"Eficaces y alegres: Miles de jóvenes estuvieron (y están) descargando camión tras camión"
 
Prensa
 

La Patria es el otro y el barrio también

Por Carlos Ciappina*

Crónica de la esperanza, la militancia y el compromiso 

El 2 de abril quedará en la memoria de la ciudad de La Plata por siempre, no sólo por conmemorarse la recuperación de las Malvinas, sino por el terrible temporal que asoló  la ciudad y dejó como saldo decenas de muertos y a miles de personas sin prácticamente nada. Tambien se recordará por la rápida presencia del Estado Nacional para asistir junto a organizaciones sociales, religiosas, políticas e institucionales en los vecinos afectados en los distintos barrios, a partir del reconocimiento de la dimensión de la tragedia.

Llovieron 397 mm (según el Observatorio Astronómico de La Plata) y media ciudad quedó bajo el agua en tres o cuatro horas. La situación afectó a todos sin distinguir clases sociales o perfil profesional: villas y barrios populares, barrios residenciales, barrios de sectores medios de bajos ingresos, cuentapropistas, profesionales; todos se vieron afectados, aunque claro, no todos de la misma manera.    

La mañana posterior al temporal, comenzaron a llamar a nuestra la Facultad de Periodismo y Comunicación Social los primeros docentes y no docentes para ofrecer ayuda. Los estudiantes se movieron instantáneamente: el Centro de Estudiantes comenzó a organizar el espacio de la Facultad para recibir a familias evacuadas de los barrios de la ciudad junto a alguna de las agrupaciones políticas estudiantiles de la Facultad. Entre la agrupación Rodolfo Walsh (conducción del centro) y La Massetti (una de las agrupaciones opositoras) trabajaron para que cincuenta familias pasaran la noche en el Aula Anfiteatrada: el espacio donde se dan clases, donde se entregan diplomas de egresado, donde se entregan los premios Rodolfo Walsh, cumplía ahora con una nueva función: albergar a los que todo habían perdido y todo lo necesitaban. ¿Habrá mejor destino para un aula que servir al pueblo que lo necesita? 

Este paso era sólo el inicio: comenzaron a llegar alumnos, profesores, no docentes y vecinos con donaciones, colchones, bolsas con ropa, alimentos secos y la Facultad empezó a habitarse de jóvenes militantes y no militantes que descargaban y abrían donaciones para organizarlas y distribuirlas.

La decisión de constituir a la Facultad como un centro de recepción y distribución de ayuda fue pues, una decisión dictada por la realidad, asumida con convicción por la gestión y los claustros de la Facultad sintiéndose acompañados en esto por la actitud de los jóvenes estudiantes y por el ofrecimiento de docentes, no docentes y vecinos para colaborar.  

Desde diversos organismos el Estado Nacional se hizo presente y comenzó a hacer llegar los recursos que la necesidad inmediata exigía: miles de colchones, frazadas, botellones de agua, lavandina, alimentos secos, ropa. Desde otros espacios llegaban también materiales y donaciones: Tartagal, La universidad Nacional de San Luis, la de Mendoza, y de varios municipios del conurbano.

Así, la dimensión de los recursos, obligó a que comenzaran a multiplicarse los jóvenes que se organizaron para descargar , ordenar y distribuir: Jóvenes militantes de agrupaciones políticas, la mayoría enrolados en Unidos y Organizados: Juventud Peronista de la Provincia de Buenos Aires, Movimiento Evita, Peronismo Militante, KOLINA, MILES, Nuevo Encuentro, La Cámpora, los alumnos de la conducción del Centro de la Facultad ( Rodolfo Walsh) y de otras Facultades (Oveja Negra de Veterinarias). Eficaces y alegres: Miles de jóvenes estuvieron (y están) descargando camión tras camión, en un interminable pasamanos que dura día y noche sin detenerse, cantando sus consignas políticas y también las canciones que los identifican .

¿Qué mueve a estos jóvenes, algunos casi adolescentes? Estuvieron miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo y continúan trabajando a destajo por los otros, por los que están necesitados. ¿Qué reciben a cambio? ¿Qué beneficios materiales? ¿Qué cargos políticos? Reciben la alegría de ser solidarios, de ser con los otros, de sentirse miembros de la comunidad, de entregarse por los otros. Lo hacen desde la convicción política, claro que sí, son militantes y como tales tienen las cosas claras, lo hacen sin esconder nada porque nada tienen que esconder, porque para esos más de cinco mil  jóvenes (que sólo recibieron a cambio una comida al paso y colchones en el piso para luego seguir trabajando), la política es esto: darse por y para los demás.

¿A quién tenían que pedirle permiso, a los medios hegemónicos, a los bienpensantes que señalan desde el sillón, a insensibles  burócratas, a los distraídos que dicen que gobiernan y no están?

¿Se ponen remeras que identifican sus pertenencias políticas? ¿Y porqué no? ¿Todos pueden enrolarse en distintas pertenencias pero nadie en la pertenencia política? Lucen sus remeras de Unidos y Organizados, La Cámpora, Kolina, La Walsh, Nuevo Encuentro y también están  los que no llevan pecheras políticas pero se sienten tan partícipes como el que más con sus remeras de grupos de rock o equipos de fútbol.

¿Estaban/están solos los jóvenes militantes? Lejos de ello, y lejos de la mirada demonizante de los medios hegemónicos, junto y con los jóvenes estaban ADULP (el sindicato docente de la UNLP), ATULP (sindicato no-docente de la UNLP), Los Bomberos Voluntarios de la Provincia de Buenos Aires, La Red Solidaria de La Plata , Las Extensiones Aulicas de la Facultad ,  los Boys Scouts, Los Cascos Blancos, La Gendarmería, la Prefectura y el Ejército Argentino. Tampoco estaban ausentes los vecinos de la Facultad, su solidaridad se expresó no sólo con las innumerables donaciones sino en su buena predisposición para con los camiones, camionetas y autos que día tras día dificultaban su propia circulación y para con los jóvenes que día y noche circulaban y cantaban realizando su tarea solidaria.

Imágenes y acciones  que se repitieron: los jóvenes diagramando junto a los Médicos del Ejército  la tarea de salud en los barrios. Los jóvenes (militantes y no militantes) yendo a ayudar en los camiones del Ejército , Gendarmería y Prefectura a distribuir en los barrios... sí, esas fuerzas de oscuro pasado dictatorial, hoy recuperando el rol que no debieron haber perdido nunca: ayudando a su pueblo en vez de reprimirlo.  Había jóvenes oficiales y soldados de no mucha mayor edad que los militantes políticos.

Sólo recepción y distribución no alcanzaban y los jóvenes militantes se organizaron para ir a las Escuelas de los barrios más afectados.  A decenas de Escuelas había (y hay aún) que limpiarlas, secarlas, repararlas, para que puedan volver a ser Escuelas y comedores escolares, para que vuelvan a recibir niños y niñas.  Desde las escuelas al resto del barrio: ayudar a los vecinos con la basura acumulada, con el reparto de lavandina, agua, colchones y ropa, relevando otras necesidades o llegando a aquellos a los que no les había llegado  ayuda ninguna.

Al mismo tiempo , y porque la militancia juvenil ponía el peso de la tarea en los barrios, la Facultad pudo también acompañar y ayudar a los docentes, no docentes, graduados y alumnos, contactando uno por uno a los afectados y llevándoles lo mismo que recibían los vecinos de los barrios si así lo necesitaban.

Muchos de nosotros pertenecemos  a la generación que ingresó a la Universidad en los estertores de la Dictadura genocida, donde exhibíamos el DNI al ingresar, donde era ilegal la política y la militancia, “aquí se viene a estudiar” rezaba la burda propaganda oficial de esos años. La apertura democrática nos encontró, aún como alumnos y ya batallando para que hubiera concursos que oxigenaran las Cátedras pobladas de docentes pro-dictadura y marchando para reclamar hacia adentro de la Universidad y hacia afuera por Verdad, Memoria y Justicia. Los noventa fueron la época del profesionalismo  tecnicista, de la mercantilización educativa, donde las carreras universitarias (en general) se veían como un paso individual , para un futuro individual en una patria agonizante .

Hoy, los jóvenes universitarios y no universitarios nos muestran desde la potencia de su acción y su compromiso militante (vital y político) que la Facultad (y la Universidad) puede y debe ser un espacio de organización   popular donde converjan los organismos públicos, la militancia política , la militancia social y los ciudadanos en general. Si soñamos con una Universidad de puertas abiertas, pues bien, los jóvenes militantes nos han señalado un camino, si soñamos con que el Estado y la Política debían volver a las aulas, lo han hecho de la mejor manera: articulando política pública, institucionalidad universitaria y militancia política juvenil (y también de algunos no tan jóvenes ya por supuesto).

Hoy , después de la debacle neoliberal en toda América Latina , y después de casi diez años de recuperación nacional, los jóvenes universitarios y no universitarios nos dicen alto y fuerte y lo que es más importante, lo hacen concretamente: LA PATRIA SON LOS OTROS.    

 

*Vicedecano de la Facultad

Correo Perio