Vanesa Arrúa, Luciana Kuperman, José Luis Arana y Alfredo Carballeda
 
Prensa
 

“Todos somos responsables de los jóvenes en conflicto con la ley”

Debatieron sobre política, subjetividad y responsabilidad penal juvenil

Bajo la consigna de “Política, subjetividad y responsabilidad penal juvenil”, se desarrolló esta tarde una disertación de especialistas en estrategias de intervención con jóvenes en conflicto con la ley penal, en el marco del IV Congreso de Jóvenes, Medios e Industrias Culturales (JUMIC) que finaliza hoy en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de UNLP.

La charla estuvo centrada en el cambio de los últimos años en la visión, en las normas y en los planes destinados a los jóvenes que transgreden la ley penal y también en el rol de la comunicación en el abordaje de esas situaciones.

De la mesa participaron la directora provincial de Medidas Alternativas y docente de esta Facultad, Vanesa Arrúa; Luciana Kuperman de la Dirección Nacional para Adolescentes Infractores de la Ley Penal del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación; el trabajador social Alfredo Carballeda (UNLP/UNER) y José Luis Arana, director de la ONG “La Casita de los Pibes”. La coordinación estuvo a cargo de Gonzalo Bustos.

En primer lugar, Vanesa Arrúa destacó que “las intervenciones que se realizan con los jóvenes que cometen un delito deben contribuir a un proceso de responsabilidad que parte de reconocer la transgresión y a la vez edificar opciones que sirvan al proyecto de vida futuro de esos chicos”.

En este sentido, aseguró que “debemos pensar que no hay jóvenes transgresores a la ley sino que hay jóvenes que cometen un delito, que se trata de situaciones multicausales y que además se debe trabajar desde la singularidad de cada joven”.

“Es preciso superar la situación de transgresión de cada joven a través de proyectos y estrategias que aborden el aspecto vincular, su lazo comunitario y lo institucional”, agregó.

“La comunicación es importante en primer lugar en la disputa de sentido, es decir, en transmitir que existen opciones a la sanción, al encierro, que son más eficaces que la privación de la libertad”, aseveró Arrúa.

La docente sostuvo que también “la comunicación juega un rol clave mediante proyecto de producción de mensajes propios para los chicos, como talleres de radio, revistas, producciones artísticas que tiene como objetivo que el joven se sienta protagonista, que haya un empoderamiento de esos espacios y que recuperen la identidad como sujetos y actores políticos”.

Por su parte, Luciana Kuperman resaltó que desde la Dirección Nacional para Adolescentes Infractores de la Ley Penal “se buscaron espacios donde los jóvenes en conflicto con la ley penal puedan dialogar con el mundo adulto desde un lugar de paridad y desde donde podamos ser interpelados por ellos”.

“En la etapa juvenil se producen algunos excesos, lo que algunos autores llaman ‘un diálogo torpe’ con la sociedad, que se suma a un momento de la vida donde los adolescentes buscan desvincularse e independizarse en todo sentido”, indicó.

“Los adultos somos responsables de habilitar espacios para que los jóvenes construyan un sujeto. Y esos espacios muchas veces están vinculados a talleres de arte, a capacitaciones o visitas a lugares recreativos, a la construcción de relaciones con otros jóvenes que quizás no estén en la misma situación mediante la invitación a escuelas de la zona, viajes, entre otros. Son estos escenarios tan potentes que permiten disputar la idea de futuro de los chicos”, argumentó.

En tanto, José Luis Arana, detalló el trabajo que llevan adelante en la ONG La Casita de los Pibes, “que comenzó en el año 2000 a trabajar con chicos de barrios carenciados y a raíz de que uno de los adolescentes tenía un pedido de captura, se decidió empezar a intervenir con estos jóvenes en conflicto con la ley penal”.

“Nosotros trabajamos bajo la idea ya conocida pero cierta de que ningún pibe nace chorro. En realidad no existen pibes chorros, existen adolescentes que transgredieron la ley”, agregó.

Arana expresó que “la responsabilidad de todos los jóvenes no es solo de los padres biológicos de los chicos sino de toda la sociedad. Nuestro proyecto se basa en la construcción de referentes adultos y grupos de pares, mediante el acompañamiento y la contención”.

“En la Casita de los Pibes se brindan capacitaciones en distintos oficios como carpintería y apicultura, que muchas veces se transforman en proyectos productivos, además de talleres relacionados a la comunicación como un espacio de videos documentales”, indicó.

Por último, Alfredo Carballeda recordó que “estos jóvenes de los que se habla son los hijos de los que se quedaron sin trabajo con la crisis neoliberal y si bien hoy existen una infinidad de políticas de inclusión, la subjetividad con respecto a la idea de futuro incierto, del sálvese quien pueda todavía está latente en el interior de muchos de estos adolescentes”.

“Cada uno de nosotros somos una construcción histórico social y tener 4 o 6 años en la Argentina del año 2000 no era una buena noticia”, aseveró.

Además, rescató el caso del poeta Camilo Blajaquis como ejemplo de “que las posibilidades de un cambio drástico en la vida de un joven parten de las opciones que se le brinden”.

“En la vida de Camilo hay una ruptura biográfica a partir de que, como el mismo lo cuenta, un operador en su instituto le llevaba libros y él, en el momento de peor situación, encerrado y golpeado, decidió leer Operación Masacre de Rodolfo Walsh”, relató.

En este sentido, aseguró que “está claro que la solución no pasa por más policías sino por más cultura, más teatro, más cine, más trabajo, en fin más opciones para nuestros jóvenes”.

Correo Perio