A cinco años de la sanción de la Ley 26.522
 
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A cinco años de la sanción de la Ley 26.522

Por Claudia Villamayor*

Fueron 27 años batallando su existencia, 27. Y batallando significa transitar casi tres décadas de la vida sin pausa. Desde Tucumán a Tierra del Fuego desde el 30 de octubre de 1983 y con más vigor desde el inicio de 1984, no hubo rincón de lxs militantes populares de todos los territorios imaginables y no, que abandone el puesto de la letra y  el cuerpo. Los cuerpos que escriben con su narrativa de existencia no sólo un modo de pensar, sino el modo en el que se quiere vivir.

El derecho a la comunicación, no revista solo en las páginas jurídicas, es parte constitutiva de una necesidad humana y por ello mismo política. Hablamos de un derecho de decir pero también de un decir no solo personal, sino colectivo. Un decir que enciende idearios, modos de ver el mundo, no es mera descripción de un pensamiento, es la posibilidad de hacer el mundo, nombrar lo que se quiere y como se lo quiere. La palabra es por sobre todo performativa y por eso tiene un grado de afectación de largo alcance.

Organizaciones sociales, culturales, políticas, ambientales, agroforestales, económicas, universitarias, mutualistas, sindicalistas, agrupaciones de todo tipo a lo largo de los años, los 27, nunca dejaron de bregar por este derecho. Y lo hicieron creando estrategias de comunicación social en todo el territorio de la República Argentina.

La creación de medios comunitarios y populares, radios, medios gráficos, televisivos, iniciativas analógicas, digitales; propuestas de televisión comunitaria,; cine con vecinos; cine nacional; cine latinoamericano: documentalismo; medios universitarios, medios escolares,  medios de comunicación con identidad que son los que animan y construyen los pueblos originarios; medios de comunicación con perspectiva feminista –no con enfoque de género, feministas!

La creación de programas, propuestas programáticas, producciones de contenidos varios, nacidos por iniciativa de diversidad de colectivos a lo largo y ancho de este país, en vibración directa con otras experiencias de América Latina, han creado el mundo en el que se quiere vivir. Sin recursos; a veces con unos pocos. Con recursos, los que ponían de su propio bolsillo sus hacedores.  De lo que no caben dudas es que sin esa militancia sistemática, sin pausa y con mucha prisa porque jamás llegaba un amparo legal de una vez por todas, nunca se hubiera podido llegar hasta donde estamos.

Nunca olvidemos esto en la historia del derecho a la comunicación en nuestro país. Porque la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, se gestó por las horas interminables de compromiso de personas concretas que se levantaron miles de millones de veces a las seis de la mañana rumbo a la radio en bicicleta. Allí, nació la 26 522. En el trayecto del barrio, en los pasillos de la Facultad, en las peleas de nuestras presencia como Facultad en todos los rincones que hemos podido. Porque luchar por ello, no es una gesta, es la idea que de sociedad justa, libre y soberana hemos tenido y seguimos teniendo.

LSCA, es la expresión de un sueño de construcción política que nace en el abajo para que florezca arriba. Y que nadie se equivoque: sin aquella mano alzada en el Teatro Argentino de la Plata, de nuestra Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que nos dijo vamos todos juntos a fundarla en el parlamento por la mayoría popular, nunca lo hubiéramos logrado.  La construcción del poder que nace en el abajo y llega arriba, se hace con la Comunidad Organizada que abre Foros, para que todo el mundo diga lo que quiere de la ley, se hace con militancia en todas partes, pero se llega cuando hay políticas públicas que la avalan.

El mes de octubre y mas precisamente el día 10 de octubre,  es no solo motivo de celebración, es motivo anual de renovar el compromiso para volver a no dejar de militar para construir un patria democrática que triplique la apuesta ir por la real aplicación de la 26, 522. Cinco años, con medidas cautelares, con políticas tramposas de los medios corporativos, con intelectuales de la comunicación trasnochados que se pasan de críticos para destacar sus individualidades olvidando el sentido colectivo de una lucha sin pausa, con opositores que no han leído la ley, aquí estamos, militantes de la vida, para seguir fundando la democratización de la palabra para democratizar la sociedad.

Arriesga la palabra quien cree en ella para potenciarla con sentido transformador. Puede leerse la ley en todos los pasos de los planes de estudios de nuestra querida Facultad de Periodismo y Comunicación Social.

Ni un paso atrás.

*Docente investigadora de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social y directora de la Tecnicatura en Comunicación Popular

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