Miles de jóvenes se solidarizaron con los damnificados por la trágica inundación del 2 de abril en La Plata
 
Prensa
 

Aprendizajes

Por Ana Amelia Negrete*

Dicen por ahí que aprender es ver algo que antes uno no veía.

El de 2 de abril de 2013 y sus días posteriores, aprendimos.

Aprendimos de horror, de solidaridad, de resistencias y de amor.

Aprendimos de nosotros mismos, de la ciudad en la que vivimos, de los que nos gobiernan y de los que nos quieren.

Topográfos urbanos: desde ese día vemos en nuestra ciudad, cosas que nunca antes habíamos visto:

“- ¿Viste como baja la calle 57 de diagonal 74 a 19?

… y ese lugar se re-inundó

- ¿Viste que este barrio no está en el plano de la ciudad?

… pero existe y la gente se inundó mal”

Arquitectos amateurs: sabemos de procesos de humedad, de tratamientos antihongos, de materiales más resistentes al agua, de estructuras.

Comunicadores populares: sabemos hacer rodar casos de víctimas, historias de vida heroicas, miradas sobre la injusticia estructural en la que viven barrios y vecinos de esta ciudad.

GPS humanos: aprendimos de trayectos, de atajos, de calles y de barrios.

Doctores in situ: aprendimos de vacunas, de enfermedades y de mejores remedios caseros para matar baterías y microbios.

Contar el 2 de abril desde los aprendizajes es una clara elección, no desde una mirada naif que ve cosas lindas donde está la cruenta experiencia del dolor. Muy por el contrario, se trata de valorar el complejo hecho político de aprender, se trata de entender que en la historia social de nuestro país nos hemos organizado y hemos inventado las más transformadoras estrategias de lucha a partir de experiencias plantadas en el horror y en lo indescifrable.

El agua nos hizo sentir ignorantes, desprotegidos, frágiles. El agua, a muchos, nos hizo sentir cosas que compatriotas nuestros sienten todos los días.

El agua nos hizo repensar en qué cuando hablamos de universidad del pueblo no se trata, solamente, de ir con un proyecto a trabajar en un barrio. Se trata de algo mucho más profundo, que es que la universidad sea parte del dolor y de la alegría de su gente. El 3 de abril cuando abrimos las puertas de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social para que vecinos de nuestra ciudad que no tenían donde pasar la noche, se quedaran a dormir y durmieran (y eso no fue sólo azar) en el aula donde han pasado Estela de Carlotto, Hebe de Bonafini, Eduardo Galeano, Rosa Bru; decidimos que las puertas de la Facultad tienen que estar siempre abiertas, que nuestro trabajo político es que el pueblo sienta que ese cachito de universidad le es propio… tan, tan propio que puede ir a dormir cuando no tiene dónde.

Tomamos la decisión que ese Edificio pensado y construido en el marco de este proyecto político que concibe a la educación como parte estratégica fundamental del desarrollo, podía cambiar su fisonomía y llenarse (para vaciarse inmediatamente) de cosas que en ese momento eran tan necesarias como la producción de conocimiento al servicio de un proyecto de país.

Desde esos días sabemos fehacientemente una cosa que intuíamos, que nos movilizaba pero que desde esos días de abril tenemos la magnífica posibilidad de enunciarla en una frase: “la patria es el otro”.

De esos días somos más conscientes que hay patria, de esos días sabemos que nos da orgullo defender y trabajar por nuestra patria y que queremos estar codo a codo con los otros, haciendo, mirando, discutiendo, gritando, estudiando, cantando, riendo, llorando, acompañando, proponiendo; porque nuestra patria la hacemos en el acto cotidiano de hacer con el otro, en el cachito de tierra que elegimos habitar, en el pedacito de educación que nos toca transitar, en el micro espacio político donde tomamos decisiones.

De esos días, reconfirmamos una alta convicción política que nos guía: tiene que haber patria y tiene que haber estado. El Estado y sus funcionarios. ¡Vaya que aprendimos de eso!

Todos los vecinos de nuestra Ciudad, profesen la ideología política que sea, vieron y vivieron en carne propia en esa tarde/ noche del 2 de abril el Estado Local ausente y lo terrible de esa definición.  

Pero también y a contraluz, no hay nadie que nos pueda discutir a todos los que transitamos Periodismo en esos días que había Estado Nacional presente, ocupado, preocupado, trabajando, tomando decisiones. Sabiendo que en cada una de sus acciones a los más humildes, a esos que las redes de solidaridad familiares y comunitarias no le iban a poder resolver la situación (porque en esta ciudad sí hay muchos a los que sus propias condiciones de vida y la de sus entornos les daban una mano grande), se les jugaba la vida.

De esos días,  aprendimos de militancia, de amor, de compañerismo, de juventud. Los vimos, los abrazamos, fuimos parte de ellos. Cientos y miles de pibes motivamos por su patria y por sus compatriotas. Orgullosos de los lugares de donde venían (porque vinieron de todo el país), felices de sentir que sus actos les modificaban concretamente la realidad a los vecinos que la estaban pasando mal:

- “vinieron unos pibes de morón y nos arreglaron la luz…” me dijeron días después mis tíos, que viven en pleno San Carlos, que tienen más de 70 años y que la situación estructural de los familiares que entendían algo del tema los había relegado de la prioridades de problemas urgentes a resolver. 

De esos días, aprendimos que para transformar nos tenemos que transformar, tenemos que poner en tensión nuestras propias miradas, tenemos que amar el acto educativo de hacer con el otro, tenemos que trascender el color de camiseta, las características de la vestimenta… cualquier militante progresista me puede decir, que eso es obvio y que ya lo sabe. Sin embargo, gran esfuerzo de aprendizaje fue ver en los gendarmes pibes como nosotros, con otra realidad y decisión pero con sueños y vivencias parecidas a las nuestras; esos días los más grandes tuvimos el enorme desafío de entender que hay una parte de la transformación de las fuerzas de seguridad que nos toca y que le tenemos que dar pelea de transformación a la profunda herida que nos dejó nuestra historia generacional.

La decisión política era clara, gendarmería y el ejército estaban ahí, dispuestos, con los camiones, con la estructura, con sus soldados y nosotros teníamos el enorme desafío de trabajar con ellos. Los pibes más chicos, los hijos de la democracia, le ponían el cuerpo, trepaban a los camiones,  guiaban sus trayectos, les discutían, se plantaban si era necesario y nuestras estructuras de pensamiento en esos días sufrían embates de revolución.

¿Aprendimos? Sí, claro.

Vemos en nuestras decisiones políticas mucho más que unas lindas luces de Plaza Belgrano o un semáforo nuevo pseudo votado en una encuesta popular.

Vemos en las casas marcas de inundación.

Vemos en nuestras almas miedos e incertidumbres nuevos.

Vemos en nuestros corazones la magnífica experiencia de hacer con los otros.

Vemos en nuestra aula anfiteatrada, cuando cerramos los ojos, gente durmiendo, vemos colchones, agua, lavandina en cada espacio de la Facultad.

Claro, que vemos cosas que antes no veíamos.

Sin embargo, esperamos aprender de formas menos traumáticas, más amorosas, colectivas pero sin la angustia de poner en juego la vida y sin el dolor de la injusticia.

Soñamos que a la Facultad del Pueblo Argentino sigan entrando todos nuestros compatriotas pero queremos poder transformar el motivo y las condiciones de ese encuentro.

Para eso trabajamos todos los días.

*Prosecretaria de Asuntos Administrativos, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.

"La Patria es el otro"

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