ACERCA DE LA INTERPRETACIÓN LITERARIA
Universidad de Buenos
Aires (Argentina)
Resumen
“Acerca de la Interpretación Literaria” es un ensayo que
comenzó siendo una tarea para la materia Taller
de Expresión I, de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social en la
Universidad de Buenos Aires. Pero los resultados obtenidos han sido tan
satisfactorios que impulsaron a la autora a publicarlo en otro medio. Se trata
de la exposición de experiencias personales y ajenas mediante las cuales se
muestra cómo la interpretación literaria difiere de persona a persona. Desde
las posiciones de Jorge Luis Borges, Susan Sontag o Umberto Eco, se evidencia
que la interpretación no sólo es personal sino que conlleva a poner en juego
sentimientos, vivencias y conocimientos ya adquiridos, creando una experiencia
de lectura profunda y fructífera. Al interpretar, uno también adquiere nuevos
conocimientos que abren diferentes caminos a la propia vida.
Libro:
'Botella al mar', se ha dicho. Pero con un
mensaje equívoco,
que puede ser
interpretado de tantas maneras que difícilmente
el náufrago sea localizado - Ernesto Sábato
En estos últimos
tiempos, al releer algún texto, me he encontrado con diferentes sentidos dentro de él. Siempre es
el mismo texto que llega a diversos destinos. Puedo leer un artículo académico,
así como una novela o una crónica periodística, y ya en la segunda lectura
descubro que su sentido ha cambiado: no he llegado al mismo puerto que en la
primera lectura. Sé que tengo la ventaja de saber de antemano a qué destino
llegaré, pero ¿cómo es posible que este cambio suceda? Me pregunto qué es lo
que hace que el sentido de un texto cambie ante mis ojos. ¿Será el tiempo, la
memoria, la experiencia o el deseo oculto dentro de uno mismo de buscar algo
más? En este sentido, la interpretación es mucho más que interpretación
premeditada: no por buscarla conscientemente ni por tener necesidad de ella,
encuentro distintas interpretaciones para un mismo texto.
Como seres humanos
que somos interpretamos continuamente. No sólo decodificamos un mensaje emitido
por un emisor en un determinado código (una lengua, cualquiera de ellas) sino
que interpretamos. Es más, hasta se podría afirmar que el acto de decodificar
es seguido por el acto de interpretar. Por ejemplo, en una clase en la
Universidad de Buenos Aires, recuerdo haber escuchado la anécdota de una
antropóloga que intentaba aprender el lenguaje de una tribu indígena. Ella les
señalaba con el dedo los objetos de los cuales deseaba saber el nombre, pero
los aborígenes respondían siempre con la misma palabra. Tras tratar de
descifrar qué era lo que estaba sucediendo (porque todos los objetos no podían
poseer el mismo nombre), la antropóloga interpretó que las personas de la tribu
no respondían lo que ella quería sino que le estaban nombrando al acto de señalar con el dedo. Había una
falla en la comunicación y en la decodificación (y por ende, también en la
interpretación). Pero este tipo de interpretación no es inherente al objetivo
de este artículo.
La interpretación
debería ser interpretación de temas que a uno le interesen o que sienta curiosidad.
Sucede a veces que tratar temas sin interés genera un resultado mediocre. Si
uno interpreta es porque siente la necesidad de saber más. Interpretar es un
intento de llegar “al fondo de la cuestión” desde un punto de vista individual.
La interpretación literaria intenta develar un misterio escondido, encontrar algo más de lo que el texto dice porque
las letras impresas significan mucho más allá de su significado.
Interpretar conlleva a poner en juego algo de nuestra subjetividad porque no se
puede negar que nuestras experiencias, el bagaje cultural y la personalidad,
juegan un papel preponderante dentro de la interpretación. Uno interpreta desde
un lugar espacio-temporal, y también desde un lugar sentimental. El contexto en
la interpretación lo es todo. Georges Duhamel afirmó que “cuando se lee
un libro según qué estado de ánimo, sólo se encuentran en él interpretaciones
de ese estado”. Y contemporáneamente, Jorge Luis Borges sostuvo algo similar al
decir que “uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”,
dando cuenta de la importancia de las experiencias y los saberes anteriores al
ponerse en contacto con un texto.
Desde una postura
particular, en el ensayo “Contra la Interpretación”, Susan Sontag entiende por interpretación
una traducción: “un acto consciente de la mente que ilustra un cierto código,
unas ciertas reglas de interpretación”. De esta manera, la
interpretación pretende resolver la divergencia entre el significado del texto
y las exigencias del lector (luego de haberlo leído). Para ella, si se ha
llegado a esta instancia es porque el texto ha resultado en cierto modo
insatisfactorio para el lector. Sin embargo, por esa misma razón no puede “ser
desechado”, sino que se necesita aceptarlo en una nueva refundición: otorgándole un significado atractivo para el lector.
Esta re-elaboración jamás será aceptada, sólo se presentará como el acto de
hacer inteligible el “verdadero significado del texto”. Por lo tanto, para
Sontag la interpretación genera empobrecimiento del mundo debido a la gran
cantidad de significados que circulan.
En una dimensión opuesta
se encuentra Umberto Eco, que formó parte de la Conferencias Tanner celebradas
en 1990, en las cuales se trató el tema de la interpretación y sobreinterpretación
de textos. Allí afirmó que la interpretación de textos es explicar por qué
las palabras pueden hacer aparecer diversas cosas mediante el modo en que
son interpretadas. “Si los libros dicen la verdad, incluso cuando se contradicen,
es que cada palabra tiene que ser una alusión, una alegoría. Dicen otra cosa
de la que parecen estar diciendo, cada uno contiene un mensaje que ninguno
será capaz de revelar solo”. El cuento “El Sur” de Borges es un claro ejemplo
de interpretación, ya que desde el prólogo de “Ficciones”, Jorge Luis Borges
invita a leerlo como “un mero hecho novelesco o como algo más”. En “El Sur”, el lector
intrépido se puede topar con un hecho real y/o autobiográfico, con un destino
heredado (o mejor dicho, con una muerte heredada), con un protagonista con
un camino predestinado (todo aquello que le sucede a Juan Dalhmann es por
una causa), con un sueño del protagonista o de alguien más, etc. De acuerdo
al sentido que cada lector le dé a las palabras o de acuerdo a su estado de
ánimo (según Georges Duhamel)
o de sus propios deseos internos e invisibles que llevan a leer lo que uno
quiere leer, “Sur”, así como la mayoría de los textos, tiene más de una interpretación.
Según Eco en un texto se pueden encontrar infinitas interconexiones. El cuento
“El Sur” es un magnífico ejemplo que testifica
la interpretación indefinida de la que habla Eco, ya que siempre hay un desplazamiento
del sentido.
Umberto Eco, en el
desarrollo de sus conferencias, afirmó que hay una "intentio lectoris”,
una "intentio auctoris" y una "intentio operis"
(hay una intención del autor, del lector y de la obra). Eco tomó la "intentio
operis" como eje para su ensayo, argumentando que un texto tiene como fin de producir un lector modelo que interprete lo que el
texto quiere que interprete. Sin embargo, creo que es factible afirmar la
existencia de una conjunción entre las tres intenciones. El emisor, en este
caso el autor, emite un mensaje utilizando un código determinado (la lengua
escrita, en soporte “libro”). El mensaje emitido cumple una función que tiene
por objetivo surtir un determinado efecto en el receptor. Por su parte, el
receptor, al momento de recibir el mensaje, se encuentra en una situación
particular: tiene un determinado bagaje cultural, sus sentimientos están
afectados (positiva o negativamente) por los hechos que le han sucedido, se
encuentra en un espacio-tiempo determinado, etc. Por lo tanto, todos estos
factores también interferirán en su interpretación. Es real que existe una "intentio
operis", pero su función no es tan preponderante como afirmó Eco, sino
que su efecto surge en relación con el resto de las intenciones descriptas. Eco
sostuvo que “si hay algo que interpretar, la interpretación tiene que hablar de
algo que debe encontrarse en algún sitio y que de algún modo debe respetarse”.
Es cierto, pero también hay que tener en cuenta los factores externos e
internos al momento de realizar una interpretación.
Dentro de la misma
conferencia, Jonathan Culler también trató el tema de la interpretación pero
como respuesta a las posiciones de Umberto Eco y Richard Rorty. Culler aseveró
que “la interpretación no necesita defensa; siempre está con nosotros, pero,
como la mayoría de las actividades intelectuales, sólo es interesante cuando es
extrema”, ya que la interpretación
moderada lo único que hace es articular un consenso y generar interés. La
interpretación extrema, en este sentido, es llevar el pensamiento los más lejos
posible. Las interpretaciones extremas,
según Culler, tienen “una mayor posibilidad de sacar a la luz conexiones o
implicaciones no observadas o sobre las que no se ha reflexionado con
anterioridad”. De esta manera, por un lado se sostiene que la interpretación no
sólo debe generar un efecto en el otro sino que debe servir para algo: debe ser
útil. Por otro lado, se sostiene que la interpretación debe realizarse por
alguna razón (sea por curiosidad, necesidad, etc.).
Ya sea intención
del autor, del lector o del texto, o las tres juntas, lo cierto es que nadie
entiende las cosas del mismo modo en que el otro las comprendió. “La literatura
es siempre una expedición a la verdad” decía Kafka, pero ¿cuál es la verdad? ¿Y
de qué depende la verdad? Porque siempre llegamos a diferentes puertos. Si los
constructivistas como Gregory Bateson sostenían que la realidad es una
construcción propia y que hay tantas realidades como seres humanos, porque
vivimos cercados de percepciones de
percepciones de percepciones, y así ad infinitum, también se puede decir
que hay tantas interpretaciones como seres humanos. Y aun más: hay tantas
interpretaciones por cada ser humano como la cantidad de lecturas realice.
Bibliografía
ECO,
UMBERTO; Interpretación y sobreinterpretación;
Gran Bretaña; Cambridge University Press; 1995.
SONTAG, SUSAN; Contra la interpretación; Argentina;
Alfaguara; 1966.
BORGES, JORGE LUIS; Ficciones; Argentina; Editorial
Sur; 1944.