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Chávez vive y vivirá en las luchas de nuestros pueblos

*Por Carlos Leavi

Chávez vive y vivirá en las luchas de nuestros pueblos.  Por eso nos produce tan honda tristeza su ausencia física. Por que como él mismo afirmo, “ya no me pertenezco, ya no soy yo…”. Y este “alucinante viaje del yo al nosotros”[1] marca los caminos de la liberación en nuestros territorios. Ubica al comandante mezclado entre el “Che”, su amado Bolívar, Túpac Amaru, Artigas, Sandino, Evita, entre los/las libertadores de América para que sea vivida y gozada por sus dueños verdaderos: el pueblo. Desde estos valores, prácticas y experiencias de un sujeto cuya subjetividad se transforma en colectiva, se germina la continuidad de su legado. Si alguna vez fue semilla hoy ya es bosque. Como el lucero que acompaña y anuncia el amanecer, el alba (también ALBA), se pierde una vez que ha salido el sol, el día ya está lanzado, su estrella lo anticipo pero ya no le pertenece a ese momento, ya nos alumbra a todos. También nos compromete.

Estuve en Venezuela varias veces, siempre invitado por las organizaciones de trabajadores. La mayoría para garantizar aquello con lo que Hugo Chavez se comprometió el 7 de junio del año 2004, cuando había anunciado en el propio Astillero Río Santiago (A.R.S.) ante sus trabajadores, la construcción de buques petroleros en la fábrica naval estatal de Argentina. Nunca fueron sencillas aquellas gestiones, pero siempre las resolvía el ímpetu de la decisión, esa voluntad política que se respiraba en las reuniones, en las asambleas, en los acuerdos firmados, respecto a cómo se materializa la construcción de la “patria grande”. Las luchas del proceso bolivariano contra las “burocracias” eran cotidianas, denodadas.

Hay un aire que te invade en Caracas hasta sentirte parte de un proceso político mayor, de algo grande que está pasando. Y en esos días te olvidabas que significa dormir, porque cada minuto suma desde algún lugar a esa “revolución” del “socialismo del siglo XXI”. Lo conversas en las calles, lo lees en las paredes, te impacta en ese Hotel Hilton confiscado por el Estado, lo vivís en los recorridos por Vive TV o Telesur, en los encuentros con los compañeros de UNETE: la central de trabajadores venezolanos que había nacido al calor del golpe del 2002, cuando algunas organizaciones de trabajadores habían sido cómplices de ese intento por matar a Chávez y todo lo que él expresaba. Fui “delegado fraternal” en alguno de sus congresos.

Todo aquello que escandaliza a los poderosos del mundo, es desmesura, pasión y provocación en la cual otros nos reconocemos, nos identificamos, nos entusiasmamos. Por esto guardo en mi cabeza, en mis tripas y en mi corazón sus discursos/asambleas en la Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata cuando derrocamos al ALCA o cuando estuvimos en la facultad. Con esa energía compartí aquellos días en Caracas donde experimentamos que caminábamos los caminos de la historia grande y comprendí junto a los trabajadores y el pueblo de Venezuela que no hay muerte que mate la vida, que Chávez ya germinó en un tierra que esperaba esa semilla, que el dolor y la tristeza son fuerza para seguir y profundizar las luchas por la liberación.



[1] “El alucinante viaje del yo al nosotros”, es un artículo de Eduardo Galeano que puede leerse en “El nuevo periodismo”, Editora/12, Buenos Aires, diciembre de 1987.

*Docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social.

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