Mural realizado por el Centro de Estudiantes en el aula 16 de la sede Néstor Kirchner
 
Prensa
 

Jorge Julio López: la desaparición como significante del terror

*Por Carlos Leavi

Si ustedes quieren saber algo más

o desconfían de lo que les digo,

vayan al barrio, pregunten,

yo los acompaño y les digo a quién preguntar”…

Jorge Julio López1

 

Jorge Julio López, trabajador albañil, militante peronista/socialista, padre de familia, vecino de Los Hornos, testigo en los juicios contra los represores de la última dictadura militar, fue dos veces desaparecido por las prácticas sociales genocidas. La primera en octubre de 1976 durante la última dictadura cívico-militar. La segunda en septiembre de 2006 en plenos gobiernos constitucionales y democráticos. Según varias hipótesis, muy bien documentadas en el reciente libro de investigación periodística “Los días sin López”2, es hasta posible que hayan sido los mismos responsables3.

 

Por eso hablo de las “prácticas sociales genocidas”4. Porque hay una continuidad de sectores que pretendieron y pretenden la impunidad como elemento histórico permanente, como dispositivos para el disciplinamiento social, de los que instalan el miedo y el terror, incluso para garantizar los negocios que les genera lo que ellos llaman la “inseguridad”. Ya Rodolfo Walsh llamó a la bonaerense la “secta del gatillo y la picana” en 1968, la misma que denunciamos como la “maldita policía” responsable del “gatillo fácil” ensañada especialmente con jóvenes pobres.

 

Los siete años de la desaparición de Jorge Julio López podemos abordarlos desde múltiples perspectivas. Todas son válidas. Porque en las luchas de los pueblos por memoria, verdad y justicia los métodos son secundarios, lo importante es la contradicción principal: de un lado los que promovemos “juicio y castigo a los culpables” y buscamos justicia para fortalecer la democracia; del otro quienes amenazan, bloquean la posibilidad de justicia, niegan los crímenes de la última dictadura cívico-militar o hasta desaparecen a un testigo.

 

En este sentido, nosotros también hemos analizado esta situación desde la comunicación/cultura con la producción de la Tesis doctoral: “Los sentidos de la justicia: juicio por genocidio y la desaparición de López en la ciudad de La Plata”5. Esto implica considerar a la universidad como parte del entramado social desde donde producimos conocimientos político/académicos que dan cuenta de las tensiones de nuestro tiempo histórico. Implica ser parte de las luchas contra la impunidad.

 

En esta Tesis, dirigida por Silvia Delfino y Guadalupe Godoy, nos detenemos en “los testimonios de López -en el “Juicio por la Verdad” o en el juicio a Etchecolatz- como lenguajes de lo popular. Como “rastreador/baqueano que usando sus saberes populares podía deducir donde estaba detenido o identificar lugares y personas. Unos modos de narrar que permitían incluso relatar lo inenarrable. Testimonios que daban cuenta de sus compromisos subjetivos y colectivos: por contar lo que vio y vivió para que no se repita o para resaltar la importancia de los “compañeros”. Porque como expresa Mariana de Marco, fundamentalmente “López transmitió amor.” Estas características, son parte de un cambio en el estatuto del testimonio que, en el caso de López, reivindica la militancia barrial, a sus compañeros y compañeras.

 

Y hemos analizado también “la desaparición de Jorge Julio López como un “acontecimiento-situación”, a partir del cual se intento construir un significante del terror con sus correspondientes “efectos simbólicos y materiales”. Porque la desaparición es un “signo de gran poder de coerción”, pero que no detuvo la sentencia ejemplar e inédita a Etchecolatz en el “marco de un genocidio”. Y tampoco frenó los juicios, ni a los miles de testigos que continuaron brindando sus testimonios en todo el país. Juicios que nos han transformado en el primer país del mundo, que condena a través de un tribunal de la justicia civil y ordinaria en su propio territorio a los crímenes de lesa humanidad en el marco del genocidio que ocurrió en Argentina.

 

A siete años de la desaparición de Jorge Julio López, a través de una charla, la presentación de un libro, una manifestación, un mural, una intervención urbana, poniendo un afiche, produciendo una tesis, seguimos luchando por su “aparición con vida”, por el juicio y el castigo a los responsables, por una democracia con más memoria, verdad y justicia.

 

*Profesor e investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP

1 Fragmento del testimonio de López en el juicio oral y público a Etchecoltaz desarrollado por el Tribunal Federal N°1 de la Plata con la presidencia del juez Carlos Rozanski, 28 de junio de 2006.


2
Luciana Rosende y Wener Pertot, “Los días sin López. El testigo desaparecido en democracia”. Editorial Planeta. Buenos Aires, septiembre de 2013.

3 La investigación apunta “tres líneas que se interconectan” (…) hasta que se paralizó la investigación: “1. El entorno de Etchecolatz, a nivel familiar o de allegados que pudieron asistir o encargar el crimen. 2. El entorno policial del represor, donde había interesados en que López no siguiera declarando o –a mayor escala- se frenaran los juicios. 3. Los penitenciarios, que tampoco querían que continuaran los juicios”. Ibidem cita 1., páginas 322 y 323.

4 Pueden consultarse las investigaciones y trabajos de Daniel Feierstein, como “Memorias y representaciones. Sobre la elaboración del genocidio”. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 2012.

5 La tesis se encuentra en proceso de producción para su publicación, mientras tanto puede consultarse completa en el SEDICI de la Universidad Nacional de La Plata en: http://hdl.handle.net/10915/27694

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