JÓVENES Y NTCI
¿INTERACTUANTES O INTERACTUADOS?
EL CYBER: UN ESPACIO SOCIAL A
EXPLORAR
Susana Sautel,
Javier De Ponti, Alejandra Gaudio, Roxana Gaudio,
Alcides Pérez Salas, Andrea Carri Saraví y Silvana Nessi (1)
Universidad Nacional
de La Plata (Argentina)
jdeponti@ciudad.com.ar / javierdeponti@unlp.fba.edu.ar
Resumen
Este ensayo explora las principales
características del cyber, espacio social
urbano emergente, derivado del uso de las nuevas tecnologías de la comunicación
y de la información (NTCI). Siguiendo a autores contemporáneos contextualiza su
originalidad en el marco de las transformaciones actuales: revolución
científica y tecnológica; relaciones inéditas entre política, economía y
cultura; recomposición de los lugares; modificación del espacio y el tiempo.
Describe pautas referidas a sus usuario/as y define las nuevas desigualdades y
su expresión en la dimensión de las NTCI: accesibilidad y modos de uso.
Las denominadas nuevas tecnologías de la comunicación y de
la información (NTCI) se han desarrollado a un ritmo vertiginoso durante lo
últimos cuarenta años. En la década del 70 se constituye –sobre todo en Estados
Unidos- un nuevo paradigma tecnológico en torno a la tecnología de la
información cuyos inicios se reconocen –entre los años 40 y 60- en los primeros
estadios de la industria electrónica y en las innovaciones en el campo de la
cibernética.
Junto a Maldonado
numerosos autores contemporáneos han descrito las NTCI y/o sus efectos sobre el
mundo actual y/o han desarrollado discursos críticos (Bauman, Z., 1999;
Castells, M., 2001; Maldonado T., 1998, 1999; Negroponte, N., 1995). Entre
ellos es Manuel Castells quien ha
reflexionado más globalmente sobre las relaciones inéditas entre economía,
sociedad y cultura derivadas de la actual revolución tecnológica.
Las NTCI están
produciendo una revolución cultural. Sin embargo su impacto varía según los
países y, dentro de éstos, según los sectores sociales y los grupos etarios.
“Aunque la comunicación a través del ordenador
está revolucionando sin duda el proceso de comunicación, y por su mediación, la
cultura en general, es una revolución que se está desarrollando en oleadas
concéntricas, iniciadas en los niveles más elevados de educación y riqueza” (Castells, M., 2001, op. cit. pp. 393).
La columna
vertebral de la comunicación global a través de la computadora (CMC por sus
siglas en inglés) es –a partir de los años 90- Internet. Y conectadas o no a Internet
hay miles de microredes que recorren todo el abanico de la comunicación humana.
La World Wide Web (w.w.w) es –a su vez- una red flexible de
redes dentro de Internet que
posibilita la creación de sitios o “páginas” que conjugan textos e imágenes. El
blog de más reciente aparición, es
una herramienta de publicación en la red que mezcla rasgos de página web, e-mail
y messenger.
Resultados de
encuestas realizadas en otros países muestran que los usuarios / propietarios
de computadoras personales son más acomodados que la media, tienen empleo a
tiempo completo y son más frecuentemente solteros (Schweitzer, 1995; Sato et al., 1995) así como que los usuarios
de Internet son en su mayoría:
hombres; sector social acomodado; y grupo etario comprendido entre 18 y 34 años
(Lohr, 1995; McLeod, 1996).
Estos datos son
consistentes con aquellos que indican que la mayor proporción de comunicación
por este medio se relaciona con las tareas profesionales (trabajo; estudio).
Sin embargo, es necesario tener en cuenta que sus usos abarcan todo el ámbito
de la actividad humana y que esta tecnología –al igual que otras tecnologías
precedentes- tiene una elevada elasticidad social.
“El modo de comunicación electrónica de
muchos con muchos que representa la comunicación a través del ordenador se ha
utilizado de maneras diferentes y con fines distintos, tantos como la gama de
variación social y contextual que existe entre sus usuarios” (Castells, M.,
2001, op. cit. pp. 396).
La CMC (Internet u otros tipos de sistemas
multimodales horizontales) tiene semejanzas y diferencias con los sistemas multimedia de expedición centralizada
(juegos electrónicos; videos a solicitud; parques temáticos de realidad
virtual).
En efecto, los multimedia interactivos, surgidos en la
segunda mitad de los años 90 como fusión de los medios de comunicación de masas
y la comunicación a través de la computadora, reconocen una estratificación
creciente entre sus usuarios, referida no sólo al acceso y a las opciones sino
a los modos de uso: información/entretenimiento. Esta “nueva cultura
electrónica” –de enorme relevancia para mejorar la educación y la cultura- ha
sido direccionada desde sus orígenes hacia el entretenimiento. Aunque se
registra un aumento en el interés por parte de los usuarios de utilizar los
multimedia para obtener acceso a la información y/o participar en asuntos
públicos y se realizan esfuerzos privados y gubernamentales para conectar aulas
y espacios de teleconsulta culturales, estos modos crecen aún a ritmo lento y
el entretenimiento constituye, todavía, el mayor modo de uso.
“...quizás el rasgo más importante del
multimedia sea que captura dentro de sus dominios la mayor parte de las
expresiones culturales en toda su diversidad. Su advenimiento equivale a poner fin a la separación, e incluso a la
distinción, entre medios audiovisuales e impresos, cultura popular y erudita,
entretenimiento e información, educación y persuasión. Toda expresión cultural,
de la peor a la mejor, de la más elitista a la más populista, se reúne en este
universo digital, que conecta en un supertexto histórico y gigantesco las
manifestaciones pasadas, presentes y futuras de la mente comunicativa. Al
hacerlo, construye un nuevo entorno simbólico. Hace de la virtualidad nuestra
realidad” (Castells, M., 2001, op. cit. pp. 405).
En nuestro país
datos actualizados confirman la tendencia internacional: un 28 % de la
población es usuaria de Internet; la
mayoría son hombres (53%); la mayoría de hombres y mujeres pertenece a niveles
socioeconómicos altos y medios. Asimismo el principal propósito de acceso a Internet se asocia al trabajo y al
estudio. Grupo etario: 52% hasta 24 años
y 20% entre 25 y 34 años (respecto a esta variable porcentajes similares
corresponden a los usuarios de Internet en cyber/locutorios:
68% y 19% respectivamente). Por otra parte el 69% de las personas que usan
Internet en cyber/locutorios
pertenecen al segmento socioeconómico C3 (D’Alessio IROL, 2006) (3).
Son jóvenes los que
en “oleadas crecientes”, desde el centro a la periferia, con distintas
inscripciones sociales y diferente capital simbólico se sumergen, con futuro
incierto -¿”interactuantes” o “interactuados”?- en la sociedad en red.
Jóvenes a quienes
–posiblemente- la “nueva era de las desigualdades” les depara junto a las
desigualdades estructurales, nuevas desigualdades dinámicas que más allá de las
condiciones iniciales tendrán que ver con la coyuntura y las trayectorias
individuales (Fitoussi, J.P., Rosanvallon, P., 1997).
A
partir de la consolidación de la profunda revolución científica y tecnológica
que se desarrolla desde mediados de los setenta las NTCI cambian la estructura
del sistema productivo y del empleo, si bien de modo desigual según los países.
Las NTCI permiten un crecimiento de la productividad sin que el mismo implique
su distribución homogénea entre los sectores y las ramas de actividad, Castells
afirma que se marcha a una “sociedad informacional” (contraponiéndose a los
planteos de una “sociedad postindustrial ya que no se dejarán de producir
bienes industriales cada vez más necesarios para la agricultura y los
servicios). En este nuevo tipo de sociedad se incrementa el porcentaje de
empleos de profesionales y técnicos de la informática y crece la proporción de
empleos con alta calificación. Según este autor la mayoría de las ocupaciones
en la “sociedad informacional” requerirán educación o formación superior a la
escuela secundaria al mismo tiempo que se producirá una polarización
ocupacional (Castells, M., 2001, op. cit. pp. 252/254).
Con
relación a las trayectorias profesionales las nuevas formas de desigualdad –en
la dimensión de las NTCI- implican dos ejes principales: accesibilidad y modos
de uso.
Señalábamos
anteriormente asimetría en ambos ejes entre centro / periferia; y clases medias
y medias altas con alto capital cultural/clases medias bajas y bajas con menor
capital simbólico. Sin embargo, en los países de desarrollo medio y
especialmente en Argentina –dado el carácter “difusor” de pautas culturales que
han desplegado permanentemente las clases medias desde su fuerte conformación
en las primeras décadas del siglo XX- han hecho irrupción estrategias
alternativas que han incrementado significativamente el número de usuarios y
que distancian el porcentaje de interactuantes en la red si se compara,
exclusivamente, el número de usuarios-propietarios con los estándares
internacionales.
En efecto bajo la
denominación originaria de cybercafés
han crecido en proporción exponencial a lo ancho y largo del país espacios
destinados a dar servicios arancelados en la red.
Adoptamos la
denominación genérica de cyber para
referirnos a esos espacios emergentes que conforman un universo heterogéneo
tanto en sus formas (espacios ad hoc;
locutorios; quioscos; cybercafés
propiamente dichos) como en los modos de uso (información; correo electrónico; chat; juegos electrónicos). El cyber espacio social derivado de
prácticas con las NTCI.
Lo que constituye
su originalidad es que el usuario -propietario o no en su domicilio del
correspondiente soporte- trasciende la privacidad del hogar en un espacio
emergente en el que se traslapan el espacio material y el espacio-tiempo
virtual. El cyber como paradoja.
Este fenómeno es concomitante con la tendencia a
nivel mundial de encuentros, especialmente de jóvenes, en espacios
–generalmente públicos- a partir de contactos por telefonía celular y/o Internet.
Castells (Castells, M., 2001) realiza
valiosos aportes sobre la incidencia de la lógica virtual en la cultura urbana
y sobre la construcción sociohistórica del espacio y el tiempo.
Retomando una definición desarrollada en un trabajo
anterior (Castells, M. - 1972) plantea que “el espacio es un producto material
en relación con otros productos materiales –incluida la gente- que participan
en relaciones sociales determinadas (históricamente) y que asignan al espacio
una forma, una función y un significado social” (Castells, M. op. cit. pp. 444). Siguiendo a Harvey
(Harvey, D., 1990) sostiene que las condiciones objetivas de tiempo y espacio
se crean mediante prácticas sociales. Prácticas que es necesario identificar en
su especificidad histórica.
En esa
perspectiva “el espacio es tiempo cristalizado”. Vivimos la “era de la
información” y nuestras sociedades están construidas en torno de flujos: de
capital, de información, de tecnología, de imágenes, de sonidos y símbolos. Hay
un “espacio de los flujos”. Ese espacio de los flujos no agota el ámbito de la
experiencia humana de la “sociedad en red”.
En todas las
sociedades –tradicionales y avanzadas- existen lugares.
“Un lugar es una localidad cuya
forma, función y significado se contienen dentro de fronteras de contigüidad
física”. Sin embargo “no todos los lugares son socialmente interactuados y
ricos en espacio. Son lugares precisamente porque sus cualidades físicas/simbólicas
los hace diferentes” (Castells, M., 2001,
op. cit. pp. 457/458).
Desde una perspectiva diferente –bajo el anclaje metodológico de la
antropología urbana- Marc Augé acuña el concepto de “sobremodernidad” para
contextualizar la “descripción específica y circunstanciada” de los nuevos
espacios urbanos. Según este autor dos figuras del “exceso” caracterizan –junto
a la individualización de las referencias- la transformación acelerada del
mundo contemporáneo: el “exceso de tiempo” y el “exceso de espacio” (Augé, M.
1992).
Según
este autor el “lugar antropológico” aunque de escala variable tiene tres rasgos
principales: es identificatorio, relacional e histórico. “Conjugando identidad
y relación se define por una estabilidad mínima” (Augé, M., 1992, op. cit. pp. 60). Sus formas
tradicionales dan cuenta parcial –asimismo- del espacio urbano contemporáneo.
“Si un lugar puede definirse como
lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse
ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un
no lugar” (Augé, M., 1992, op. cit. pp.
83 ).
Así como los lugares antropológicos crean lo social
orgánico, los no lugares crean la contractualidad solitaria. “El espacio del no
lugar no crea ni identidad singular ni relación, sino soledad y similitud”
(Augé, M., 1992, op. cit. pp. 107).
En tal sentido constituyen “espacios del anonimato”.
Por otra parte las nuevas prácticas sociales bajo
el paradigma de la tecnología de la información no sólo han transformado el
espacio, han trastocado el tiempo.
El espacio de los flujos “disuelve el
tiempo desordenando la secuencia de los acontecimientos y haciéndolos
simultáneos, con lo que instala a la sociedad en una efimeridad eterna” (Castells,
M., 2001, op. cit. pp. 502).
El cambio en la organización y vinculación en las
relaciones sociales actuales modifica las funciones y estructura interna de los
estados al transformar la percepción de las dimensiones de espacio y tiempo.
Hay una nueva identidad que debe forjarse aprendiendo a convivir con una
notable fragmentación del yo, de las culturas, de las sociedades y del mundo en
su conjunto que debe intentar integrar novedosamente las fuerzas de lo local y
lo global. Contemplando en simultáneo la
unidad y la pluralidad, lo único y lo diverso, lo colectivo y lo individual.
Existen al mismo tiempo, en esta dialéctica, nuevas posibilidades de
vinculación mediática. Los medios electrónicos han hecho posibles nuevos modos
de relación social. Se han expandido las formas de relación y organización
social, se han rebasado los espacios tradicionales expandiéndose hasta el mundo
entero. La tierra se presenta ahora como un todo. El cyber como portador de una
cultura emergente entretejida por la
lógica compartida de la nueva temporalidad en un espacio social urbano,
inexistente hace tan sólo una década.
Si entendemos por
cultura, no una entidad o algo a lo que puedan atribuirse de manera casual
modos de conducta o procesos sociales, sino “sistemas de interacción de signos
interpretables (símbolos)” (Geertz, C., 1991) la cuestión subyacente es
describir de manera específica y circunstanciada –con el apoyo de una base
fáctica- las pautas que identifican un sistema cultural. A sabiendas de que “el
análisis cultural es intrínsecamente incompleto” (Geertz, C., 1991, op. cit. pp. 39). El cyber como un contexto dentro del cual pueden describirse ciertos
fenómenos de manera inteligible.
Un trabajo de
precampo, realizado por nuestro equipo, registró indicios empíricos sobre la
edad de la mayoría de los usuarios de cybers
de la ciudad de La Plata: jóvenes.
¿Quiénes son estos
jóvenes que desde un ámbito extrahogar, desde una ciudad, capital de una
provincia de un país de desarrollo medio transitan hacia –y vivirán plenamente
en- la sociedad de la información? ¿A qué sectores sociales pertenecen? ¿Cuáles
son sus modos de uso de las NTCI? ¿Qué interacciones se generan en el espacio
de flujos y en el ámbito de contigüidad del cyber?
¿Qué códigos dan cuenta de la impronta de la cultura de la virtualidad real,
del tiempo eterno / efímero? ¿Qué determinaciones tiene el contexto en la
percepción y el uso del medio? (4). El
cyber como un territorio a explorar.
El cyber interroga
por su paradoja: aparente paradigma de los “espacios del anonimato” emerge como
un nuevo agente de socialización. E inscripto en la coyuntura –junto a las
condiciones iniciales- será factor de incidencia en las trayectorias
individuales de sus jóvenes usuarios/as, especialmente de clases media bajas y
bajas ¿interactuantes o interactuados?
Definiciones
Condiciones iniciales: forma en que los agentes o grupos
son distribuidos en el espacio social según dos principios de diferenciación:
capital económico y capital cultural (Bourdieu, P. 1997, op. cit.).
Cyber: ámbito con equipamiento ad hoc cuya actividad principal es
ofrecer servicios para el uso de NTCI a cambio de una retribución monetaria por
parte del usuario.
Desigualdades
estructurales: son estructurales en el sentido de que -heredadas de un
largo pasado- fueron parcialmente interiorizadas por la sociedad: jerarquías de
ingresos entre categorías sociales (profesiones liberales, ejecutivos,
dirigentes de empresas, empleados, obreros, etc.); las referidas a vivienda,
educación, salud (Fitoussi, J.P.-Rosanvallon, P. op. cit. pp. 73/76).
Desigualdades dinámicas: emergen de la
dinámica de la ocupación y de la evolución de las condiciones de vida. Se
relacionan con las trayectorias individuales y las condiciones iniciales. Las
desigualdades dinámicas –antes transitorias- inscriptas en el pasado de cada
uno transforman la relación de los individuos con la coyuntura (Fitoussi,
J.P.-Rosanvallon P. op. cit. pp.
73/94).
Individualización
de las referencias: singularidad de los grupos o de las pertenencias,
recomposición de lugares, singularidades de todos los órdenes (Auge, M. op. cit. pp. 46)
Juventud: etapa del ciclo vital comprendida entre
los 18 y los 34 años (justificamos este corte en los nuevos “significados de la
edad” (Neugarten B., 1999) teniendo en cuenta que en ese rango se observa la
mayor proporción de usuarios de NTCI).
NTCI: comunicación e información viabilizada a
través de un soporte tecnológico (computadora). Comprende dos subuniversos: a) comunicación de muchos con muchos,
conectados en red (Internet u otros
tipos de sistemas multimodales horizontales), a través de distintas modalidades
(web; e-mail; messenger; blog); y b) dispositivos multimediales: soporte de expedición centralizada
resultante de la fusión en un único medio de diversos medios: sonidos, imágenes,
datos (juegos electrónicos; videos a solicitud; parques temático de realidad
virtual).
Trayectorias
profesionales: período del ciclo vital estructurado en etapas
–secuenciales o no- de formación y
empleo.
Notas
(1) De Ponti J.;
Gaudio A.; Carri Saraví A.; Pérez Salas A.; Nessi S.; Gaudio R.
(2) Según Maldonado
la palabra cyberspace fue acuñada por
el novelista canadiense William Gibson en su libro Neuromancer (1984).
(3) Proyecciones basadas
en dos estudios paralelos sobre una muestra de 1.500 y 2300 encuestados.
Informe de: D’Alessio IROL (2006) Internet
en Argentina 2005-2006, Buenos Aires Argentina, http/www.dalessio.com.ar
(4) En un proyecto
interdisciplinario de carácter experimental
nos hemos avocado a plasmar a través de dispositivos de visualización
de conocimiento la descripción de pautas sociales y culturales de un grupo etario (jóvenes) usuario de un espacio social definido (cybers de la ciudad de La Plata),
caracterizado por la práctica de las nuevas tecnologías de la comunicación y de
la información (NTCI). Proyecto 11/H460. FHCE.UNLP/Ministerio de Educación de
la Nación
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