Hace 38 años los militares, comprometidos con el bloque dominante de la Argentina derrocaban a Isabel Perón
 
Prensa
 

24 de marzo, pasado y futuro

Por Jorge Luis Bernetti*

Hace 38 años los militares, comprometidos con el bloque dominante de la Argentina derrocaban al gobierno de Isabel Martínez de Perón. El 24 de marzo ha sido consagrado, con justicia, como el día del horror, el salto adelante en una planificada acción represiva ejecutada contra el pueblo argentino y contra la nación argentina.

Eran, en rigor, los altos mandos militares los que dieron las órdenes del golpe, pero a decir verdad, su base lo celebró y salvo escasas excepciones lo acató con entusiasmo.

Esas órdenes militares no eran puramente castrenses, como si el uniforme militar capturara con esencialidad negativa las lógicas del imperio y la oligarquía. Un golpe militar es siempre la condensación y la interpretación de las luchas políticas, sociales y económicas de un tiempo. Aquellas Fuerzas Armadas estaban comprometidas con el orden subordinado e injusto vigente en la Argentina.

Tenían frente a sí a un gobierno que había declinado los compromisos históricos sellados por el voto, la lucha y la sangre de las mayorías argentinas. Y también habían estimulado desde las cortinas del poder la guerra sucia que el gobierno de Isabel impulsaba contra la tendencia revolucionaria del peronismo, la izquierda y los progresistas nacionales y populares del país.

En algún espacio habrá que fijar también fecha y hora del debate y las responsabilidades de los revolucionarios argentinos que no entendieron  la circunstancia histórica.

Pero el 24 de marzo de 1976 le corresponde a ese dúo del general Jorge Rafael Videla y del gran propietario José Alfredo Martínez de Hoz.

La recordación del golpe – el más científicamente perverso de los producidos en la historia argentina – se ha convertido en un punto de referencia acerca del gobierno civil y de la imprescindible necesidad de generar un recorrido más amplio, profundo y creativo de la democracia.

Si recordar el horror es lección cotidiana de adónde puede llevar la perversión de un sistema y la decadencia de de códigos de comportamiento humano civilizado, no es menos importante contemplar un país que ha cambiado, para bien, en sus convicciones respecto de los derechos humanos, de la solidez de la Nación y de la integración latinoamericana.

Este año, el 24 de marzo es también otro aniversario que la facilidad de la década permite recordar mejor. Es el décimo aniversario de cuándo los cuadros de los dictadores Videla y Bignone, ambos presidentes de la República durante la dictadura del proceso y antes de aquellas usurpaciones sangrientas ocuparan la dirección del Colegio Militar, fueron bajados de la galería de honor en el gran patio de la institución formadora de los oficiales del Ejército argentino.

Esa bajada de los cuadros que, con esfuerzo político, bajó parado sobre un banco el jefe del Estado Mayor General del Ejército, teniente general Roberto Bendini, constituye el símbolo del inicio del proceso de cambio de orientación de las Fuerzas Armadas, a la orden de “proceda” emitida por su decidido comandante en jefe, el presidente Néstor Kirchner.

El acto de bajada fue admirado por la mayoría de la Argentina y rechazado por la mayoría procesista cívica y castrense. Sería equivocado creer que contó con la simpatía militante de los cuadros militares. Pero amplió de manera drástica la definición del “yo no fui” de muchos cuadros castrenses que por cronología o por ubicación en la pirámide funcional no tuvieron responsabilidades en el genocidio y la entrega.

El cambio posterior a éste 24 de marzo de 2004 reposicionó a las FFAA como servidoras de la Nación, las ubicó también en el territorio de los derechos humanos, las fue integrando dificultosamente en un  nuevo horizonte de la Defensa Nacional.

El ejemplo militar tuvo que fijarse en San Martín, Belgrano y Brown para volver a empezar y continuar con Mosconi, Savio, Pujato y Leal y todos los uniformados fieles a la república democrática, la única posible.

El ejemplo que ha triunfado es que las órdenes inmorales de jefes militares, civiles y políticos no deben ser obedecidas por una sociedad en lucha y aprendizaje por su propia liberación.

*Profesor titular de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

Correo Perio