Prensa
 

Mujer bonita es la que lucha

*Por Jerónimo Guerrero Iraola

Y de repente la calle se llena de flores, y las radios pasan canciones de Alejandro Sanz. Así es, el vaciamiento y banalización del contenido por el cual se conmemora, no se celebra, el “Día Internacional de las Mujeres”.

Al tiempo en que se rinde un culto irrestricto a la desmemoria, y se suprimen del relato las 140 mujeres que perdieron su vida en 1911, en la ardua batalla por la consagración de mejoras laborales, la televisión se tiñe de rosa, exalta el culto al bombón de chocolate, depositando las feminidades una y otra vez en los opresivos mitos del “amor romántico”, “la pasividad sexual” y “la maternidad”.

¿Es posible resemantizar la conmemoración y convertirla en festividad? A priori, basta con decir que en tanto las mujeres sean presentadas como compendios hormonales, personas con “tránsito lento”, madres ejemplares preocupadas por las bacterias que asedian a sus pichones, o el blancor de los guardapolvos, aún queda mucho por hacer…

Mientras las mujeres no perciban igual salario por iguales tareas, no accedan a cargos jerárquicos con la simpleza con que lo hacemos los hombres, y sean reducidas a una construcción esencialista que evoca las diferencias y las tensiones a partir de la mirada unívoca de “la mujer”, claramente tendremos que aguar las bienintencionadas (¿bienintencionadas?) celebraciones.

Debemos centrar la mirada en cómo se presentan los escenarios desplegados por el patriarcado para seguir perpetrando el sometimiento. No queremos mujeres amantes que esperen cual “Rapunzel”, quietitas que les crezca el pelo para que el príncipe pueda “rescatarlas” de la torre. Sí queremos el amor de las madres y las abuelas, esas luchadoras incansables que supieron socializar la maternidad o el abuelazgo, e hicieron de su causa un modo, y de ese modo una filosofía.

No queremos más tibias y cursis evocaciones a feminidades estáticas. Queremos el reconocimiento a las mujeres de las ollas populares, a las de las barriadas, a las que con el cuerpo sostienen procesos y convulsiones sociales. Pretendemos que se resalte a las mujeres coraje, como Cristina Fernández, o Dilma Rousseff.

Eso, y no lo otro, es lo que queremos. El 8 de marzo que prendamos la televisión o la radio, y veamos una imagen de Juana Azurduy, o de cualquier otra de las “Juanas Azurduy” que pueblan nuestras tierras, podremos celebrar. Mientras tanto, debemos promover el profundo respeto y hondo recuerdo a quienes dieron su vida por la utopía y los sueños. Las batallas y revoluciones se ganarán con el tiempo, y desde allí levantaremos sus banderas.

*Abogado y consejero estudiantil por la Agrupación Rodolfo Walsh.

Correo Perio