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Hoy, en Buenos Aires, no se puede abortar

*Por Florencia Cremona

El primer aborto no punible que se iba a realizar hoy en el Hospital Ramos Mejía de la ciudad autónoma de  Buenos Aires, fue suspendido tras una presentación judicial realizada por Pedro Anderegen, abogado de la ONG  Pro Vida, a la que la Justicia Porteña  dio lugar.

La mujer que espera abortar  escapó  hace solo 10 días de una red de trata y está atravesando la novena semana de gestación.

Para que el  aborto no sea realizado, hubo una sintonía fina entre ONG, jueces, políticos, médicos  y  manifestantes enloquecidos con banderas de ‘sí a la vida’ en la puerta del hospital. Mientas, ella espera  y nuevamente tiene que pelear por algo que, según la Ley Argentina, le corresponde.

Leía los diarios hoy y pensaba si estos manifestantes estarían en la puerta del prostíbulo donde la piba andaba atendiendo, presa,  a diez chongos por minuto, a 5 pesos el día.  ¿A a que tipo de vida le dirían sí estos manifestantes? ¿Por qué siempre que se habla del aborto, se construye esa significación bipartita ‘vida o muerte’?

Pensaba también, acerca de la perfecta sinfonía que adquirió esta vez la articulación entre la justicia, el poder político y la sociedad civil. Actuación que nunca podemos lograr para salvar por lo menos a una de las 160 mujeres victimas de feminicidio en lo que va del año. O para actuar en caso de denuncias reiteradas  de abuso o violencia de género que terminan por lo general en la tumba o en el olvido.

Este debate que lleva en el campo de los estudios de género y feministas más de un siglo, sigue vigente y muestra una vez más que cada vez que hablamos de género estamos hablando de poder. De disputa por el poder, de poder de unos sobre otros, de voces más fuertes porque cuentan con el apoyo y la legitimidad de las instituciones que fueron labradas a su imagen y semejanza. Y conocen las trampas, todas las trampas.

Hoy, un par de alumnos, mientras hablábamos de temas actuales en el Seminario de Género que dictamos en la Facultad, me decían que antes  de leer y estudiar la temática, no se daban cuenta de cómo, de manera sutil, el discurso de género iba organizando un modo en el que cualquier reclamo de cambio era siempre identificado como pelea, como trasgresión, como amenaza. Porque lo natural  para lo que no es varón ni hegemónico, es siempre la subalternidad. En cualquier ámbito de la vida social en el que se lo mire.

Decíamos que el ser natural de la política es el varón (no nos referimos obviamente al varón genital sino al significante varón, blanco heterosexual de clase media, etc.) y sus instituciones. No cualquier varón, claro y no cualquier tipo de instituciones, sino todas aquellas que sirvan para reproducir y conservar el orden social vigente en occidente.

Como súplica, como rabia, como pelea de arrabal fueron relatadas por los grandes medios todas las conquistas de feministas, gays, trasns y lésbicas.  Se las describe como conquistas en vez de como lo que son, derechos: El derecho a votar,  el derecho a comprar, el  derecho a amar, derecho a decidir, derecho a ir a la universidad, el derecho a ser presidenta, derecho a ser soberanas.

Porque recordemos que en la breve línea de la historia todas estas “actividades “hasta hace poquísimo tiempo nos eran prohibidas.

Por todo esto necesitamos  que este aborto se realice  en condiciones dignas y seguras Lo necesitamos porque es un acto de restitución de derechos y de justicia de género.

Pero los que dicen que no se puede son  los mismos. Los mismos que buscan una política mas parecida a la gestión de un colegio privado de zona norte. Con carteleras indicativas y ausencia de conflicto (tal vez sustento epistemológico de la política) y con disneylandescas ideas de acuerdos sin disputas.

Son los mismos que festejan la espontaneidad como valor ciudadano de auto convocatoria callejera. Y se fijan en el precio de las carteras HERMES de los mandatarios como si aquello tuviese algún sentido. Son los mismos que golpearon, tantas veces, las puertas de  los cuarteles.

Son ellos, los mismos de siempre.

*Docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Directora del Observatorio de Género.

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