29 de diciembre de 1990: las leyes de indulto
 
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29 de diciembre de 1990: las leyes de indulto

Por Juan Alberto Bozza*

La restauración democrática de 1983 heredó las secuelas del Terrorismo de Estado. Esclarecer el paradero de los desaparecidos y castigar judicialmente los delitos de lesa humanidad fueron tareas acuciantes para el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989). El 15 diciembre de 1983 creó la Comisión Nacional de Desaparecidos (CONADEP), cuyas investigaciones desnudaron el plan sistemático de exterminio, descubrieron cientos de campos clandestinos de detención e identificaron a miles de personas desaparecidas. Con estos antecedentes a la vista, Alfonsín inició, en 1985, los juicios a los Juntas Militares del período 1976-1983, responsables de los crímenes cometidos. La decisión se tomó en un clima enrarecido: los diarios La Nación y La Prensa, periodistas colaboracionistas (B. Neustadt, M. Grondona, J. Lagos, C. Burone), partidos derechistas, como la UCEDE, y grupos empresariales no aceptaron los juicios en nombre de “olvidar los tristes sucesos del pasado”. Más grave aún, oficiales de las fuerzas armadas promovieron cuatro levantamientos armados (tres contra Alfonsín, uno contra Menem) para frenar los procesos judiciales.

A pesar de las movilizaciones de la sociedad civil, el gobierno cedió a las presiones sediciosas dictando las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Las mismas exculpaban a gran cantidad de miembros de las tres armas, a policías, gendarmes, prefectos y personal civil involucrado en actos represivos aberrantes. La ley, sancionada el 24 diciembre de 1986, daba un plazo de sesenta días para efectuar las acusaciones; pasado este tiempo, no podían sustanciarse nuevos juicios. El 4 de junio de 1987, se extendió el manto protector sobre los criminales de uniforme: según la Ley de Obediencia Debida, los delitos cometidos por integrantes de las Fuerzas Armadas no eran punibles.

El 3 de diciembre de 1990 se produjo la última asonada militar. Tramada por el coronel Mohamed Seineldín,  pidió el indulto para todos los militares, aún para aquellos casos no alcanzados por las leyes citadas. El levantamiento produjo 13 muertos, entre ellos cinco civiles. Aunque los sediciosos fueron derrotados y su mentor fue arrestado, el presidente Menem concedió los indultos reclamados por todos los involucrados en el Terrorismo de Estado. El 29 de diciembre de 1990, seis decretos liberaron a figuras tenebrosas del Proceso de Reorganización Nacional. Los beneficiarios de las políticas económicas en curso, que incluían el desguace del Estado, las privatizaciones, el endeudamiento con los organismo internacionales y la sumisión escandalosa a la estrategia internacional de los Estados Unidos, reclamaban esas medidas.

El indulto excarceló a los jefes de las Juntas Militares, Jorge Videla, Emilio Massera, Roberto Viola, Orlando Ramón Agosti, Armando Lambruschini; también a ominosos represores como  Camps y Suárez Mason,  al ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, al ex jefe de la Policía Federal Argentina Ovidio Ricchieri, entre otros.

Las leyes de impunidad engendraron grandes movilizaciones convocadas por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y por otros organismos que exigieron la derogación. Las organizaciones militantes de la sociedad civil nunca abandonaron la lucha. Durante el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2010), cuyo programa electoral rechazaba la impunidad, el Congreso declaró nulas a las leyes del oprobio en agosto de 2003.  En 2006, la Cámara de Casación Penal consideró que los indultos a los crímenes de lesa humanidad eran inconstitucionales. Una ráfaga de dignidad recorrió aquel tramo de nuestra historia reciente. Legó un compromiso a las generaciones futuras sintetizado en una tríada imperecedera: memoria, verdad y justicia.

1- Algunos legisladores de opusieron a la derogación, entre ellos Domingo Bussi, la UCeDe y los seguidores de Domingo Cavallo y del radical López Murphy. El resto de los radicales se abstuvo. 

*Docente e investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

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