos. Con matices ciertamente distintos, Thompson (1993) afirma que la cultura está caracterizada por formas simbólicas que pueden ser de cinco tipos: intencionales, es decir, construidas y producidas para un sujeto; referenciales, que se refieren a algo; estructurales, o conformadas por elementos interrelacionados; convencionales, referidas a su construcción, empleo e interpretación por parte del sujeto que las recibe; y contextuales, en el sentido que están insertas en procesos mayores.

En términos generales, se afirma que la cultura proporciona a las personas un marco de referencia cognoscitivo general para una comprensión de su mundo y el funcionamiento en el mismo. Esto les permite interactuar con otras personas y hacer predicciones de expectativas y acontecimientos. Hasta aquí, el énfasis está en la dimensión subjetiva de la cultura (Triandis, 1977), según la cual la cultura sería la respuesta de la gente a la parte del medio ambiente hecha por el hombre, o la forma característica de un grupo de percibir y significar su medio ambiente social (Brislin, 1981). Para María Jesús Buxó (1990), la cultura es el sistema de conocimiento a partir de cuyos significados el sujeto tamiza y selecciona su comprensión de la realidad, así como interpreta y regula los hechos y los datos de su entorno. Y es pertinente aquí hacer también referencia a la cultura como proceso, para lo cual se toma la tradicional definición de Clifford Geertz (1987): la cultura como red de significaciones o sentidos, traducidos en una especie de programa, que sirven para significar la vida cotidiana. Como se puede observar, la mayoría de las definiciones seleccionadas ponen énfasis en la cultura como principio organizador de la experiencia humana, y no como conjunto de producciones materiales, objetivas, de una sociedad determinada.

A continuación se presentan algunas definiciones del otro concepto matriz, la comunicación. En sus acepciones más antiguas, el término comunicación hacía referencia a la comunión, la unión, la puesta en relación y el compartir algo. Esta definición, sin duda, se aleja de la asociación casi automática de la comunicación con la transmisión de información a través de un vehículo técnico: los medios masivos. Si las primeras definiciones de comunicación apuntaban a esa dimensión más interpersonal, más relacional, en la actualidad parece que estas aproximaciones quedaron atrás y no son casi tomadas en cuenta en la reflexión sobre la comunicación, al menos desde el Campo Académico oficial de la Comunicación. Es sabido que la comunicación puede entenderse como la interacción mediante la que gran parte de los seres vivos acoplan sus conductas frente al entorno. También se ha concebido a la comunicación como el propio sistema de transmisión de mensajes o informaciones, entre personas físicas o sociales, o de una de éstas a una población, a través de medios personalizados o de masas, mediante un código de signos también convenido o fijado de forma arbitraria. Y más aún, el concepto de comunicación también comprende al sector económico que aglutina las industrias de la información, de la publicidad, y de servicios de comunicación generales para una gran diversidad de instituciones. Estas acepciones ponen en evidencia que nos encontramos, sin duda alguna, ante un término polisémico. Atendiendo a la propuesta taxonómica de Luciano Gallino, en su Diccionario de Sociología, podemos diferenciar más acepciones al término de comunicación, a saber: la transmisión de un estado o propiedad; un comportamiento de un ser viviente que influye sobre otro; el intercambio de valores sociales; la transmisión de información; el acto de compartir significados; la formación de una unidad social teniendo en común valores, modos de vida y reglas de actuación. Estas acepciones se construyen sobre la base de la taxonomía de Luciano Gallino (1). El énfasis se encuentra en lo móvil, lo cambiante, en la comunicación como relación.

Dentro de este abanico de posibilidades, la relación entre comunicación y cultura requiere, sobre todo, el considerar a la comunicación como el proceso básico para la construcción de la vida en sociedad, como mecanismo activador del diálogo y la convivencia entre sujetos sociales. Desde esta perspectiva, hablar de comunicación supone acercarse al mundo de las relaciones humanas, de los vínculos establecidos y por establecer. La comunicación es la base de toda interacción social, y como tal, es el principio básico de la sociedad. Y es que la sociedad y la cultura deben su existencia a la comunicación. Es en la interacción comunicativa entre las personas donde se manifiesta la cultura como principio organizador de la experiencia humana. En este sentido, la vida social puede ser entendida como “organización de las relaciones comunicativas establecidas en el seno de los colectivos humanos y entre éstos y su entorno” (2). De alguna manera, este enfoque propone “imaginar el tejido social como una trama de interacciones” (3). En este párrafo, como se puede observar, se apuesta por una concepción de comunicación que abarca a la cultura, y no a la inversa.

Lo “cultural” en la comunicación se reconoce oficialmente como un legado de la escuela británica de los Estudios Culturales, surgidos en Birmingham. La importancia de los Estudios Culturales para el campo de la comunicación es fundamental. Para Galindo (2003), los estudios sobre medios de difusión de masas de la Mass Communication Research, por un lado, y los Estudios Culturales, por el otro, son los dos grandes configuradores del pensamiento sobre la comunicación. La vocación de los Estudios Culturales es el análisis de las condiciones de construcción de la vida social y simbólica de los actores sociales, dentro de lo cual caben infinidad de temáticas, algunas de las cuales, por supuesto, tocan lo referente a la comunicación y los medios. Desde los Estudios Culturales, la cultura es entendida como un terreno efectivo donde se construye la hegemonía, y la comunicación, como un proceso complejo generalmente asociado a la recepción de los medios masivos y su papel en la construcción de vida social. Parece, entonces, que los Estudios Culturales abogan por una concepción de la cultura como integradora de la comunicación, una visión antagónica a la expresada en el párrafo anterior. Y es obvio, también, que para los Estudios Culturales la comunicación, aun y poniendo al sujeto social al centro de las reflexiones, se reduce a los medios de difusión.

Un apunte sobre la relación entre comunicación y cultura desde la propuesta de la Comunicología Posible. Como ya se ha afirmado, para Jesús Galindo (2003) los Estudios Culturales son uno de los grandes configuradores del pensamiento en comunicación. Hay que vislumbrar la presencia de la cultura, en la propuesta de la Comunicología, desde dos dimensiones: una, la que pone el acento en las fuentes científicas históricas de la Comunicología, dentro de las cuales está la Sociología Cultural, disciplina que incluye las aportaciones de los Estudios Culturales; y la otra, la visión de la Comunicología a priori, que propone cinco dimensiones para la ciencia de la comunicación (difusión, interacción, expresión, estructuración y observación), de las cuales la difusión –por los estudios sobre medios- y la estructuración –por implicar tanto a los sistemas de información como a los sistemas de comunicación o interacción- parecen ser las más pertinentes para abordar la relación conceptual que guía este artículo.

En este punto, es importante no perder de vista un asunto importante. Pese a los intentos de los Estudios Culturales, comunicológicamente podemos observar a la cultura como algo estático, terminado, como un hecho dado que no busca la movilidad sino la permanencia. Así vista, la cultura dista mucho de la comunicación, incluso pueden considerarse opuestas: la cultura es lo estático, la comunicación es lo móvil y cambiante; la cultura es lo permanente, la comunicación se mueve y mueve a los sujetos en el espacio y en el tiempo; la cultura sujeta, la comunicación vincula; la cultura convierte en estáticas a las relaciones, mientras que la comunicación es la relación per se.

El párrafo anterior introduce elementos importantes para no perder de vista que una cosa es el llamado enfoque cultural de la comunicación, con el peso y la centralidad de los Estudios Culturales –tanto británicos como latinoamericanos- y su pretensión de ver lo móvil, lo dinámico y lo dinámico de la cultura –por cierto, con marcos conceptuales decimonónicos-, y otra cosa, ciertamente distinta, es ver a la cultura desde la propuesta de la Comunicología, como espacio de relaciones entre sistemas de información y sistemas de comunicación, y desde un enfoque sistémico-cibernético propio del siglo XXI aunque con raíces en el siglo XX, obviamente (b). En el próximo apartado veremos cómo las ideas de Jesús Galindo aportan ideas básicas para consolidar esta versión de observación de la cultura desde la Comunicología.

 

3.  Exploración de la relación entre comunicación y cultura en la trayectoria del programa cultura

En este apartado se aborda la cuestión central del artículo. Interesa dar respuesta, o al menos explorar posibilidades, en torno a cómo se comprendió y se comprende la relación entre comunicación y cultura en el Programa Cultura. Dicho de otra forma, en esta parte se revisa el enfoque teórico bajo el cual se hizo y hace investigación en el Programa. La exploración parte de una lógica de construcción teórica, es decir, no interesa tanto conocer los objetos de estudio empíricos del Programa Cultura –aunque irremediablemente se nombrarán-, sino más bien explorar con qué conceptos y categorías, así como desde qué marcos paradigmáticos, se abordó y aborda la relación entre comunicación y cultura en el programa objeto de este artículo. Para ello, como ya se apuntó, se presentarán los resultados de dos estrategias implementadas: una, las entrevistas a los fundadores del Programa Cultura; y la otra, la revisión de la bibliografía de los miembros del Programa publicada en el órgano editorial del mismo, la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas (c). La primera estrategia sirve para dar cuenta de la visión desde adentro del programa, una visión quizás más subjetiva y menos técnica, pero que por el énfasis dado a preguntas de corte teórico-conceptual, apunta ideas interesantes para explorar la relación comunicación-cultura. Y la segunda estrategia, el análisis de los artículos publicados en la revista, permite objetivar la producción y, a partir del análisis de ésta, vislumbrar algunas imágenes en torno a la relación conceptual objeto de este artículo.

 

3.1.  La relación comunicación-cultura en la visión de los fundadores del Programa Cultura (d)

Es hasta cierto punto curioso que los dos fundadores del Programa Cultura, Jesús Galindo y Jorge González, tengan visiones tan distintas de lo que fue el Programa, por un lado, y de la relación teórica-conceptual entre comunicación y cultura –lo que aquí interesa-, por el otro.

Aunque el Programa Cultura es considerado como uno de los programas de investigación que más ha aportado al desarrollo de los Estudios Culturales en México, no está tan clara la adscripción del Programa a esta corriente de estudios con origen en Birmingham. Las palabras de Jorge González así lo ponen de manifiesto: “en el Programa Cultura nunca nos gustó decir que hacíamos “estudios culturales”, sino estudios de las culturas contemporáneas”. Jesús Galindo, por su parte, afirma que el reconocimiento oficial del Programa Cultura a nivel internacional, en el ámbito de los Estudios Culturales, se dio fundamentalmente por el abordaje de las telenovelas: “Según lo que el campo académico de la comunicación reconoce fue la investigación sobre las telenovelas la que ubicó al programa bajo la atención del mundo, es decir en otras lenguas, sobre todo el inglés, no creo que en francés u otro idioma distinto al español o el inglés exista alguna información sobre el Programa Cultura”. Si bien no puede negarse el reconocimiento del Programa Cultura en el ámbito latinoamericano, los fundadores del Programa tienen visiones algo distintas. González considera que es la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas la principal aportación del Programa Cultura a los Estudios Culturales Latinoamericanos. El análisis de Galindo va más allá, al incorporar elementos “campales” a la discusión: “El campo académico de la comunicación se interesa en los medios, la investigación sobre las telenovelas ha sido el rostro visible. Jorge González es reconocido como un investigador latinoamericano de importancia en la década de los ochenta, junto a Jesús Martín Barbero, Guillermo Orozco, y otros. De lo demás no hay conocimiento divulgado con la misma extensión. En otros campos aparece el trabajo sobre cultura de investigación y redes, responsabilidad de Jesús Galindo, o sea yo, pero circunscrito a los lugares en donde ha trabajado, ciertas ciudades de Colombia y de Brasil (…) La mayor parte del trabajo del programa no tiene presencia latinoamericana en otros aspectos”. Y con respecto a la aportación del Programa Cultura a nivel mexicano, tanto González como Galindo señalan que la revista, como órgano editorial de fomento de la cultura de investigación, es el principal logro del Programa en el país. En términos de investigación, parece dominar la creencia de que la investigación sobre todo aquello que no sean estrictamente medios de difusión, no tiene mucho reconocimiento en México. Jesús Galindo añade al respecto: “Yo creo que es muy difícil que la investigación social tenga influencia, somos un espacio académico colonizado. En México nadie es profeta en su tierra”.  

Entrando a la exploración de corte más teórico-conceptual, la que interesa para este artículo, los fundadores del Programa Cultura afirman que la reflexión teórica y la investigación empírica fueron igualmente importantes durante sus trayectorias en él. Sin embargo, Galindo precisa que “la investigación estuvo más motivada por los objetos de trabajo que por la sistematización conceptual. La metodología de investigación ocupó más tiempo que la construcción teórica. Y el trabajo de diseño de investigación y de búsqueda, registro y análisis de información, estuvo siempre al centro”. Pese a la centralidad de la reflexividad metodológica y el impulso y desarrollo de la cultura de información, por tanto, en el Programa Cultura sí hubo reflexión teórica en torno a la relación entre comunicación y cultura. Para Jorge González, la comunicación, en el Programa Cultura, nunca se asoció a los medios masivos de difusión, sino que fue comprendida más bien como “interacción dinámica”, como sistema de vínculos que permiten analizar y objetivar relaciones sociales en las culturas contemporáneas. Jesús Galindo, por su parte, comenta que la relación entre la comunicación y la cultura, en la primera etapa del Programa, se sintetiza en “la doble relación de cultura de información y cultura de comunicación, elementos claves en la configuración de la cultura política como centro de la cultura urbana”, los dos últimos, objetos de estudio privilegiados por Galindo durante su trayectoria en la primera etapa, de mediados de los ochenta a mediados de los noventa. Ya en la segunda etapa, la segunda mitad de los noventa, la cultura y la comunicación se objetivan de forma específica en “el trabajo sobre redes, la cultura de investigación y la cibercultura”, a decir de Galindo.

Como se puede observar, aunque el campo académico de la comunicación latinoamericano y mexicano asocia el Programa Cultura con los Estudios Culturales, y privilegia los estudios sobre medios –que en el Programa Cultura se dan, sobre todo, en las investigaciones sobre las telenovelas-, los propios fundadores del Programa reconocen que la comunicación nunca estuvo asociada estrictamente a los medios de difusión, sino que fue vista como sistema de relaciones, por un lado, y como fundamento y requisito indispensable para el desarrollo de la cultura de investigación y las redes de investigadores, por el otro (e). Desde el punto de vista de la Comunicología, información y comunicación son dos categorías centrales que, si bien se complementan, no pueden entenderse como sinónimas. La lógica de sistematización de información, así como la creación de redes de comunicación e investigación surgidas del Programa Cultura, da cuenta de que dichas categorías no fueron concebidas como objetos cognitivos a ser pensados, sino más bien como requisitos para el desarrollo de la investigación. No se pensó la información y la comunicación, se sistematizó información (conceptual, metodológica, empírica) y se impulsó una red de comunicación académica.

Al ser el Programa Cultura un centro de investigación, a lo largo de su trayectoria no predominaron los seminarios de corte teórico o epistemológico. Obviamente, hacer investigación implica partir de ciertos conceptos y categorías, pero en este caso, el punto nodal era la investigación per se, de modo que la teoría se veía más como un marco previo y una construcción posterior a la investigación, y no como un objeto de reflexión en sí misma. Sobre lo primero, la teoría como el a priori de la investigación empírica, Jorge González manifiesta lo siguiente: “sin teoría no hay explicación alguna, sin ella no hay objeto, ni pregunta, ni conocimiento”. Pese a ello, como se acaba de apuntar, la construcción teórica no fue ni es el centro de los trabajos del Programa Cultura. Al respecto, Jesús Galindo apunta: “Por lo general improvisamos, no formamos parte de programas generales de construcción teórica, y si lo hacemos sucede en forma poco consciente o participativa. El Programa Cultura se interesaba en la teoría, pero no llegó a ubicarse con claridad en alguna corriente o escuela. Más bien tuvo autores preferidos, libros de cabecera”. Lo anterior confirma, nuevamente, que la asociación automática entre Programa Cultura y Estudios Culturales sea, sino errónea, al menos sí poco fundada y, hasta cierto punto, exenta de argumentos claros.

Es interesante ver como los fundadores del Programa Cultura conciben la consolidación de los Estudios Culturales en Comunicación. La respuesta tiene vetas afirmativas y negativas simultáneamente. Para Jorge González, no están consolidados, y la causa de ello es la “improvisación, moda, falta de oficio, sobrepolitización, hiporeflexividad y falta de claridad en el objeto”. Para Jesús Galindo, sólo están consolidados oficialmente, porque el Campo Académico así lo considera, pero no están consolidados en términos programáticos, es decir, no hay programas de estudio sólidos en este terreno. En sus palabras, “No hay programas de estudio claros en México o América Latina. En el norte existen líneas sobre género, sobre audiencias, sobre minorías. Aquí hay investigadores individuales, en general asociados a bibliografías extranjeras, traducidas del inglés o del francés, de preferencia. Lo que podría consolidar los estudios culturales en comunicación sería programas de estudio”. En una línea similar, González considera que para que se consoliden los Estudios Culturales en Comunicación hace falta “disciplina, estrategia, proyecto, cientificidad y desarrollo de oficio con memoria”. La importancia de esta coincidencia no es menor: el campo académico de la comunicación en general, y la corriente de Estudios Culturales no es una excepción, carece de estrategias programáticas, de programas de estudio reflexivos que partan de propuestas claras. El enfoque cultural de la comunicación parte del “todo vale”, de poco más. Y la reflexividad teórica, más que otros elementos, brilla por su ausencia.

En palabras de Jesús Galindo, “el Programa Cultura trabajó la cultura y la comunicación dentro de parámetros que no estaban articulados a un programa internacional de Estudios Culturales dentro de los cuales nosotros hayamos decido alguna opción entre otras. Más bien lo que sucedió fue que el medio asfixiante de lo economía política y la sociología marxista tuvo de pronto en los estudios de la cultura un oasis para respirar algo distinto a todo es economía o política”. Y continúa: “en ese contexto para nosotros la cultura significaba darle a las ciencias sociales la oportunidad de mirar a la vida desde la subjetividad, desde la gente, no desde la dureza de la objetividad marxista y las instituciones o sólo lo macro. Y en ese sentido los objetos de aquel entonces fueron asociados con la ideología, con las mentalidades, con las formas culturales-simbólicas regionales, y por grupos y los actores concretos particulares, mujeres, jóvenes, sectores populares urbanos”. Las afirmaciones anteriores dejan ver que la cultura, en el Programa Cultura, se observó y observa como parte sustantiva de la vida cotidiana. Cultura, subjetividad, experiencia y vida cotidiana son elementos indisolubles, y para el contexto de los ochentas y los noventa, estas vinculaciones conceptuales compartían mucho con el proyecto académico de los Estudios Culturales, que desde su nacimiento, se separaron de los estudios macro-sociales de óptica más marxista.

En el segundo apartado de este texto se afirmaba que cultura y comunicación pueden ser vistas, en cierto modo, como conceptos antagónicos. Lo anterior niega gran parte de lo producido desde la oficialidad del campo de la comunicación asociado a los Estudios Culturales. Pero confirma, por otro lado, que la mirada comunicológica puede dar lugar a afirmaciones alejadas del sentido común, de la doxa, del campo académico. Jesús Galindo, promotor desde 2002 del proyecto hacia una Comunicología Posible, afirma lo primero, que la cultura y la comunicación son antagónicas: “En mi punto de vista son agua y aceite. La cultura es la desaceleración del movimiento, es la lentitud del cambio, la negación de lo diverso y diferente. Y la comunicación es lo contrario, movimiento, cambio, diversidad. Pero todo es según del color de cristal con el que se mira. Para otros la cultura es diversa y móvil, y la comunicación es la interacción dentro del acuerdo, el consenso, el código definido. Ambas visiones son parte del campo académico que las usa, y hay otras”. Esta afirmación actual parece no aplicar estrictamente a lo que sucedió y sucede en la trayectoria de producción académica del Programa Cultura.

Conocer las fuentes de pensamiento o enfoques adoptados en el Programa Cultura puede ser una vía interesante para complejizar las reflexiones sobre la concepción de la relación entre comunicación y cultura en el Programa. Para Jorge González, más que adoptar enfoques teóricos preexistentes, el Programa Cultura trabajó con esfuerzos teóricos originales, “pues los objetos que estudiábamos requerían más que meras aplicaciones de conceptos”. Sin embargo, González admite que los Estudios Culturales británicos fueron importantes: “abrevamos de fuentes similares a los Estudios Culturales ingleses y muy posteriormente gringos, estuvimos cerca de la demología italiana (f), de la macro sociología, de la economía política de las comunicaciones, de la etnografía de las industrias culturales, etc.”. Como se puede observar, las matrices teóricas con las que trabajaba –y posiblemente trabaja- el Programa Cultura, se asocian en parte con los Estudios Culturales surgidos en Birmingham, así como la Sociología Cultural y Crítica –lo que González nombra macro sociología-, y la Economía Política, entre otras. Véase aquí la coincidencia con tres de las principales fuentes científicas históricas de la Comunicología: Sociología Crítica, Sociología Cultural y Economía Política. El enfoque sociocéntrico es, pues, parte de la naturaleza del Programa Cultura, y lo es también del Campo Académico de la Comunicación general, al menos en México.

La negación de una adscripción teórica específica es algo en lo que también coincide Jesús Galindo: “El Programa Cultura no puede ser identificado por una postura teórica común, o por una perspectiva analítica común. Lo que lo identifica es un objeto de estudio, que fue común en un momento, en la primera etapa, y después no, las telenovelas. Y lo interesante de ese proyecto, el de telenovelas de la primera etapa, es que no tenía una postura teórica clara ni presión para tenerla. Lo que sí tenía era una postura metodológica, de construcción de objeto”. Nuevamente, la reflexividad metodológica se antepone a la construcción teórica, el objeto al concepto. La multiplicidad de marcos teóricos o enfoques venía dada, por tanto, por el objeto de estudio del investigador en cuestión. Jesús Galindo pone algunos ejemplos al respecto: “Gabriel González, que trabajó sobre industrias culturales, desde la perspectiva de los estudios culturales ingleses. Teresa Quinto, que trabajó sobre cañeros en Colima, desde la Antropología agraria de la escuela de Palerm. José Miguel Romero de Solís, que trabajó historia de la Iglesia Católica e historia de Colima hasta el siglo XIX, con un enfoque historiográfico más que teórico. Y después vienen las miembros de la segunda generación, Karla Covarrubias, que ha trabajado sobre pobres, más desde la etnografía y la historia oral que desde una perspectiva teórica clara. Guadalupe Chávez, que ha tenido diversos objetos, y más que una perspectiva teórica se ha especializado en metodología de investigación. Ana Uribe, con su trabajo de telenovelas, dentro de una escuela de pensamiento que es mixta, entre la escuela latinoamericana de estudios culturales y de comunicación y otros asuntos varios de Economía y Sociología norteamericanas. Y Ana Isabel Zermeño, que trabaja sobre nuevas tecnologías y jóvenes, haciendo más monografías descriptivas que analíticas teóricas”. La diversidad fue, y es, notable. Muchos objetos, muchos espacios conceptuales. Pero sin duda, lo cultural al centro, y los enfoques británicos y latinoamericanos como fundamentales, muy por encima de los casi inexistentes enfoques de corte más funcionalista.

Quizás sea pertinente comentar que en la segunda etapa aparecieron nuevos enfoques, más novedosos, con más posibilidades. Nos referimos a la teoría de la complejidad y del caos, a la Cibernética, a la teoría de sistemas, a la Praxeología, la teoría de la información y las teorías del análisis de redes. Sin embargo, y como se verá en el apartado de análisis bibliográfico, estos enfoques teóricos fueron más bien empleados para la intervención, que daría lugar a la conformación de la Red de Investigación y Comunicación Compleja.

La principal aportación del Programa Cultura al Campo Académico de la Comunicación es, para los dos fundadores, la creación de redes de investigadores, y en un sentido más amplio, lo que ambos denominan Cultura de Investigación. Por tanto, más que una aportación teórica-conceptual, se trata de un enriquecimiento de la cultura de investigación, de la profesionalización rigurosa de la labor de investigar. La cultura, por tanto, además de ser objeto de estudio en sus múltiples aristas, es también el aprendizaje y cultivo de estrategias sistemáticas para la consolidación de la investigación. Como indica Jesús Galindo, y como se verá en el análisis de la producción bibliográfica de los investigadores del Programa Cultura en su revista, “la tercera parte de los textos de miembros del programa en la revista son sobre cultura de investigación, no hay otro asunto que nos agrupe más”.

Parece ser, entonces, que lo que unió a los investigadores del Programa Cultura fue más bien la reflexividad metodológica que la adscripción a un enfoque teórico concreto. Sin embargo, no es un detalle menor el que los tres fundadores del Programa (aquí se hace referencia también a la figura inicial de Gabriel González Molina, quien abandonó el Programa Cultura poco tiempo después de su creación) provinieran de un ambiente marxista, que promovía, antes que cualquier otra cosa, el estudio de la ideología y la cultura. Las formaciones particulares de cada fundador dieron lugar a las tres líneas principales de investigación en la primera época del Programa Cultura, algunas de las cuales, como veremos, se mantuvieron en las siguientes épocas. La siguiente explicación de Jesús Galindo da luces al respecto: “Jorge González venía formado por Gilberto Giménez en franceses e italianos, en particular Bourdieu y Cirese, con antecedentes de Althusser y Gramsci. Gabriel G. Molina venía formado por los estudios culturales ingleses. Y yo venía con la formación de la escuela nacional de Antropología e Historia en Antropología y Sociolingüística. Así que se formaron tres líneas de trabajo, una de frentes culturales, la de Jorge González, otra de industrias culturales, la de Gabriel G. Molina, y otra de Cultura Urbana, la mía. La decisión por el proyecto de telenovelas fue porque las tres líneas lo podían abordar desde cada una de las tres perspectivas, y era el objeto cultural más importante de México, desde una visión contemporánea, como indicaba el título del programa general (Programa de estudios sobre las culturas contemporáneas)”.

Si el macro objeto de estudio del Programa Cultura lo constituyó y constituye la cultura, en general, como ha quedado dicho en el párrafo anterior, fueron tres los objetos de estudio específicos: frentes culturales, industrias culturales y cultura urbana. Y los tres, agrupados en algún momento en el proyecto general de telenovelas. Como se puede observar, en este espacio de objetos la comunicación no aparece nombrada. Sólo puede verse cierta presencia del objeto “comunicación” en el rubro de las industrias culturales y en el objeto compartido de las telenovelas. Aunque parece, así, que la comunicación se asocia a los medios –lo cual acercaría completamente al Programa Cultura con el Campo Académico oficial de la comunicación-, veremos cómo esta asociación es cuando menos una simplificación. Si para Jesús Galindo en lo anterior puede reconocerse “dispersión en objetos pequeños”, para Jorge González hasta cierto punto es normal que el Programa Cultura se interesara por un magma tan amplio de asuntos, pues el centro de interés era y es, en palabras de González, “cualquier objeto que nos permita interrogar a la totalidad de las relaciones sociales desde el punto de vista de la construcción de sentido”.

La frase anterior deja entrever un asunto interesante para este artículo: la comunicación aparece asociada con las relaciones sociales, y la cultura con la construcción de sentido. En términos comunicológicos, parecería entonces que la relación entre la comunicación y la cultura es vista en el Programa Cultura desde una óptica más cercana a la Sociología Fenomenológica, a todo lo relacionado con construcción de sentido, con subjetividad social, con relaciones y vínculos sociales como constructores de significaciones. Pero quizás falta tiempo para un análisis más detallado de la forma de comprender la relación entre comunicación y cultura en el Programa Cultura. Lo que es un hecho es que en el Programa la presencia de comunicólogos no es algo menor. Es hasta cierto punto curioso que uno de los programas de investigación más reconocido en el país por sus aportaciones a los estudios sobre cultura estuviera y esté conformada por investigadores formados, al menos en alguno de los niveles, en comunicación.

Oficialmente, el proyecto que mejor sintetiza las aportaciones del Programa Cultura a la reflexión sobre la relación entre comunicación y cultura es el de telenovelas. Y aquí parece desaparecer, por falta de reconocimiento oficial, la centralidad de la cultura de investigación. En palabras de Galindo, “quizás lo más importante del Programa, la cultura de investigación, es un tema que no tiene la visibilidad que debiera, ahí sí que somos un paradigma nacional e internacional, aunque nadie lo sabe. Pero eso es algo que no le interesa por ahora al mundo académico nacional o internacional”. Y continúa: “No creo que el programa cultura haya aportado algo en la comprensión teórica de la comunicación y la cultura que el mundo académico se haya enterado, lo único que aparece en los recuentos históricos es la aportación de Jorge González de los frentes culturales, que es una categoría que proviene de una época previa a su primera investigación en Colima, la de telenovelas”.

En este apartado se han presentado las visiones de los fundadores del Programa Cultura, Jorge González y Jesús Galindo, en torno a la organización del programa, la presencia de marcos teórico-conceptuales, la importancia de ciertos objetos de estudio, etc. Será objetivo del próximo apartado el ver cómo aparecen estas cuestiones en las publicaciones de los investigadores del Programa en Estudios sobre las culturas contemporáneas.

 

3.2.  La producción del Programa Cultura en Estudios sobre las culturas contemporáneas

Atendiendo a la propuesta de Jesús Galindo (2007) en el artículo “El Programa Cultura y la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas. Un ejercicio de observación de segundo orden”, los objetos de estudio de cada una de las etapas del Programa Cultura pueden sintetizarse como sigue:

 

Figura 1. Objetos de estudio en las tres etapas del Programa Cultura

 

OE 1

OE 2

OE 3

OE 4

OE 5

1ª etapa (1985-1993)

Frentes culturales (telenovelas)

Cultura nacional / Cultura regional

Industrias culturales

Metodología

 

2ª etapa (1993-2000)

FOCYP (g)

Cibercultura / Redes

Telenovelas

Tecnologías

 

3ª etapa (2000-2007)

NTIC y jóvenes

Pobreza

Metodologías de intervención

Telenovelas

Lectura

Fuente: elaboración propia a partir de la propuesta de Jesús Galindo (2007).

 

Como ya se ha expresado en el apartado anterior, en el Programa Cultura estos objetos de estudio no se abordaron ni se abordan desde una lógica conceptual común. Más bien cada objeto conlleva a un marco de conceptos, a un enfoque, específico. Sin embargo, es posible nombrar algunos de los enfoques teóricos privilegiados durante la trayectoria de investigación del Programa Cultura. En el prólogo del libro De cuerpo entero…Todo por hablar de música. Reflexión técnica y metodológica del grupo de discusión, de María Guadalupe Chávez, investigadora de la segunda generación del Programa Cultura, Jesús Galindo hace referencia a esta variedad de disciplinas que sustentaban las investigaciones del Programa Cultura: “el marco de referencia era muy amplio, desde la antropología británica, francesa e italiana, hasta los Estudios Culturales, desde la llamada antropología mexicana indigenista hacia una nueva antropología emparentada con el pensamiento postmoderno y la complejidad” (4). Los enfoques apuntados por Galindo podrían asociarse a lo que en el proyecto de Comunicología Posible denominamos Sociología Crítica y Sociología Cultural, y, en menor medida, a la Economía Política.

En aras de ofrecer una exploración más depurada de los objetos de estudio del Programa Cultura, en el siguiente mapa se establecen algunas relaciones entre los objetos de estudio apuntados en la figura anterior.

 

Figura 2. Relaciones entre objetos de estudio en el Programa Cultura

Fuente: elaboración propia

 

El cuadro anterior refleja la centralidad de los estudios sobre Metodología, Frentes Culturales y Cultura nacional-cultura regional, propios de la primera etapa, y de los cuales emergieron objetos como las telenovelas y, posteriormente, FOCYP y las tecnologías. Es importante recalcar que la cibercultura, además de ser objeto de estudio, se relaciona con la intervención, en el sentido que fue la propuesta de Cibercultura de Galindo la que dio lugar a la conformación de la Red de Investigación y Comunicación Compleja (RICC).

Lo esquematizado en el cuadro, obviamente, no puede dar cuenta del magma de investigaciones que se han realizado a lo largo de la trayectoria del Programa Cultura. Siguiendo a Galindo, el Programa se propuso trabajar al menos tres dimensiones, materializadas en tres programas de trabajo: “el objeto cultura, en su configuración conceptual, el objeto cultura mexicana nacional y local en su configuración en sistemas de información, y la metodología y tecnología para conseguir el desarrollo de los dos primeros puntos” (Galindo, 2004b: 16). Si bien todos los proyectos, o casi todos, buscaron un sustento conceptual riguroso, en el primer programa de trabajo, interesado por la configuración conceptual de la cultura, podríamos ubicar dos claros objetos de estudio: por un lado, la construcción conceptual de los frentes culturales de Jorge González; y por el otro, las construcciones teóricas de la cultura nacional y regional y la propuesta de la Cibercultura, de Jesús Galindo. El segundo objeto nombrado por Galindo, la cultura mexicana nacional y local en su configuración en sistemas de información, agruparía tanto las propias investigaciones de Jesús Galindo sobre cultura popular urbana y movimientos sociales –en el marco del proyecto sobre cultura nacional y cultura regional-, como las investigaciones empíricas sobre objetos más cercanos a los llamados medios de difusión -que aquí entenderíamos como sistemas de información-: telenovelas, industrias culturales, ofertas culturales y públicos, tecnologías, etc. Y el tercer gran objeto, la metodología, primero constituyó un objeto de reflexión transversal al resto de investigaciones, para posteriormente convertirse en objeto de estudio en sí misma, algo que, por cierto, no es muy común en el campo académico en general, y el de la comunicación no es una excepción.  

El tratamiento de dichos objetos de estudio, como ya se apuntó, no se adscribió ni adscribe a enfoques teóricos específicos. O mejor dicho, no hubo ni hay un enfoque teórico que unificara todas las investigaciones realizadas en el Programa Cultura. Los Estudios Culturales Británicos se juntaron con conceptos provenientes de otros marcos conceptuales como la economía política, el marxismo, la lingüística, la semiótica y la antropología urbana, entre otros. Y el centro del Programa, la cultura de investigación –que quedaría bajo el objeto “metodología”- evolucionó con el contacto, ya en la segunda etapa, con enfoques como la teoría de sistemas, la complejidad y el análisis de redes. Diversidad de objetos de estudio, multiplicidad de abordajes metodológicos, articulación de conceptos y categorías variados.

A continuación se presenta el análisis detallado de la producción bibliográfica de los miembros del Programa Cultura en Estudios sobre las culturas contemporáneas. Se hará referencia constante a los objetos de estudio nombrados en las figuras anteriores. El análisis se realizó con base en la nomenclatura de objetos de estudio de Jesús Galindo (5), con algunas adaptaciones mínimas. 

La muestra de artículos que se toman en cuenta para estas reflexiones suma un total de 67, que por épocas, están divididos de forma más o menos pareja, con una presencia algo mayor de artículos en la tercera época (del 2000 a la actualidad) que puede explicarse por el elevado número de artículos de miembros del Programa Cultura en el último número –junio de 2007-, dedicado precisamente a la reflexión en torno a los veinte años de existencia de la revista. La revisión de los artículos de los tres fundadores –Jorge González, Jesús Galindo y Gabriel G. Molina- se muestra en la siguiente gráfica, donde queda claro el predominio de los dos primeros, sobre todo de Jesús Galindo, quien publicó al menos un artículo en cada uno de los números de la primera época (1985-1993) y en gran parte de los números de la segunda época (1993-2000).

 

Figura 3.

Artículos de los fundadores del Programa Cultura

 

Más interesante aún es el asunto de las generaciones. El siguiente gráfico muestra el predominio de artículos escritos por los Fundadores del Programa (39 de los 69 artículos) a lo largo de las tres épocas del mismo. También destaca la notable presencia de textos escritos por las investigadoras de la segunda generación, con 19 del total de artículos.

 

Figura 4.

Los artículos de las diferentes generaciones y expansiones del Programa Cultura

 

A continuación se muestra la evolución de la publicación por épocas del Programa Cultura. Como se podrá observar, el predominio de Jesús Galindo y Jorge González es abrumador en las dos primeras épocas, pero desciende mucho en la tercera, que se caracteriza por la diversificación de autores. Los siguientes gráficos dan cuenta de lo anterior. 

 

Figura 5.

ESCC  en la primera época del Programa Cultura (1985-1993)

 

Figura 6.

ESCC  en la segunda época del Programa Cultura (1993-2000)

 

Figura 7.

ESCC  en la tercera época del Programa Cultura (2000-2007)

 

El asunto clave se encuentra en la diversificación de autores, que responde a la propia diversificación de investigadores que se fueron incorporando al Programa Cultura. Como se verá, esta diversificación de autores trae consigo un aumento en la variedad de objetos de estudio abordados. A ello se dedican los siguientes gráficos. A efectos de continuar con la clasificación mostrada en la Figura 1, los objetos de estudio se presentan también distribuidos por etapas del Programa Cultura. Recordemos que de la muestra analizada, la primera época presenta 19 artículos, la segunda 21 y la tercera 27.

 

Figura 8.

Objetos de estudio en los artículos en ESCC en la primera etapa (1985-1993)

 

En el tránsito de la primera a la segunda época del Programa Cultura, no existe una modificación notable en los objetos de estudio abordados: las dos grandes líneas programáticas (Cultura nacional / Cultura regional y Frentes Culturales) se mantienen como las de mayor producción. Sin embargo, destaca el aumento de artículos sobre metodología, por un lado, la desaparición de la línea programática de Industrias Culturales (coordinada por Gabriel G. Molina), la consolidación del objeto “telenovelas”, que en la primera época aparecía bajo el cobijo de la propuesta teórica-conceptual de los frentes culturales y la aparición de dos nuevos objetos de estudio: uno con mucha presencia, la cibercultura, y otro a penas impulsándose, la tecnología. Hemos denominado al objeto “cibercultura” como “cibercultura y nuevos enfoques”, ya que Jesús Galindo, principal impulsor de esta línea de trabajo, no sólo abordó el asunto de la cibercultura en general, sino que empezó a incorporar nuevos enfoques teóricos como la complejidad, la teoría de sistemas y las ciencias cognitivas, por citar algunos.

 

Figura 9.

Objetos de estudio en los artículos en ESCC en la segunda etapa (1993-2000)

 

La diversificación es aún más notable en la tercera época del Programa, del año 2000 a la actualidad. En estos momentos Jesús Galindo y Jorge González dejan Colima, y por tanto, su presencia en el Programa Cultura (objetivada, en este caso, en la producción de artículos de sus líneas o programas de investigación) se ve disminuida notablemente. Aquí aparecen nuevos objetos de estudio, se consolidan las investigadoras de la segunda generación del Programa y empiezan a emerger algunas que podrían ya considerarse investigadoras de la tercera generación. El siguiente gráfico da cuenta de la distribución de objetos de estudio en la tercera etapa del Programa Cultura. Como se puede observar, predominan los textos ubicados en lo que hemos llamado “Reflexividad”, que no son otros que los publicados en el número especial de junio de 2007, donde los investigadores del Programa Cultura (de todas generaciones y expansiones) se dedican a pensar la trayectoria del Programa, cada uno desde sus lugares, poniendo énfasis en temas distintos. También destaca la presencia de las telenovelas, que responde, por un lado, a la consolidación de la línea programática, y por el otro, al espacio dedicado al tema en el número especial de 2007 al que hemos hecho referencia. La relación entre Nuevas Tecnologías y Jóvenes, la Lectura y la Pobreza aparecen como nuevos objetos de estudio. Cultura Nacional / Cultura Regional, y Frentes Culturales, desaparecen como líneas de trabajo. Y la Metodología, centro de los trabajos del Programa Cultura, sigue presente de forma más o menos notable.

 

Figura 10.                                                      

Objetos de estudio en los artículos en ESCC en la tercera etapa (2000-2007)

 

Una vez mostrados los datos generales de las publicaciones de los investigadores del Programa Cultura en Estudios sobre las culturas contemporáneas se está en condiciones de explorar con más detalle el tratamiento de la relación entre comunicación y cultura en dicha publicación. De este apartado, destacamos dos asuntos: la diversificación de autores y objetos de estudio, por un lado, y la continuidad de las líneas de investigación en “metodología” y “telenovelas”, los dos grandes objetos de estudio por excelencia. El primero, de corte más teórico-reflexivo; el segundo, empírico.

 

3.2.1.  La comunicación y la cultura en los artículos de los investigadores del Programa Cultura

Atendiendo a la revisión de la historia del Programa Cultura, y a las líneas de investigación en torno a las cuales se organizó, el total de objetos de estudio presentes en los artículos publicados en Estudios sobre las culturas contemporáneas (h), pueden agruparse en cinco grandes macro-objetos: Cultura nacional / Cultura regional, Frentes Culturales, Cibercultura y nuevos enfoques, Metodología, Tecnologías y Telenovelas, los dos primeros sólo con presencia durante la primera época y parte de la segunda.

Una primera cuestión que podemos inferir es que la cultura, más allá de ser objeto de estudio, es requisito de investigación. La propuesta de las tres culturas (cultura de información, cultura de investigación, cultura de comunicación), de Jesús Galindo, da cuenta de ello. Y es que como ya se afirmó, el Programa Cultura tuvo y tiene la pretensión de formación rigurosa en metodología, en sistematización de información, en consolidación de programas de investigación cuidadosos con las estrategias metodológicas y técnicas empleadas, en intervención y comunicación académica, etc. La Metodología es tan o más importante que los objetos empíricos.

El objeto empírico por excelencia es la telenovela. De ahí que pudiera considerarse que en el Programa Cultura comunicación equivale a medios de difusión. Es de destacar la ausencia de artículos que aborden cuestiones relacionadas con otras de las dimensiones centrales de la Comunicología, como la expresión y la interacción. En torno a la expresión, existen sólo algunos textos metodológicos sobre análisis del discurso; y en torno a la dimensión de la interacción hay realmente poco, o casi nada. La comunicación interpersonal, intragrupal, intergrupal, no conforma un objeto de estudio de interés para el Programa Cultura. Al menos no de forma notable. Sin embargo, todo lo relacionado con las redes y la propuesta de la Cibercultura, tiene la finalidad de construir interacciones. La interacción es más fin que objeto.

La afirmación de que en el Programa Cultura comunicación equivale a medios de difusión merece algunos ajustes. Si bien uno de los temas que mayor continuidad ha tenido en el Programa Cultura ha sido el estudio de las Telenovelas, no puede decirse que dicho estudio haya estado marcado por una visión mediática que reduce comunicación a medios. En este caso, podemos decir que la telenovela se tomó como ejemplo de texto configurador de cultura, en el entendido que se consideraba a “los medios de difusión masiva como los grandes configuradores de la cultura contemporánea” (6). El objeto no era, por tanto, la telenovela en sí misma, sino el papel de este género televisivo en la construcción de cultura. De ahí que el análisis privilegiado de la telenovela fuera desde el punto de vista de la recepción, de la construcción de públicos, y en mucha menor medida, del análisis discursivo per se. Es importante ver cómo desde este punto de vista, la comunicación se concibe como configuradora de culturas, y no a la inversa. La cultura requiere de dispositivos comunicativos para configurarse, para visibilizarse, para expandirse. Y la comunicación, con los medios al centro, es el dispositivo que más fuerza tiene para ello.

En la primera etapa del Programa Cultura (1985-1993) las telenovelas se cobijan bajo las reflexiones más teórico-conceptuales sobre los frentes culturales, propuesta de Jorge González. Sin embargo, poco a poco se consolidan como objeto de estudio específico, y el énfasis se encuentra en dos rutas: la ruta de estudiar los públicos de las telenovelas, por un lado, y la ruta de la reflexión metodológica en torno a las múltiples vías posibles de aproximación al objeto de estudio. Nuevamente, la metodología aparece al centro.

En la línea programática de Cultura nacional / Cultura regional, la comunicación no aparece como objeto en sentido estricto. Sin embargo, además de abordar los temas relacionados con movimientos sociales y cultura popular urbana, Jesús Galindo se incorpora, desde este proyecto, al estudio de las telenovelas como textos configuradores de vida cotidiana, de cultura. Nuevamente, el texto mediático aparece como clave para la comprensión de la cultura contemporánea.

Con respecto a la línea programática de la Cibercultura, cabe decir que más que objeto, aquí la comunicación es vista como objetivo, como finalidad a lograr. La cibercultura parte del desarrollo de las tres culturas (información, investigación, comunicación), las mismas que de forma interrelacionada fortalecen no sólo la construcción de objetos de estudio, sino que posibilitan la creación de redes académicas. Aquí, la comunicación es vista desde la lógica de la complejidad, de la teoría de sistemas, de la sociocibernética, de la praxeología, etc., y por tanto, se abandonan las visiones más culturalistas, las que provenían de marcos conceptuales cercanos a los estudios culturales y la antropología, propios del abordaje de la relación entre comunicación y cultura durante la primera etapa del Programa Cultura.

Por último, merece también un apunte el tratamiento de la tecnología. Aquí se observan dos vetas: una es el estudio de la tecnología relacionada con ámbitos diversos como la educación y la cultura en general; la otra, y más importante, es la que aborda la relación entre Nuevas Tecnologías y jóvenes. Y la consideramos más importante porque parece ser la línea programática más cercana a la consolidación en estos momentos. Nuevamente, la comunicación equivale a los medios (aquí tecnologías), sin embargo, no se parte nunca de ver a la tecnología como mera transmisora de información, como difusora, sino que el énfasis se encuentra nuevamente en la comprensión de los usos de la tecnología (en este caso por parte de los jóvenes), de los significados atribuidos a las tecnología, del papel de ésta en la vida cotidiana de los jóvenes, etc.

Por todo lo expresado anteriormente, la relación entre la comunicación y la cultura en el Programa Cultura puede resumirse en los siguientes tres aspectos:

-         Como objeto de estudio empírico, la comunicación se asocia a los medios de difusión masiva, lo cual se observa sobre todo en los artículos sobre telenovelas y tecnologías. Sin embargo, como ya se ha dicho, el medio se ve como configurador de cultura, y se estudian sus textos siempre en función del papel que cumplen en la configuración de sentidos. El libro como medio de comunicación, y la formación de públicos culturales (dentro de los cuales caben, obviamente, los públicos mediáticos) son los otros dos objetos empíricos que, junto con las telenovelas y las tecnologías, permiten hablar de esta asociación entre comunicación y medios.

-         Como objeto teórico-conceptual, se piensa a la comunicación en términos de acción e intervención, como fin a alcanzar más que como objeto de estudio per se. La creación de redes o comunidades de comunicación impulsadas por Jesús Galindo –con la RICC al frente- es ejemplo de esta concepción praxeológica de la comunicación como fin más que como objeto.

-         A nivel metodológico, la comunicación es parte de la propuesta de la Cibercultura. La cultura de información y la cultura de investigación necesariamente deben combinarse con una buena cultura de comunicación que permita dar a conocer lo realizado y establecer vínculos.

Como se puede observar, el Programa Cultura comparte con los Estudios Culturales la concepción de la comunicación como configuradora de culturas, es decir, el interés por el abordaje empírico de objetos comunicativos –con los medios de difusión masiva de información al frente- en su relación con los contextos sociales y culturales en los que éstos están inmersos.

 

4.  Cierre

La Comunicología es una ciencia de la comunicación en construcción. La propuesta del Grupo hacia una Comunicología (GUCOM) parte de la necesidad de reconstruir el pensamiento comunicacional a partir de la identificación de las fuentes científicas históricas de la Comunicología, para posteriormente, construir una ciencia de la comunicación desde el punto de vista sistémico-constructivo. Una de las fuentes del pensamiento comunicológico de mayor importancia para el campo de la comunicación es, precisamente, la Sociología Cultural, dentro de la cual, entre otras muchas aportaciones, se ubican los Estudios Culturales.

Este artículo ha puesto de manifiesto que la centralidad de los Estudios Culturales en comunicación en México no es un asunto baladí. El Programa Cultura es, si no el único, el ejemplo más claro –y sobre todo de mayor continuidad- de programa de Estudios Culturales en el país. Aunque los fundadores del Programa, Jesús Galindo y Jorge González, advierten que la trayectoria del Programa Cultura no puede ubicarse en una tendencia o corriente teórica específica, muchos de los puntos de vista adoptados para el estudio de los grandes objetos de investigación son cercanos a los Estudios Culturales. Lo anterior lo vemos no sólo en el gran objeto de estudio –la relación entre medios de difusión y cultura contemporánea- sino también en las metodologías empleadas –más cualitativas que cuantitativas-.

Los dos macro-objetos de estudio impulsados en los inicios del Programa Cultura (Frentes Culturales y Cultura Nacional / Cultura Regional) aportaron elementos, cada uno desde su punto de vista específico, para el estudio del objeto empírico “telenovelas”, un objeto mediático. Aquí es donde se ve, quizás, la mayor vinculación entre comunicación y cultura en el Programa. Los objetos de estudio posteriores (tecnologías, lectura, cibercultura, formación de públicos, etc.) ofrecen también importantes aristas para el abordaje de la relación entre comunicación y cultura.

Si se considera, sin embargo, que la principal aportación del Programa Cultura la encontramos a nivel metodológico, el asunto de la relación entre comunicación y cultura cambia. El aporte no es tanto en términos de investigación empírica, sino más bien en lo que se refiere al cultivo de la cultura de comunicación, cuyos frutos, sobre todo, se observan en la conformación de la red impulsada por Jesús Galindo, la RICC. La comunicación no es objeto de estudio, es algo a lograr. La cultura no es tanto el contexto de producción de sentidos, es la apropiación sistemática de elementos para el enriquecimiento y mejora de la producción de conocimientos.

 

Referencias

(1)     Gallino, Luciano (1995: 181-183).

(2)     Moreno, Amparo (1988: 14).

(3)     Galindo, Jesús (1997).

(4)   Galindo, Jesús (2004b: 16).

(5)     Galindo, Jesús (2007).

(6)     Galindo, Jesús (2004b: 17)

 

Notas

(a)  “El programa cultura ha tenido con claridad tres ciclos hasta la fecha, uno que va de 1985 a 1992, el segundo de 1993 a 2000, y el tercero de 2001 a la fecha, 2004. Se puede hablar con una visión histórica de los dos primeros, el tercero está aún en desarrollo, de el sólo se pueden apuntar algunas líneas sobre su trayectoria en proceso” (Galindo, 2004a: 20).

(b) Para mayor información sobre la propuesta de la Comunicología Posible, se recomienda la revisión de los textos del Portal de Comunicología del Grupo hacia una Comunicología Posible (GUCOM), disponible en http://www.geocities.com/comunicologiaposible

(c) Aquí vale la pena mencionar que para el análisis no se tomaron en cuenta las reseñas, las entrevistas y las introducciones de los números de la revista. Esta decisión responde a la necesidad de observar textos originales, producto de las investigaciones y reflexiones de los miembros del Programa Cultura.

(d) Todas las frases en cursiva son extraídas textualmente de las entrevistas a Jesús Galindo y Jorge González, fundadores del Programa Cultura.

(e) Esta “errónea” o al menos parcial visión del Programa Cultura asociado con los Estudios Culturales en comunicación se puede observar en la siguiente afirmación de Jesús Galindo: “El campo académico de la comunicación, pobre entre los pobres en un sentido de altos estudios, reconoció al Programa Cultura como parte de su trayectoria, pero la historia interior fue distinta”.

(f) El máximo representante de la demología italiana es Alberto Cirese. La demología hace referencia al estudio del pueblo, no sólo descrito en términos estadísticos, sino observado por medio de cualquier otro método de investigación, más amplio y comprensivo que cualquiera de los usados por la Demografía. 

(g) Las siglas FOCYP hacen referencia al proyecto “Formación de oferta culturales y públicos en México”, coordinado por Jorge González.

(h) El análisis arroja que los objetos de estudio son los siguientes: cultura nacional / cultura regional, frentes culturales, industrias culturales, cibercultura y nuevos enfoques, lectura, historia, nuevas tecnologías y jóvenes, pobreza, reflexividad, tecnología y telenovelas.

 

Bibliografía

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Buxó i Rey, María Jesús (1990) “Vitrinas, cristales y espejos: Dos modelos de identidad en la cultura urbana de las mujeres Quiche de Quetzaltenango” en Alcina Franch, José (comp.), Indianismo e indigenismo en América. Alianza Editorial, Madrid, pp. 134. 

Chávez Méndez, Ma. Guadalupe (2004) De cuerpo entero…Todo por hablar de música. Reflexión técnica y metodológica del grupo de discusión, Universidad de Colima, Colima (México).

Galindo Cáceres, Jesús (2003) “Notas para una Comunicología posible. Elementos para una matriz y un programa de configuración conceptual-teórica”, en Hipertextos. Revista electrónica del ITESM de Monterrey, núm. 7. Agosto-diciembre. Artículo en línea, disponible en

http://hiper-textos.mty.itesm.mx/articulo1_num7.htm

Galindo Cáceres, Jesús (2004a) “El Programa Cultura. Los caminos cortos y los caminos largos hacia la plenitud”, en Estudios sobre las culturas contemporáneas, Época II, Vol. X, Núm. 19, Programa Cultura, Universidad de Colima, junio de 2004, pp. 9-29.

Galindo Cáceres, Jesús (2004b) “Prólogo”, en Chávez Méndez, Ma. Guadalupe (2004) De cuerpo entero… Todo por hablar de música. Reflexión técnica y metodológica del grupo de discusión, Universidad de Colima, Colima (México), pp. 13-23.

Galindo Cáceres, Jesús (2007) “El Programa Cultura y la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas. Un ejercicio de observación de segundo orden”, en Estudios sobre las culturas contemporáneas, Época II, vol. XIII, núm. 25, Programa Cultura, Universidad de Colima, junio de 2007, pp. 10-28.

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