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24 de Marzo de 2014. Democracia o Corporaciones

Por Matías Facundo Moreno*

“Democracia o Corporaciones” es la consigna con la cual los organismos de DD.HH., las organizaciones políticas, sindicales y culturales convocan a movilizar a la Plaza de Mayo en repudio a los 38 años del último Golpe cívico-militar en nuestro país. La última dictadura ejerció sobre el conjunto social, la represión más salvaje en la historia argentina, para poder implementar sus objetivos políticos y económicos.

Se necesitaba de una sociedad aterrorizaba y sumisa, y para esto fue necesaria la desaparición forzada de personas, la cárcel, la sustitución de la identidad de los hijos de las personas secuestradas, la creación de cientos de Centros Clandestinos de Detención, la tortura y el asesinato de opositores políticos y sociales.

El Estado autoritario dejó sin canales de expresión a la sociedad argentina, constituyendo una sociedad despolitizada y un sistema decisional monopolizado y fuerte. La clase trabajadora y sobre todo, los jóvenes, fueron los sectores sociales más golpeados por el sistema nacional de represión.

Ya con el advenimiento de la democracia, aunque todavía débil, varios sectores juveniles empezaron lentamente a reorganizarse bajo estructuras partidarias, sin que ello significara un proceso de repolitización masivo.

Durante la década del 90, la militancia política  juvenil se limitó a “resistir” los embates de las consecuencias de los postulados del Consenso de Washington, desde una participación en las organizaciones sociales (organismos de DD.HH., organizaciones barriales, estudiantiles, sindicales). Dicho activo militante protagonizaba acciones de resistencia ante la destrucción de la educación pública, el desempleo y la precariedad laboral, como consecuencias del achicamiento salvaje del Estado, que cada vez era menos Estado.

Si a eso le sumamos que durante esa década se repetía sin cesar la idea del fin de los grandes relatos o de la ideologías, la actividad política juvenil se basaba en el voluntarismo por rearmar el tejido social a partir del trabajo barrial o social, que era socavado por las políticas de exclusión del modelo neoliberal. Dicha práctica política se enmarcaba en una estrategia de “resistencia” o reparadora, desde las organizaciones sociales, ante los embates de la lógica de un Estado mínimo.

A partir de 2003, muchos jóvenes han decidido comprometerse y ser parte de un proyecto de construcción nacional permanente, gracias al cual la palabra "política" recupera su significado como herramienta para promover el bienestar general. Se asume al Estado como motorizador de reformas. Esa generación es hija de los acontecimientos del 2001. Pero supo transformar la idea de poder en una idea positiva. 

Hoy gran parte de nuestra juventud está organizada y militando políticamente. Se podrían establecer continuidades o similitudes con la juventud de los años 70 y de los 90. Pero con la misma fuerza, se podrían marcar algunas rupturas con experiencias anteriores, por lo que la actual juventud  es idéntica a sí misma, con desafíos diferentes.

Uno de los grandes desafíos será sumar a sus  pares generacionales que todavía descreen de la política para que, como dice nuestra Presidenta, crean ahora más que nunca en los sueños y en las utopías y en que la política es un instrumento de dignidad y dignificación del ser humano, en tanto que define el sentido y las condiciones concretas de la vida de nuestro pueblo. Es en la política y no en otro campo, donde se enfrentan los diferentes proyectos históricos. Estos proyectos históricos no son homogéneos en su interior, ya que dentro de los mismos conviven diferentes tendencias y matices a lo largo de la historia.

El proceso iniciado por el ex presidente Néstor Kirchner y hoy continuado por nuestra presidenta, estableció una agenda amplia en materia de Derechos Humanos, Derechos Sociales y Laborales, con una épica de la militancia y la juventud, y la autonomía del Estado frente a las corporaciones. Esa autonomía es producto de un Estado cada vez más presente, al que hay seguir ensanchándolo y agrandándolo.

Por eso, este 24 de Marzo, vamos a la Plaza a recordar y reivindicar a nuestros 30.000 desaparecidos, pero sobre todo, vamos a defender a esta democracia.

 

*Director Nacional de Formación en DD.HH.- SDH, y docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.

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