Los trabajadores se movilizaron hacia la Plaza de Mayo para reclamar la libertad de Perón
 
Prensa
 

17 de octubre: “El subsuelo de la Patria sublevada"

Jorge Luis Bernetti*

Que suma de hechos, mitos  y teorías componen el 17 de octubre?  El largo recorrido de interpretaciones  sigue alimentado un fuego de 69 años que es también nostalgia de quienes lo vivieron  personalmente y evocación de quienes lo asumieron como bandera de lucha en los ya lejanos años de la Resistencia Peronista.

La respuesta a la pregunta de “quienes hicieron el 17 de octubre”  continúa siendo un torneo de indagaciones históricas y de visiones contrapuestas  acerca de la fecha más potente de la historia del peronismo.

La historización de la fecha fue controvertida  desde sus primeras crónicas que fueron mayoritariamente desfavorables porque los diarios liberal oligárquicos y la interpretación de la prensa de los partidos socialistas y comunistas negaron la jornada.

La gran movilización popular fue desconocida como acción de la clase obrera, probablemente porque los obreros reales no eran conocidos como tales por sus cronistas de entonces.

Lo cierto es que miles de obreros industriales mayoritariamente llegaron hasta la Plaza de Mayo y se movilizaron en diversas ciudades del  interior del país. En Buenos aires, el episodio central lo protagonizaron los obreros del sur y norte de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires, de Lanús, Versalles y La Plata se movieron y cruzaron la frontera física y simbólica del Riachuelo.

Con toda probabilidad, son los obreros de los grandes frigoríficos de Berisso, ya desaparecidos los que movieron el contingente más compactos impulsados por el dirigente Cipriano Reyes, de desgraciada historia posterior en el peronismo.

Ya fue aclarado historiográficamente que la sesión del Comité Central Confederal de la CGT que declaró la huelga general había sido superada por los acontecimientos que ya estaban en la calle y no había registrado pedido alguno por la libertad del coronel Juan Domingo Perón que era la cuestión en  juego en esos días.

Perón desplazado de sus múltiples cargos (vice presidente de la Nación, Secretario de Trabajo y ministro de Guerra) había sido detenido por la Armada   y trasladado a la Escuela de Marinería de la isla Martín García en medio del Río de la Plata.

Mientras los vencedores liberales civiles y militares no conseguían consumar el triunfo que la destitución y apresamiento de Perón les brindaba, éste se apoyaba en Evita y esperaba un futuro de pareja junto a ella en el campo patagónico (como lo destaca la célebre carta de amor que el naciente líder  le envió a su compañera).

No hubo una organización estructurada  del movimiento. Hubo accione superpuestas de gran activismo, como los muchos dirigentes de base que fueron como Reyes; las figuras políticas como Mercante que hicieron de nexo y reunieron impulsos. La presencia de Evita sigue siendo  clandestina porque ya había sido atacada en la calle por esos días y su acción más destacada fue pedir a un abogado gremialista como el futuro canciller peronista Juan Atilio Bramuglia la presentación de un recurso de habeas corpus a lo que el letrado se habría negado ganándose la enemistad eterna de Evita.

Al cruce del Riachuelo se sumó la escena de las “patas en la fuente” cuando los caminantes obreros de kilómetros  refrescaron sus plantas en las fuentes de la Plaza.  En la mañana eran pocos, bastantes a la hora del té pero eran una multitud a la noche en la que un liberado Perón, ya instalado en el hospital militar de Palermo en esa misma jornada sustraído al control de la Armada y en la zona de influencia del Ejército, salió por primera vez al balcón de la Plaza.

Esa noche Perón se proclamó “el primer trabajador argentino”, asumiéndolo como un título de honor después de haber pedido el retiro del Ejército. Como no ocurrió en otras ocasiones, el discurso  del 17 se produjo a las 10 de la noche y Perón estaba enfundado en traje. No dijo “compañeros” sino “trabajadores” como testimonió la escena fílmica que Leonardo Favio rescató casi mágicamente en “Perón, sinfonía de una sentimiento”.

El 17 de octubre no fue “el abrazo del Pueblo y el Ejército”, sino la acción liberadora que apoyó a una fracción de las FFAA, una tendencia del Ejército. El gobierno quedó resguardado con la presencia de Mercante como secretario de Trabajo y se produjo el virtual lanzamiento  de la campaña presidencial que en los comicios del 24 de febrero del año siguiente consagrara al hombre del 17 como presidente constitucional.

Que hubiera pasado si Perón hubiera sido asesinado en esos días?  La nada improbable acción a la luz de las acciones golpistas y terroristas que generó la oposición durante el período 46-55, hubiera cambiado la historia argentina.

Pero Perón vivió y ganó. Se asomó a la Plaza como las montoneras de López y Ramírez del año 1820 lo hicieran atando sus caballos a la Pirámide de Mayo  y como Irigoyen se asomara a un balcón de la Rosada, triunfante y solemne, el 12 de octubre de 1916. Fue instalado allí por los trabajadores de aquella jornada que Scalabrini Ortiz describiera con justicia como “el subsuelo de la Patria sublevada”.

*Profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

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