LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD Y LA APROPIACIÓN

DE LA TECNOLOGÍA EN LOS MEDIOS

 

Wilma T. Arellano Toledo

Universidad Complutense de Madrid (España)

wilmarel@yahoo.es

 

 

Resumen

En el presente ensayo intentaré realizar un análisis en torno al tema de la apropiación de la tecnología en relación con su impacto en la construcción de las identidades individuales, sobre todo en la era de la <<modernidad reciente>> (1), como la cataloga Giddens.

En este sentido, la hipótesis central sobre la que se desarrollará este ensayo es la de que no sólo la televisión como instrumento de la modernidad y como uno de los más masivos medios tradicionales, que juega un papel importante en la construcción de la identidad individual en el marco de las características de lo que Giddens llama <<seguridad ontológica>> [Ibídem, 1995:11,52-59] y funciona, al mismo tiempo como una especie de <<objeto transicional>> [Winnicott, 1996:152-54], puede analizarse bajo estas dos premisas. También algunas de las llamadas nuevas tecnologías de la comunicación y la información pueden observarse bajo esta lupa.  De ello podrá concluirse cuáles son algunas de las relaciones del individuo con estas tecnologías y cómo inciden éstas  en la construcción de la identidad, aunque no únicamente.

Uno de los ejemplos que pondremos al exponer estas ideas, será el de las transmisiones televisivas en directo, que Dayan y Katz [1995] han llamado <<acontecimientos mediáticos>> y calificado como <<hegemónicos>>.

 

Palabras clave: identidad individual – apropiación - nuevas tecnologías

 

 

1. El concepto de <<seguridad ontológica>> de Giddens

Los <<contornos>> de la modernidad reciente se delinean y caracterizan principalmente por presentar procesos de reorganización del tiempo y del espacio. Estos procesos están ligados profundamente a un crecimiento de <<mecanismos de desenclave>>, los mismos que llevan a las relaciones sociales de un plano de fijación natural a circunstancias locales específicas a un plano distinto, que se define por la recombinación de prolongadas distancias espaciotemporales [Giddens, 1995:10,11].

La modernidad es fundamentalmente la cultura del riesgo, y ante tal riesgo los individuos deben protegerse y encontrar referencia en su sentimiento temprano de <<seguridad ontológica>>, que a su vez, tiene como elemento imprescindible a la <<confianza>> (con relevancia distintiva y concreta para un mundo de mecanismos de desenclave y sistemas abstractos). Siendo que la modernidad se presenta bipolar –puesto que por un lado está quebrantada por el riesgo, por otro también lo reduce debido a sus características intrínsecas— significa entonces un elemento crucial en la construcción de la identidad del individuo o <<identidad del yo>>, como es llamada por Giddens. Así:                

Bajo las condiciones de la modernidad, el futuro es traído continuamente al presente mediante la organización refleja de las circunstancias que rodean al conocimiento... pensar en términos de riesgo es esencial para valorar hasta dónde es probable que los proyectos difieran de los resultados previstos... [por lo tanto] la modernidad reduce el riesgo de conjunto de ciertas áreas y modos de vida, pero introduce al mismo tiempo nuevos parámetros de riesgo desconocidos en gran medida... [en este contexto] los medios de comunicación impresos y electrónicos desempeñan un papel principal... la experiencia mediada ha influido considerablemente tanto en la identidad del yo como en la organización básica de las relaciones sociales (las negritas son nuestras) [Ibídem:10-13].

Giddens dice que entonces podemos considerar el término de Ulrich de <<sociedad de riesgo>>, ya que vivir en ella implica encontrarse en constante cálculo de nuestras posibilidades, alternativas y posibles problemáticas, primero en nuestro plano individual para después intentarlo también social o colectivamente, por lo que el factor futuro reviste un especial interés. Aquí el elemento que debe destacarse aun más es el de que en la era moderna no podemos desentendernos de las condiciones que rebasan lo local para lograr ese cálculo, sino por el contrario, tenemos que considerar y acudir a todas las referencias que nos sean posibles e inherentes, sin importar el hecho de que impliquen una distancia espacial o temporal. En este sentido, la tecnología de la información se inserta de manera central, ya que la necesidad de conocimiento se presenta en todos los individuos para lograr dicho cálculo. Y en la modernidad el conocimiento se muestra, dice Giddens, al alcance de todos, lo cual es sólo posible, añadiría yo, a través de la tecnología de la información.

Aquí llega el momento de establecer la relación entre la modernidad y la identidad del yo. La identidad personal y la sociedad se encuentran en primera instancia interrelacionadas en un sistema mundial en la modernidad. Por esto:

La reflexividad de la modernidad alcanza al corazón del yo. Dicho de otra manera, en el contexto de un orden postradicional, el yo se convierte en un proyecto reflejo... el yo alterado, deberá ser explorado y construido como parte de un proceso reflejo para vincular el cambio personal y el social (el subrayado es del autor, las negritas son mías) [Ibídem:49].

Derivado de todo lo anterior, cabe suponer que la modernidad se introduce profundamente en el centro mismo de la identidad del yo y de los sentimientos personales. Uno de los elementos que a Giddens le parece esencial para entender este aspecto es lo que llama <<la separación entre tiempo y espacio>>. Toda cultura tiene sus modos propios de marcaciones temporales y espaciales que contemplan presente, pasado y futuro [Ibídem:28]. Sin embargo, éstos se basan principalmente en la situación de un lugar. Esto cambia radicalmente en muchos momentos con la modernidad y con el papel que juega ahí la tecnología de la información, como veremos más adelante.

En este sentido, la organización de la vida social en los contornos de la modernidad se caracteriza por la coordinación de acciones de muchos seres humanos (una especie de gran engranaje al más puro estilo funcionalista), pero que se encuentran físicamente inexistentes entre sí: el cuándo se vincula por el dónde pero sin la mediación necesaria de un lugar.

Como bien se indica en La historia en directo, y en relación con el tema que nos ocupa, los acontecimientos que los medios de comunicación transmiten, por ejemplo, <<afectan también el sentido de lugar de una sociedad>> [Dayan/Katz, 1995: 134].

Esto supone la extracción de las condiciones sociales de su ámbito local para trasladarlas, como ya citamos más arriba, a un ámbito más general con dimensiones de tiempo y espacio indefinidas. Para Giddens esto es precisamente lo que constituye el concepto de desenclave, algo que manifiesta la <<tremenda aceleración del distanciamiento>> espacio-temporal insertos con la modernidad.

La alternativa que el individuo puede encontrar ante esta compleja problemática en donde el espacio y el tiempo se ven trastocados por la modernidad es la de acudir a la <<confianza>>, entendida como la toma de decisiones mediante la fe en diversas circunstancias. Pero como las circunstancias en medio de la modernidad son ajenas a las conceptualizaciones clásicas de tiempo y espacio, la confianza debe serlo también. Este elemento de confianza, imprescindible en el sentimiento de seguridad ontológica, deriva e incide también en otro de <<seguridad psicológica>> en los individuos.

Pero sabemos que todo lo anterior tiene su ancla en la ya mencionada seguridad ontológica. Para explicarla, Giddens comienza definiendo a una persona, con identidad como toda aquella que está consciente de lo que hace y de por qué lo hace. Esto es una <<conciencia refleja>> distintiva de cualquier acción humana, por lo que un individuo debe ser capaz de describir la naturaleza de su comportamiento y las razones que lo motivan.

No obstante, no toda conciencia puede darse, como en el caso anterior en el nivel discursivo y reflejo. Por eso, muchas de las acciones para salir delante de los individuos se tienen en el nivel de la conciencia práctica, que es más bien inconsciente, esto es, que no se tiene en mente en el curso de las actividades individuales y sociales (2).

El elemento anterior tiene singular importancia para la seguridad ontológica, pues se constituye en su <<ancla cognitiva y emotiva>>. Pero hay uno más que debe citarse puesto que se relaciona con los fines del presente trabajo: la creatividad. Ésta supone una capacidad para actuar o pensar de manera innovadora en relación con los modos de actividad preestablecidos. Sin embargo, muchas de las cosas que el individuo puede crear no podrían serlo, si no hubiesen existido de antemano. Esta capacidad creativa es destacada firmemente por Winnicott  como veremos más adelante.

En la interpretación de Roger Silverstone [1996, 2004] por ejemplo, todo lo dicho hasta aquí podría resumirse de la siguiente manera: como el ámbito de lo social es concebido por el individuo como una defensa contra la angustia generada por múltiples condiciones de interacción, son las instituciones las que tangencialmente representan esa defensa. Asimismo, la vida cotidiana no puede sostenerse sin un orden.

Frente a estas realidades, la comunicación planetaria, que nos coloca en una especie de <<distanciamiento espaciotemporal>> [Giddens, 1989:279], diluye las relaciones cara a cara (3) en un tiempo-espacio manejable y aparentemente inmutable. Esta paradoja puede generar angustia (4) para muchos: este sistema de comunicación, basado en la tecnología de la información, nos conecta y desconecta del mundo invariablemente (5) pero es la sensación de no control por parte del individuo en donde puede encontrarse la génesis de tal angustia. Como dice Alfred Schutz (el creador de la sociología fenomenológica), cuando las recetas y las tipificaciones (que son la base aprendida con la que un individuo puede interactuar socialmente en cuanto a situaciones y a personas) cambian, las personas deben buscar unas nuevas que las sustituyan o pueden, en caso extremo, huir de la determinada situación para no perder el control [Ritzer, 1995:268-269].

Sin embargo, el cambio social y el cambio tecnológico fueron minando poco a poco las relaciones cara a cara para sustituirlas por las relaciones basadas en códigos y redes abstractos. En consecuencia, según Giddens hemos aprendido a <<confiar a distancia>>, pero eso no significa que tal hecho sea satisfactorio psicológicamente para los individuos (6). 

 

2.       El concepto de <<objeto transicional>> en Winnicott

Por otra parte, para Donald Woods Winnicott (7), los individuos, cuando son bebés y deben encontrar un medio para aceptar y tolerar la separación con la madre, empiezan a desarrollar los sentimientos de confianza en el mundo exterior, desarrollando la asimilación de la realidad externa (8). Primero, confiando en que encontrarán el objeto de su deseo (lo cual les permite ir adaptándose gradualmente a la ausencia de la madre o de otro objeto), luego, haciendo uso de objetos que son transicionales y que le permiten superar la ausencia inicial y, por último, logrando mediante ambos procesos confiar en la realidad externa, en sus instituciones, en sus procesos [Winnicott, 1996:152-153]. Todo esto le permite al ser humano ir creando su seguridad ontológica  y que se pone singularmente a prueba en la modernidad y con la apropiación de la tecnología.  Por ello Giddens [2000: 31] dice que la sensación de impotencia que sentimos ante el riego de la modernidad y de los procesos globalizadores que implica no es producto que incapacidades personales, sino de la deficiencia de nuestras instituciones.

En términos del propio Winnicott:

He visto la utilidad de llamar “transicionales” a los objetos y fenómenos que corresponden a esta clase de experiencia. He denominado “objetos transicionales” a los así usados, y “fenómenos transicionales” a las técnicas empleadas. Estos términos dan a entender que existe un estado temporario que pertenece a la temprana infancia en el cual al bebé se le posibilita pretender un control mágico de la realidad externa [Winnicott, 1996:153].

Pero Winnicott va más allá cuando dice que en el bebé pueden gestarse dos tipos de construcción de identidad: por un lado, la vida privada del bebé, en donde su capacidad creativa (9) se distingue bastante más como base de sus relaciones que su recuerdo de los contactos y, por otro lado, la posibilidad de formarse un falso self (10) que se tiene lugar sobre el principio del acatamiento y se conecta en forma pasiva con las condiciones de la realidad exterior.

Algo que es muy importante destacar, dado que pretendemos que la hipótesis se ajuste a las características de los seres humanos adultos o <<seres humanos totales>> como los llama Winnicott, es que no se puede dar tal hecho por sentado. Es decir, no se puede siempre decir que somos seres humanos totales, o en la terminología popular, “hechos y derechos” puesto que no existe ningún momento temporal en el desarrollo humano en el que se ajuste tal descripción. Esto es así, ya que toda etapa del desarrollo se logra y se pierde sucesivamente, una y otra vez [Ibídem: 62].

Otra de las trascendentes aportaciones que hace Winnicott me parece que es la relacionada con el ambiente. Él dice que todo individuo es producto de su <<ambiente facilitador>> de sus primeros años. Pero el principio esencial para él es que si el individuo puede adaptarse activamente a sus necesidades simples, puede por ende, sólo SER y no requiere percatarse de la existencia de un ambiente. De este modo, las fallas en la adaptación a cierto ambiente (cuando ya es percibido por el individuo) conllevan <<una interrupción en la continuidad del ser>> (11), una respuesta ante la injerencia ambiental y una situación improductiva totalmente [Ibídem: 183-184].

Pero en cuanto a las repercusiones del ambiente sobre el individuo, en donde al ambiente que crea y recrea la tecnología de la información puede se puede aplicar esta conceptualización en términos de su incursión en el individuo y su identidad, Winnicott agrega que una persona no sólo se relaciona con el ambiente o es producto o víctima de él. A la larga, el individuo <<toma parte en el mantenimiento y re-creación de dicho ambiente>> [Ibídem: 57].

En cuanto a los comentarios e interpretación que hace Silverstone de la interesante teoría de Winnicott, piensa que la conclusión que puede sacar de la lectura de éste es que el ambiente se erige en elemento fundamental en la comprensión del desarrollo del individuo como agente social, cultural, pero sobre todo <<psicodinámico>> (esta modalidad del individuo es la que toma parte en la recreación del ambiente citada en el párrafo anterior). También dice Silverstone, con respecto al primer concepto:

Winnicott llama la atención sobre el rol central que corresponde al objeto transicional tanto para el desarrollo del niño como para la creación, en el nuevo individuo separado, de un sentimiento de identidad y de seguridad dentro de un mundo desafiante dentro del propio ser y otros... [De tal manera, para él] nuestros medios, quizá sobre todo la televisión, ocupan el espacio potencial que dejaron las mantitas, los osos de paño y el pecho materno... y funcionan desde el punto de vista cultural y catéctico, como objetos transicionales (Silverstone, 1996:33-34).

Quizá sea necesario adelantar que, según mi hipótesis, las nuevas tecnologías de información juegan este papel de objetos transicionales, lo cual detallaré más adelante.

En su análisis, Dayan y Katz [1995: 157] establecen que el televisor toma un nuevo sentido en el momento en que se erige en <<oficiante>>, cuando un acontecimiento televisivo es considerado como <<sagrado>>, todo lo cual hace que la sala de estar adquiera un nuevo lustre.

 

3.  Sobre la apropiación de la tecnología

Todos los conceptos hasta aquí citados dan cuenta de las características principales de la modernidad y de sus efectos sobre el individuo, así como algunos aspectos psicológicos que definen muchos comportamientos de los seres humanos. De ahí debe desprenderse entonces el análisis necesario para la confrontación con la hipótesis planteada con antelación. Es decir, la conceptualización hasta aquí señalada permitirá entonces un acercamiento al problema de cómo los individuos se apropian de la nueva tecnología de la información y sobre todo, de cuáles pueden ser algunas de las implicaciones que dicha apropiación puede tener en el nivel de la construcción de la identidad.

Empezaré diciendo que en principio hay que considerar las consecuencias más generales de la modernidad para ir luego a las más particulares. Entre las generales se halla, en primer lugar el problema del tiempo y el espacio. Entre las más particulares se encuentra la implicación en los estados de confianza y seguridad ontológica, debido al factor riesgo, así como las consideraciones de Winnicott al respecto.

En cuanto al primer ámbito, ya vimos que la modernidad trae consigo una reorganización del tiempo y el espacio definidos por un distanciamiento de lo local que implica un desenclave para el individuo (12). Pero ¿cómo puede esto servirnos para analizar el asunto de la apropiación de la tecnología por parte de las personas?

Las nuevas tecnologías de la información y/o los self media, pero en particular el ordenador en la era de Internet y, en menor medida, las transmisiones satelitales (13), determinan una apropiación distinta por parte del individuo que no sucedía con los medios tradicionales y una reorganización ineludible del tiempo y del espacio (14).

El individuo sufre un desenclave puesto que por momentos abandona su realidad local y nacional para sumergirse en una problemática global que le es sugerida por el uso de estas nuevas tecnologías. Como debe tener referentes más amplios para emplear sus mecanismos de defensa ante el riesgo latente de la modernidad, tiene que buscarlos, en parte, en el uso de dichas tecnologías que están determinadas por la globalidad en la era moderna, pero no sólo eso: debe aprender a confiar en personas o en sucesos ausentes físicamente. Además dicho uso de la tecnología implica tanto una apropiación distinta de la misma como un efecto distinto en el yo. 

Al mismo tiempo, la inclusión de un suceso hoy en día depende directamente del suceso mismo, ya no del lugar o del momento en que éste haya ocurrido. Este aspecto, junto con lo descrito en el párrafo anterior, forma parte de lo que Giddens llama, <<la experiencia mediada>> (15) [1995:40]. Las personas ya no experimentan muchas veces las cosas o los sucesos directamente, sino que lo hacen a través de estas nuevas tecnologías. Les confieren un papel importante al confiarles el hecho de sus propias experiencias y de la interacción misma (16). Las constituyen, cada vez más como decía Mc Luhan, como extensiones (17) de su cuerpo:

El hombre no sólo es un robot en sus reflejos particulares sino en su comportamiento civilizado y en todas sus reacciones a las prolongaciones de su cuerpo, que llamamos tecnología. Resulta ahora bastante evidente que las prolongaciones del hombre con sus consiguientes ambientes, son la zona principal en que se manifiesta el proceso evolutivo... [En este contexto] el ordenador electrónico es en todos sus aspectos el más extraordinario de todos los vestidos tecnológicos que el hombre ideara jamás, puesto que es la prolongación de nuestro sistema nervioso central (las negritas son nuestras) (Mc Luhan, 1971:27,43).

Por otra parte, en este problema del distanciamiento de lo local hacia dimensiones espacio-temporales ilimitadas, la tecnología, juega una especie de papel de <<tecnología de transportación>> [Moores, 1996:72]  que lleva al individuo de los ámbitos de lo local a lo nacional y luego a lo global. De esta manera, se produce lo que se ha llamado la <<privatización móvil>> o <<privacidad móvil>> (18), que consiste en ese desplazamiento de los momentos e interacciones del individuo (de su mundo intersubjetivo) hacia otros espacios en los que no necesariamente se encuentra físicamente (19) y que le permite formar parte o participar de los momentos e interacciones (incluso entrando en interacción con ellos) de otros individuos (20). Esto último sería también lo que Giddens denomina la <<experiencia mediada>> (21).

Lo que sostiene Moores sobre la transportación en los tres niveles es que:

(…) los modos en los que la tecnología sirve para mediar entre mundos privados y públicos, es conectando espacios domésticos con esferas de información y entretenimiento que se extienden más allá de los confines de familia y la localidad. Lo que las tecnologías de comunicación tienen, sostendré, es que tocan una parte importante en la construcción simbólica del hombre -aunque simultáneamente proporcionan una oportunidad a los miembros de una familia para hacer ‘un viaje' a otra parte, y para imaginarse como miembros de comunidades culturales más amplias a un nivel nacional o transnacional (las negritas son nuestras) (Ibídem:70).

El modo en que lo anterior afecta al yo, se encuentra precisamente en el nivel simbólico que menciona Moores. Ya se sabe que la función  simbólica del hombre es otra de las características que apuntan singularmente tanto Giddens como Winnicott, función que se expresa fundamentalmente en el universo simbólico en que se construye y que ayuda construir (expresado en la objetivación de las relaciones al convertirse en sociales). Esta capacidad es la que Sartori cree que se ve socavada con la televisión, con la emergencia de un homo videns que tiene lugar en sustitución del homo sapiens. Para él, el lenguaje  conceptual y abstracto es suplantado por el lenguaje perceptivo y concreto que es muchísimo más pobre en cuanto a palabras y riqueza de significado, esto es, de capacidad connotativa [Sartori, 1999:48].

Para las nuevas tecnologías, creo yo, el proceso es un tanto parecido, pero con ciertas diferenciaciones que es preciso señalar. Cuando el individuo se apropia de esas tecnologías, pierde cierta capacidad simbólica (22), lo cual incide en sus mecanismos de defensa ante el desenclave. Sin embargo, en el caso preciso de Internet (por ejemplo) las cosas cambian de signo un poco ya que el lenguaje juega un papel fundamental en los momentos de interacción con otros y sobre todo, en el uso que cada persona haga del medio (23).

Lo que sí es necesario admitir es que, por un lado, este lenguaje es más pobre que el que tenía lugar con la escritura, y, por el otro, que se está creando un nuevo tipo de lenguaje como bien lo ha señalado Manuel Castells [1999:48].

Sobre este último punto, el de los usos y la implicación que yo veo que se perfila en cuanto a las identidades individuales, puede ser útil la clasificación que establece Lull [1990:37-41] al respecto: habla de usos estructurales y de usos relacionales. En cuanto a los usos relacionales, es muy interesante ver cómo las personas pueden usar los medios –y yo creo que también se aplica a las nuevas tecnologías como medios que son— como facilitadores de la conversación, como recursos para la construcción de oportunidades para el contacto personal (24) o para evitarlo (25), como un recurso para el escape no tanto a los problemas o responsabilidades sociales, como del ambiente social (lo que reviste singular interés para el tema que nos ocupa), y como medios para la demostración de las competencias y roles familiares (26). Aunque los análisis de Lull están en el plano familiar y se basan únicamente en la experiencia de ver televisión, es significativo para este trabajo tanto que parten del individuo como que la televisión constituye una tecnología también.

Sobre este último punto es bien interesante ver cómo los padres asumen roles a través, por ejemplo, de la prohibición o vigilancia del uso que hacen los niños de los medios. Este caso es particularmente aplicable en la era de Internet en donde la prohibición o la limitación tienen implicaciones trascendentes en el modo de apropiación de la tecnología y en la identidad del yo. Para los padres, también tiene implicaciones en el plano psicológico el tipo de uso que estén haciendo sus hijos de este medio.

Por otra parte, lo que investigadores como David Morley han sostenido es, en primer lugar, que los mensajes no tienen incidencia en el individuo sólo en el momento de la recepción, sino que sus efectos se van formando aún después y en esto tiene una especial función la tecnología [Morley, 1996:300]. Creo que las nuevas tecnologías entonces, van llevando al individuo a construir significados y a su apropiación de modo gradual y no únicamente en el primer momento de su uso.

También, es evidente que las distintas tecnologías requieren de distintas habilidades para ser apropiadas por los individuos. Esto es particularmente cierto en el caso de las nuevas tecnologías ya que la apropiación de un mensaje televisivo con una transmisión satelital, por ejemplo, no requiere de todas las destrezas que supone el uso de un ordenador, la elección de las herramientas de éste que se pretende utilizar [en Internet, la elección de si se utiliza sólo el correo electrónico y el navegador, o si decide penetrar a campos más complejos como los chats o los MUDS (27)]. Estas decisiones o elecciones que implicarían la apelación a la <<conciencia práctica>> a que aludía Giddens, tienen, como es obvio, incidencia crucial en la construcción de la identidad del yo.

Pero la apropiación de la tecnología no exige únicamente habilidades, exige además, un primer proceso de adaptación, como cuando el niño, dice Winnicott debe adaptarse al ambiente. La televisión, por ejemplo,  según apunta Lull tiene un uso estructural de ser empleada como <<un recurso medioambiental, pues con sus sonidos e imágenes crea una <<atmósfera>> [Lull, 1990:35]. El caso de las nuevas tecnologías ese uso puede o bien ser menor (puesto que las personas no las utilizan como telón de fondo como en el caso de la televisión), pero también puede ser mucho más profundo y prolongado.

Entonces, la adaptación es un asunto que nos requiere gran interés porque de eso depende la futura apropiación tecnológica por parte del individuo.

En este sentido, según Morley [1998: 89], Toynbee argumenta que el desarrollo tecnológico de Occidente ha precipitado una crisis en el acontecer humano, por medio de la imposición de la velocidad de cambio <<que está más allá de la capacidad de adaptación de una sola vida>>. Es decir, cambian los modos de comunicarnos, pero no las capacidades del individuo y su posibilidad de asimilación. Por eso, Alvin Toffler preveía un <<shock>> en las personas por el uso de la tecnología que llamó “del futuro”, el mismo que ya estamos viviendo.

Para Toffler, las nuevas tecnologías sugieren soluciones a problemas de todo tipo, incluyendo los personales y alterando todo el medio intelectual del hombre, su manera de pensar y ver al mundo. Al buscar, por naturaleza y en su medio, modelos a los cuales imitar (intentando reforzar la seguridad ontológica), se encuentra que estos pueden ser no sólo personas sino incluso máquinas [Toffler, 1972:43-60]. Pero, además al ver trastocada su concepción original del tiempo, el individuo entra en un sentimiento de <<impermanencia>> de transitoriedad:   

Esto [la transitoriedad] influye enormemente en su modo de experimentar la realidad, en su sentido del compromiso y en su capacidad –o incapacidad— de enfrentarse con las situaciones. Es esta rápida sustitución, combinada con la creciente novedad y complejidad del medio [tecnológico], que violenta la capacidad de adaptación y crea el peligro del <<shock>> del futuro... Si podemos demostrar que nuestras relaciones con el mundo se hacen cada vez más y más transitorias, tendremos elocuentes indicios para presumir que se está acelerando la corriente de situaciones (las negritas son mías) [Ibídem:61].

Por último, sólo cabe hacer mención a la posible función de la tecnología como objeto transicional. Para Morley [1996:305], la compra y uso de tecnologías como la televisión, cámara de video, cable y equipo satelital y su incorporación en la vida cotidiana (<<como tecnologías y como portadoras de sentidos>>), viran en su condición de mercancías para llegar a ser objetos, pero objetos de consumo.

Hay quienes como Silverstone, opinan que más bien las tecnologías mencionadas (aunque él habla de la televisión) pueden ser una especie objetos transicionales. Al respecto, en su exhaustivo análisis de la construcción de la identidad en la era de Internet, Sherry Turkle [1997:347n1] llega a conclusiones impresionantes. Efectivamente, muchas personas hacen uso del ordenador como un objeto transicional en el sentido más convencional del término. Esto tiene lugar, según la psicóloga cuando las personas hablan del ordenador como si fuera parte de ellas así como del mundo exterior.

El ordenador se ha convertido entonces en algo más que un espejo, puesto que ahora se puede atravesar como tal. Además de ser una útil herramienta, ya no caracteriza las relaciones de uno a uno, sino que con el enlace de millones de personas las relaciones afectan (de distintos modos) la identidad de la interacción uno- muchos. Al atravesar el espejo, el individuo encuentra, o puede encontrar, a cientos o miles de personas (según quiera) con quienes la relación es tan distinta de lo que fueron las relaciones personales: cambia en la forma y en el fondo.

Con esta nueva realidad informática, existe una forma distinta de crear y experimentar la identidad humana. Yo creo que incluso esta nueva forma de experimentación tiene relevancia en la conciencia refleja del individuo, que ya definimos más arriba. En la era de la simulación, que como ya vimos con Pierre Lévy no necesariamente está relacionada con lo falso, cuando Internet juega un papel fundamental en las posibilidades de construcción de la identidad,  todo este proceso debe verse en un contexto como:

la historia de la erosión de las fronteras entre lo real y lo virtual, lo animado y lo inanimado, el yo unitario y el yo múltiple, que ocurre tanto en campos científicos avanzados de investigación como en los modelos de vida cotidiana... En las comunidades ciberespaciales de tiempo real, vivimos en el umbral entre lo real y lo virtual, inseguros de nuestro equilibrio, inventándonos sobre la marcha (las negritas son mías) (Turkle, 1997:16).

Lo anterior debe verse como un proceso entre los cuatro modos de ser que menciona Lévy, y es necesario que quede claro que no estamos ahora en posición de calificarlo como negativo o positivo.

La nueva tecnología ofrece la posibilidad de crear identidades y vidas paralelas gracias a la característica del anonimato y la ruptura de las barreras de la timidez y la falta de personalidad adecuada para  las relaciones personales.

Por último, cabe resaltar que hace más de una década la cultura popular concebía los ordenadores como posibilitadores de una proyección y ampliación del intelecto de las personas. En la actualidad, los ordenadores se conciben como herramientas para ampliar la presencia física del individuo. Y véase sino: las personas utilizan el ordenador para participar desde en encuentros sexuales, hasta conferencias en vídeo a tiempo real.

Por lo tanto y en resumen de todo lo hasta aquí expuesto, queda de manifiesto que la modernidad y las tendencias de la globalización (con todos los procesos que ello implica) determinan una nueva relación con los medios de comunicación que las representan, que son medios basados fundamentalmente en nueva tecnología.  Con todo este contexto, que afecta directa y claramente al individuo, las identidades personales <<tienen que ser  creadas y recreadas más activamente que antes>>, en palabras de Giddens [2000: 60] y, a su vez, caracterizan la relación de los sujetos con su medio, al cual influyen y contribuyen a evolucionar.

 

Consideraciones finales

Es evidente aquí que las posibles conclusiones sobre las implicaciones de la tecnología de la información y la modernidad en la construcción de la identidad del yo, se han ido revelando a lo largo del trabajo. Se pueden resumir en las necesidades que tiene el individuo de proveerse de habilidades, buscar y lograr la adaptación, apelar a sus sentimientos de seguridad ontológica basados en la confianza y, en su caso, hacer uso de la tecnología como objeto transicional para que esto coadyuve en la formación de su identidad, pero sin que lo mismo afecte negativamente al individuo y le produzca un shock o una consecuencia patológica como las descritas por Toffler y Winnicott. Creo que ante esto, el principal reto es continuar analizando las posibles armas que el individuo debe encontrar para hacer frente a todos los desafíos de la modernidad, seguir investigando para definir teorías o conclusiones más exactas mediante la posibilidad de aplicación de estudios en casos prácticos.

 

 

Notas

(1) La modernidad reciente es lo que otros autores han llamado el posmodernismo.  Para algunos, en esta era el sujeto se encuentra fundamentalmente descentrado [Morley, 1998; Turkle, 1997].

(2 ) Un ejemplo de ello, son las transmisiones televisivas en directo, de las que hablaremos más adelante, ya que este modo no consciente de la conciencia práctica sería precisamente en el que está basado el éxito de este tipo de transmisiones. Las audiencias responden de la manera que los programadores desean y celebran o chamanizan los acontecimientos, de tal forma que “el éxito de un acontecimiento es para los espectadores una especie de catarsis” [Dayan/ Katz, 1995: 158].

(3) Este tipo de relaciones que Alfred Schutz llamó <<el presente vivido>> se erige como uno de los principales componentes del <<mundo intersubjetivo>>,  un mundo que no se caracteriza por ser privado, sino común a todos. La intersubjetividad tiene lugar, entonces, en el presente vivido en el que nos hablamos y escuchamos unos a otros. Pero para Schutz, en este concepto clásico de intersubjetividad,  compartimos con otros el mismo tiempo y espacio y es precisamente la simultaneidad la que se presenta como esencia de la intersubjetividad [Ritzer, 1995:268]. Pero, como veremos más adelante, con las nuevas tecnologías de la información estas caracterizaciones de la interacción son distintas. Aunque para Schutz más que la interacción física de las personas, lo que interesaba era el modo en que se comprendían recíprocamente sus conciencias y, por ende, su relación intersubjetiva [loc. cit.].

(4) Como otro de los elementos importantes en la modernidad junto con el riesgo, que genera la necesidad de confianza.

(5) Dayan y Katz [1995: 100] dicen, con referencia a su tema de estudio de las transmisiones televisivas en directo, que “los acontecimientos mediáticos son rituales de ida y vuelta. Los protagonistas entran ritualmente en un espacio sacro y si la suerte les sonríe pueden regresar ritualmente. El proceso elemental que subyace a esas formas dramáticas es el rite de pasagge, que consiste en una ritual de separación, de entrada en un período liminal de pruebas y enseñanzas de regreso a la sociedad normal,  a menudo con un nuevo papel asumido… Esas transiciones hacia dentro y hacia fuera son peligrosas en su fase intermedia, y causan ansiedad y expectación a los creyentes y también a los bienintencionados”.

(6) Aunque como bien lo ha analizado Sherry Turkle, precisamente en los sistemas a distancia, que se caracterizan fundamentalmente por el anonimato, es que muchos individuos encuentran su personalidad, construyen sus yoes, interpretan los roles que siempre quisieron interpretar, aunque, también se pierden y no nrticular adecuadamente las experiencias virtual y real [Turkle, 1995:15-36,225-264].

(7) Psicoanalista británico, creador de la teoría de las relaciones objetales.

(8) Para Winnicott [1998: 40] lo externo a nosotros mismos se constituye en primera instancia como confiable.

(9) Recordemos que para Giddens este elemento de creatividad se destaca mucho en lo que a la seguridad ontológica se refiere.

(10) Término que hace referencia al yo del sujeto, a su característica de <<sí mismo>>.

(11) Como decía George Bataille, el hombre se encuentra en una etapa de continuidad cuando nace y hasta que está unido con la madre y sólo vuelve a adquirir dicha condición con la muerte o a través del erotismo. En este sentido, en estas dos opciones  y en la trasgresión de los interdictos (restricciones que la sociedad pone y que en este caso se verían relacionados con las características de la modernidad en la concepción de Giddens), es sólo donde Bataille vería en todo caso la salida a las consecuencias de dicha modernidad. La tecnología se revela aquí como interesante elemento de la modernidad en cuanto ofrece también salidas de trasgresión y, por lo tanto, de continuidad. En las propias palabras de Bataille: “Entre un ser y otro hay un abismo, hay una discontinuidad... Este abismo es profundo, no veo la manera de suprimirlo... Este abismo, en cierto sentido, es la muerte y la muerte es vertiginosa... la muerte tiene el sentido de la continuidad del ser”. Sobre esto, habrá que añadir una concepción del mismo Bataille sobre lo que para Winnicott serían los objetos transicionales: “El erotismo es uno de los aspectos de la vida interior del hombre. Nos equivocamos con él porque busca sin cesar afuera un objeto del deseo. Pero ese objeto responde a la interioridad del deseo. La elección de un objeto depende siempre de los gustos personales del sujeto... la elección humana difiere aun de la del animal: apela a esa movilidad interior, infinitamente compleja, que es lo propio del hombre... El erotismo es en la conciencia del hombre lo que pone en él al ser en cuestión” (el subrayado es del autor, las negritas son nuestras) (Bataille, 1992:23-45). Al respecto, Winnicott decía que el individuo procura en todo momento dominar su energía instintiva para no violar su relación con la estructura social (Winnicott, 1998:45).

(12) Se produce una separación entre el tiempo y el espacio que incide directamente en el yo [Giddens, 1995].

(13) Cuando hablo de las transmisiones satelitales me refiero obviamente a las transmitidas por la televisión. Sin embargo, no sólo me limito al análisis de la televisión tradicional (más en la línea de Morley), sino a aquella que forma parte de la modernidad y de su etapa tecnológica correspondiente en donde las transmisiones satelitales implican contenidos más globales, más que escapan a las realidades locales, que trastocan aun más los conceptos clásicos del tiempo y del espacio del individuo.

(14) Los medios de las nuevas tecnologías trabajan bajo un paradigma que impone la velocidad como valor, lo cual supone una contracción-dilatación del tiempo de las vivencias sociales que es lo que Colombo [1995:246-247] caracteriza como <<comunicación sintética>>.

(15) Esto es lo que significa la erosión de ciertas interacciones cara a cara que se citaban más arriba. Al respecto, en Homo videns se argumenta que  las interacciones en la red son <<un pálido sustituto>> de las cara a cara o primarias, ya que “intercambiarse mensajes mediante un ordenador nos deja siempre solos ante un teclado” [Sartori, 1999:61n].

(16) Y la experiencia es masiva, aunque al mismo tiempo defina un proceso individual, y por ello las audiencias de los acontecimientos mediáticos, por ejemplo, pueden llegar a los 500 millones en todo el mundo, de personas “receptivas al mismo estímulo” [Dayan/ Katz, 1995: 21].

(17) De hecho, como dice Colombo [1995:248], “todos los medios siempre han representado prótesis artificiales de las facultades humanas”.

(18) Término acuñado por Raymond Williams.

(19) Dayan y Katz [1995: 18] sostienen por ello, que el lenguaje de los medios actuales es el del <<transporte>> ya que nos invitan a “ir” a sitios en donde están sucediendo cosas en el mismo instante en que tienen lugar pero sin movernos de nuestro sillón.

(20) Un ejemplo muy claro que se puede insertar aquí es el de las transmisiones satelitales de fin de año, de olimpíadas o copas de fútbol. Aunque los individuos no estén presentes  en el lugar en donde ocurren los hechos, sienten o se les hace sentir que pueden compartir a través del medio las experiencias de los demás y se trata de hacerlos partícipes de los hechos. Con Internet, la situación es más obvia.

(21) Básicamente toda experiencia humana es una experiencia mediada tanto por la socialización, como por la adquisición del lenguaje. Pero en la era de la modernidad, “la importancia recae en el desarrollo cada vez más interrelacionado entre medios impresos y comunicación electrónica [que sólo es posible a través de la tecnología, añadiría yo, y en donde las nuevas tecnologías soportan también parte importante de ese peso]... El grado en que un medio sirve para modificar las relaciones espaciotemporales no depende primordialmente del contenido de los <<mensajes>> que transmite, sino de su forma y sus modos de reproducción [lo cual también es una característica inherente a los mensajes de las nuevas tecnologías, sobre todo de Internet, agregaría yo]...” [Giddens, 1995: 38-39].

(22) Sobre todo en cuanto a la información y el entretenimiento recibidos, como en el caso de la televisión.

(23) El mismo Sartori dice que las cosas deben ser distintas para el caso de Internet si el individuo busca, hace uso y se apropia del medio con fines de conocimiento y cuando el lenguaje constituye su arma principal de comunicación con aquellos con los que interactúa a través del mismo.

(24) Los acontecimientos mediáticos, por ejemplo, tienen efectos sobre las relaciones familiares, ya que incluso crean un espacio común en donde las diferencias se diluyen o desaparecen. También se genera “un aumento de compañerismo”. Así: “durante un rato, los acontecimientos mediáticos invierten la tendencia hacia la individualización y segmentación de las pautas familiares del modo de ver” [Dayan/ Katz, 1995: 164].

(25) Winnicott dice que hay individuos que, al no lograr nunca una auténtica adaptación al ambiente que los rodea, optan por el aislamiento (que puede verse desde el punto de vista psicológico como una patología, pero que también podría interpretarse, en la era moderna, como una consecuencia de la apropiación de la tecnología). Al respecto del aislamiento que se produce con y a través del uso de la tecnología, puede verse el interesante trabajo de Sherry Turkle [1997]  sobre los individuos que utilizan los Dominios para Múltiples Usuarios (MUD, por sus siglas en inglés).

(26) Incluso, más allá, la televisión convierte por momentos al hogar en un espacio público [Dayan/ Katz, 1995: 164].

(27)  Los MUD representan un caso muy interesante de uso y apropiación de la tecnología informática que tiene reflejos muy profundos, sorprendentes y en algunos casos hasta alarmantes, en la construcción de la identidad en la era de Internet (Turkle, 1997:15-22,97-224).

 

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