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Día de la soberanía nacional: “Para no ser comidos como empanadas”

Por Fernando Glenza

La celebración del día de la Soberanía Nacional, en el que se conmemora la Batalla de la Vuelta de Obligado, es una excelente ocasión para reflexionar sobre el concepto de Soberanía como expresión de la emancipación de los pueblos, en vinculación a diversas temáticas que esta noción nos interpela. Entre ellas, la Soberanía Alimentaria.

La Batalla de la Vuelta de Obligado acontecida en 1845 permitió que las potencias imperiales de Francia e Inglaterra se vieran obligadas a aceptar la Soberanía sobre los ríos interiores de la entonces Confederación Argentina. Por lo que podríamos aseverar que la gesta contribuyó a reafirmar nuestra Soberanía Territorial, sustrato de toda Soberanía.

También contribuyó a consolidar nuestra Soberanía Económica, ya que gracias al desarrollo de la navegación a vapor los grandes navíos mercantes de las superpotencias podían remontar en tiempos breves los ríos, pretendiendo imponer el libre comercio y el libre tránsito de sus naves por el estuario del Río de la Plata y todos los ríos interiores.

Asimismo, la batalla contribuyó al afianzamiento de nuestra Soberanía Política, por entonces fragmentada entre unitarios y federales que se volcaron a la causa de la Confederación, obteniendo además el reconocimiento de Chile, Brasil y otros pueblos de Nuestra América.

Hasta podríamos vincular la figura de Antonio Rivero con la idea de Soberanía Popular: el gaucho que lideró un alzamiento en las Islas Malvinas en 1833 ­–seis meses después de la invasión británica a éstas- que habría muerto combatiendo en la Vuelta de Obligado.

Lo que nos lleva a pensar el concepto de Soberanía como un punto de partida para pensar otras soberanías, piezas de una misma Soberanía en el cumplimiento del “deber de hombres libres”, como decía el general José de San Martín.

Tampoco podemos evitar referirnos al famoso fragmento de la carta que escribió desde su exilio en Francia a su amigo Tomás Guido, al momento de conocer los sucesos de la Vuelta de Obligado, en donde señala que “los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca”, y permitirnos hacer una asociación libre con la Soberanía Alimentaria.

Soberanía que viene abordando nuestra facultad desde hace 11 años a través de su participación en la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UNLP (CLSA–UNLP). Espacio de trabajo del que participan formalmente –por resolución de sus consejos directivos- otras cinco facultades: Ciencias Naturales y Museo, Trabajo Social, Ciencias Agrarias y Forestales, Ciencias Exactas, y Humanidades y Ciencias de la Educación.

En los últimos años el concepto de Soberanía Alimentaria fue abriéndose camino ytomando cada vez mayor fuerza, emergiendo en el contexto internacional como una herramienta de los Movimientos Sociales para hacer frente a las políticas impuestas por el modelo neoliberal y la consecuente pérdida de derechos relacionados con la tierra y los territorios, los ríos y mares, y la producción de pequeña escala asociada a la alimentación.

Las propuestas de Soberanía Alimentaria intervienen en la confrontación de dos cosmovisiones sobre el desarrollo, la economía y el tipo de sociedad que queremos. Por un lado, la posición neoliberal, en la cual la alimentación posee el valor de mercancía, con una producción de gran escala, uso intensivo de los bienes comunes naturales, insumos y capital; y por otro, un enfoque de desarrollo sustentable, que requiere un tipo de sociedad basada en derechos colectivos, con reconocimiento de saberes populares, culturas productivas y alimentarias, biodiversidad, equidad y sostenibilidad.

El concepto de Soberanía Alimentaria no invalida la producción ni el comercio, sino más bien fomenta la formulación de políticas y prácticas que sirvan a los pueblos a ejercer su derecho a una producción y a una alimentación inocua, sana y ecológicamente sostenible. En este sentido, la Soberanía Alimentaria es, en buena medida, una frontera que separa dos propuestas de producción, distribución y consumo de alimentos, y de vida en el planeta.

La Soberanía Alimentaria se define, por primera vez, en la II Conferencia Internacional de La Vía Campesina –movimiento que agrupa a millones de campesinos, pequeños y medianos productores, pueblos sin tierra, indígenas, migrantes y trabajadores agrícolas de todo el mundo- realizada en Tlaxcala, México, en abril de 1996, como “el derecho de los pueblos a definir su propia alimentación y agricultura; a proteger y regular la producción y comercialización nacional a fin de lograr objetivos de desarrollo sostenibles; a determinar la medida en que quieran ser autosuficientes; a restringir el ‘dumping’ de productos en sus mercados; y a proporcionarle a las comunidades de campesinos, pueblos indígenas y pescadores artesanales la prioridad en la administración del uso de recursos y los derechos sobre los mismos”.

Por su parte, el nacimiento de la CLSA–UNLPsurge en 2003, como consecuencia de la crisis económica, política y social de los años 2001/2002. Crisis que tomó ribetes catastróficos en una revelación cargada de incertidumbre: en la Argentina “granero del mundo” se sufría hambre.

La incertidumbre que experimentábamos, quebraba un supuesto que nos había acompañado a lo largo de nuestra historia, el de la garantía alimentaria concebida como certeza. Y más que como certeza, como supuesto constitutivo de la Nación misma: la Nación Argentina se había constituido suponiendo una Soberanía Alimentaria.

Lo expuesto hasta aquí, despierta la hipótesis acerca de si la conformación de nuestro Estado-Nación presuponía de manera constituyente una Soberanía Alimentaria, aunque no se la denominara así de manera conceptual, ya que no encontramos antecedentes que problematizaran el hambre, de manera categórica en nuestro territorio, durante el siglo XIX.

Recién a principios del siglo XX, podemos encontrar referencias al hambre vinculadas a la desigual distribución de la riqueza, en donde las terminales portuarias y los depósitos de los estancieros estaban abarrotados de cereales para exportar, a la vez que muchos niños y mujeres mendigaban un plato de comida o revolvían tachos de basura para poder sobrevivir.

Es así que en tres períodos del siglo XX el hambre se manifestó en nuestro país de forma creciente, ubicándose en períodos en donde se aplicó un modelo económico conservador o neoliberal: en la denominada “Década Infame” de los años ’30, durante la dictadura cívico-militar de 1976/1983 y en la década de los ’90, correspondiente a la presidencia de Carlos Saúl Menem, convergiendo en la crisis de los años 2001/2002.

Es en este último escenario que la CLSA–UNLP encuentra en las nociones propuestas por La Vía Campesina un marco referencial para contribuir a dar respuestas a la crisis alimentaria, introduciendo el concepto y las prácticas de Soberanía Alimentaria en la UNLP con participación de los Movimientos Sociales, siendo su objetivo principal consolidar y profundizar las estrategias que apuntan a la construcción de Soberanía Alimentaria en el territorio nacional.

De aquellos momentos a la actualidad, el desarrollo de ideas para la construcción de políticas de Soberanía Alimentaria se convirtió en foco de interés no sólo para organizaciones campesinas, pueblos originarios y pescadores artesanales, sino también para organizaciones no gubernamentales, instituciones estatales y centros académicos. El término de Soberanía Alimentaria se sumó en los discursos de políticos, intelectuales y militantes sociales, así como al lenguaje de simples ciudadanos. Su propuesta ética, económica, política, social, cultural y ecológica, permite abrir la necesaria discusión sobre el modelo de país que queremos.

Los aportes conceptuales de Soberanía Alimentaria han sido reconocidos por los Relatores Especiales de la ONU para el Derecho a la Alimentación –Jean Zeigler y Olivier de Schutter-, el Organismo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y en diversos documentos políticos (como la Ley Marco “Derecho a la Alimentación, Seguridad y Soberanía Alimentaria”, aprobada en la XVIII Asamblea del Parlamento Latinoamericano, año 2012, Panamá). Asimismo, criterios de Soberanía Alimentaria vienen siendo aplicados en reformas constitucionales de países latinoamericanos, como las de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua; así también como en países africanos y asiáticos.

Detrás del desarrollo del concepto yace una red de Movimientos Sociales que han ido construyendo diversas propuestas de implementación a través de distintos encuentros, desde la I Conferencia Mundial de constitución de La Vía Campesina, a principios de los años 90, al Foro de Mali de 2007, en donde la CLSA–UNLPha participado de manera activa.

En el actual contexto, celebramos la iniciativa de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de reformular sus programas de Investigación en vinculación con la Extensión Universitaria, proponiendo en sus líneas de trabajo el abordaje de Comunicación y Soberanía(as), de manera de promover intervenciones en pos de políticas emancipadoras, con la idea de bien común basada en las decisiones de un Pueblo Soberano.

* Coordinador de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria – UNLP por la Facultad de Periodismo y Comunicación Social

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