El Periodismo argentino actual en la mira de la delincuencia

 

Por Romina Álvarez romialvarez_143@hotmail.com

Diego Galia diegogalia@hotmail.com

 Cecilia Surdo cecisurdo83@hotmail.com

 

INTRODUCCIÓN

Para comenzar, hay que establecer que el tema de investigación de este Plan de Tesis es: la relación entre los secuestradores, asaltantes y amotinados, y el periodismo argentino, entre los años 2002 y 2004, planteando como problema central del mismo el siguiente interrogante: ¿qué tipo de relación existió entre los secuestradores, asaltantes y amotinados y el periodismo argentino entre los años 2002 y 2004?

Por otro lado, como sucede en este tipo de trabajos, existen otras cuestiones que se fueron presentando a lo  largo de su elaboración, y que quedan plasmadas en las siguientes preguntas: ¿cómo y cuándo puede llegar a variar esa relación? ¿cómo son vistos los medios de comunicación por los delincuentes en general y por este tipo específico de delincuentes?; ¿puede darse una relación de simbiosis entre ellos?, ¿cuándo y por qué?; ¿cual es la importancia que tienen los medios en una negociación entre la justicia y este tipo de delincuentes?; ¿puede el periodismo ser un peligro para ellos?, ¿cuándo y por qué?; ¿cómo funciona el interés político-económico del medio en relación con la delincuencia?; ¿cuándo son aliados y cuando opositores?; ¿qué visión y tratamiento tiene el periodismo argentino de la delincuencia en este país?; ¿qué consecuencias trae ese tratamiento?

El estudio de este tema resulta importante por varios motivos, que sería adecuado explicar por separado.

Para empezar, uno de ellos tiene que ver con el campo de la comunicación, en cual se encuentra inmerso. Suele suceder que cuando se plantea, por ejemplo, un análisis acerca de la relación que puede darse entre un medio masivo de comunicación y un amotinado o un asaltante que toma rehenes, la respuesta es que el primero sirve de mediador para que los segundos puedan salvarse. Justamente por eso, es que el objetivo de quienes subscriben es darle otro enfoque a partir de las propias palabras de sus protagonistas y del análisis del rol que debe cumplir un comunicador a la hora de enfrentar un hecho delictivo y darlo a conocer.

Esto sería más que interesante dentro de la disciplina comunicacional, dado que no hay demasiados antecedentes de este tipo de investigaciones y, como se dijo anteriormente, las respuestas siempre parecen ser las mismas.

Desde el punto de vista personal, mucho de lo que se dijo anteriormente puede dejarse citado, ya que para quienes elaboran este trabajo, es de gran valor saber cómo serán vistos por su objeto de estudio (siendo ya comunicadores sociales) y, por ende, qué tipo de relación surgirá de todo ello. Asimismo, si se dijo que las respuestas al problema de investigación podrían parecer obvias, es porque al momento de encarar el tema se pensó en ello desde el sentido común, pero luego surgió la idea de darle otro enfoque, que podría resultar mucho más convincente, interesante para investigar y valedero (por tratarse de los testimonios de los protagonistas).

Por otro lado, es importante el hecho de tratar temas de esta índole, que no son tan vistos y recurrentes. Por lo general, al hablar de periodismo se forma una figura referida a la información y la formación de la opinión pública (puede también surgir la investigación) pero a partir de este trabajo se desprende otra realidad y otro rol que no es analizado comúnmente y que resulta muy atrayente. Hay otro tipo de actividad que un medio de comunicación puede realizar; hay otro punto de vista que se tiene de ellos y que sólo se reconoce por sentido común cuando un secuestro, una toma de rehenes o un motín son llevados, por ejemplo, a la pantalla de televisión. Pero, como base de todo esto, lo substancial es saber que los protagonistas de esa otra mirada son los delincuentes que cometen ese tipo de infracciones; y que entre ellos nace así una relación digna de ser analizada.

Por último, este tipo de investigación resultaría de plena importancia para la sociedad, por el hecho de que los personajes principales son el periodismo argentino (utilizado para informarse y formarse acerca de la realidad que los rodea) y los delincuentes ya nombrados (algunos de los principales protagonistas de la inseguridad que se vive actualmente y que agobia a la sociedad).

 

LAS VOCES AUTORIZADAS

Dentro de este tema a indagar (periodismo y delincuencia), la mayoría de las investigaciones científicas realizadas en el campo de la comunicación, tienen que ver, por un lado, con una descripción exhaustiva del concepto de delincuencia, sus causas y sus consecuencias; y, por el otro, con el tratamiento que hacen los medios masivos de comunicación respecto a la delincuencia en general y a la delincuencia juvenil.

Cristina Rechea Alberola, Esther Fernández Molina y María José Benítez Jiménez, en su investigación científica “Tendencias sociales y delincuencia” (publicado para Centro de Investigación en Criminolgía), realizan un estudio de cómo han evolucionado los sentimientos y la actitud de los ciudadanos frente a la delincuencia y a la seguridad ciudadana, y contrastan esa valoración con la realidad presentada por los “creadores de opinión pública” a través de los medios de comunicación, y los datos que permiten medir las dimensiones reales de este fenómeno. Para ello, trabajaron también con cifras oficiales que indicaban casos de delincuencia e hicieron una valoración del sentimiento de “inseguridad ciudadana”[1].

Si bien el presente trabajo no estará basado en el tratamiento que el periodismo argentino hace de la delincuencia en este país, se ha decidido complementar el proyecto con un estudio de este tipo, por la cercana vinculación que hay entre ambos temas (el de su investigación científica y el de este plan de tesis); principalmente porque, para quienes suscriben, el tratamiento mediático de la delincuencia desemboca en algún tipo de relación entre los delincuentes y el periodismo (que es lo que se intentará demostrar).

Así, el trabajo de dichas autoras destaca que, en Criminología, la relación entre los medios de comunicación y el delito no es algo nuevo, ya que en 1973 Cohen y Young, destacaron la influencia que los medios podían ejercer en la selección de las noticias para reforzar estereotipos y, especialmente por su papel, como un elemento más de control social (Cohen y Young, 1973).

De un modo más concreto Stanley Cohen en su libro ”Folk devils and moral panics” expuso como los medios de comunicación contribuyen a la creación de los denominados ‘pánicos morales’ que abocan a determinadas reformas políticas. Según Cohen (1972) los pánicos morales surgen durante períodos en los que las relaciones sociales y económicas se encuentran en estado de cambio y cuando los valores y las normas sociales están siendo cuestionadas. En este clima, cualquier hecho o cualquier incidente sirven como catalizador para desatar el pánico, incluso aunque no tengan nada que ver o no esté del todo relacionado, cualquier acontecimiento es utilizado por los “creadores de opinión pública” y los medios de comunicación, para demostrar que las cosas no están bien y que es necesario hacer algo para mejorarlas.

“Aunque este concepto de pánico moral fue posteriormente cuestionado por su falta de precisión teórica y porque había simplificado en exceso procesos sociales tan complejos como la representación de la realidad social en los medios, la configuración de la opinión pública o la influencia de los grupos de presión (Muncie, 2004), no puede negarse que todavía hoy determinadas realidades y determinados grupos de población son analizados desde visiones excesivamente estereotipadas (Wagman, 2002)”, afirman las autoras.

Por otro lado, afirman que en la actualidad cada vez son más los autores que ven en los medios de comunicación a los agentes causantes de esa percepción distorsionada de la realidad delictiva (Garland, 2001; Junger-Tas, 2002; Muncie, 2004; Díez Ripollés, 2002 y 2003; Andrés, 1999; Ruidíaz, 1997; Thomé y Torrente, 2003). “Sin embargo, aunque la sospecha sea generalizada, sólo se ha sido capaz de apuntar que existe cierta relación, sin que se haya podido  determinar cuál es el sentido de la misma y cuál es la influencia exacta que existe entre ambos”. Ese es, por lo tanto, el objetivo a demostrar esta tesis y el por qué de haber elegido esta investigación científica como complemento de la presente.

Además, ya se señaló que en aquel trabajo no sólo se trata la mirada de los medios hacia el delito, sino que hay un hincapié en el sentimiento que se desprende de la sociedad que convive con esos actos delictivos, dando datos precisos acerca de los hechos, que son –para ellas- uno de los indicadores más fuertes del temor a la “inseguridad ciudadana”; algo que también tiene relación con este proyecto, por el interés que se manifiesta en la sociedad hacia los temas de este tipo, que los incumbe y afecta.

Por su parte, el Licenciado en Ciencias Políticas, Emilio Velazco Gamboa, aporta desde su trabajo “La delincuencia en la era de la globalización”, una interesante distinción entre la delincuencia menor y la delincuencia organizada, a posteriori de dar un concepto general de la palabra “delincuencia”.

Para el mismo, “si el delincuente es el "sujeto que delinque", o lo que es igual, "sujeto activo o agente del delito", entonces la delincuencia es la "calidad de delincuente", la "comisión de un delito" o un "conjunto de delitos en general, o referidos a un país o época". A su vez, un diccionario puede decir que delito es la "culpa, crimen o quebrantamiento de la ley". Dicho de manera más precisa, es la "acción u omisión voluntaria, imputable a una persona que infringe el Derecho, y que es penada por la ley.

El delito representa, generalmente, un ataque directo a los derechos del individuo (integridad física, honor, propiedad, etc.), pero atenta siempre, en forma mediata o inmediata, contra los derechos del cuerpo social.

Ello atañe a cualquier delincuente y a cualquier tipo de delincuencia, pues el sólo hecho de contravenir la ley –que por antonomasia busca la protección y salvaguarda de la integridad y tranquilidad del individuo– ya implica un atentado contra el orden social regulado por la ley”.

Entonces, coincidiendo con la noción de este autor sobre el concepto de delincuencia y de delincuente, y tomándola como un punto de partida o disparador hacia otras concepciones que expandan su significado, es que se trabajará también con las distinciones que presenta y que ya han sido nombradas.

Se tomarán de su trabajo, las concepciones acerca del delito menor, un breve recorte de su visión sobre el delito organizado, y las formas en que cada uno es llevado a cabo, sin dejar afuera los ejemplos que se relacionan con este trabajo (secuestros, toma de rehenes y motines) y apartando otros que no lo hacen.

Citando a Eduardo García Maynez, a Afallón y a García Olano, el autor señala que “la delincuencia menor es la cometida por un individuo, y cuando mucho, por dos, y que tiene por objetivo la comisión de un delito que podría ser ir desde una falta menor hasta una grave y calificada, pero que no trascienden su escala y proporciones, es decir, no son cometidos por bandas, no hay una gran planeación en los hechos delictivos, o no se pretende operar permanentemente a gran escala”. Bajo este concepto, nombra entre los delitos menores a: los asaltos a transeúntes,  el carterismo, las violaciones, el robo de bienes y artículos menores, el robo a casas habitación, el robo de vehículos, el vandalismo y, por último,  los grafittis y la pinta de muros y monumentos. De todos ellos, el presente proyecto sólo se abocará a los asaltos y robos que han tenido como consecuencia inmediata una toma de rehenes (si bien dicha consecuencia no se nombra en la obra del autor).

Por otra parte, Velazco Gamboa asegura que el crimen organizado se puede definir como la delincuencia colectiva que instrumentaliza racionalmente la violencia institucional de la vida privada y pública, al servicio de ganancias empresariales con rapidez. Necesariamente vincula jerarquías de la burocracia política y judicial mediante la corrupción y la impunidad".

Sin embargo, no es con este concepto con el que se trabajará en este proyecto, pero que sí da una base sobre lo que se utilizará más adelante, a saber: que “las organizaciones dedicadas a la delincuencia organizada emprenden operaciones ilegales de tipo financiero, mercantil, bancario, bursátil o comercial; acciones de soborno, extorsión; ofrecimiento de servicios de protección, ocultación de servicios fraudulentos y ganancias ilegales; adquisiciones ilegítimas; control de centros de juego ilegales y centros de prostitución. Los ejemplos aportados para este tipo de delincuencia son: el terrorismo, el acopio y tráfico de armas, el tráfico de indocumentados, el tráfico de órganos, el  secuestro y, finalmente, el tráfico de menores. De ellos se tomará sólo, para esta tesis,  el caso de los secuestros.

Como nuevo exponente de las investigaciones ya realizadas en materia comunicacional, un trabajo de investigación científica de Leonidas Sebastián Ferrando, marca una distinción de variables en la apariencia del sujeto que comete un delito. Así, muestra diversas perspectivas psicológicas/biológicas de una misma conducta, haciendo especial hincapié en los adolescentes, por considerarlos los actores más vulnerables a iniciarse en el mundo delictivo, por su mayor contacto con los medios de comunicación, por hallarse en una edad de plena elección de las juntas y  donde se va determinando el tipo de relación que se mantiene con los progenitores (como consecuencia de la atención recibida en la casa, de la educación recibida y demás). Todo ello explayado por el autor a lo largo de su trabajo.

Por último, Ferrando sostiene que la conducta delictuosa es una respuesta a la frustración de algún deseo y que “si únicamente cierta forma de conducta no aprobada por la sociedad sirviera para la satisfacción personal del individuo, entonces éste no encontraría otro camino que la delincuencia”.

Se decidió contar con este trabajo de Ferrando para entender cómo pueden llegar a actuar los delincuentes desde su personalidad y cómo se inician tales personalidad delictivas. Si bien esta no es la base ni el eje central del proyecto presentado, es un aporte importante en tanto se sabe que no todos los delitos tienen el mismo grado de gravedad ni son llevados a cabo por las mismas causas, y que la personalidad de los delincuentes es un factor muy significativo  en las mismas.

Asimismo, en un informe publicado por la Human Rights Watch en el año 2002, acerca de los derechos humanos y la crisis socio-política vivida en Argentina por aquel entonces, se expone detalladamente cuáles eran las precarias condiciones bajo las que estaban viviendo los presos, en diversos servicios penitenciarios de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires; haciendo, a su vez, un breve recorrido por las presidencias que le sucedieron a la de Fernando De la Rúa. Además, el detalle que se realiza incluye también la relación entre los policías y los presos en diferentes comisarías porteñas.

Por un lado, según este informe, la crisis económica trajo consigo un fuerte aumento en los casos de delincuencia violenta, robos y secuestros. Muchos agentes policiales perdieron la vida en enfrentamientos armados, pero también a policía mató tanto a presuntos delincuentes como a ciudadanos inocentes, en momentos de confusión ocurridos en barrios pobres de la provincia de Buenos Aires.

Por otro lado, las prácticas de tortura, que continuaron representando un problema grave en el país, afectaron principalmente a presuntos delincuentes detenidos por miembros de la policía y a presos detenidos en diversas instituciones penitenciarias. “En agosto, un funcionario judicial del Tribunal de Casación de Buenos Aires informó a un representante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que, de marzo de 2000 a julio de 2002, el tribunal había registrado 1.236 denuncias de tortura tan sólo en la provincia de Buenos Aires. La información procedía de un banco de datos creado en marzo de 2000 para hacer un seguimiento de las denuncias de tortura y malos tratos. También se produjo un fuerte aumento en los casos de presuntos malos tratos a menores detenidos por la policía. El número de denuncias registradas por la división de menores de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires se multiplicó por dos en menos de un año, pasando de 738 casos en mayo de 2001 a 1.516 en abril de 2002”.

Además, las condiciones de los detenidos fueron pésimas debido a la grave situación de hacinamiento en las prisiones y al encierro constante en las comisarías de individuos sospechosos sin condena y a la espera de juicio. “Las 36 prisiones de la provincia de Buenos Aires, con capacidad total para 14.000 presos, albergaban a 18.000 reclusos. En agosto, se informó que 7.000 personas, entre ellas algunos menores de edad, estaban detenidos en las comisarías de la provincia de Buenos Aires, con capacidad para menos de 3.000 detenidos. En ciertas ocasiones las condiciones eran verdaderamente atroces. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una prestigiosa organización no gubernamental de derechos humanos, los menores detenidos habían denunciado que tenían que utilizar botellas y bolsas de plástico para orinar y defecar debido a la falta de instalaciones sanitarias adecuadas. Se cerraron varios centros policiales de detención por orden judicial a causa de las malas condiciones reinantes. El CELS informó que, además de propinar puñetazos y porrazos a los detenidos, patearlos y quemarlos con cigarrillos, la policía empleó métodos de tortura habituales durante el régimen militar, como los electrochoques y la asfixia con bolsas de plástico en la cabeza”.

Como consecuencia del preciso listado de datos y cifras y las descripciones aportadas, es que se ha decidido utilizar este informe como otro complemento investigativo del presente plan de tesis, ya que resulta fundamental para poder entender algunas de las que se reconocen, por sentido común, como las causas de llevar a cabo un motín y pedir (los detenidos) que los trasladen a otro lugar o se mejoren sus condiciones de permanencia.

 

ANTECEDENTES COMPLEMENTARIOS

Por último, para terminar de nombrar el material con el que se trabajará a lo largo de la investigación, y ya pasando a un marco teórico y de antecedentes conceptuales, se utilizarán los siguientes textos: “Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo” (Material de Cátedra Comunicación y Medios); “Innovaciones tecnológicas y transformación de la televisión en Argentina” (Héctor Schmucler y Patricia Terrero). Ya que, en términos generales, ellos hablan acerca de cómo fue evolucionando la mirada de los medios y sus funciones a medida que se desarrollaban y pasaban los años –expansión y diversificación del consumo mediático, constitución de multimedios, etc.-.

En tanto el rol de los medios de comunicación en general: “Procesos de comunicación y matrices de cultura” (Jesús Martín Barbero); “Prácticas de comunicación en la cultura popular” (Jesús Martín Barbero); “Está allí, lo veo, me habla” (Eliseo Verón); los cuales, relacionados con los anteriores, muestran cuál es el rol de los medios dentro de la cultura y la educación; cómo infieren los medios audiovisuales en todo ello y cómo son utilizados por el hombre, a partir de su discurso.

También es importante tratar las responsabilidades y derechos de los medios cuando se pide o no su intervención en los secuestros, los motines y los asaltos con tomas de rehenes. Por eso se incluirán estos textos: “Responsabilidad de la Prensa” (Damián Loreti); “Responsabilidad de los medios de prensa” (Eduardo Zannoni y Beatriz Bíscaro); “De la libertad de prensa al derecho a la información”, “Conceptos jurídicos básicos”, “El derecho humano a la información” (Ana Azurmendi). Cabe destacar que hay ciertas leyes que los medios de comunicación no pueden violar sea cual fuere su función, como en el caso de hechos delictivos donde está interviniendo la policía, y su presencia puede ser riesgosa para el normal funcionamiento de esta última o la resolución de los mismos; como cuando deben dar a conocer datos que aún no hay sido ratificados por las fuerzas oficiales intervinientes, etc.

Por último, se cree pertinente hablar acerca de la impunidad (rechazo del proceso de justicia y de verdad), como un tema vinculado al eje central del trabajo, dado que la injusticia es un tema de gran relevancia; por el cual la sociedad se siente desamparada al no poder contar correctamente con el cuidado que deben brindarle la justicia y las fuerzas de seguridad. Frente a ello, lo que destruye la impunidad instituida del delito es no sólo la distinción fundante de lo legal y lo ilegal, sino la de la ética de lo moral y lo inmoral, pero sobre todo la psíquica, lo prohibido y el deseo. Para ello, se utilizará este material: “La impunidad, amenaza contra lo simbólico” (René Kaes); “La impunidad. Una perspectiva psicosocial y clínica” (Diana Kordon y otros).       

 

 

 

 

 

 

 



[1] “Desde la Criminología, tradicionalmente, la inseguridad ciudadana se ha identificado con el miedo a ser víctima de un delito, pero es posible que el término abarque otros sentimientos con connotaciones de inseguridad e inestabilidad”.