Mary Terán, una deportista comprometida

Mary Terán, una deportista comprometida

Por MaTíaS AReAL

En los años ’50, pleno apogeo del Peronismo y el deporte argentino – con fuerte apoyo estatal – alcanzaba la cima una de las tenistas más destacadas de todos los tiempos: la rosarina Mary Terán de Weiss.

Nacida en 1918 con el nombre de María Luisa Beatriz Terán, hija del bufetero del Rowing Club de Rosario, vivió el deporte como una niña dotada por naturaleza.  Muchacha de lindas facciones, escasa talla, piernas fuertes y una destreza natural pudo ser una especie de Maradona del tenis femenino: participó en 1.100 competencias internacionales, de las que ganó, entre singles, dobles damas y dobles mixtos, 832 primeros puestos y el Plate de Wimbledon. 

Pero el destino le tenía reservada una trampa: su afinidad con la política deportiva puesta en marcha por el gobierno la hizo peronista. Se decía que para Juan Perón la única mujer capaz de reemplazar a Evita en su corazón era la ascendente tenista. Después del golpe revolucionario y con la caída del gobierno de Perón, Mary Terán de Weiss fue discriminada en el deporte, virtualmente perseguida como una eventual militante – condición que nunca asumió – y debió emigrar porque aquí la Federación de Tenis le prohibió que representara al país. Increíble, pero real, como titulaba la serie televisiva.

Padeció el resentimiento y un destierro para siempre. Mary Terán, viuda de Weiss, se suicidaba en 1984.  Treinta años antes, el 4 de julio de 1953, el influyente diario europeo de la época, France Dimanche, publicaba una foto con un epígrafe inolvidable para sus detractores: Mary Terán, una de las mejores jugadoras del mundo y gran amiga del presidente Perón. En su momento de gloria no imaginaba cómo pagaría el revanchismo político de ese tiempo, evocaba hace poco Víctor Lupo, un lúcido dirigente y ex subsecretario de Deportes de la Nación, entre 1989 y 1992.

Mary había impuesto una auténtica moda: polleritas de organza doble, spolverinos ribeteados de puntillas y blusas escotadas con pantaloncitos muy breves que innovaron la clásica indumentaria de aquellas tenistas de los 50.  Entretanto, la Argentina avanzaba hacia la justicia social.

Para un periodista reconocido de ese tiempo, Roberto Andersen, el juego de Mary Terán era la base; largo y de gran movilidad. Con buen revés y drive.  El decano de los especializados en tenis añadiría: No voleaba mucho, pero desde su campaña europea después del ’55 llegó a volear muy bien. Una crónica de la época la tenía como una que planeaba tácticas con un juego muy ofensivo. El propio tucumano Lupo diría en los ’80: “Mary era imbatible en la Argentina”.

En marzo de 1956, con el Decreto Ley 4161 quedaba prohibida en todo el territorio de la Nación la utilización de propaganda peronista al tiempo que se consideraba violatoria de esa disposición la difusión de imágenes, símbolos y signos creados o por crearse. El matrimonio no tuvo hijos y Heraldo resultó víctima de una enfermedad incurable que impactó psicológicamente en Mary, según un testimonio recogido en la colección dirigida por Félix Luna, Mujeres Argentinas.

En 1952 es designada jefa de los Campos Deportivos Municipales. En ese momento, la miopía de algunos dirigentes –amanuenses del Gobierno – transforma a la mejor raqueta de ese tiempo en un instrumento político: desde el gobierno de la ciudad se interviene a los clubes de tenis en la búsqueda de una pretendida popularización del llamado – en ese entonces – deporte blanco.

Los burócratas de turno usaron la figura de Mary Terán para revertirla tendencia elitista de esos clubes. Enrique Morea, el otro gran tenista de la época, fue la antítesis de esa política y privilegió la elite del Lawn Tennis Club. 

En 1960, el presidente de River Plate, Antonio Liberti, la repatrió y Mary Terán volvió a los courts. O pretendió hacerlo. El odio todavía estaba a flor de piel y sus rivales, algunas de ellas ya famosas – Norma Baylon, por ejemplo – rehusaron enfrentarla.

Venía de residir en Madrid como ciudadana española y había ganado en Turquía, Suecia, Pakistán, India, Filipinas, Irlanda, Alemania, Escocia, Austria e Italia.

A fines de la década del ’50, solamente una tenista le ganaba a Mary: la extraordinaria negra norteamericana Althea Gibson, quien la derrotó en Wimbledon.  La rivalidad era parecida a la vivida 40 años después entre la alemana Steffi Graff y Sabatini.  

Ni la vuelta de Perón «al Poder» en el ’73 sirvió para torcer el destino.  Estaba derrotada por tanta indiferencia e ingratitud. Cuando falleció la anciana, se refugió en un grupo de amigos y el comercio de ropa deportiva que compartía con dos socios.  Le gustaba vestir bien y hacer – cada tanto – algún viaje a Europa donde era reconocida en todos lados.

La relación con su madre –muy fuerte–, su fe católica y las costumbres de la época la aislaron de los hombres.  A los 65 años no se veía envejecida pero estaba muy delgada y abatida.

Triste y solitaria, el sábado 8 de diciembre de 1984, alrededor de las diez de la mañana Mary Terán se arrojó al vacío desde el séptimo piso de un edificio marplatense.  
Curiosamente, la única figura que despidió sus restos fue Enrique Morea, otro grande de la época, atrapado, en aquel tiempo del absurdo debate, por un anti peronismo irreversible.