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Reconvertir el daño en amor al otro

Por María Elisa Ghea*

Queridos compañeros y compañeras:

A nueve días de la trágica tormenta del 02 de abril en el que el avance del agua despedazó la vida de miles de personas y dejó a barrios enteros de la ciudad de La Plata bajo el barro putrefacto, quería hacerles llegar, antes que nada, mi más profundo agradecimiento y gratitud a todos y todas por la importante tarea emprendida durante esas dramáticas jornadas que vivimos.

Mi casa, como la de otros vecinos circundantes al parque Castelli, también sufrió el ingreso del río callejero arrasando con lo que encontró en su camino. Lo mío no fue tanto, porque tengo planta baja y planta alta. Así que no perdí mi ropa, ni mi colchón. Luego de la noche más temerosa, larga y oscura que me ha tocado vivir, en la que con dos vecinas refugiadas en mi casa, escuchábamos los gritos de auxilio que no se sabía de dónde venían, a las 09.00 del 03 de abril, la luz del día dejó ver los destrozos que provoca el retiro de 1,50 metros de agua sucia de barro, combustibles, ramas y de todo lo que abunda en las cloacas. Una situación inesperada para un barrio en el que nunca, nunca, el agua había subido más que al límite del cordón de la calle. 

Vi y limpié los desperdicios de la inundación. Desperdicios porque lo que pudo se lo llevó. Me quedé paralizada al ver el departamento de Sara, mi vecina discapacitada de 76 años, a la que pude sacar con el agua hasta la cintura y llevarla a la planta alta de mi casa. En su departamento no quedó nada en pie, ya que todo estaba a la altura para ser alcanzado desde una silla de ruedas. Cuando llegó a mi casa su hijo, se fue sin nada, ni siquiera la ropa era la de ella, sino la que le di en mi casa cuando le cambié la ropa empapada.

Sara no pudo rescatar nada, ni fotos, ni ropa, ni platos, ni colchón. Nada. Su vida estuvo acumulada cual basura en la calle que un camión retiró días después. Eso es terrible, esto es lo importante, no si los jóvenes usan o no pecheras identificatorias.

Lo importante será reconstruir de alguna manera y sobrellevar las pérdidas provocadas por la inundación, que no son sólo materiales. Son afectivas, profundas.

Y ahí estuvo la Facultad, los compañeros y compañeros de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, llamando a cada uno para saber en qué podía ayudarnos. Por eso lo primero es lo primero, mi agradecimiento, porque fue tranquilizador escuchar que había un colectivo que estaba conteniendo como podía al conjunto.

Poner el pecho, corazón y alma

A nueve días de la trágica tormenta aun imágenes y relatos están desordenados, tanto como las emociones y los hogares de miles de vecinos platenses.

Estas líneas no intentan ser una reflexión profunda sobre el tema de si usar las pecheras partidarias está bien o mal en circunstancias como las que se atravesaron en la ciudad. No porque no lo amerite, sino por el convencimiento de que lo colectivo trascendió lo individual y es más que válido que quienes se identifican con un espacio, sea este político, religioso o cultural sientan por un lado orgullo de pertenecer y derecho de decir “esto somos”. Este es un fundamento para no entrar en falsas confrontaciones.

Por otro lado me resisto a intentar encontrar una explicación a esta cuestión porque hay certezas de que son estos relatos de la anti política los que pretenden que la mayoría nos distraigamos debatiendo una sinrazón en lugar de ir al fondo de la cuestión de lo que estaba pasando. Ante la muerte de, según cifras oficiales,  54 personas y en la que cientos salvaron sus vidas por casualidad o por la ayuda de lo que se ha definido una heroína o un héroe, esta embestida de los reaccionarios de siempre no merece que nos detengamos ni un instante a brindarles prensa.

Estos jóvenes pueden dar cátedra sobre cómo enfrentar las ofensas,  porque son los más atacados vilmente y sin escrúpulos, por la derecha conservadora, por las corporaciones mediáticas que tienen de voceros a sus bufones, que sin descanso descalifican  el proyecto nacional, popular y latinoamericano, que cientos de miles de muchachas y muchachos van a hacer realidad. Estas circunstancias no hacen más que recordar la famosa frase de Néstor cuando dijo “¿Estás nervioso Clarín?”.

Y a la actitud nerviosa de estos sectores, al enojo que incitan estas provocaciones hay que responderles con una actitud tranquila. Porque hay que estar tranquilos de que estos jóvenes saben quiénes son, qué quieren, hacia dónde van. Estos jóvenes, a los que se les falta demasiado seguido el respeto subestimándolos, son quienes nos dan argumentos para no engancharse de la bajeza cuando el dolor, la desesperación, las pérdidas alcanzan semejante magnitud.

Estos jóvenes en lugar de detenerse respondieron con más. No dieron ni un paso atrás.  Por el contrario, pusieron sus remeras identificatorias, su pecho, su corazón y sus almas a mover sus brazos, sus piernas. Trabajaron más todavía. Estuvieron sin dormir y están todavía trabajando por el necesitado, llevando a los barrios colchones, ropa, artículos de limpieza, alimentos no perecederos. Descargando y clasificando las donaciones. Escuchando las penurias y la tristeza del otro que se convirtió en nosotros. Siguen dando sin ninguna retribución económica o de reconocimiento, porque serán héroes y heroínas anónimos. La única retribución será la de sentir que se llegó al prójimo  no visibilizado, el que quedó en su cuadra sin una cámara que lo muestre al mundo como el desamparado. 

Por último, la organización y la actitud de estos jóvenes no es el resultado de las casualidades, es una consecuencia de lo que estamos construyendo entre todos desde 2003. Es el crecimiento de algo que viene sucediendo desde el 25 de mayo de 2003 a la fecha y que sorprendió cuando murió inesperadamente Néstor en 2010 y la plaza se llenó de ellos y ellas que fueron a decirle que seguía viviendo en el proyecto colectivo, que se comprometían a no dar un paso atrás y a decirle a los gorilas que no se atrevieran a tocar a Cristina.

Esos jóvenes son quienes encontraron en la política la forma de expresarse, de colaborar con el proyecto nacional, popular y solidario que propuso primero el gobierno de Néstor Kirchner y el de Cristina Fernández de Kirchner. 

Hoy a nueve días de la tragedia en la ciudad de La Plata, los hechos dramáticos y la reconstrucción de sus hogares me hacen creer aun más en la política para la transformación y de ella para la construcción de una vida mejor para todos y todas. Creo en la política como la única herramienta más importante para la reconstrucción de las redes sociales desquebrajadas en la década del 90 y la comunidad universitaria en su conjunto tiene el deber y la obligación de estar reconstruyendo el futuro.  Reconvertir el daño en amor al otro, en solidaridad para con el otro.

*Docente adjunta del Taller de Análisis de la Información de la Facultad de Periodismo de la UNLP.

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