Docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP
 
AgeUni
 

En Venezuela ganó toda “nuestra América”

*Por Víctor Ego Ducrot

Y efectivamente será “nuestra”, al decir de José Martí, en la medida en que se consolide lo que el domingo 7 de octubre ratificó en las urnas el pueblo venezolano, porque la alternativa era de hierro: se le volvía a decir sí con el  voto al modelo de  transformación popular emancipatoria, o recuperaba espacio político la estrategia de restauración elitista conservadora.

Durante los días previos a la jornada que tanto le quitó el sueño a reaccionarios, gorilas o derechistas, elija usted el calificativo, en la Agencia Periodística de Buenos Aires (AgePeBa), de nuestra Facultad, afirmábamos  que nuestra región sudamericana “es una totalidad, aquella que emana del viejo proyecto de la Patria Grande, y que nada de lo que ocurre en el plano doméstico de un país puede analizarse al margen de la compleja realidad colectiva, y viceversa”.

Nuestros países operan en conjunto en un mismo escenario. En la última década se abrió para todos los habitantes de “nuestra América” una etapa signada por la crisis del proyecto rentístico financiero y la emergencia del campo popular a espacios de poder. Ese recorrido, diverso y contradictorio, se expresa hoy en el diseño de un proyecto popular emancipatorio que obliga a las históricas clases dominantes en una cruzada restauracionista, las que en Argentina se expresan con toda la batería de recursos que la vieja conspiración golpista conoce, en esta oportunidad comandada directamente por los productores monopólicos de sentidos dominantes, disciplinadores sociales ,que aquí tienen nombre propioy se llaman Grupo Clarín (y asociado).

Pero la derecha está en problemas: el liderazgo popular de muchos de los mandatarios de esta parte del planeta se alimenta de una fuerte participación ciudadana y una original construcción de poder. Estamos, sin caer en miradas grandilocuentes, en la dura puja por reinventar la democracia, refundar el relato histórico y sepultar el modelo civilizatorio afirmado por décadas por una “selecta minoría”.

El proceso electoral de hoy en Venezuela tuvo rasgos particulares. Hugo Chávez, y la Revolución Bolivariana que conduce, están en el núcleo de la totalidad que contiene al proceso de integración en la actual etapa. La experiencia venezolana funciona como testigo de los cambios operados en la región: sus firmes definiciones ideológicas, el carisma de su líder y la intensidad de sus medidas marcan el pulso del cambio de época. La dirigente de mayor espesor político que en los últimos  tiempos parió nuestro subcontienente, la compañera presidenta Cristina Fernández de Kirchner, dio cuenta de esa caracterización en ocasión de su reciente presencia en la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU).

El proyecto emancipatorio, la función virtuosa da la ecuación “recolonización o independencia” está en el epicentro del proyecto popular a escala regional. Eso explica que las derechas se posicionen en cada país en referencia a las relaciones de los presidentes con ese mismo proceso regional, sin ahorra municiones de todo tipo para minar el temperamento liberador que se impone y avanza desde hace una década.

Los gobiernos de Lula Da Silva, Dilma Rousseff, Fernando Lugo, Rafael Correa; José “Pepe” Mujica, Néstor Kirchner, Cristina Fernández o Evo Morales mantuvieron o mantienen espacios de acuerdo estratégico entre sí y con Venezuela. Juntos avanzan hacia un modelo que está en las antípodas de los intereses estadounidenses en la región y cobra cada día mayor fortaleza.

Eso explica, también, que en Venezuela se organizara en 2002 el primer intento golpista de nuevo tipo y se abroquelara la vetusta oposición política alrededor del eje articulador de las corporaciones mediáticas. La fórmula, aunque ciertamente limitada, se repitió casi siempre sin éxito en los países vecinos.

Allí también se consolidó una ecuación de hierro: la organización popular –la recuperación de la política como herramienta de cambio- es el mejor antídoto contra los efectos nocivos de la burbuja mediática. Por eso, ni más ni menos, Chávez se sometió a tantos procesos eleccionarios sin perder sustento social.

Sin dudas, este domingo, en Venezuela, ganamos todos los que trabajamos por una América libre, justa, soberana y democrática.

*Docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. Director de la Agencia Periodística de la Provincia de Buenos Aires (AgePeBA)

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