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Ni de feministas, ni de víctimas. Un problema de tod@s

Por Florencia Cremona (*)

Ayer se presentó en el Senado de la Nación un proyecto que insta a que cualquier persona que tenga conocimiento de algún caso de violencia de género en una pareja, incluso los menores que integren el grupo familiar, denuncie la situación ante la Justicia.

Este proyecto nos propone reflexionar sobre la violencia como un problema que va más allá del hecho mismo y que requiere una inmediata transformación para la profundización de la democracia y de la justicia social.

La violencia contra las mujeres es un rasgo constitutivo de las relaciones sexo afectivas en occidente.  Es la fuerza contra cualquier disrupción al pacto que establece que lo irreductiblemente propio para la mujer es lo íntimo.

Las que saltamos la barrera, no saltamos de ningún modo los prejuicios, ni las limitaciones. La mayoría de las veces los saldamos con altísimos costos personales y en asociación licita con otras y otros  en situación similar. En situación de inequidad pública y privada.

Las mujeres golpeadas (expresión peligrosa y estigmatizante), los ojos rojos, las picanas en la vagina, los femicidios son el resultado de una práctica que se asienta en una cultura violenta y también en mitos del amor que sugieren la resolución de la condición femenina en los lugares predichos para su existencia: la maternidad y el matrimonio heterosexual

Pero la violencia no es solo física, sino que es también el acceso precarizado a la vida pública, al trabajo, al dinero, al poder.

Las mujeres en puestos de decisión tienen que demostrar periódicamente que no están locas, ni son soberbias ni tampoco son víctimas del desvarío hormonal. La política de género en la gestión pública también requiere pericia profesional, aunque a veces está delegada a un irremediable segundo plano a manos de mujeres que por su condición de tal suponen “saber del tema”. Como si un problema de tal envergadura se aprendiera solamente por la experiencia de “ser Mujer”. Como si hubiera un solo modo de ser mujer

Con este marco y aunque cueste, tenemos que dejar de ver el problema de género como un problema de borde, de feministas, de inadaptadas, de golpeadas. Nosotros creemos, en cambio que se necesita de manera urgente una gestión integral de las políticas de género que no solamente erradiquen la violencia contra la mujer o aborden el femicidio sino que además generen condiciones de participación, equidad y acceso a todas las instancias de la vida social

Desde los medios promovemos una llamada de atención inmediata a tratamientos de violencia o de femicidio que incluyan música romántica de fondo, que hable motivos pasionales como móvil de un crimen o se escrute la vida íntima de la victima.

El Observatorio de Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social durante el 2011 releva que alrededor de 83 mujeres fueron asesinadas entre los meses de enero a abril de 2011 por el hecho de ser mujeres: ninguno de esos homicidios ocurrió en situación de robo. En 53 casos, el acusado o imputado sería el esposo, la ex pareja, el novio o el ex novio. En otros diez femicidios se señala como autor a otro familiar directo, es decir, se contabilizan 63 asesinatos de mujeres dentro de su círculo íntimo en menos de cuatro meses.

Los casos de mujeres quemadas e incineradas encierran bajo la metáfora de “la persecución de brujas quemadas en la hoguera” los motivos que llevaron a que esta conducta se convirtiera en un modo habitual de exterminar a las mujeres.

Como se ve, el asesinato, irresuelto en el resultado constante de la mayoría de lo casos, al igual que el tratamiento recae en la duda sobre la víctima y en la “ficcionalización” del acontecimiento. Desde de Norma Mirta Penjerek, aquella piba desaparecida y violada en la década del 60 en Lavallol, pasando por María Soledad, Oriel Briant hasta el actual caso del cuádruple crimen de La Loma ocurrido en noviembre pasado en La Plata que sigue aun sin solución, el tratamiento discursivo siempre estuvo más emparentado a una novela de intriga de Ágata Cristhie que a lo que realmente fueron: máximas expresiones de la violencia de género.

En la Facultad de Periodismo y a través de distintas líneas de trabajo proponemos un abordaje integral  para desanudar el género del problema particular de la violencia y tomarlo, en cambio, como punto de partida inescrutable y profundizar la justicia social desde el aporte trasformador que tiene la comunicación.

* Directora del Observatorio de Género de esta Facultad.

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