DDHH
 

Mes de la Pachamama

Para los pueblos ancestrales, agosto es el mes de renovación y agradecimiento con nuestra madre tierra. Época de reciprocidad por las cosechas y el buen tiempo, por los animales y la abundancia del suelo.  La ofrenda a la Pachamama es común a los pueblos andinos. El antiguo imperio Inca dedicaba un día especial para realizar sus ofrendas. Pacha es universo, mundo, tiempo, lugar, mientras que Mama es madre.

Desde el 1 de agosto, en muchos países de nuestra América Latina, la Abya Yala, se revive esta costumbreque sobrevivió a la colonización española; traspasó fronteras y en la actualidad los pueblos originarios la celebran con más fuerza reinvindicando la identidad indígena. El rito supone que ese día debemos entregarle a la Madre Tierra todo lo que no quisiéramos que a nuestra familia le faltara durante el año y agradecerle por los favores recibidos durante el año pasado.

El profesor de lengua quechua de la facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP,  Mario Aucca Rayme expresa; “nosotros somos parte de Pachamama, parte del padre sol y de la madre tierra, ella es la que nos da vida, gracias a ella vivimos. Entonces nuestros antepasados nos han dejado una herencia, de reconocer a la pachamama como dadora de vida, como el padre sol, así debe ser recordada y respetada”.

Con el tiempo las ceremonias fueron variando, tomando distintas formas y enriqueciéndose con los legados culturales, históricos y sociales. Es así que de acuerdo a las costumbres ancestrales de cada pueblo, cambia el modo de celebración. Pero crece y cobra más sentido, ya no solo para los indígenas sino para el resto de la sociedad que se hace partícipe de esas tradiciones.                                                 El primer día de agosto  desde hace ya varios años se realiza esta  ceremonia en las puertas del Congreso de la Nación Argentina, en plazas, centros municipales, centros culturales de muchas ciudades del país y este año por primera vez en el Cabildo de Buenos Aires.

La celebración de la Pachamama empezó a visibilizarse como parte de nuestra cultura indígena, la que todos vivimos y celebramos, rompiendo el imaginario social de que esta tradición solo pertenece a algunos pueblos indígenas de nuestro noroeste argentino o a los pueblos andinos de Bolivia y Perú.

Las migraciones internas en  Argentina han movilizado y desplazado a muchos pueblos de sus territorios, reconfigurando nuevas geografías sociales en las ciudades. En el último Censo Nacional argentino del 2010, casi un millón de personas fueron registradas como pertenecientes a pueblos originarios, de esa cantidad aproximadamente el 70% vive en pueblos o ciudades. La mayoría de los pueblos indígenas son urbanos. Hoy nuestro país reconoce 35 pueblos originarios y 14 lenguas indígenas.

La Pachamama demuestra la resistencia de los pueblos originarios, la defensa de sus creencias y cosmovisiones. Es la supervivencia de la cultura y de la historia. Es la cosmovisión de entender la vida que une al hombre y a su verdadero origen: la Tierra, como política de vida, es la que nos propone reconfigurarnos en un nuevo territorio, en nuevos Estados, en políticas estatales que aprehenden de sus culturas ancestrales. Es la cosmovisión del Sumak Kawsay (Vida Plena) o el Buen Vivir, donde países como Ecuador, Venezuela y Bolivia han incorporado a sus políticas de Estado.

Por Zulema Enriquez

  •  

Correo Perio