Estela Barnes de Carlotto anunció el hallazgo de su nieto Guido
 
Prensa
 

Un luminoso día de justicia

Por Ricardo Petraglia*
Cuando terminó la conferencia de prensa donde Estela Barnes de Carlotto anunció el hallazgo de su nieto Guido, todos los presentes en la sede de Abuelas estallamos en aplausos, cánticos y algunos gritos recordando que los 30000 compañeros desaparecidos estaban presentes, la necesidad de exteriorizar el júbilo invadía el lugar y cada frase era festejada por todos; que éramos más a cada segundo. 
 
La desconcentración de estar frente al televisor fue bulliciosa: chistes al paso, aplausos tardíos, análisis políticos, palmadas en espaldas, arrastre de sillas, expresiones exaltadas de satisfacción, diferentes ring tones formaban una bola de sonidos que todos generábamos mientras buscábamos un rincón donde quedarnos. 
 
El reencuentro con viejos conocidos, algún cholulo que aprovechaba para sacarse fotos con los actores presentes, el aliento a Dolores, secretaria personal de Estela que había quedado a cargo de bloquear la puerta de entrada al insistente periodismo atrincherado del otro lado, fueron las actividades que servían para esperar la llegada de Estela y poder abrazarla, compartir un poco de tanta alegría contenida. Entre el bullicio resaltaba la risa de Taty Almeida, integrante de de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora quien contagiaba, aun más de alegría a la multitud presente.
 
De pronto llegó Estela, no recuerdo haber visto jamás una expresión de felicidad plena como la que vi en el rostro de esa mujer. Acompañada por su hija Claudia como siempre, quien trataba también como siempre de preservarle y cuidar de su salud y que una y otra vez se le escapaba de las manos, también como siempre; Estela irrumpió en el hall central de la sede de Abuelas y el bullicio se transformó en griterío eufórico. Esa sensación de injusticia atravesada que tantas veces sentimos muchos Argentinos, ese pensamiento de “no puede ser que el nieto de Estela no aparezca, esa crueldad de ir especulando con los años de vida que le pueden quedar a esta luchadora de 84 años pero ver las chances de estrechar, por fin, a su nieto salieron de lo más hondo de ese recinto sagrado para la democracia Argentina como es la sede de la Abuelas de Plaza de Mayo y cayeron, como una catarata, sobre la Abuela más querida de la humanidad.
 
Hay días donde sentimos que la justicia es plena, que podemos vivir con todas las garantías, cómo en algunas películas, donde luego de que la realidad se muestre cruel ocurre algún suceso que genera consecuencias sucesivas hasta acomodar la vida de los protagonistas de manera que la justicia absoluta, la que trasciende a la terrenal, se instala entre los seres de este mundo. Hoy ocurrió el final feliz, hoy fue un claro día de justicia.
 
Hoy Estela Barnes de Carlotto, la mujer que debió atravesar el sin sentido de sufrir cada noche por no saber donde podían estar sus hijos adolescentes que intentaban defender sus ideales, que sufrió la desaparición de su marido y sus posteriores costos físico y psicológicos por los tratos recibidos en un centro clandestino de detención, que salió a buscar a su hija sin poder volver a verla jamás con vida y juntar el su cuerpo acribillado cobardemente en un patio de una comisaría en Isidro Casanova, que tuvo que asumirse abuela sin siquiera haber visto un segundo a su nieto Guido y empezó a buscarlo sin saber por dónde, que sufrió el exilio de dos de sus otros tres hijos vivos, que fue perseguida y ninguneada por las máximas autoridades de los diferentes poderes Argentinos tanto en dictadura como en democracia,  que fue amenazada y basureada en innumerables momentos de sus intentos por recuperar la identidad de su nieto. Hoy esa mujer, rodeada de sus tres hijos y de sus 13 nietos le contó al mundo que habían recuperado a Guido, el integrante de la familia que ninguno había podido conocer. Y lo hizo de la misma manera en la que ha transitado los últimos 35 años de su vida, en plural, como parte de un colectivo.
 
Guido, una bandera de justicia colectiva
 
Cada uno de los 114 nietos que las Abuelas de Plaza de Mayo lograron restituir con su verdadera identidad es producto de una fuerte convicción personal canalizada en una organización colectiva.
 
 Esos ideales no son otros que la búsqueda de un mundo más justo, con pueblos libres y soberanos donde los ciudadanos puedan vivir en un estado de derecho. Así es como Las Abuelas de la plaza no solo participan cotidianamente en la búsqueda de sus nietos sino que constantemente participan de diferentes actividades políticas donde consideren que hay una injusticia que atacar. Lo hacen de manera pública, corriendo el riesgo de la desaprobación como tantas veces les ocurrió. Hoy, entre muchos llamados y saludos recibí el de los integrantes del Centro de Ex Combatientes de Malvinas de La Plata y, automáticamente me acordé que las Abuelas fueron unas de las pocas que tomaron una postura de denuncia pública contra la guerra de Malvinas, pero son muchísimos los ejemplos que se pueden dar al respecto. Todos los integrantes de la Facultad de Periodismo sabemos las dificultades por las que atravesó Rosa Bru en la búsqueda de justicia por Miguel y el acompañamiento que siempre encontró en Estela de Carlotto.
 
Esa honestidad en sus acciones, las puso en un lugar de referencia de la sociedad e hizo que muchos entendiésemos que su lucha es la lucha de todo el pueblo Argentino. Hay un spot de abuelas que expresa lo dicho, termina diciendo: “tu abuela te busca, todos te estamos esperando”. Porque ninguna persona de bien puede ser indiferente en esperar la restitución de la identidad de una persona. Pero toda persona de bien no puede ignorar que esas identidades robadas fueron producto de un plan sistemático que tenía la intensión de eliminar un proyecto político encarnado en una generación con un proyecto de país justo, libre y soberano. 
 
Laura Carlotto, al igual que la mayoría de los desparecidos durante la última dictadura militar, era parte del la Agrupación Peronista Montoneros y quienes trataron de aniquilarlos y borrar su historia lo hicieron en función de intereses nefastos, apostando al robo no solo de las identidades sino del futuro desarrollo de un país y en beneficio de intereses foráneos. No es casual que quienes intentaron aniquilar a esa generación recibieran instrucción militar en el extranjero como tampoco es casual que la deuda externa que los fondos buitres quieren utilizar hoy para evitar el resurgimiento de la Argentina en gran parte se haya contraído en el mismo período.
 
Pero este plan sistemático no se terminó con la dictadura. Luego que gracias a la lucha de las Abuelas, entre otros sectores, el pueblo Argentino borró de su imaginario colectivo la posibilidad de un golpe de estado como alternativa en la lucha de poder, esos intereses lograron canalizarse y cumplir sus objetivos copando al partido mayoritario de la Argentina como es el peronismo, monopolizando los medios de comunicación y dirigiendo el destino de los capitales nacionales a través de los bancos.
 
El grito de las Abuelas fue durante mucho tiempo un grito en el desierto y la prédica de Estela de Carlotto, líder indiscutible de dicha Asociación, parecía no ser más que testimonial. Hoy se restituyó el nieto 114, hoy Guido Carlotto deja de ser una utopía para ser una persona con rostro y nombre propio como cualquier ciudadano, pero también es el nieto de uno de los símbolos de la resistencia a la entrega de soberanía que los Argentinos sufrimos como nación, es la reafirmación de un compromiso colectivo asumido. La restitución de Guido es posible porque otro país fue posible.  
 
Amor y esperanza
 
Gracias a las posibilidades que me dio la Facultad de Periodismo de la UNLP pude conocer a Estela de Carlotto. Luego de mucho intentar convencerla tuve la posibilidad de compartir mano a mano el relato de su vida que luego editamos junto a Florencia Saintout a través de la editorial de la UNLP.
 
En todas esas muchísimas charlas compartidas jamás observé sentimientos de odio o rencor para con nadie, incluso para quienes mataron a su hija y robaron a su nieto. Todo lo contrario, siempre fue el amor y la esperanza los combustibles que la movilizaron. Jorge Falcone en una entrevista realizada para el libro dijo “Estela es la representación más alta de la memoria sin odio”. Siempre me pareció una definición exacta de alguien que ante cada una de las muchísimas injusticias sufridas haya acudido a la institución pertinente, incluso a sabiendas de los riesgos que corría por hacerlo; como cuando fue a denunciar a la comisaría del barrio que su marido estaba desaparecido o cuando presentó un habeas corpus por la desaparición de Laura. Llegó incluso a reunirse con Bignone y le pidió que si Laura había hecho algo la juzgasen.
 
Para realizar el libro contando su vida tuve la posibilidad de revolver en muchas de sus cosas, tanto de Abuelas como personales; entre ellas encontré una de las dos cartas que le escribió de puño y letra a Guido, en este caso fue en ocasión del cumpleaños número 30, y que hasta ese momento no había visto la luz, la primera fue publicada en el diario Página/12 en 1996 cuando Guido cumplió 18 años.
 
Hoy esa carta toma otro significado, en lo personal porque va a dejar de ser uno de los tesoros más preciados pero fundamentalmente porque cada una de esas palabra llenas de amor y esperanza estarán en manos de quien siempre debió tenerlas atesoradas en su puño abierto para recibir la maravillosa verdad.
 
"Querido nieto Guido: 
Nuevamente siento la necesidad de escribirte porque has cumplido 30 años de vida y me lacera no saber dónde estás. Te busco incansablemente desde antes de que llegaras a este mundo, soñando con arrullar tus sueños de bebé, esperando el reencuentro con tu mamá Laura. En todos estos años he acopiado datos, informaciones, denuncias de cuándo y dónde puedes haber nacido, de Laura y sus esperanzas de que estuvieras conmigo, de su cautiverio por nueve meses en un campo de concentración hasta que llegó el día de su muerte vilmente asesinada por quienes quizá te están criando. Hoy ya eres un hombre y lejos de olvidarte cada día, hora, minuto, te extraño más. ¿Cómo explicar que sin conocerte siento por ti tanto amor? Eres el hijo de mi hija, sangre de mi sangre. Pienso que en tu vida mentida compartirás mis sentimientos quizás sin saber de dónde y por qué te vienen. Hay un vacío de respuestas a tantos interrogantes sobre a quién te pareces, por qué tus vocaciones y deseos y qué sueños extraños te asaltan sin motivo. Te busco, te buscamos toda la familia en la que hay una silla vacía en cada mesa de aniversario. Tu abuelo Guido (por él llevas el nombre) desde una estrella te estará mirando y el amor que me dejó me ayuda a seguir este calvario. Ruego a Dios que apresure el encuentro, que la visión que imagino de tu rostro, tenga reflejo en mi retina el día del abrazo. Tuve necesidad de escribirte esta carta, que no tendrá un sobre con dirección ni estampilla, pero que estoy segura que algún ángel hará que llegue a tus manos. 
Con amor,tu abuela Estela".
 
*Profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.
  

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