Universidad de Buenos Aires (Argentina)
Palabras clave: objeto - instrumentos – lectura
Introducción
Con el objetivo de contribuir a diseñar el objeto y de actualizar
el uso de instrumentos dentro del proceso de investigación en el campo de la
comunicación, me permitiré algunas reflexiones
producto de la experiencia docente y de las contribuciones con ponencias
en jornadas y congresos; con prudencia en el abordaje del objeto de un campo
ajeno y la extimidad que permite una formación más o menos amplia.
Contribución en
torno del objeto de conocimiento en el campo de la comunicación
El objeto de la ciencia, como punto de partida del proceso
de constitución de conocimiento es el recorte de los fenómenos de la realidad
social, a describir, explicar y comprender (1), desarrollando el conocimiento
existente o introduciendo algo nuevo en las especificidades teórico-prácticas
de cada campo. En su defecto, solamente se producen extrapolaciones de modelos
teóricos de un campo a otro para aplicarlos al estudio de los hechos, sin
adaptarlos a los caracteres específicos del objeto, problema con el que se
encontró LEVI-STRAUSS al pretender aplicar el modelo de la estructura
fonológica al campo de las relaciones de parentesco, (2) y que resolvió
desarrollando el modelo teórico. El diseño de una práctica profesional implica
una lógica en los modos y condiciones de una realización, que también se puede
llamar ‘saber hacer’.
El objeto como producto del proceso de investigación
son los sistemas de enunciados y tecnologías producidos en tanto conocimiento
científico validado teórica y empíricamente de modo individual, o en equipo, e
intersubjetivamente después, como quería POPPER (3), según las normas vigentes
en la comunidad científica, con un método que enfoca desde la tautología y la
empiria de un modo estereoscópico al objeto y en condiciones técnicas e
institucionales de producción, tal como explicita SAMAJA (1) Es uno de los
modos de otorgar creencia al sentido producido por los enunciados científicos,
según PEIRCE (1) y de producir adhesión en el sentido de KUHN. Como producto de
una práctica profesional es producción de sentido discursivo o sígnico en
condiciones de producción institucionales, empresariales, comunitarias,
mediáticas, etc.
Además, es relevante definir con precisión dentro de cada
campo las unidades de análisis -aquello de lo que predicamos- para poder
diferenciar de manera profunda el enfoque y abordaje del diseño del objeto
desde otros campos. Se trata de discernir claramente el sesgo de lo social o de
lo humano que analizamos o sobre lo que intervenimos.
Es lo que permite diferenciar, por ejemplo, los ‘procesos
sociales relativos a sujetos colectivos como unidad de análisis’, de los ‘procesos
comunicacionales relativos a la producción de discursos y signos como unidad de
análisis’. La producción de discursos abarca tanto el reconocimiento del
sentido producido y su circulación como sus condiciones de producción. En el
caso de los signos pueden variar las categorías de análisis y de lectura, pero
también hay circulación y condiciones de producción. Aunque los estudios sobre
procesos comunicacionales se inscriban dentro de las ciencias sociales, es
distinto analizar los intercambios familiares en torno del televisor y la
interacción social bajo influencia de los medios masivos de comunicación.
Implica un recorte del objeto y enfoques diferentes.
La antropología tiene como objeto las relaciones entre los
seres hablantes que constituyen el campo de la cultura a partir del siglo XIX,
con el descubrimiento de los últimos continentes por conocer. Pero no se
dedican a realizar estudios culturales o comunicacionales, sino a estudiar las
comunidades denominadas ‘primitivas’ o la vida urbana contemporánea. Por eso la
antropóloga francesa Monique Selim (4), que con un grupo de colegas investiga
sobre los efectos de la globalización en diversos lugares del mundo
contemporáneo, opina que en lugar de que muchas disciplinas se aboquen a
investigar un mismo tema, como por ejemplo el consumismo, habría que volver a
las fuentes de origen de cada una de las ciencias sociales, porque el objeto
apareció en cada una determinado socio-históricamente, y podemos agregar que a
veces fue precedido por la narrativa que marcaba un interés emergente.
Desde la fundación de la carrera de Ciencias de la
Comunicación en la Universidad de Buenos Aires, me pareció que se trataba de
una pluralidad de ciencias que sostenían una práctica, pues la orientación era
predominantemente periodística. De mi parte, esperaba mayor incidencia de los
egresados en el poder estratégico que representan los medios de comunicación.
Pero muchos prefieren la comunicación alternativa. Con el paulatino proceso de
apertura a otras especializaciones, también se generó un espacio de
investigación en una carrera que no había sido creada para ello, pero que sin
duda lo promueve, y que no puede sustituir sino orientar el campo de una
práctica profesional necesaria y responsable en los medios de comunicación,
alternativos o empresariales.
El método por lo tanto, será el camino epistemológico
elegido para abordar el objeto disciplinar teórica y empíricamente con el fin
de validar los enunciados científicos y constituir sistemas de enunciados
teóricos tendientes a la modelización. No existe un único método sino al menos
seis vigentes: científico, hipotético-deductivo, fenomenológico, experimental,
dialéctico y estructuralista con sus secuelas postestructuralistas. Su vigencia
para aplicarlos al campo de la comunicación social, depende de la reflexión
crítica en cuanto a su adecuación al objeto de estudio. Por ejemplo, hay
fenómenos que admiten momentos de síntesis y otros pueden ser explicados
mediante oposiciones insolubles que se resuelven por el predominio. Y también
influye en la elección, el grado de avance del conocimiento y la consolidación
de modelos teóricos en el campo disciplinar. A veces depende no tanto del
estado del arte sino del estado de las cosas, en el sentido hegeliano del
término, que implica que la realidad tiene cierta racionalidad a ser
descubierta, proceso en el cual el concepto se separa del objeto.
En este sentido, en el mundo contemporáneo existe un
respetable grado de avance en el conocimiento científico que se presenta como
acumulación de saber, escasamente aplicado a resolver la enorme cantidad y
variedad de problemas sociales. No obstante, el saber de las ciencias sociales
y de la subjetividad solamente puede surgir en las condiciones sociales de
existencia, y debe retornar a ellas como mediación simbólica para resolver
problemas de acción concretos y su prevención, en estrecha relación con la
gobernabilidad de una nación-estado, la estructura social y las políticas
nacionales e internacionales.
Diseño del objeto
para la investigación en el campo de la comunicación
El diseño del objeto en todo proceso de investigación será
producto de la articulación de la validación conceptual con la validación
empírica. Permite realizar un mapeo o cartografiado del objeto con un enfoque
estereoscópico tanto desde la teoría como desde la empiria. Se parta de una o
de la otra, su destino es articularse en el camino del método elegido (1). Me
interesa particularmente en este trabajo abrir una mirada panorámica de los
instrumentos técnicos disponibles para diseñar el objeto de investigación o la
realización de un diseño de práctica profesional. Me parece que hace a la
especificidad del campo de la comunicación y de un objeto a recortar en él,
aunque se halle su reconocimiento aún en proceso de definición por lo
multifacético de los aspectos a describir, explicar y comprender.
De la observación
participante a la mirada exterior en perspectiva
El término que mejor cuadra a la observación como técnica de
recolección de datos es que puede resultar abrumadora por la cantidad de
estímulos, y ser invalidada por su carácter subjetivo y selectivo. Es imposible
entonces una absoluta objetividad, sino preparar la observación para validarla
en la medida de lo posible, lo que no es poco para constituir un punto de mira
separando el ideal del objeto real en el campo escópico.
La observación participante se utilizó intensamente
en el siglo XIX en el campo de la
antropología. Cuando se descubrieron los últimos continentes, el investigador
se incorporaba a la comunidad que pretendía conocer. Tenía que ser aceptado,
convivir con ella y participar de las actividades comunitarias para observar,
tomar notas, preguntar, con el fin de recoger datos en el campo. Con el tiempo
fueron incorporando el grabador para recopilaciones de cuentos, de canciones
folklóricas, etc.
Actualmente se observan y se filman en video sesiones de
psicoterapia grupal o familiar con autorización de los pacientes en el contrato
con la institución.
Esta observación también se utiliza en el entrenamiento
pedagógico y la aplicación didáctica, cuando se realizan observaciones de
clases modelos y de las prácticas de los futuros docentes en los distintos
niveles educativos. El extraño que se incorpora a la situación puede resultar
intrusivo en un primer momento, pero luego se integra al contexto.
La observación no participante permite excluir al
observador del campo mediante la incorporación de técnicas como el espejo
unidireccional o cámara de Gesell. Son modos diferentes en que la mirada entra
al campo escópico para ver y registrar lo observable.
Siempre estamos expuestos a la mirada del otro, que para
Jean-Paul Sartre nos hace existir y ser reconocidos por el otro (5). Mirar, ver, registrar una imagen, recordarla
u olvidarla, construir una perspectiva es un modo de relación con el mundo y
con los otros.
También la observación puede ser pautada o no. La observación
pautada permite validar y otorgar confiabilidad a lo observado
estableciendo dimensiones e indicadores de las variables a observar en el
campo, que luego facilitarán el análisis de los valores obtenidos y la
construcción de cuadros cualitativos y cuantitativos con la interpretación que
triangula ambos modos de medición (6).
En la experiencia con los alumnos se realizaron
observaciones pautadas de tipos de juegos y niveles de violencia en los niños
en plazas y recreos escolares. También
grabaciones de programas periodísticos para el análisis del estilo de
conducción, sobre el registro completo
del programa o seleccionando secuencias fundamentales, para analizar su
retórica. Y desde publicidades hasta campañas preelectorales.
La observación no pautada permite validar el
testimonio ocular en casos de accidentes, actos terroristas y otros
acontecimientos contingentes. En lo posible requiere la concurrencia de más de
un observador que haya sido testigo ocular. Puede llegar incluso al registro
ocasional con videograbadora como en el caso del hongo de la explosión del
atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires. O las filmaciones azarosas
del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York el 9 de septiembre de 2001. Se
trata en este caso del valor testimonial y de prueba de los registros
accidentales de la observación con el auxilio de la tecnología o bien simplemente
ocular.
También existe la observación practicada por sociólogos y
los servicios de inteligencia fundamentalmente en los EE.UU., introduciéndose
en diferentes clases de grupos a observar y escuchar, camuflado como un
integrante más (7).
Me parece desvirtuar el concepto de la observación empírica
de campo en la investigación científica porque implica la mirada y la escucha
del espionaje, que tiene mucha relación con los sentimientos de persecución de
la paranoia, y con los efectos hostiles y excluyentes de la segregación.
Además, desconoce que la percepción está afectada por la sensibilización
selectiva, la defensa perceptual y la resonancia valorativa, tal como
investigaron hace años Jerome Bruner y Leo Postman (8).
Toda observación implica un enfoque y un recorte de lo
observado, como en la fotografía. Luego de la crítica de Karl Popper al
positivismo en sus distintas formas, que consideraba a la observación como base
del conocimiento científico, Alan Chalmers (9) aportó que la misma no produce conocimiento sino a partir de la
teoría y la experiencia previa que guían la observación.
En ese sentido, como toda técnica tiene una lógica del
procedimiento que la estructura y valida. Y además el carácter selectivo propio
de la percepción, permite prepararla para no resultar abrumados por la cantidad
y calidad de los estímulos.
Operacionalizar las variables en indicadores de las
dimensiones a observar permite una mejor atribución de valores a las variables,
o sea los caracteres que predicamos de las unidades de análisis, para describir
y explicar los procesos comunicacionales.
Autores de diferentes campos, entre ellos Miller, sostienen
que la construcción de una perspectiva permite una mirada éxtima o exterior y también
el cambio de posición tanto respecto de lo real como en el espacio simbólico
(10). El movimiento en el espacio real permite el acercamiento y asimilación
del objeto en planos progresivamente más precisos. El movimiento en el espacio
simbólico permite la construcción del punto de mira del observador respecto del
mejor enfoque perceptivo del objeto y su análisis en función de similitudes y
diferencias. Y también la reflexión sobre lo que se observa con una perspectiva
que articula lo real y lo imaginario a lo simbólico del reconocimiento y el
sentido. Incluso por el efecto retrospectivo del après-coup sobre lo
observado.
Se basan en la geometría no euclidiana con la noción
matemática de infinito del Renacimiento, con el punto de mira desde donde se
construye la mirada con el eje central y las ortogonales que confluyen en el
punto de vista en el horizonte. El plano de corte, como el cuadro de los
renacentistas, es el plano de diseño del objeto y los sucesivos planos de
acercamiento sobre sus distintos aspectos o dimensiones para tratar de realizar
un cartografiado del objeto a explorar, describir o explicar.
Inclusive es posible la lectura y el análisis de las
distorsiones de la percepción, no solamente por comparación con otros
observadores, sino con distintas experiencias del mismo observador que puede
reconocer las determinaciones de la distorsión o la omisión, como sucede con
los efectos de anamorfosis cambiando el punto de mira.
No siempre observamos actitudes de sujetos individuales o
colectivos, también leemos productos culturales: modos de vestir, gestos,
lenguajes y escrituras diversas. Y también podemos analizar e interpretar
diferentes modos de recepción y reconocimiento de lo observado.
El concepto de diferencia es aplicable a toda interpretación
de lo observado se trate de imágenes, de recuerdos, etc. La utilización de
avances tecnológicos en el campo de la comunicación permite un uso enriquecido
de la observación en el registro y análisis, como la detención en la imagen
fija, la marcación y repetición de secuencias claves, la ampliación de
detalles, el trazado sobre las imágenes registradas, etc.
Lectura de la imagen
La imagen es concebida como un texto, pero con categorías
particulares de lectura: distribución en el espacio bi o tridimensional, forma,
volumen, color, luz, textura, etc.
Los modos de representación y expresión fueron cambiando en
el tiempo. La representación clásica alcanzó una representación formal
estructurada piramidalmente y centrada en un contexto sociocultural de
equilibrio. El barroco mantiene el mismo tipo de representación del cuerpo
humano, pero con la introducción del movimiento y el gesto en un contexto
sociocultural de crisis con una forma y volumen que pierden base de
sustentación estable. La forma neoclásica pretende retomar el modelo clásico en
la distribución de las figuras en el espacio. El romanticismo representa a una
subjetividad solitaria y contemplativa que a menudo se empequeñece en el
contexto de la naturaleza, como representación del mundo. Luego de la pintura
del grito enmudecido de un sujeto que queda a medio camino en el intento
de atravesar un puente (II), las
vanguardias del siglo XX introducen la representación humana en relación con la
máquina (III) que revierte sobre la configuración subjetiva como un artefacto,
un monigote, un títere. La representación del cuerpo humano contemporáneo se
torna cada vez más informe y frágil, a veces un resto, en el contexto
sociocultural de crisis. Podemos encontrar dichas representaciones,
principalmente en la pintura y la escultura, en el escenario de la
arquitectura, en el mueble, en el vestido, más recientemente en la fotografía,
la cinematografía, el diseño gráfico, el videoarte, la instalación, el arte
multimedia, etc. Y siempre constituyen una representación o expresión de la
posición del ser en su mundo.
Para amenizar con ejemplos, se percibe un notable cambio
entre la representación del cuerpo femenino en las diferentes épocas de Pablo
Picasso en estrecha relación con lo que su mirada encontraba y ponía al descubierto
en los cruces con las sucesivas parejas del artista, y también en comparación
con las esculturas de Henry Moore, en la relación de continente y contenido, el
vacío contorneado por la forma de las famosas figuras reclinadas en relación
con las figuras femeninas, sobre todo de la propia madre y hermana. Pero
también, en la mirada del artista, quedaba la huella de la imagen de los
cuerpos durmientes en el subte para protegerse de los bombardeos durante la
segunda guerra mundial.
La representación del cuerpo a lo largo del siglo XX y sobre
todo en el arte contemporáneo expresa el lugar subjetivo de padecimiento en el
malestar en la cultura. El sujeto aparece claramente en la condición de objeto.
El cuerpo torturado, deformado, mutilado, estuporado como representación de la
subjetividad contemporánea, en tanto momia del Otro u objeto de sacrificio. El
desnudo femenino puede ser ya una masa más o menos informe de color carne. El
cuerpo humano a veces como una mancha en el plano bidimensional expresa el malestar
del hombre contemporáneo en un mundo de relaciones mortíferas y de eclipse
subjetivo.
Del análisis de
contenido al análisis de discursos
El análisis de contenido permite un estudio profundo de las
dimensiones que estructuran la entrevista o la historia de vida. En este último
caso con la marca del antes y después de
algún acontecimiento crucial en la vida de los sujetos entrevistados. Las
entrevistas pueden ser más abiertas o más cerradas, de acuerdo a la disponibilidad
de indicadores que nos permitan
preguntar con mayor precisión para producir discursos y hallar en ellos la
presencia o ausencia, cuantitativa o cualitativa, de los valores encontrados
para el diseño empírico del objeto. Así se obtienen índices, como medida más
compleja, de corroboración de los predicados que produzca la interpretación
sobre los dichos y los silencios de los sujetos individuales o grupales de
quienes predicamos que constituyen nuestra unidad de análisis, y con más
precisión sobre el aspecto o el comportamiento que nos interesa de la unidad de
análisis.
En el campo de la comunicación las unidades de análisis no
son necesariamente sujetos, sino también objetos de realización y también
relatos. Y como el análisis de casos se realiza de manera profunda, no es su
cantidad lo fundamental, sino el sentido que produzca su análisis comparativo y
el uso de la abducción.
Otro modo de enriquecimiento de la metodología y las
técnicas de diseño del objeto de investigación o de realización consiste
entonces en agregar al análisis de la imagen como un signo o como un texto, el
análisis de discursos que produce a su vez un nuevo texto. No hallaremos un
efecto de continuidad sino, en la discontinuidad, el sentido producido por
la articulación comparativa de las
similitudes y de las diferencias, con la especificidad de las categorías y las
técnicas del análisis.
Partimos de una selección de categorías a aplicar, dividimos
el texto en sus unidades de análisis, definiendo con la mayor precisión posible
aquello de lo que pretendemos predicar. Y procedemos en una lectura diacrónica
al análisis actancial y secuencial, para hallar las relaciones entre los
elementos comunes que constituyen la estructura de los relatos o discursos.
El mito del héroe, y aun del antihéroe tan afín con las
épocas de crisis, sigue siendo un modelo de relato que rompe la canonicidad con
algún conflicto a resolver que pondrá a prueba la potencialidad de los actantes
principales, auxiliares, instrumentos, etc. La tradición se transmitió
oralmente por medio de los narradores en las comunidades primitivas como forma
de integración e iniciación de sus miembros. Y desde la invención de la
escritura, la imprenta y la digitalización informática -tres técnicas que
fueron progresivamente expandiendo y horizontalizando la comunicación- con las
diversas formas de la narratividad. No obstante, tanto el relato oral como el
relato escrito no dejan de aludir a la naturaleza dual humana en la relación
del deseo con los objetos (11).
Es posible articular el análisis de relatos a las condiciones
de producción, de circulación y de reconocimiento de sentido (12). Y también
con la función de lo escrito que atraviesa la barrera de lo inconsciente para
transformar el goce pulsional en escritura, soportando el pasaje por la hiancia
que contribuye a conformarlo en cadenas de letras, que se puede aprender a leer
más allá de lo dicho o escrito.
El acto de
comunicación entre el realizador y la recepción en artes audiovisuales
Este recorte del acto de la comunicación es equiparable al
acto de enunciación con sujeto de la enunciación y del enunciado, que no son
los mismos. Se encuentra en el teatro, la cinematografía, la fotografía, las
artes plásticas, la publicidad, el periodismo. Todo acto creativo es al mismo
tiempo un acto de comunicación, no solamente porque el producto se pone en
circulación social, sino porque además se produce en determinadas condiciones
históricas y técnicas que lo orientan en la dirección del realizador al
espectador. Pero todos los actos comunicacionales no tienen el mismo estilo
escritural, ni el mismo objetivo, ni el mismo destinatario. La relación entre
los signos es para alguien que lo pueda leer y requiere un interpretante. Desde
la recepción se puede pasar por momentos de giro del punto de mira, y del
reconocimiento del sentido, pero sucede en mayor medida desde el realizador.
En “El arca rusa” (IV) el director figura además como
autor del concepto visual en los créditos de la película. Fue su idea poner un
ambiguo personaje del siglo XVIII con el cual el director, detrás de cámara,
dialoga al comienzo del film, y que luego la cámara sigue por los salones del Museo del Hermitage de San
Petersburgo en Rusia, estableciendo un modo
peculiar de acercamiento y relación con cuadros, esculturas, muebles,
vajilla y visitantes ocasionales del museo. A veces la mirada pasa sesgada por
los cuadros, otras se detiene en un detalle, también se aproxima con planos
cada vez más cercanos a una vajilla, otras veces sigue una mano que contornea
la forma de una escultura. Se produce un efecto de goce estético y se muestra
una evolución del uso de los objetos a lo largo de la historia pasando de la
privacidad del palacio real ruso de influencia europea al museo en la
actualidad, que culmina en un baile de la época monárquica, que constituye una
fiesta para la mirada, como toda la película, y que resuena en el cuerpo del
espectador.
En “Luna de Avellaneda” (V) hay también un concepto
visual, con un estilo popular dirigido hacia otro tipo de destinatario, con la
intención de reflexionar sobre el acto político en la analogía entre la venta
del club de barrio para poner en su lugar un shopping, con la
experiencia argentina de los últimos años, votada por la mayoría de los
socios-ciudadanos, y un objetivo en relación con el destinatario diferente a la
culpabilización, que pretende seguir la evolución de los personajes en sus
momentos de quiebre y recuperación para reconstruir sus vidas personales y la
integración comunitaria.
A modo de
conclusión: validación en la apertura en el uso de los recursos técnicos
No he pretendido sino poner de manifiesto que existe mayor
apertura y una evolución en el uso de los recursos técnicos para recolección y
análisis de datos, además de los instrumentos tradicionales. Pero es necesario
un uso suficientemente validado de los recursos técnicos para obtener
mediciones y resultados del análisis confiables; no sólo al momento de disponer
los valores obtenidos en matrices matemáticas, sino especialmente antes de la
validación operativa en la administración de los instrumentos a las muestras
con las unidades de análisis bien precisadas.
En la investigación en comunicación social es posible un
variado repertorio de instrumentos técnicos que van a contribuir a delimitar el
propio campo, el diseño del objeto y la validación empírica de la predicación
acerca de las unidades de análisis.
Es requisito de dicha validación la explicitación
metodológica y una dialéctica de la estructura del dato, que permita formalizar
una operacionalización de las variables lo más rica posible en dimensiones e
indicadores, que permitan obtener valores e índices tanto cualitativos como
cuantitativos para la producción de sentido en la interpretación.
Las teorías débiles son producto de la falta de aplicación
del método de la ciencia para obtener sistemas de enunciados validados
conceptual y empíricamente.
Si me he permitido esta intervención en el campo de la
comunicación, es porque me parece que un debate sobre la construcción de
horizontalidades en una época marcada por la exclusión social y la competencia
salvaje, debe incluir tanto en la investigación como en la práctica en el campo de la comunicación,
una delimitación progresiva del objeto disciplinar de cada orientación y el o
los modos específicos de abordarlo. Del mismo modo, la construcción de
horizontalidades en el seno de una sociedad cada vez más abismal, no será
borrando las diferencias, sino por el contrario, respetándolas.
Notas
(I) Ponencia presentada sin concurrir por razones de
salud a las VIII Jornadas de Investigadores en Comunicación, sobre
“Intervenciones en el campo de la comunicación: un debate sobre la construcción
de horizontalidades” organizadas por la Red Nacional de Investigadores en
Comunicación en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la
Universidad Nacional de La Plata, del 16 al 18 de septiembre de 2004.
(II)
“El grito” de Edvard Munch, quien introdujo el pathos en la pintura.
(III) “La novia desnudada
por los nueve novios” de Marcel Duchamp, es un caso paradigmático.
(IV)
El arca rusa, Alexander Sokurov, Rusia, 2003.
(V) Luna de Avellaneda, Juan José Campanella,
Argentina / España, 2004.
Bibliografía
1)
SAMAJA Juan, Epistemología y metodología, Buenos Aires,
Eudeba, 1994.
2)
LEVI-STRAUSS Claude, “El análisis estructural en lingüística
y en antropología” en Antropología Estructural (1953), Buenos Aires,
Eudeba, 7° edición, 1977, Capítulo II, páginas 33 a 37.
3)
POPPER Karl R., La lógica de la investigación científica,
Buenos Aires, Tecnos / REI, 1989, Capítulo primero.
4)
SELIM Monique, “Deslumbramientos del mercado” en Journal
des Anthropologues 77-78 editado París, por Asociación Francesa de
Antropólogos, tema “Nuevas configuraciones económicas y jerárquicas”, 1999.
5)
LACAN Jacques, Seminario 11 Los cuatro conceptos
fundamentales del psicoanálisis, Barcelona, Barral, 1977. Capítulos varios.
6)
MAINTZ Renate, HOLM Kurt y HUBNER Peter, Introducción a
los métodos de la sociología empírica, Madrid, Alianza Universidad, 1986,
Capítulos IV y VIII.
7)
TAYLOR S. J. Y BOGDAN R., Introducción a los métodos
cualitativos de investigación, Barcelona, Paidós, 1996, capítulo 3 “La
observación participante en el campo”.
8)
BRUNER Jerome y POSTMAN Leo, citados por VERON Ernesto, en Teoría
de la percepción e integración teórica de la psicología social (New Look),
Cuadernos del Boletín del Instituto de Sociología, Facultad de Filosofía y
Letras, N° 18, 1959.
9)
CHALMERS Alan F., ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?,
Madrid, Siglo XXI, 1986, Capítulo 3.
10)
MILLER Jacques-Alain, El hueso de un análisis, Buenos
Aires, Tres Haches, 1998.
11)
BRUNER Jerome, Actos de significado, Barcelona,
Alianza, 1995.
12) VERON Eliseo, La semiosis social, Buenos Aires, Gedisa, 1987.