La charla se realizó en el marco del Encuentro Federal de la Palabra, que se desarrolla en el predio de Tecnópolis
 
Prensa
 

Jornada sobre “Walsh y la búsqueda de la palabra justa”

El panel estuvo integrado por Jozami, Llonto, Kaufman y Saintout

En la segunda de las cuatro jornadas sobre la vida y obra del autor de Operación Masacre, que organiza la Facultad de Periodismo en el “Encuentro Federal de la Palabra”, el jueves 17 se llevó a cabo la charla sobre Walsh y la búsqueda de la palabra justa, de la que participaron el escritor, periodista y docente universitario, Eduardo Jozami; el periodista, abogado y docente de esta Facultad, Pablo Llonto; el escritor, investigador y docente Alejandro Kaufman; y la decana de Periodismo, Florencia Saintout.

La charla se realizó en la sala 4 del pabellón cultural de Tecnópolis y fue presentada por Candela Cedrón, investigadora y docente de Periodismo. Las disertaciones de los panelistas abordaron aspectos de la vida y obra de Rodolfo Walsh como el compromiso militante, la búsqueda de la verdad, el ‘lugar’ del periodista y la vigencia de sus reflexiones acerca de la literatura, la política y la voz de los silenciados.  

Saintout agradeció poder “compartir la mesa con compañeros que admiramos tanto por cómo se la han jugado en todo este tiempo”, y sobre el autor de Operación Masacre enfatizó que “siempre me conmovió de Rodolfo Walsh su capacidad enorme de dejarse conducir y acompañar por una generación más joven que él, una capacidad que se puede pensar como de humildad, de escucha, de sensibilidad, más aún en sociedades profundamente adultocráticas como las nuestras”.

“Juan Gelman, cuando en 2002 la Facultad de Periodismo le entregó el premio Rodolfo Walsh, dijo: ‘Su obra respira y late como un animal que aprendió a no dejarse morir y que abriga a los humildes y a los ofendidos’. Quiero retomar esas palabras de Gelman porque efectivamente la obra de Walsh late por muchas cuestiones. En principio, porque no es sólo la obra de un escritor, de un periodista o de un militante, sino una unidad que gira en torno a ese hombre: alguien que se hace periodista, pero no de cualquier forma sino desde la investigación y comprometido con la búsqueda de la verdad; alguien que dirige un diario, pero no cualquier diario sino el de un sindicato combativo; alguien que da testimonio en tiempos difíciles”, afirmó la decana.

“También quiero hablar sobre el lugar de la verdad en Walsh, esa búsqueda incesante de la verdad. Con el neoliberalismo, la idea misma de la verdad parecía haber desaparecido, especialmente en el periodismo a través de tres vías: la perspectiva de las relatividades, de las diversidades, en la que se olvidan las plataformas de la igualdad, la historia y las luchas, y en la que sólo queda la diversidad hecha de fragmentos donde todas las verdades pueden ser posibles; la perversa idea de la desaparición de lo real, de que lo real no existe, en un país que tiene 30.000 desaparecidos; y la exacerbación de los empirismos, desde donde se puede pensar que todo lo que existe es real y que el único mundo que existe es éste por lo que los periodistas podrán reflejar el mundo tal como es sin ningún tipo de intermediación”, agregó.

Asimismo, destacó que “la verdad, en Rodolfo Walsh, aparece como lucha por el sentido a partir de la constatación de un enigma. Hay algo que aparece velado, y la búsqueda de la verdad implica encontrar y desvelar aquello que está tapado, clausurado, así como la palabra de aquellos que han sido silenciados. La verdad, en Walsh, es denuncia en el marco de un proyecto político. Walsh incluso da lugar a una profunda autocrítica a su espacio político, que no es para rasgarse las vestiduras sino justamente para encauzar la lucha. Finalmente, quiero destacar la entrega por la verdad, una entrega inconmensurable”.

“Hoy nos enfrentamos al desafío enorme de poder imaginar todo aquello que no ha sido imaginado, es decir, no solamente ir por la agenda que nos falta, sino volver a estar dispuestos a ir por muchas otras nuevas aventuras, sabiendo que los hombres y mujeres no elegimos las condiciones pero que hacemos la historia, y que no debemos repetir el papel que nos han asignado. No es posible pensar en ninguna nueva invención, aventura, sin la esperanza. Sospecho que la esperanza es como el amor, el deseo: algo que irrumpe. La esperanza está cargada de riesgos y nadie nos garantiza ningún resultado, pero sin esperanza no hay posibilidad de invención. Siempre me conmovió este Walsh que en su Carta Abierta a la Junta Militar advierte que por todo aquello que maten y hagan desaparecer resurgirán, en otro tiempo, las esperanzas”, cerró Saintout.

Por su parte, Eduardo Jozami agradeció la invitación a la jornada, "sobre todo a la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata que se ha ganado en estos años la consideración no solo de sus estudiantes, sino también la de tantos que valoramos las tareas que están desarrollando. Y además, en este caso particular, es la institución que más ha hecho por recordar y honrar la memoria de Rodolfo Walsh".

El escritor comparó las trayectorias periodísticas de Rodolfo Walsh, Jacobo Timerman y Mariano Grondona: “como ven, esta escala conlleva un valor descendente. Sin embargo, creo que gran parte de la vida política y cultural argentina de la segunda mitad del siglo XX puede entenderse bastante comparando esas vidas, y no solo porque los tres tuvieron posiciones políticas diferentes sino porque también tuvieron formas distintas de comprender el periodismo, la escritura y la cultura”.

Luego de realizar un repaso por las experiencias y adhesiones ideológicas y políticas de los tres periodistas, sintetizó: “Hay una biografía de Timerman que se llama ‘Jacobo Timerman, el hombre que quería formar parte del poder’. Uno podría decir: ‘Rodolfo Walsh, el hombre que luchó contra el poder’ y tendría que agregar: ‘Mariano Grondona, el hombre que siempre supo que formaba parte del poder’”.

“Cuando uno ve el diario de anotaciones personales de Walsh, ve que era un hombre de profunda honestidad intelectual. Es decir, era alguien que se animaba a plantearse las dudas, las fascinaciones, las contradicciones. Nosotros tenemos la tendencia a creer que las grandes figuras de la historia son hombres de una sola pieza, sin fisuras, sin contradicciones, y cuando se lee el diario, uno se encuentra con un Walsh tremendamente humano. Alguien que se desgarra porque siente que es un escritor, y quiere seguir siéndolo, pero no encuentra la vuelta para seguir escribiendo”, afirmó el autor de La palabra y la acción.

Jozami también destacó que “cuando uno lee los textos de Walsh, llama la atención la precisión del lenguaje. Lo que inmediatamente uno dice es: ‘Qué claro que escribe este hombre’. Walsh escribe para que todos lo entiendan porque ese era su compromiso político. Tenía una idea de la cultura que no era ni la de Mariano Grondona ni la de Primera Plana. No pensaba en la idea de contribuir a fortalecer este corralito exclusivo de los que escriben en las revistas, sino de contribuir con su escritura a una cultura argentina más abierta a los verdaderos problemas del país, una cultura más popular”.

“Ese hombre era un escritor todo el día. Yo creo que si algo nos dejó Walsh, además de la Carta a la Junta Militar, Operación Masacre y cuentos como Esa Mujer, es la contribución a entender toda una época y a marcar un camino. Porque como decía Florencia, cuando Walsh escribe la Carta a la Junta está convencido de la derrota y, sin embargo, esa carta no es una carta de derrota. Es una carta donde dice ‘ojo, que nos tenemos que preparar mejor’”, finalizó.

El periodista Pablo Llonto evocó el perfil de periodista militante en Rodolfo Walsh, “por el que nosotros luchamos y al que queremos. Esto no lo digo porque nosotros seamos militantes y los demás no. Lo que ocurre es que hay una gran cantidad de periodistas que pretende ocultar su militancia en beneficio de la filosofía, la ideología y las prácticas del capitalismo. Por eso se dicen neutrales e independientes”.

“Esos mismos que se dicen neutrales critican a quienes militan desde el campo popular. En 1971, Walsh, durante una charla que brindó en el sindicato de prensa de Mar del Plata, destacó la figura del periodismo militante y del camino de la transformación de la sociedad al que debe apuntar el oficio. Ese es el periodismo digno, valiente y sobre el cual Rodolfo Walsh sigue siendo el camino a seguir, un emblema”, señaló Llonto.  

Por último, Kaufman examinó una condición de dominación que instaló la última dictadura en el campo de lo simbólico y de la producción de sentidos sociales: “Además del terror, la desaparición de personas y la violencia ilimitada, la Dictadura instaló la banalización de aquello que no es banal. Durante los 90, especialmente, asistimos a la banalización, la burla, la despreocupación respecto a los problemas importantes de nuestra sociedad: el hambre, las injusticias. Este proceso, Rodolfo Walsh no lo pudo ver pero impactó profundamente en el periodismo. Afortunadamente, en estos últimos años, de forma heroica, se inició una lucha sostenida contra la devastación del periodismo y en ese espacio debemos hallar y valorar el ejemplo de Walsh”.

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