DIÁLOGO CON CLAUDIA KOZAK. EL ENCUENTRO
DE
Pamela
Vestfrid y María de la Paz Echeverría
Universidad Nacional de La Plata (Argentina)
pv@fibertel.com.ar
/ pazecheverria@hotmail.com
Claudia
Kozak*, reconocida por su posicionamiento desde el
análisis crítico de la cultura, dialogó con Question sobre su trayectoria y su particular
modo de articular los dos campos académicos en los que se desempeña.
Question: Para comenzar
querríamos que nos cuente cuál es su trayectoria, y a partir de allí cómo es
que le interesó insertarse en el campo de la comunicación social.
Claudia Kozak: Primero debo aclarar que mantengo una inserción tanto en el campo de
las letras como en el campo de la comunicación, y me parece que ésta es la
dirección hacia la cual se dirigen no sólo las prácticas de la cultura, sino
las propias prácticas del investigador y del docente universitario, acompañando
de alguna manera una deslimitación de ciertos
campos en el área de las ciencias sociales y de las humanidades.
Estudié Letras en
Q: ¿Y dónde aparecía eso
que le interesaba?
CK: En el último año de cursada empecé a estudiar en los grupos que tenía
Josefina Ludmer (1) para enseñar teoría literaria en su casa, fue la última etapa
de ese período en el que mucha gente –como no
encontraba en los espacios oficiales algún debate
intelectual interesante– buscaba por otros lados y encontraba gente que sobrevivía económicamente y resistía
intelectualmente, como David Viñas, Beatriz Sarlo, Josefina Ludmer, Ricardo
Piglia. En el caso de la teoría
literaria, Josefina Ludmer era quien nos podía dar todo lo que a nosotros nos
faltaba.
Siempre seguí ligada a la investigación y a la teoría literaria, estuve
en
Quizás había que salir del campo institucional de la literatura para poder
ver si, llegado el caso, había otras prácticas que –no asumiéndose como literarias
específicamente– trabajaban la palabra
artística en algún sentido a través de los mismos
dispositivos o cruzándose con los mismos dispositivos que, por ejemplo, podían
aparecer institucionalmente en la literatura. Lo que estaba tratando de hacer
era un movimiento inverso que era desde la literatura hacia los medios, y desde
los medios hacia la literatura; aunque no era desde los medios estrictamente,
sino desde la cultura mediática. Asumiendo que las culturas jóvenes
contemporáneas, en algún sentido ya no podían dejar de formar parte de la
cultura mediática, aún con resistencias, aún sabiéndose, o intentando ser otra
cosa en algunos casos.
Q: ¿A partir de ese
momento surge su interés por los vínculos entre la literatura y las culturas
juveniles ligadas fuertemente a lo mediático?
CK: Sí. Apenas terminé la carrera de grado, presenté un proyecto de beca de
iniciación al CONICET. Para ese momento había identificado este fuerte cruce
con los discursos de la cultura de masas y la cultura de los medios masivos de
comunicación, que estaban modelando muy fuertemente esa narrativa; y también
esta idea de que en algún sentido, esta narrativa estaba sacando la literatura
hacia otro lugar, sin llegar a sacarla por completo. Entonces la idea era, a
partir de ahí, tratar de identificar algún otro discurso en donde se pudieran
leer operaciones similares, y ahí es donde surge la idea de pensarlas asociadas
a prácticas de las culturas jóvenes, y especialmente, a las letras de rock.
Q: ¿Y cómo es que
selecciona los objetos de estudio?
CK: Bueno, eso tiene que ver con ciertas ideas que uno va teniendo en relación
con la mirada respecto de un campo. Te interesa por algún motivo, evidentemente
ya al elegir la literatura de Puig, a mí me interesaba el cruce con la cultura
mediática, porque su literatura es paradigmática en relación con las
operaciones discursivas respecto de los discursos y de las matrices de
significación genéricas de la cultura de masas, etc. Al elegir ya ese objeto de
estudio en literatura, ya estaba eligiendo algo que me pudo conducir a este
otro lugar.
Q: Y algunos de esos
objetos se fueron dando más tarde, como por ejemplo el interés por los grafitis
y las letras de rock.
CK: Los grafitis en Argentina tuvieron su época de gloria en la década del
80, porque si bien la pintada política existió desde siempre, y grafitis como inscripciones
no autorizadas también –en el libro que publiqué sobre grafitis rastreo distintas prácticas históricas en
relación con esto– en el momento de la recuperación de la democracia hubo una visibilidad de inscripciones
en las calles hechas por grupos de jóvenes que salían a generar un tipo de
discurso que antes no había sido visto, y en algún sentido, contestando el
discurso de la pintada política.
Son contextos particulares, donde esto se veía como una práctica joven
por excelencia, en ese momento de las clases medias. Esa modalidad de grafiti,
lo que llamo en el libro grafitis de
leyenda irónico-lúdico-poética-política, es un tipo de texto bastante
ligado a una tradición de graffiti que sería la tradición del Mayo Francés.
Por otro lado, las letras de rock. Para el año 86, la historia del rock
nacional ya estaba construida, ya estaba consolidada luego de 20 años de rock.
Nosotros habíamos vivido esa historia como adolescentes en los 70 y como
jóvenes en los 80 y podíamos entender el modo en que esas prácticas estaban
conectadas con lo massmediático. Eran manifestaciones visibles, estaban en la
calle, en una zona donde además se tenía la percepción de que la literatura era
“prácticamente inexistente”.
Q: ¿Y en relación con la
ciudad?
CK: Bueno, lo que sucede es que todo esto se fue juntando. Hay múltiples
vías que me llevan a cursar un seminario en la carrera de Comunicación. Así, en
los 90 cursé el Seminario de “Informática y Sociedad”
dictado por Héctor Schmucler. En esos momentos,
cuando se creó la carrera de Comunicación en
Mi paso a
Inicialmente, cursé este seminario porque abordaba temáticas
relacionadas con nuevos consumos culturales ligadas con la cultura mediática,
una especie de sociología y filosofía de la técnica. Schmucler le dio esa
impronta. Ello implicó un bagaje completamente nuevo de lecturas, y un cruce
que para mí siempre fue productivo. Una de las cosas que además siempre
sostengo es que, aunque muchos docentes en comunicación son egresados de
carreras de letras, muchas veces no se da el diálogo entre ambas carreras. Por
eso, siempre digo que llevo y traigo de una institución a otra, en el sentido
de lecturas, abordajes, polémicas y debates.
Q: Y en el cruce de estos
dos campos, ¿cuáles fueron las reflexiones que le parecieron más interesantes?
CK: Bueno, por un lado, yo provenía de una formación bastante textualista, y
entrar en Sociales (2) me permitió abrirme a un campo de lecturas. Pero al
mismo tiempo, abrirme a un campo de lecturas no desde la nada, sino desde mi
propia formación. Asimismo, confrontar con tradiciones de lectura, incluso
perspectivas de lectura, que con el tiempo fui entendiendo, que al principio me
parecían muy ajenas unas de otras. Hay discursos institucionales muy
fuertemente marcados. Walter Benjamin es un caso paradigmático porque
justamente es uno de los autores que se lee tanto en una carrera como en la otra,
pero de manera muy diferente. Más allá de que su obra es extensísima –y en general sólo se lee una parte muy
reducida, sobre todo en la carrera de grado– hay
tradiciones de lectura que obturan ciertas miradas. Y esta doble inserción institucional me ha permitido comprender las dos tradiciones
y en todo caso, realizar mi propia articulación.
La cuestión de la ciudad, abordar las prácticas significantes en la
ciudad, estuvo muy ligado con los grafitis, en tanto uno de mis objetos de
estudio era el grafiti, me topé necesariamente con la ciudad. Y, en relación
con esto, Sociales me formó mucho, porque veníamos analizando la relación entre
técnica y ciudad de manera muy fuerte en los 90, en los que comencé a trabajar
en
Considero que fui construyendo una zona de investigación que tiene
relación con ambos campos. Mi investigación está relacionada con el cruce entre
arte y tecnología: la literatura, el arte, y el espacio social técnico.
Q: Si bien ya lo ha
mencionado, siendo que los objetos en comunicación también son objetos de
estudio de otras disciplinas, ¿qué es lo que la comunicación le aporta al
análisis de los objetos?
CK: Es compleja la posibilidad de pensar el aporte específico en el sentido
de un modo de análisis de objetos, es cierto que muchas veces desde el lugar de
la comunicación se tiene más conciencia del análisis de las prácticas, lo que
permite en algunos grupos de investigación focalizar en la relación
arte/cultura y arte/comunicación, no quedarse inscripto en el lugar discursivo,
aun cuando la gente de comunicación tenga cierta formación en el análisis del
discurso. Por otro lado, en este tipo de investigación la gente de comunicación
necesita siempre estar buscando o llenando ciertos huecos, porque tienen una
formación menos ligada con la historia del arte, sobre todo con la teoría
estética.
Sólo podría responder a esta pregunta remitiéndome a algo que dije al
comienzo: hay una desdiferenciación contemporánea entre las disciplinas y entre
los objetos de estudio. Por lo tanto, no es una especificidad de mirada
estricta, pero sí la que aporta cada recorrido y cada formación. Las carreras
de comunicación en general aportan una mirada más ligada a lo social que las
carreras de arte, y al haber un cruce en función de los objetos de estudio
aportarían esos recorridos. Ha sido siempre difícil analizar el propio
presente, y teorizar acerca de algo que se está dando y que todavía no se ha
terminado de dar, pero este corrimiento de los límites permite que cada quien circule
por ciertas zonas, articule recorridos, y construya –si estamos hablando desde el análisis
crítico de la cultura– un discurso desde esos recorridos que permiten leer algunas zonas de la realidad.
Q: Y en relación con las
carreras de comunicación en la actualidad ¿cómo considera que se están
retomando la perspectiva de los estudios culturales?
CK: La cuestión de los estudios culturales es larga y complicada, entra en
las carreras de comunicación en los 80, cuando algunas de estas carreras se
están creando o renovando tras la recuperación democrática. Entra de una manera
interesante porque es una especie de aire que ingresa en ese momento y una
reflexión que no había sido muy central anteriormente, sobre todo la fuerte
conexión entre estudios culturales y estudios en recepción. Hubo un momento en
que estos estudios culturales estuvieron muy de la mano de la lectura de
En general se la piensa como una teoría de la comunicación cuando en
realidad fueron un grupo de personas provenientes de distintas disciplinas:
estudios literarios, estudios de género, estudios antropológicos, semiótica,
sociología, que tomaron como objeto de estudio prácticas que son parte de los
medios masivos de comunicación, y de ahí deviene su vinculación con la comunicación.
Aparece esto como una especie de cuerpo de ideas cerrado, –en el sentido de anudado– con el nombre de una escuela que al interior tenía gran diversidad.
A principios y mediados de los 90 y –esto ya
está consolidado– en las propias carreras de
comunicación empieza a realizarse una revisión de los estudios culturales. En
la carrera de Comunicación de
En la actualidad, hay mucha gente trabajando en el campo de los estudios
culturales, lo cual no significa que haga estudios culturales en un sentido
institucional adscrito a una corriente o a una escuela de estudios culturales.
Si tomás como objeto el rock o la cultura popular y masiva, las prácticas del
fútbol, el carnaval, todo eso puede ser estudiado desde la antropología, desde
las artes, desde la sociología de la cultura, desde los estudios culturales,
pero estará en cada investigador instalar una zona desde la cual se sienta
cómodo para escribir o para decir algo. Hablar de estudios culturales como corriente… no nos sentimos muy cómodos con eso.
Q: Entonces, ¿es más
apropiado ubicarse desde una perspectiva de análisis crítico de la cultura?
CK: Hay un gran debate en relación con esto, algunos autores como Eduardo
Grüner proponen frente a la idea de estudios culturales retomar la idea de una
teoría crítica de la cultura, porque está pensando en
Notas
(1)
Josefina Ludmer
es una de las más reconocidas y originales críticas literarias de la Argentina,
que se autodefine como “agitadora
cultural”.
(2)
Se
refiere a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
(3)
Punto de Vista es una revista de cultura que se edita en Buenos Aires desde 1978, como
respuesta de un grupo de intelectuales a la cerrazón de la dictadura militar.
Desde entonces se publica ininterrumpidamente.
* Claudia Kozak
es Doctora en Letras (UBA), Profesora Adjunta en las Carreras de Comunicación
de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Entre Ríos.
Integrante de la cátedra Literatura del Siglo XX (FFyL, UBA). Es Codirectora del Doctorado en Ciencias
Sociales de
Entre sus publicaciones se cuentan libros y artículos relacionados con
la crítica de la cultura contemporánea. Libros: Deslindes. Ensayos sobre la literatura y sus límites en el siglo XX (compiladora, autora de la introducción y dos
ensayos, Beatriz Viterbo Editora, 2006), Contra la
pared. Sobre grafitis, pintadas y otras
intervenciones urbanas (Libros del Rojas, 2004); Las paredes limpias no
dicen nada (en colaboración, Libros del Quirquincho, 1991); Rock en
letras (Libros del Quirquincho, 1990).