Prensa
 

La voz del pueblo, el sentir de la patria

Por Ana Amelia Negrete*

León Gieco es un artista del pueblo, de pueblo y del pueblo. Un artista de esos que todos conocemos, que hemos tarareado una y mil veces, León es el que le pide a Dios, es el del boxeador de provincia querido por su gente y estafado por el señor que lo vino a buscar, es el que encontramos en el país de la libertad, el que nombra a Pugliese, que lee Página, es el Salieri de Charly. Es uno más de nosotros. León es el de las historias mínimas, de esas que nos conmueven cuando las escuchamos, que nos representan cuando las cantamos.

Pero, y por sobre todas las cosas, León es de las causas justas. Las urgentes y las difíciles. Es el que se anima a cantarle a Santa Tejerina, a bailar con ella  y se arriesga a que los “quemen en la hoguera como fue una vez”. En sus canciones, desde su voz, hemos conocido la historia de Juan, el último aparecido, del Pocho Lepratti, el ángel de la bicicleta, es el que nos advierte de los hombres de hierro, es el que nos recuerda que en esta parte del mundo hemos vivido cinco siglos igual y que esos mismos que han construido las garras del colonialismos piensan que aquí hay un embudo para llevarse nuestros recursos naturales.

León es arriesgado. No mide el éxito con la vara del dinero. Pone el cuerpo en donde hay que mover la sensibilidad, abrir los ojos, levantar la voz. Es el que le pone alas al mundo o, mejor dicho, descubre el mundo alas y nos lo comparte. Pone su nombre, nos convoca y dice “tengo una sorpresa para compartirles”, así fue en el Salón Blanco de la Casa Rosada, así fue en el Teatro Argentino en otro aniversario de Miguel. Así fue en el cine, así fue en la mesa de negociaciones de la discográfica. Su mundo alas vuela, nos conmueve y nos enseña.

Desde la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP le entregaremos a León Gieco el Premio Rodolfo Walsh a la Comunicación Popular, sólo pensando en la aventura emprendida junto a Gustavo Santaolalla en el mítico recorrido por nuestro país reconociendo artistas y expresiones populares y grabándolas en ese legado de cultura popular llamado “De Ushuaia a La Quiaca”, se podría justificar este premio.

Pero León desborda esta razón y nos permite recordarlo una y muchas veces en las movilizaciones emprendidas por Rosa, la familia y los amigos de Miguel pidiendo el esclarecimiento y la aparición de nuestro compañero de Periodismo, podemos reconocerlo caminando siempre con las madres y las abuelas, podemos decir que estuvo en el año 95 cantándoles a nuestros compañeros de HIJOS en los momentos fundacionales de su reconocimiento como tales, podemos decir que este fin de semana cerró el recital solidario para las víctimas de la explosión de Rosario, podemos decir que compramos remeras, CDs y entradas a recitales por sus “invitaciones” a ayudar a otros.

Sin embargo, León no es políticamente correcto, donde él está no es el lugar fácil, el que todos ya estamos, de hecho, en muchas ocasiones él es el que hace punta para que otros se sumen.

Podríamos decir que este premio a la comunicación popular es un premio a un inquieto que es escucha y amplificación del sentir de su pueblo. León representa esa compleja voz de esta patria, desde su sensibilidad y su profundo compromiso político. Desde la historia y la memoria a este presente.

Como esta Facultad que cree en el sentir del pueblo, en la cultura y la comunicación como manifestaciones de lo nuestro. Que lucha todos los días para que haya más voces y que esas voces se escuchen. Como nosotros, los que caminamos con León tantas veces y sentimos su voz como propia, no le íbamos a compartir este premio Rodolfo Walsh.

*Prosecretaria de Asuntos Administrativos

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