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Comunicación y género, un desafío pendiente

Por Florencia Cremona

Hace un par de días, asistí a una conferencia dictada por un reconocido filósofo e historiador argentino que hablaba del Bicentenario. De cuantos bicentenarios se festejaban y se festejan.

Como en toda fiesta, cada cual lleva al santo su intención   Así es como los 200 años de la Revolución de Mayo nos encuentra en una multiplicidad de sentidos de fiesta, de intenciones y de homenajes.

Evoco la elocuente capacidad oratoria del conferencista a la hora de iniciar estas breves líneas que conjugan la celebración del Día Internacional de la Mujer con el Bicentenario.

En la narración a la que hago referencia se contaba la historia de la patria librada por varones que ocupaban los lugares de decisión  entonces. Hizo apenas  tres referencias a las mujeres, siempre en el momento en los que era necesario hacer una nota de color para desacartonar un poco a la audiencia. En todas ellas, la esencia temática refería a la noticiabilidad asociada al hecho de lo femenino. El fenómeno mujer.  Las condiciones excepcionales por las cuales la persona mujer cobra notoriedad pública. (Las condiciones citadas en los ejemplos fueron la actividad sexual, la belleza o  la fealdad)

A los comunicadores nos gusta mucho decir de la importancia cotidiana del entramado de los sentidos. Y se me hizo patente, cuando después de esa conferencia miré complicidades  sobre la contradicción de un discurso  problematizado de las narrativas oficiales de la historia que no incluya, excepto con medias sonrisas, cadencias cómplices y de manera relacional, a las mujeres.

El problema del género en la comunicación excede el cliché femenino masculino. Y se filtra al análisis de muchos componentes  como  el lenguaje, la cultura, las políticas editoriales, las relaciones de poder, la presencia  real de mujeres en los medios de comunicación con posibilidad de escribir noticias por fuera de los suplementos femeninos y  el criterio editorial .

Desde la comunicación nos preguntamos  por la manera de normalizar los hechos y la imaginación a partir de un lenguaje que justifica una hegemonía que es sistemáticamente violenta y excluyente contra y con quienes no cumplen con los roles tradicionales asignados a su sexo. Es la heterosexualidad compulsiva de la que habla Judith Butler en El sexo en disputa. Esta  puede verse de manera provocadora en todas las propuestas de las instituciones contemporáneas. Es la pauta que normaliza y acepta con benevolencia  formas distintas que no terminan de ser eso, distintas.

Creemos que trabajar esta compleja articulación genero/ comunicación puede contribuir a desentramar sentidos y gestionar las instituciones desde una perspectiva de género.

Es trascendental elaborar políticas de prevención de la violencia,  de promoción del buen trato, de igualdad de oportunidades laborales. Se precisa hacerlo sin creer que trabajar por el género es trabajar solamente para reponer a la mujer víctima de los daños que el propio sistema le causa. Hacer una política de género es trabajar de manera articulada para asistir pero también para promover el desarrollo integral de las instituciones para que las personas puedan participar y vivir en ellas mas allá de su situación de género.

Los Estados garantes de los Derechos Sociales deben responder a la ciudadanía y ayudar a que los que son discriminados por pautas culturales como las mujeres, las travestis, los trans , los gays y lesbianas gocen de las mismas oportunidades.

Para esta fecha cuesta hacer afirmaciones de balance, de esas que refieren a los avances en torno a la materia tratada. Por una parte hay cada vez más un discurso que reconoce el género como desafío político. Sin embargo, las formas de gestionar y de tomar decisiones siguen estando nomencladas desde una lógica de varones y se sigue dudando de la calidad de gestión de las mujeres.

Los medios audiovisuales como la televisión y la publicidad siguen apelando al lugar más tradicional de la mujer al tiempo que se exacerba la pornografía y la cultura del cuerpo objeto. Las mujeres de televisión y de propaganda ante todo son mujeres y despliegan una serie de clichés constantes en relación a los lugares más tradicionales de la femineidad.

En la gráfica también hay toda una industria dedicada al publico femenino: las revistas para mujeres, suplementos de mujeres, sección de mujeres copada por propaganda de belleza y estética y luego un cuerpo general de noticias de actualidad y problemática trasnacional 

El orden simbólico de las mujeres ocupa una segunda plano, y no solamente en los medios de comunicación, sino en la contradictoria propuesta de las instituciones locales.

En las escuelas de la Provincia de Buenos Aires, se debate el abordaje del tema salud sexual y reproductiva, pero en las listas de nombres con las que se pasa asistencia, el orden alfabético es primero los varones y después las niñas, construbuyendo no sólo a la introyeccion de pautas de poder desde la más tierna infancia -  que parecen administrativas - sino que también reproducen  la heterosexualidad como único modo de ser normal.

Tal vez nuestro desafío como comunicadoras, como periodista, como gestores de la comunicación sea poner en común y trabajar para que el género deje de ser un paño menor  en la gestión pública.

Tal vez este sea uno de los grandes desafíos que se nos presentan conmemorando este 8 de marzo de cara a los Bicentenarios.

 

 

Florencia Cremona

Centro de Extensión Comunicación y Género.

Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLP

cremona23@yahoo.com

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