LA REPRESENTACIÓN
ACERCA DE LOS PIQUETEROS CONSTRUIDA POR LA NACIÓN: CUTRAL CÓ /
PLAZA HUINCUL 1996/7– BUENOS AIRES 2004
Sebastián Víctor
Settanni
Universidad de Buenos
Aires (Argentina)
sebzet@gmail.com
Resumen
Este
trabajo intenta dar cuenta de la manera en que el diario La Nación representa
los acontecimientos que tienen por protagonistas a los desocupados que se organizan
(1). Para tal finalidad, fueron analizadas crónicas, notas de opinión y
editoriales que este medio gráfico publicó a partir de dos momentos
relativamente diferentes tanto por las condiciones económicas, políticas y
sociales en que se producen los hechos, por el lugar en el que se desarrollan,
como así también por el estado del (nuevo) movimiento social que surge: a) los
primeros cortes - levantamientos registrados en las ciudades de Cutral Có y
Plaza Huincul en la provincia de Neuquén en el período 1996/97 y b) la toma de
edificios públicos y privados durante el mes de junio de 2004 realizada por
grupos piqueteros en la ciudad de Buenos Aires. Así pues, se analizarán las
identificaciones puestas en escena por el matutino tanto cuando los cortes se llevan
a cabo en pueblos lejanos a la Capital Federal, como cuando llegan y se instalan
en dicha ciudad / capital.
Palabras claves: protesta social –
identificación – representaciones.
Introducción
Siguiendo lo propuesto por Segato en cuanto
a que en Argentina las identidades políticas que se derivan de una fractura
inicial entre capital –puerto y provincia– interior son las que prevalecen
hasta hoy como verdaderas líneas civilizatorias y como verdaderas culturas,
orientando los significados acerca de la identidad nacional, la hipótesis que
guía este trabajo sostiene que a medida que las prácticas piqueteras se acercan
a dicha Capital – Puerto, las representaciones puestas en escena por La Nación irán ganando
en significaciones negativas ligando las prácticas piqueteras a lo delictivo y
criminalizando la protesta. Esto hará, siguiendo la taxonomía propuesta por
Palma (2004), que el medio de comunicación analizado pase de un estado de
“prensa comprensiva” al referirse a los acontecimientos ocurridos en Cutral Có
en 1996/97, a un estado de “prensa en alerta” al tratar los hechos ocurridos en
la ciudad de Buenos Aires en junio de 2004. Es decir que al acercarse
geográfica y políticamente al centro, al ámbito de “lo civilizado” por
excelencia, al lugar madre de gestación de la cultura argentina y del “ser
nacional” y al cuestionar o poner en peligro directa o indirectamente dichos
sentidos, La Nación
cambia su estrategia enunciativa y su respuesta se asemeja a la realizada por
el Estado nacional moderno al momento de su fundación: presiona, pero en este
caso, para que dichos significados y prácticas no abandonen su condición de
hegemónicas. Así como el Estado argentino convocó y presionó, según Segato,
para que las etnias derrotadas y los inmigrantes desplacen sus categorías de
origen como condición para ejercer la ciudadanía plena, La Nación, desde
posiciones más o menos hegemónicas según los contextos socio - políticos,
colabora en la presión ejercida sobre los piqueteros para que, luego de
llegados e instalados en la
Capital – Puerto –no antes-, se desplacen de sus (nuevas)
categorías y vuelvan a ser simplemente desocupados sin capacidad de organizarse
para ser ciudadanos de (casi) plenos derechos, es decir conscientes de su
“alteridad” (Segato 1998). La neutralidad política aparece como condición de
acceso a la ciudadanía. Similares discursos, con poderíos diferentes, pretenden
un sujeto “…neutro de otras identidades que no sean la que le estampa un
abstracto ‘ser nacional’” (2). La apelación (casi) constante a la
contraposición entre civilización y barbarie, es decir la construcción
recurrente de representaciones binarias por parte de La Nación (a veces de
manera encubierta), recuerda a la misma operación llevada a cabo por los “fundadores
de la patria”. En ambos casos, se está en presencia de una represión tanto
política, como cultural, y en el caso que nos ocupa en este trabajo suceden
luego de un brutal hostigamiento económico. Represión llevada adelante de
manera solapada y en nombre de la moral, de las buenas costumbres y, en el caso
de la problemática aquí tratada, en defensa del sistema democrático; es decir,
que no habría un orden político y simbólico alternativo. Al respecto, Grimson
sostiene que “la pretensión de definir una ‘identidad argentina’ uniforme e
inmutable debe comprenderse como un acto político” (3). Todo esto no hace sino
demostrar lo propuesto por Hobsbawn cuando aboga por considerar a la nación
como poseedora de un carácter de “…artefacto, invención e ingeniería social que
interviene en la construcción” (4) de la misma.
Grimson concibe a los Estados – nación a
partir de la idea de que diversos grupos, con intereses contrapuestos,
comparten la forma en que las disputas entre ellos deben realizarse y expresarse.
La aparición de las prácticas piqueteras supone una nueva manera de disputa, un
nuevo estilo de interrelación entre las partes, surgidas como consecuencia de
las estrategias de unificación llevadas adelantes por el Estado nacional
(Segato 1998), y al volverse cotidianas y desarrollarse en la ciudad más
cosmopolita de Argentina, hace que la reacción del medio sea muy severa, como
veremos más adelante.
En este trabajo, se entiende a las
representaciones construidas por los medios de comunicación como poseedoras de
un carácter político – cultural en tanto que suponen un punto de vista, entre
otros, que sanciona y enaltece ciertas prácticas y discursos; representaciones
que naturalizan las prácticas y los significados válidos, es decir, aquellos
ligados a los sentidos hegemónicos. De ahí que éstas tengan una función
operativa al ejercer un cierto poder (de Certeau 1995). Si se considera, como
lo hace Williams, que en un período particular hay un sistema “...organizado
prácticamente por significados y valores específicos y dominantes...” (5), este
trabajo resulta fértil a la hora de saber tanto los componentes de dicho
sistema, como el papel que los medios de comunicación cumplen para
fortalecerlo. En definitiva, aquí se los considera como actores destacados en el
ámbito de la cultura entendida, según Gramsci, en tanto espacio de lucha por el
sentido dado que “...son crecientemente responsables de (...) suministrar la
base a partir de la cual los grupos y clases construyen una ‘imagen’ de las
vidas, significados, prácticas y valores de los otros grupos y clases” (6). De
esta manera, y en los términos propuestos por Hall, esta investigación trató de
deconstruir la lectura preferente construida día a día por el medio a través de
las noticias publicadas en las que fue posible advertir “...el orden
institucional / político e ideológico impreso...[dado que] (...) contienen el
sistema social, como un conjunto de significados, prácticas y creencias...”
(7). Es decir que en las representaciones construidas y publicadas por La Nación, se observan
aspectos pertenecientes al orden cultural dominante (Hall 1995). Los resultados
del análisis aquí presentados develarán, como se observará luego, a la cultura
emanada desde este medio de comunicación como etnocéntrica, clasista y racista.
Estos resultados intentan dar cuenta tanto
de las características que asume la identificación (Brubaker y Cooper 2001) de
los piqueteros que La Nación
pone en escena, los recursos utilizados para que la misma sea llevada adelante
y las particularidades que posee el medio en cuestión en este proceso debido a
que no existe una auto – identificación explícita por parte del mismo. Según
estos autores, es el Estado moderno uno de los agentes más destacados en esta
tarea debido a que “...tiene el material y los recursos simbólicos para imponer
las categorías, los esquemas clasificatorios...” (8), pero no es el único. Así
como la tarea de la familia y la escuela es importante, también es destacado el
rol que cumplen los medios de comunicación en este trabajo de identificación e
incluso pueden llegar a contradecir, como veremos luego, a los administradores
circunstanciales del Estado argentino debido a que es imposible que exista una
monopolización total en manos de un Estado de la producción y difusión de identificaciones
(Brubaker y Cooper 2001). Lo que sí existe es la discusión por parte de otros
actores en cuanto a las características que asumen dichas identificaciones de
autoría estatal, las cuales varían, en cuanto a su alcance, de acuerdo a los
contextos históricos, culturales y políticos. Estos autores también sostienen
que la identificación invita a la especificación de los agentes que llevan a
cabo la tarea y, si bien es el diario La Nación el agente principal, se observará
una conducta recurrente por parte de éste que tiene que ver con publicar en sus
páginas a otros agentes para que colaboren (y confirmen) la identificación que
primeramente el medio se encarga de construir. Una de las particularidades que
posee toda identificación, afirma Grimson (2000), es su carácter relacional
debido a que al mismo tiempo que establece un “nosotros” define un “ellos”. Ese
“nosotros” construido se emparenta con los valores y significados, que según el
medio, definen lo nacional, lo civilizado y lo democrático. Esto se observa en
las características de cada elemento y quienes los componen en cada uno de los
períodos analizados. Asimismo, las variaciones registradas nos introducen en
otra de las particularidades del concepto señaladas por Grimson y es la que
tiene que ver con su carácter histórico debido a que ese “nosotros / ellos” es
el resultado de las sedimentaciones de un proceso histórico específico.
Los hechos
En el año 1996 se produce el primer corte
de ruta en Cutral Có y Plaza Huincul,
alejados, por cierto, tanto de la capital de la provincia como de la capital de
la nación; es el nacimiento de una nueva modalidad de protesta apenas entendida
así por los medios de comunicación. No es un dato menor el hecho de haberse
producido en una zona lejana a los centros de decisión a la hora de pensar el
discurso construido por el medio. Ambos pueblos nacieron y se desarrollaron
gracias a la actividad petrolera auspiciada por la compañía estatal Yacimientos
Petrolíferos Fiscales (YPF). Todo esto cambió a partir del 24 de septiembre de
1992, cuando el Congreso de la
Nación sanciona la privatización de YPF; las consecuencias no
tardan en llegar a la región: hubo, en un breve período, drásticas reducciones
de personal. Ya en el año 1994 buena parte de las empresas creadas por los ex
obreros de YPF, habían quebrado y los niveles de desocupación eran elevados. El
segundo corte, acaecido en 1997, sucede luego de 34 días de conflicto entre las
autoridades provinciales de Neuquén y los docentes de dicha provincia. En
Cutral Có se decidió, el 9 de abril, cortar nuevamente la ruta 22 debido a que
varios meses atrás el mismo recurso, logró captar la atención de las
autoridades nacionales y provinciales. La orden de represión del juez Oscar
Temi no tardó en llegar; buscaba que sea aleccionadora. Los enfrentamientos
entre gendarmes, policías y manifestantes, culminaron con el asesinato de
Teresa Rodríguez. Como consecuencia de esto, una nueva pueblada tuvo lugar y
gracias a la salida a las calles de más de 10.000 manifestantes, el juez decidió
retirar a la gendarmería y a la policía del lugar.
El segundo corpus de noticias analizadas
corresponden a acontecimientos que se sucedieron durante el mes de junio de
2004 en la ciudad de Buenos Aires. Los hechos sobresalientes tienen
específicamente que ver con la toma de edificios de empresas multinacionales
por parte del Movimiento Independiente de Jubilados y
Desocupados (MIJD), la conformación de un frente piquetero oficialista
bajo un gobierno elegido mediante elecciones abiertas en el año 2003 y la
ocupación de una comisaría del barrio porteño de La Boca por parte de la
agrupación Federación Tierra y Vivienda (FTV) tras el
asesinato de un miembro de la agrupación.
Cutral Có / Plaza Huincul: la protesta lejana y
entendida
Luego de no haber
prestado demasiada atención a los acontecimientos ocurridos el 20 de junio de
1996, cuando se produce el primer corte de ruta al cancelar el gobierno
provincial una licitación para instalar una empresa agroquímica en la región,
la cantidad de noticias publicadas en el medio acerca de los sucesos varía
rotundamente. En aquella oportunidad, las noticias llegan a las páginas del
matutino dos días después de ocurridos los hechos a través de una muy breve
crónica aparecida en la sección de Información General. Se está en presencia de
un acontecimiento novedoso pero, a la vez, de bajo valor noticiable para el
matutino. Las demás noticias aparecen los días 26 y 29 del mismo mes en la
sección de Política debido a la presencia del gobernador en el lugar de los
acontecimientos, situación que también da lugar a un artículo editorial por
parte del medio en el que centralmente se cuestiona al poder político local y a
las luchas internas que favorecieron la cancelación de la licitación.
La
represión de la gendarmería y el asesinato de Teresa Rodríguez, hacen que la
crónica del día 13 de abril de 1997 sea más extensa y más descriptiva. Esta
vez, estamos en presencia de un acontecimiento altamente noticiable por
naturaleza: hubo una violenta represión que culminó con un muerto. En esta
oportunidad, la sección elegida para publicar las noticias es sorprendentemente
la de Cultura a pesar de estar en presencia, en principio, de un conflicto
gremial y de tener el antecedente del año 1996. Sorprende debido a que la
noción de cultura que se desprende de las páginas del medio, está lejos de la
idea de una toma de conciencia, de un modo de apropiación y transformación
personal, aspectos que sí privilegia de Certeau (1999) a la hora de definir lo
que entiende por cultura. Lo que motoriza el pasaje de la sección Cultura a
Política, es un gesto proveniente de Capital Federal. En efecto, habrá que
esperar hasta que el conflicto sea tratado por el Presidente de la Nación, para que el medio
jerarquice de otra manera a los acontecimientos y se publiquen comentarios que
vayan más allá de los acontecimientos mismos. Esto sucede luego de los
incidentes ocurridos durante la marcha docente realizada en Buenos Aires en
solidaridad con los docentes y el pueblo de Neuquén.
Luego de estos hechos, parece ser que los acontecimientos poseen nuevos
sentidos, que adquieren otras propiedades tanto para el medio como para las
autoridades. Sin embargo, las sucesivas noticias se producen principalmente a
partir de acontecimientos ocurridos en la ciudad de Buenos Aires y reproducen
las disputas entre ministros y diputados, las cuales pueden estar presentes en
cualquier otro hecho tratado por el medio.
El cuadro de
situación relatado por el diario no es muy distinto, como se observará más
adelante, al que aparece en las noticias sobre cortes de rutas y accesos en el
período posterior.
Cubiertas
encendidas y vehículos atravesados interrumpían el paso a
quienes querían desplazarse (9).
A la vez, se
destaca el alcance que tuvo el corte entre la población de ambos pueblos.
El enfrentamiento excedió el conflicto docente hasta convertirse
en una verdadera pueblada, en la que miles de manifestantes reclamaban
al gobernador Felipe Sapag el cumplimiento de promesas realizadas en octubre
del año último (10).
A
pesar de la situación representada, solamente las autoridades provinciales y
nacionales condenan los acontecimientos. El Presidente de la República lo hace luego
de los incidentes en la ciudad de Buenos Aires y sitúa las prácticas de los
manifestantes de Neuquén en relación histórica con lo sucedido en los ´70.
También Menem se lanzó de lleno en contra
de los actos de violencia registrados en los últimos días en Neuquén, en
Cutral-Có y en la Capital.
En este pasaje de su discurso, el presidente calificó de "subversivos"
e "imberbes" a los "jóvenes que salieron a hacer destrozos por
las calles" (11).
Sorpresivamente La Nación pone en duda
cada esta interpretación oficial sobre los hechos y se da cierto conflicto
entre el medio gráfico y sus habituales fuentes de información a pesar de la
dependencia, según Martini (2000) del primero con respecto a los segundos a la
hora de obtener información oficial sobre distintos tipos de acontecimientos.
En cuanto a los protagonistas de los
cortes, La Nación
sostiene una posición totalmente opuesta a las voces oficiales.
Hombres
jóvenes, que han pasado generalmente muchos años en la escuela, obran por
desesperación y pretenden algo obvio: trabajo (12).
Es decir que no se trata de grupos con
pretensiones políticas, ni de “grupos de ultraizquierda”; son simplemente
desocupados que parecen tener un comportamiento instintivo lejano a la
racionalidad y a la organización, y mucho más cercano a la espontaneidad.
Los
fogoneros o piqueteros sin trabajo, que siguieron cortando
la ruta 22, piden medidas económicas que son mucho más que una ayuda de apuro
(13).
Pero tal como se
observa en la última cita, según La
Nación, son desocupados que peticionan por medidas de
largo plazo que permitan volver a incluir a los excluidos más allá de nombres y
denominaciones. Quieren trabajar. No hay conexión posible con el pasado, con la
década del ´70 tal como lo sugería el Presidente de la Nación. En una nota de
opinión publicada el 23 de abril, ya desde su título (“¿Subversivos?”), su
autor Germán Gómez discute indirectamente con la figura presidencial.
Los
subversivos de hace tres décadas no tenían, por lo común, problemas económicos
y obraban a partir de ideologías. Los jóvenes neuquinos no aplican una
violencia metodológica, pero podrían avanzar peligrosamente en la medida en que
no encuentren salidas para sus problemas (14).
Si es que en ese momento existía cierto
grado de politización en aquellos que protagonizaron el corte, y de hecho
existía, La Nación
se encarga de borrarlo y de celebrar su no existencia. Parece ser que los
manifestantes no tienen ni conocen la historia ligada con “... procesos
políticos y con formas de reclamo aprendidas en repetidos enfrentamientos con
el Estado y con su relativo éxito o fracaso” (15).
También hay divergencias a la hora de
pensar las causas de los acontecimientos por parte del medio.
Pero la
sensación general es que la causa profunda de la pueblada surge del drama
social de esos pueblos de cultura petrolera, con más de 35 por ciento de
desocupados desde la privatización de YPF, en 1992 (16).
Privatización
que no es puesta en duda por el medio, sino que se sospechas de malos manejos a
nivel provincial y nacional.
Del gobierno nacional, que también reaccionó frente al problema
neuquino cuando una muerte podía anunciar otras, se sospechan cosas parecidas.
En cualquiera de estas variantes explicativas predomina la idea de que hay
recursos disponibles y que si no se aplican como corresponde es porque no se
quiere o porque se prefieren y se toleran la corrupción y el desgobierno (17).
A manera de convalidar la identificación
que La Nación
publica por esos días en sus páginas, recurre, como lo hace habitualmente, a
opiniones de otros actores oficiales (más
creíbles). En este caso la voz elegida es la eclesiástica.
No abundan aquí guerrilleros, sino marginales desesperados. Así
piensa monseñor Agustín Radrizzani, obispo de Neuquén, ajeno a las roscas
políticas. "No descarto que pueda haber activistas y extremistas, pero yo
no puedo decir que el conflicto nace en ellos", deslizó a La Nación el
prelado (18).
Justamente por estar “ajeno a las roscas
políticas” se constituye en la cita de autoridad por excelencia y su
diagnóstico es imposible de ponerlo en duda debido a este hecho. Pero no sólo
el obispo está ajeno a la política, también parecen estarlo, según La Nación, la totalidad
de los manifestantes.
Quizás el obispo de
Neuquén Radrizzani, ejerza cierta influencia entre estos marginales sin
discurso político (19).
En este período, es posible pensar que el diario incluye en el “nosotros”
que construye a todos los manifestantes presentes en ambos cortes. No es, hasta
el momento, un actor que por medio de sus prácticas viola constantemente las
leyes y avanza sobre los derechos ajenos. Hay, por el momento, cierta solidaridad
para con ellos, al menos discursivamente.
Junio de 2004: la
protesta piquetera está instalada en Buenos Aires
Durante este
período los artículos referidos al tema se multiplican por doquier en las
páginas del matutino y es la sección de Política la comúnmente elegida para
publicarlos. Las prácticas piqueteras son el tema del momento y es por eso que
también aparecen noticias relacionadas con ellos en la sección de Economía, en
el suplemento Enfoques, en la edición on line e, incluso, en el ciclo Los
intelectuales del mundo y La
Nación. Sus acciones
tienen un alto grado de noticiabilidad.
El cuadro de
situación durante este período, a través de los titulares publicados por el
matutino, es el siguiente:
Piqueteros bloquearon
el tránsito hacia el aeropuerto de Ezeiza (20).
Los piqueteros
desafían al gobierno (21).
Piqueteros tomaron
un tren (22).
Como
se observa, dichos titulares no hacen sino fomentar una verdadera sensación de
caos generalizado: cualquier acontecimiento que los involucre tiene tintes
violentos y genera consecuencias negativas de todo tipo.
La caída de
ayer "fue algo más que una toma de ganancias. Hay en el mercado una gran
preocupación por [la problemática de] los piqueteros, la
discusión entre Kirchner y Duhalde y, más reciente, la duda sobre la aprobación
del FMI de la tercera revisión de las metas acordadas con la Argentina", dijo a La Nación Line, Rafael
Ber, titular de Argentine Research (23).
Además aparece la figura del tercero
damnificado por el accionar piquetero: la interrupción de calles y la toma de
lugares privados, genera ahora perjuicios a los ciudadanos comunes. Se trata de
grupos minoritarios; no están todos los ciudadanos en la ruta o en las calles
tal como se describió en Cutral Có. Es por eso que La Nación publica, al
igual que el pronóstico del tiempo, una especie de “pronóstico de piquetes” con
los cortes programados por las agrupaciones para que los automovilistas eviten
circular por tales lugares.
Nuevamente
hay cierto conflicto con las fuentes oficiales debido a la pasividad de éstas
ante los “desbordes” de las agrupaciones piqueteras. Es por eso que es
ampliamente criticada la conformación de un bloque piquetero oficialista.
Es obvio que
el Presidente no necesita piqueteros adictos, sino fuerzas políticas organizadas, que respondan a los
principios a los métodos operativos propios de la tradición democrática (24).
Al no reconocer a
los piqueteros como actores legítimos del sistema democrático, es imposible
para La Nación
que exista una alianza o coalición con el gobierno. Frente a la política de no
represión por parte del Poder Ejecutivo y de la alianza del gobierno nacional
con algunas agrupaciones piqueteras, La Nación exhorta a las autoridades nacionales el
cambio urgente de actitud.
Frente a la creciente sensación de que la violencia política está dejando
de ser un fenómeno inédito para pasar a ser parte de nuestra vida cotidiana, es
tiempo de que el gobierno nacional encare la cuestión con la seriedad que
merece y deje de escudarse en argumentos inconsistentes que sólo invitan a los
grupos de vándalos a profundizar el desorden público (25).
Pese a no actuar, según el diario, dentro de los
límites del sistema democrático o de utilizar prácticas violentas, es
reconocido el carácter político del fenómeno piquetero.
En las
protestas de ayer, cual novedad, ha tallado un matiz ideológico antes
disimulado u oculto: la guerra contra los Big Mac es usual en movimientos que,
en un momento determinado, expresan su repudio a los Estados Unidos. O, en
forma más amplia, al capitalismo, demonizado en América latina con el
neoliberalismo como latiguillo (26).
La actitud del matutino, como se observa,
es ambivalente en esta cuestión: en determinadas ocasiones le otorga carácter
político y en otras se los quita.
Simplemente,
se le está demandando que cumpla con la ley y que no permita que bandas
sin el más mínimo respeto por los derechos del otro controlen la calle o
extorsionen a empresas (27).
Nuevamente para
convalidar los juicios puestos en escena, se suman las voces de figuras
políticas de partidos opositores al gobierno, sindicalistas, empresarios,
intelectuales, constitucionalistas, economistas y autoridades de gobiernos
extranjeros. El discurso homogéneo del bloque de
poder (Hall 1984), se manifiesta abiertamente durante este período: lo hace
diariamente y a través no solamente de entrevistas sino también a través de
notas de opinión. A pesar de esta apertura, y de recorrer muchas de las
secciones del medio, no hay nuevos significados en los discursos publicados,
todos poseen el papel de reforzar los sentidos ya privilegiados en las crónicas
y editoriales de La Nación:
acerca de lo delictual de las prácticas, del perjuicio que se causa tanto a los
ciudadanos comunes como a la recuperación económica del país, entre otros, pero
desde un costado argumentativo en el que se busca persuadir, apelar a la
capacidad de razonamiento del lector y, en este caso, intenta convencer a
través de una argumentación racional (Martini 2000). Se trata de un discurso
sin fisuras y sin pluralidad de ideas. A continuación se ejemplificará esta
situación con algunos casos.
En la
sección Política conviven aquellas declaraciones que usualmente muestran las
disputas políticas tradicionales protagonizadas por políticos opositores y
ministros del poder ejecutivo, y la de los ya mencionados nuevos actores.
López Murphy instó,
en tanto, al gobierno nacional a "no considerar normal a este tipo de acciones" y
sugirió "dar instrucciones a las fuerzas de seguridad para que no se
permita que arrojen bombas incendiarias en las empresas o que se tomen
locales" (28).
Los comentarios del constitucionalista
Daniel Sabsay, una de las nuevas voces, se constituye en la palabra de
autoridad por excelencia que estaría ajena, por su propia posición de
constitucionalista, a la política y a los actores que participan de los
acontecimientos. Es un tercero impoluto y traductor de los derechos
establecidos en la
Constitución Nacional y en el Código Penal.
El
constitucionalista Daniel Sabsay dijo hoy que los cortes de calles y avenidas,
como la toma de edificios públicos o de empresas privadas, son delitos de
acción pública y que el derecho constitucional de peticionar ante las
autoridades tiene límites (29).
Además de abogar por el establecimiento de
topes a la protesta social, también la está sancionando dado que privilegia
ciertos derechos en detrimento de otros.
El gobierno extranjero preocupado por las
conductas piqueteras (y la inacción del gobierno), es el de Estados Unidos.
Estados
Unidos mira con "gran preocupación" el clima de violencia creciente
en la Argentina
a causa de las protestas de los piqueteros y la toma de edificios públicos,
comercios y empresas, dijo ayer un alto funcionario del Departamento de Estado (30).
A La Nación parece no molestarle la intromisión
de un gobierno extranjero en los asuntos internos del país, a la hora de
publicar argumentos afines a los suyos.
Trascurridos algunos días, sobrevienen las
voces empresariales que ahora sí están alejados del mero comentario de los
acontecimientos, y que entonces pueden reflexionar y conectar los
acontecimientos con la situación en la que está inmerso el país, sus
problemáticas y hasta con el pasado, más específicamente con la década del ´70.
Para La Nación,
la ocupación de la propiedad privada que atenta contra las empresas parece ser
un delito más grave que la ocupación de rutas y puentes en el que se atenta
principalmente contra el Estado. Uno de los ejemplos lo constituye una nota
publicada en el suplemento de Economía en donde la Asociación
Cristiana de Dirigentes de
Empresa manifiesta sus preocupaciones al ministro de Justicia, Gustavo Béliz
sobre la inseguridad; problemática con la que se relaciona el accionar
piquetero. El presidente de la asociación, Alejandro
Preusche, no dudo al hacer dicha inclusión.
"Exigimos
competencia, coherencia y contundencia en la lucha contra el crimen y contra
sus formas más solapadas de presión, como los movimientos piqueteros", expresó Preusche en su discurso, previo al de Béliz (31).
El empresario estaría borrando así las
diferencias entre los delincuentes comunes y los piqueteros y exigiendo una
determinada política a las autoridades estatales. Incluso en la nota publicada,
se teoriza acerca de lo sucedido en los años ´70 y se lo caracteriza como
caótico y puesto como una etapa a la que no habría que volver.
Recordó
que en otras épocas, refiriéndose a los años 70, "había empresas que se
iban por la inseguridad" y reconoció que "hoy no es así, pero pesa a
la hora de pensar en hacer cosas nuevas" (32).
Lo afirmado hasta aquí demuestra cómo un
mismo discurso es retomado por diferentes actores social poseedores de
características disímiles y hablando desde lugares distintos, pero siempre
poniendo en escena los mismos sentidos. Estamos en presencia así de una
“pluralidad aparente” (Hall 1981) dada la presencia de diferentes enunciadores
que construyen similares significados (dominantes).
Palabras finales
Al pensar en forma
conjunta los períodos analizados, queda demostrado lo propuesto en la
introducción de este trabajo referido a que la representación que pone en
escena La Nación
es deudora de la dicotomía Buenos Aires / interior del país (Rodríguez 2004b)
debido a que a medida que el accionar piquetero se fue acercando a la ciudad de
Buenos Aires, el acontecimiento fue adquiriendo más valor de noticiabilidad y
los sentidos privilegiados fueron variando hasta llegar a prevalecer de manera
absoluta los aspectos negativos y perniciosos del fenómeno. En los términos
propuestos por Palma (2004) se puede afirmar que a medida que el accionar
piquetero se acerca al centro neurálgico del país, La Nación pasa de un
estado de prensa “comprensiva” para terminar en un estado de (total) “alerta”.
Es decir, que los estados que Palma (2004) describe e identifica en medios
gráficos distintos, en un período particular, aquí son posibles de ser
observados en un solo medio gráfico en distintos momentos históricos. Teniendo
en cuenta los sentidos publicados por el medio, podemos afirmar que se pasó de
la representación de un levantamiento de todo un pueblo que exigía ayuda de las
autoridades para generar fuentes de trabajo, a la del accionar de grupos
minoritarios y organizados por dirigentes que actúan más allá de la necesidad
de sus bases. Se pasó de representar un corte de ruta que pareció no perjudicar
a terceros ajenos a la cuestión (lo cual era imposible debido a que todo el
pueblo estaba en la ruta), a poner en escena cortes de accesos y calles
céntricas que pondrían en riesgo la democracia y atentarían contra la
recuperación económica del país. Se pasó de un acontecimiento / actor novedoso
y ajeno a los vicios de la política a poseer lo peor de ella debido al
clientelismo y a la utilización prebendaria de los planes de empleo. En
definitiva, se ha pasado de la justificación del corte debido a la pobreza
reinante en la zona, a la total criminalización de la protesta piquetera. Y
esto a través de la utilización de diferentes voces autorizadas compuestas por
constitucionalistas, economistas, personalidades políticas, entre otros, que en
su análisis no privilegian la crítica situación económica - social. En
referencia a esto último, tanto la justificación como la criminalización fue
efectuada través de enunciadores específicos y cuya autoridad era congruente con
la lectura que el medio realizaba previamente a través de sus crónicas y notas
editoriales. Así se observó cómo la voz eclesiástica, citada para convalidar lo
dicho por La Nación
durante los hechos de Cutral Có, fue definitivamente dejada de lado durante los
hechos acaecidos en junio de 2004. Esta actitud de criminalizar la protesta
social, tiene que ver con la reiterada conducta del medio de erigir ciertos
presupuestos como axiomáticos; la misma es sumamente evidente en el segundo
período en los cuales los reproches hacia los piqueteros son reiterados dado
que estarían poniendo en riesgo las instituciones y el sistema democrático,
aspectos que en esos momentos son indicados como indiscutibles.
Notas
(1) En adelante,
serán llamados piqueteros.
(2) Segato, R., “Alteridades históricas / Identidades
políticas: una crítica a las certezas del pluralismo global”, Série
Antropología, N° 234, Brasilia, UnB, 1998, Pág. 178.
(3) Grimson, A., Interculturalidad
y comunicación, Barcelona, Grupo Norma, 2000, Pág. 27.
(4) Hobsbawn, E., Naciones
y nacionalismos. Desde 1780, Barcelona, Crítica, 1992, Pág. 18.
(5) Williams, R., Marxismo
y literatura, Barcelona, Península, 1980, Pág. 130.
(6) Hall, S., “La
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(9) La Nación, 22/06/96, Pág. 16 (subrayado mío).
(10) La Nación, 13/04/97, Pág. 18
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(12) La Nación, 23/04/97, Pág. 19.
(13) La Nación, 23/04/97, Pág. 19.
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(15) Auyero, J., La Protesta. Retratos
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(16) La Nación, 17/04/1997, Pág. 6.
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(18) La Nación, 17/04/1997, Pág. 6.
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