Prensa
 

Chávez: el caudillo, el revolucionario, el latinoamericano

*Por Jorge Luis Bernetti

La primera batalla que ganó Hugo Chávez como el Cid después de su muerte, es la impresionante repercusión que logró en los medios, aún en los mayoritariamente enemigos a los minutos en que la noticia se conociera. La cobertura tuvo que citar a Telesur, una de las grandes creaciones latinoamericanas de Chávez. Esa es una de las grandes victorias de Hugo Chávez Frías, el hombre que ya pasado a la historia como enorme patriota y revolucionario latinoamericano. Y es algo que no solamente valoran los mejores comunicadores y periodistas.

Resulta increíble para los que pertenecemos a generaciones veteranas encontrar hoy, en mucho por obra del líder de la Revolución Bolivariana, una gigantesca conciencia de pertenencia a la América Latina que en los años `50 era todavía un proyecto minoritario y aparentemente de imposible encarnación social y continental.

Chávez hizo lo imposible y lo sorprendente en América Latina, unir a La Habana con Buenos Aires pasando por Caracas. Lo hizo como encarnación y conducción de un proceso social  que en Venezuela enfrentó al neoliberalismo mundial y al pacto de los políticos decadentes del Pacto de Punto Fijo, el de los partidos Acción Democrática y Copei.

Este teniente mulato que escuchaba en radio Habana internacional los discursos revolucionarios   de Fidel y el Ché y se admiraba de la acción de un militar árabe patriota como el coronel Gamal Abdel  Nasser de Egipto y se identificaba con la historia y la persistencia del peronismo, siempre miró a su pueblo.

Ese pueblo y esa nación venezolanos que sometidos a una oligarquía tan egoísta y limitada como todas las de América Latina, puso en su justo lugar la presencia imperialista saqueadora del petróleo de su patria.

La extraordinaria conjunción que produjo Chávez en su patria chica y en la Patria Grande es la del nacionalismo revolucionario nacido en cuna militar – del ejército que luce su faz< libertadora más genuina y casi siempre olvidada y negada – la teoría revolucionaria nacida en el marxismo  y la militancia en el populismo de masa latinoamericano que va desde la Revolución Mexicana al justicialismo de Perón, desde el aprismo peruano al trabalismo brasileño y , sin duda, en la Revolución Cubana.

Esas corrientes históricas están presentes hoy junto a Venezuela bolivariana en el Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo, el Brasil de Lula y Dilma, en la Argentina de Néstor y Cristina, entre otros procesos latinoamericanos.

La originalidad de Chávez ha sido la de pensar y actuar, porque su vida política fue un canto constante y amoroso por la acción, la ejecución fervorosa de los proyectos soñados.

La Argentina de Néstor Kirchner tuvo la solidaridad inmediata de Chávez que sostuvo financiera y energéticamente al país en los momentos más duros de la crisis pos 200, en el marco de la embestida imperial y de los centros mundiales del poder financiero.

Chávez es el militar que encabezó la transformación de un Ejército para colocarlo en el espacio del cambo revolucionario e hizo una vocación de la construcción de una nueva legalidad y una nueva institucionalidad consagrada en la nueva carta magna de su patria.

Chávez construyó también un partido, pero sostuvo siempre viva la acción del movimiento de masas, articuló las construcciones teóricas con los diseños forjados por la construcción directa de las masas y logró una legitimidad límpida vertebrada en una sucesiva serie de torneos democráticos.

Chávez lideró los combates por el derrocamiento del poder financiero capitalista sin regulación, por la democratización de los medios de comunicación de masas allá y en Argentina como en toda América Latina concentrados alrededor de los poderes hegemónicos.

Chávez es también el caudillo latinoamericano que interpreta el alma de su pueblo con su lengua, con su canto, con su cuerpo, con sus formas de amar. Tan capaz de comunicarse con multitudes, como con humildes y estadistas. Esa característica impagable de su liderazgo es el  más imponente de  nacidos en Nuestra América, como José Martí llamaba a la América Latina.

Las creaciones colectivas como el ALBA, la CELAC y la UNASUR lo encontraron como protagonista decisivo y una de sus últimas victorias fue el ingreso de Venezuela al Mercosur, pese a la presión de todos los que siguen al primer mundo encabezado desde Washington.

Chávez es hoy una referencia ineludible del proceso de cambio integral de América Latina y el enorme desafío de cubrir su lugar directivol en Venezuela y su rol inspirador en el continente.

Chávez ha sido un dirigente racional, un demócrata consecuente, un militar patriota, un decidido antimperialista, un convencido en teoría y práctica de la unidad para el cambio popular en América Latina, una referencia ineludible para los pueblos que luchan en todo el unvierso por su liberación definitiva.

*Profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social-UNLP PorJorge Luis Bernetti

La primera batalla que ganó Hugo Chávez como el Cid después de su muerte, es la impresionante repercusión que logró en los medios, aún en los mayoritariamente enemigos a los minutos en que la noticia se conociera. La cobertura tuvo que citar a Telesur, una de las grandes creaciones latinoamericanas de Chávez. Esa es una de las grandes victorias de Hugo Chávez Frías, el hombre que ya pasado a la historia como enorme patriota y revolucionario latinoamericano. Y es algo que no solamente valoran los mejores comunicadores y periodistas.

Resulta increíble para los que pertenecemos a generaciones veteranas encontrar hoy, en mucho por obra del líder de la Revolución Bolivariana, una gigantesca conciencia de pertenencia a la América Latina que en los años `50 era todavía un proyecto minoritario y aparentemente de imposible encarnación social y continental.

Chávez hizo lo imposible y lo sorprendente en América Latina, unir a La Habana con Buenos Aires pasando por Caracas. Lo hizo como encarnación y conducción de un proceso social  que en Venezuela enfrentó al neoliberalismo mundial y al pacto de los políticos decadentes del Pacto de Punto Fijo, el de los partidos Acción Democrática y Copei.

Este teniente mulato que escuchaba en radio Habana internacional los discursos revolucionarios   de Fidel y el Ché y se admiraba de la acción de un militar árabe patriota como el coronel Gamal Abdel  Nasser de Egipto y se identificaba con la historia y la persistencia del peronismo, siempre miró a su pueblo.

Ese pueblo y esa nación venezolanos que sometidos a una oligarquía tan egoísta y limitada como todas las de América Latina, puso en su justo lugar la presencia imperialista saqueadora del petróleo de su patria.

La extraordinaria conjunción que produjo Chávez en su patria chica y en la Patria Grande es la del nacionalismo revolucionario nacido en cuna militar – del ejército que luce su faz< libertadora más genuina y casi siempre olvidada y negada – la teoría revolucionaria nacida en el marxismo  y la militancia en el populismo de masa latinoamericano que va desde la Revolución Mexicana al justicialismo de Perón, desde el aprismo peruano al trabalismo brasileño y , sin duda, en la Revolución Cubana.

Esas corrientes históricas están presentes hoy junto a Venezuela bolivariana en el Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo, el Brasil de Lula y Dilma, en la Argentina de Néstor y Cristina, entre otros procesos latinoamericanos.

La originalidad de Chávez ha sido la de pensar y actuar, porque su vida política fue un canto constante y amoroso por la acción, la ejecución fervorosa de los proyectos soñados.

La Argentina de Néstor Kirchner tuvo la solidaridad inmediata de Chávez que sostuvo financiera y energéticamente al país en los momentos más duros de la crisis pos 200, en el marco de la embestida imperial y de los centros mundiales del poder financiero.

Chávez es el militar que encabezó la transformación de un Ejército para colocarlo en el espacio del cambo revolucionario e hizo una vocación de la construcción de una nueva legalidad y una nueva institucionalidad consagrada en la nueva carta magna de su patria.

Chávez construyó también un partido, pero sostuvo siempre viva la acción del movimiento de masas, articuló las construcciones teóricas con los diseños forjados por la construcción directa de las masas y logró una legitimidad límpida vertebrada en una sucesiva serie de torneos democráticos.

Chávez lideró los combates por el derrocamiento del poder financiero capitalista sin regulación, por la democratización de los medios de comunicación de masas allá y en Argentina como en toda América Latina concentrados alrededor de los poderes hegemónicos.

Chávez es también el caudillo latinoamericano que interpreta el alma de su pueblo con su lengua, con su canto, con su cuerpo, con sus formas de amar. Tan capaz de comunicarse con multitudes, como con humildes y estadistas. Esa característica impagable de su liderazgo es el  más imponente de  nacidos en Nuestra América, como José Martí llamaba a la América Latina.

Las creaciones colectivas como el ALBA, la CELAC y la UNASUR lo encontraron como protagonista decisivo y una de sus últimas victorias fue el ingreso de Venezuela al Mercosur, pese a la presión de todos los que siguen al primer mundo encabezado desde Washington.

Chávez es hoy una referencia ineludible del proceso de cambio integral de América Latina y el enorme desafío de cubrir su lugar directivol en Venezuela y su rol inspirador en el continente.

Chávez ha sido un dirigente racional, un demócrata consecuente, un militar patriota, un decidido antimperialista, un convencido en teoría y práctica de la unidad para el cambio popular en América Latina, una referencia ineludible para los pueblos que luchan en todo el unvierso por su liberación definitiva.

*Profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social-UNLP 

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