*Periodista, escritora y analista política. Autora de "Operación Cóndor"
 
Prensa
 

Hugo Chávez Frías: Cumpliendo sueños que son futuro

*Por Stella Calloni

El presidente Hugo Chávez Frías murió como vivió, luchando de frente contra su enfermedad y priorizando en todo momento la situación política de su país.

Desde el alzamiento militar y cívico de febrero de 1992, advirtiendo a los gobiernos que los militares jóvenes no estaban dispuestos  a continuar siendo utilizados para reprimir al pueblo y reclamando por la pobreza, la corrupción que dejaba afuera al 80 por ciento de la población mientras un 20 por ciento disfrutaba de esa renta petrolera de la que sólo una pequeña parte entraba al Estado, Chávez mantuvo siempre su coherencia, su dignidad, su reclamo.

También desde esos primeros momentos hablaba de la urgencia de la unidad latinoamericana y en especial de la emancipación definitiva de una región sometida a lo largo de todo el siglo XX a una dependencia que costó un verdadero genocidio a Nuestra América.

Durante horas de las varias entrevistas que a través del tiempo mantuve con él (11 en total), hablaba siempre con pasión y un entusiasmo esperanzador, y relataba asombrándose él mismo del largo aprendizaje cotidiano que significa gobernar un país en cambios permanentes. “No hay nada que desafíe más que todo eso, este camino que elegimos y que nos obliga a crear permanentemente. No hay modelos anteriores. Hay que crear en la marcha de los acontecimientos, Actuar, corregir errores, tener la suficiente humildad. Y eso no es fácil para todos, pero lo estamos haciendo. Eso es lo revolucionario”.

En 2011  mencionó las campañas de prensa cada vez más brutales. “No han aprendido nada, nada desde 1994 hasta ahora, siempre estuvieron tratando de terminar conmigo, pero no entienden que esto va más allá de mi persona física, que hay un pueblo que despertó y no volverá a dormirse ni a perder lo que logró con su propio esfuerzo acompañando un proceso revolucionario. No entienden que se les está acabando el tiempo de dominarlo todo, de la impunidad imperial. No pueden sostener su propio mundo de engaños al interior de los países (Estados Unidos, Europa). Se están cayendo y nosotros estamos mostrando cómo se pelea por la vida, la justicia, y el verdadero desarrollo sin colonizar a nadie”

Lo conocí cuando salió de la cárcel, adonde estuvo desde febrero de 1992 junto a otros jóvenes militares y también estudiantes y civiles que se alzaron el 4 de febrero de ese año en lo que fue considerado por muchos como un “golpe”, uno de los tantos que se han sucedido en América Latina, que en realidad no lo era.

“La primera gran operación de prensa contra nosotros fue en esos días, porque se ocultó al mundo el manifiesto donde entre otras cosas hablábamos de que “no queríamos ser utilizados nunca más contra el pueblo venezolano”

Era un manifiesto de un alto nivel político y revolucionario, donde se analizaba la enorme corrupción en su país y la grave situación social que había derivado en la insurrección popular de febrero de 1989 y en la masacre contra ese pueblo.

Lo entrevisté largamente en julio de 1994 mientras viajábamos en una camioneta por las calles laberínticas de Caracas, yendo a visitar uno de los barrios populares que lo habían apoyado.

Realmente cuando lo vi entre los pobladores de aquel barrio, uno de los más castigados en el Caracazo de febrero de 1989,  pensé que estaba asistiendo al surgimiento de un auténtico líder popular. Debo decir que la entrevista fue más que sorprendente.

Un militar que leía a Eduardo Galeano, a Gabriel García Márquez, a escritores, filósofos, que sabía de la mejor historia latinoamericana, reivindicaba a Simón Bolívar y hablaba de la necesidad urgente de la unidad de "nuestra América", tenía mucho que decir.

 “Entiendo que es difícil para los países de Sudamérica comprender que lo que hicimos en 1992 no era un golpe común, que no somos gorilas que estábamos luchando para que haya justicia para nuestro pueblo y nunca más represión. Llegó la hora de la justicia y de hacer lo que todos los venezolanos dignos debemos hacer por el 80 por ciento de la población que es pobre y mira desde arriba, desde aquellos lugares olvidados, esta otra vida de los grandes ricos de Caracas la ciudad saudita, como le dicen” razonaba Chávez.

 Pensaba también que había que “sembrar” el petróleo y convertirlo en grandes extensiones verdes, porque el país casi no producía alimentos. “¿A dónde va el dinero del petróleo, por qué hay hambre, soledad y abandono en tan extensa masa del pueblo venezolano?” se preguntaba.

Quizás una de las cualidades más importantes del presidente Hugo Chávez era su sinceridad y su humildad. Eso lo colocaba en la antípoda de los partidos políticos venezolanos y contaba con un enrome apoyo popular.

Vestía entonces un discreto uniforme verde olivo, con una chaqueta tipo chino y dijo que lo que se hizo con el alzamiento militar era advertir al gobierno sobre la dramática situación del pueblo venezolano.

``Todo lo que ha sucedido en este tiempo –decía refiriéndose al alzamiento militar-- hace que ratifique nuestra idea de lo que hicimos en su momento tenía justificación. Estábamos tratando de dar un campanazo, de decir la realidad que estábamos viviendo como militares. También al salir de la cárcel este año, le dijimos al presidente que era necesario tomar medidas de emergencia, que el país necesitaba un proyecto urgente porque se estaba en una emergencia de guerra. Y esto justifica también los pasos que estamos dando ahora en procura de crear un gran frente que reúna a todos los que quieran salvar a Venezuela de la crisis más grave de su historia de los últimos tiempos (….) Nosotros vimos acelerados nuestros proyectos después que nos enviaron a reprimir al pueblo cuando se produjo lo que se llamó el caracazo de febrero de 1989. Eso fue un genocidio. Estábamos enfermos y espantados, sabiendo que nos ordenaban  disparar a mujeres, niños, ancianos, todos pobres. Y eso fue para nosotros una toma de conciencia de que era el tiempo de la justicia” Allí empezó otra historia.

“Cuando todas las puertas de la razón se cierran y existe la desesperación que nosotros hemos visto, no hay más salidas que las violencias. Yo no estoy llevando una tea para incendiar, el incendio ya está, y no queremos ver el país en el incendio total''.

Relató entonces que “todo esto comenzó muchos años atrás para mí. Y debo decir que fue la experiencia de la revolución peruana y también fue importante y decisivo para mí lo que hizo el general Omar Torrijos en Panamá. Fui a Perú y para mi aquel periodo fue extraordinario. Admiré al general Juan Velasco Alvarado. Más aún, en el maletín que me llevaron cuando nos rendimos en febrero (de 1992) tenía yo un libro sobre la revolución peruana firmado por Velasco Alvarado, que leía siempre. Incluso para mis proclamas utilizaba yo algunas ideas de Torrijos y de Velasco. Tuve como alumno a un hijo del general Torrijos, Omar, quien luego no continuó la carrera militar. Pero allí yo conocí todo aquello que era nuevo para nosotros y que rompía con estos esquemas de militares gorilas tan lejos de nuestra realidad. Desde 1982 teníamos ya un trabajo dentro del ejército, y la operatividad se puso en marcha en febrero de 1992”

Desde esos días comenzó a hacer giras por algunos lugares de América Latina. Entendía que había que intentar el camino político. “Ahora parezco un demonio para los poderosos para los que quieren dominar al mundo y recibo mucho amor de los pueblos por donde voy“  dijo ya poco antes de llegar a la presidencia en 1998.

Durante una entrevista en 2003 sostuvo “este es el momento histórico para Venezuela y América Latina, pues a pesar de todas las amenazas y presiones hemos dado pasos que resumen los de otros tiempos para finalmente acceder a nuestra verdadera independencia". Cumplió con todo lo que prometió en cada uno de sus programas de gobierno, como llamar al pueblo en 1998 ni bien asumió su primer gobierno para cambiar una constitución caduca, envejecida, escrita por las grandes elites del poder. Fue reemplazada por una nueva Constitución verdaderamente revolucionaria a favor de las mayorías populares por primera vez. La integración lleva su sello. “Hay que sacar a la integración de los papeles” dijo y lo hizo, cambiando petróleo  por alimentos, insumos de salud, un intercambio que salvó a América Latina en la última década de ir de rodillas a pedir créditos para comprar  petróleo. “Esto es una felicidad para mí y para los pueblos de Nuestra América (…)Ya no tenemos que pedir permiso para vivir con dignidad. Estamos enseñando el modelo de una integración emancipatoria, liberadora. Es un tiempo único, es una oportunidad histórica, y sólo la unidad nos puede salvar de las ambiciones, que están destruyendo y llevando la guerra para colonizar países en el siglo XXI”, dijo la última vez que lo entrevisté. Y dijo también aquella frase “ahora tenemos patria, patrias, Venezuela y América Latina y no podemos perderlas por los hijos y los hijos de los hijos que tienen que ser libres definitivamente” .En el año 2006 durante una entrevista me confesó que el ex presidente Néstor Kirchner fue quien estuvo a su lado desde el primer momento y lo había ayudado en cada paso que daba para lograr la unidad de América Latina “Él fue el gran compañero de esos momentos, el que se entusiasmaba y proponía, el que mejor entendió desde el primer momento la magnitud del proyecto integrador y emancipatorio que era el único camino posible para lograr la independencia definitiva de Nuestra América”. Me dijo entonces que debido a los ataques contra Kirchner no lo incorporara a la entrevista “le van a decir que estaba andando con el demonio y le vamos a dar comida a las fieras”. El mismo Chávez se lo dría a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando vino, enormemente conmovido,  al velatorio del ex mandatario argentino. Sintió esa muerte como un enorme golpe. Junto compartieron sueños, desafíos que se eatrevieron a hacer, audacias múltiples y juntos fueron la fuerza de aquel noviembre de 2005 donde Kirchner hizo un discurso histórico y único, rechazando en la propia cara de George W. Bush la firma del ALCA, un proyecto recolonizador trazado para América Latina, para otro siglo de dependencia, todavía más profunda.

“Alca, Alca al carajo” dijo Chávez con aquella voz que resonó en el estadio de Mar del Plata ante miles y miles.

Recuerdo que un día hablando tranquilos de poesía de vidas, de países, de pueblos, le dije que “hay hombres que son como volcanes, que se apagan, y siguen ardiendo y sus fuegos regresan, cuando se castiga mucho a la madre tierra. Estaba refiriéndome al querido comandante Ernesto Che Guevara. Ahora puedo decir sin dudar, mirando ese pueblo que se hizo millones para demostrarle que había entendido su mensaje para siempre, que Hugo Chávez Frías es un hombre-volcán que sigue ardiendo y regresará cada día en todos los fuegos y en todos los sueños liberadores, que haremos realidad, en su nombre.

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