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Día de la Mujer Indígena

El 5 de septiembre  se conmemora el día de la mujer originaria recordando a Bartolina Sisa, una de las mujeres que representan el valor de la mujer originaria. Fue una de las líderes de la rebelión quechua-aymara que sacudió el sistema colonial en febrero de 1781 en La Paz, Bolivia. Al frente del ejército aymara, junto a su esposo Tupac Katari  cercan   la ciudad de LaPaz con la participación de  40 mil aymaras y quechuas.

En aquella fecha, perode 1782 fue traicionada y capturada, sentenciada a muerte, junto a Gregoria Apaza otra referente indígena. Son torturadas, vejadas y paseadas desnudas,  por las calles.

Bartolina representa el valor de la mujer indígena recordarla es homenajear a los nombres anónimos de todas las mujeres heroínas que ofrendaron su vida por la libertad de sus pueblos. Y a las que hoy luchan y resisten con valentía y alegría.

 

Conmemorar  esta fecha además significa ubicar en  primer plano, en la agenda de los medios, en la coyuntura, la presencia de lo indígena. Convertir esta fecha en una fecha de festejo es disputar  sentidos, construir desde  lo discursivo, sobre el imaginario indígena que existe en la sociedad, es pelear por apropiaciones y resignificaciones de pueblos y culturas que muchos creen casi extinguidos, como enseña la historia oficial.

Es fundamental  pensar sobre el rol de las mujeres en la historia. En los pueblos originarios, el principio de igualdad, de necesaria dualidad entre el hombre y la mujer, de equilibrio, estuvo  presente hasta la llegada del sistema patriarcal occidental que empezó a resquebrajar este modo de vida, de complementariedad, relegando a la mujer.

Es necesario además hacer hincapié que la vida cotidiana de las mujeres indígenas está marcada por tres  características: ser indígena, ser mujer y ser pobre. Esto se convierte en tres opresiones: de raza, de género y de clase. Existe un debate legítimo sobre los orígenes de la discriminación de la  cual son víctima las mujeres indígenas: por un lado se hace énfasis en que las causas de esta discriminación deben buscarse en la cultura hegemónica globalizada que ha transformado las relaciones de género y las formas de organización de las comunidades indígenas mientras que por otro lado se hace necesaria también una visión crítica sobre la existencia de prácticas y costumbres tradicionales que son lesivas y que merecen otro debate.

A pesar de este contexto las mujeres originarias son protagonistas necesarias de la lucha, de los procesos políticos, de transformación y de reivindicación de  identidad. En Argentina en los últimos años las mujeres indígenas abogadas fueron redactoras de la “Propuesta Indígena” para la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, son dirigentes políticas y gremiales, son docentes, realizadoras audiovisuales que construyen sus propia historia, son comunicadoras, funcionarias públicas, son referentes de sus comunidades y de organizaciones sociales, son luchadoras que cada día pelean por la reivindicación de sus derechos y el de sus pueblos, desde un medio, desde su espacio político, desde su comunidad, en el cortes de ruta y la protesta pidiendo por la no contaminación de sus territorios, por el acceso a mayor igualdad o simplemente como portadoras  y revalorizando su cultura. La lucha contra la discriminación y la desigualdad la dan ellas cada día.

Los cambios necesarios que deben darse socialmente para combatir la discriminación y la desigualdad no está en mirar en políticas hacia afuera, sino todo lo contrario, mirando hacia adentro, al pasado, hacia su  propio origen.  La idea de que “El Buen Vivir” (de la cosmovisión andina) solo es un símbolo metafórico toma sentido y cambia cuando se entiende el sentido político del mismo. Cuando se supera el misticismo de “lo indígena”, cuando se entiende que la conciencia no pasa por la clase o por viejos tratados de cómo debe ser una sociedad.

El Buen Vivir (Sumak Kausay en quechua) es un concepto que implica vivir en armonía con los seres humanos, en armonía con la naturaleza, en armonía consigo mismo y en armonía con los seres superiores que forman parte de la espiritualidad de estos pueblos. De hecho las constituciones de Bolivia y Ecuador, postula que vivir bien no significa vivir con más dinero o con más propiedades significa vivir con lo que se necesita para una vida digna, con oportunidades, capacidad de opinar, crecer, proponer y aprender. Entender y concientizarnos como sociedad del Buen Vivir  nos puede llevar a ser más iguales y justos con nuestra propia historia.

                                                                                                          Por: Zulema Enriquez - Secretaría de Derechos Humanos

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