Ya son 44 los Centros Clandestinos de Detención señalizados en la Provincia, y 96 en todo el país
 
Prensa
 

Emotivo acto de señalización de la Unidad Penitenciaria Nº9

Fue uno de los establecimientos penales que más presos políticos albergó durante la dictadura

“Aquí se cometieron crímenes de Lesa Humanidad durante el terrorismo de Estado”, reza la placa colocada en las rejas que cercan la fachada de la Unidad Penitenciaria Nº 9 de La Plata,  que durante la última dictadura cívico militar funcionó como Centro Clandestino de Detención. La emotiva jornada contó con la presencia de autoridades nacionales, provinciales, organismos de Derechos Humanos y sobrevivientes de ese establecimiento penal que posee una de las mayores cifras de presos políticos detenidos en penitenciarías “legalmente” -término que hace referencia al ‘blanqueo’ de detenidos desaparecidos en Centros Clandestinos de Detención (CCD) a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (P.E.N)- y dejó un saldo de 30 personas asesinadas y desaparecidas entre internos y familiares que los visitaban. Esta cárcel, que formaba parte del Circuito Camps, fue una de las tantas que funcionaron conjuntamente con los centros clandestinos de la provincia.

Delia Avilés de Elizalde Leal era la madre de Alberto “Manzanita” Elizalde Leal, ex detenido de esa unidad y militante del PRT-ERP, y de Sofía y Felipe (ambos desaparecidos junto a su madre por solidarizarse con los presos políticos que estaban en cautiverio con “Manzanita”). Casi 38 años después, en la calle que lleva el nombre de Delia (76 entre 9 y 11) se apostaron entre el público el director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti y ex detenido en esa dependencia, Eduardo Jozami; el destacado Asistente Social Criminológico, sobreviviente de la U.P Nº9 y ex detenido-desaparecido en el CCD “La Cacha”, Juan Miguel Scatolini; el director de la película Condenados (que reconstruye el cautiverio en ese penal de La Plata) y sobreviviente, Carlos Martínez; la Madre de Plaza de Mayo, Alba “Nieca” Martino; el compositor y ex interno Héctor Vilche; el director Nacional de Formación en Derechos Humanos, Matías Moreno; el secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, Guido Carlotto; la coordinadora del Archivo Nacional de la Memoria, Judith Saíd; el abogado integrante de H.I.J.O.S, Ramón Baibiene; entre otros sobrevivientes, familiares, militantes y vecinos platenses.

Antes de descubrir la placa que se mantendrá en el frente de la cárcel donde alguna vez funcionaron los “pabellones de la muerte”, como los denominaron los presos políticos, el compositor Héctor Vilche cantó una versión del poema “Pájaros Rojos”, de Graciela Pernas Martino, quien fuera secuestrada en 1976 a la edad de 20 años y aún permanece desaparecida. Vilche, tenía 18 años cuando fue secuestrado junto a sus padres, y a su corta edad pasó por un calvario repleto de torturas y traslados por distintas penitenciarías de la provincia de Buenos Aires, entre ellas Sierra Chica, Devoto, Unidad Nº9 de La Plata, y Caseros. “Pájaros rojos” también fue interpretado por la actriz Virginia Jauregui, hija del “Puma” Jauregui, ex detenido que falleció de asma luego de ser liberado.

Juan Miguel Scatolini fue uno de los primeros ex detenidos en contar su historia. Fue asistente social criminológico del Servicio Penitenciario Bonaerense, militante de la Juventud Peronista y mantuvo lazos con la tendencia reformista del sistema carcelario argentino impulsada por Roberto Petinatto. Fue perseguido desde 1974 y, finalmente, secuestrado en 1976. Pasó por la Unidad Nº9, por el CCD “La Cacha” y por el Centro Clandestino de Detención que funcionó en la sede platense de Infantería  de la policía Bonaerense en 1 y 60.

Scatolini saludó a los “compañeros sobrevivientes de esta unidad carcelaria terrorífica que fuera en aquellos años”, y señaló que “aún mantiene algún sabor amargo, porque no es posible olvidar que también aquí mueren argentinos excluidos, mueren argentinos que no han tenido posibilidades de tener otro tipo de vida y están aquí, algunos pagando sus culpas y otros sin saber por qué”. En este sentido, indicó que muchos de los internos no tienen condena firme y otros son víctimas de causas armadas.

“El resabio de la dictadura eclesiástico cívico militar ha dejado sus secuelas: de aquellos polvos, estos lodos”, expresó.

El ex detenido manifestó que “no pudimos sacudirnos todavía la rémora de una dictadura militar que dejó sus señales bien marcadas para el resto de las generaciones”, y agregó: “Nosotros ‘en algo andaríamos’; nuestros pibes qué andarán haciendo en los barrios, qué hacen en los barrios; muchos de los pibes que están acá no han tenido ningún otro tipo de posibilidad que la que la sociedad, todos nosotros, les hemos dejado, les hemos ofrecido”.

Entre el público también se encontraba la Directora del Servicio Penitenciario Bonaerense, Florencia Piermarini y el director del establecimiento penitenciario, Ricardo Gómez.

Scatolini actualmente forma parte de la Campaña Nacional contra la Violencia Institucional y del Centro de Estudios Históricos Compañero Dardo Cabo. También, desde hace diez años, el Centro de Estudiantes Universitarios de la Cárcel de Varela lleva su nombre. “Nosotros queremos pelear también para que haya justicia acá adentro; que este Centro no siga siendo uno de torturas; que este centro se transforme de una vez y para siempre en un centro de rehabilitación”, continuó el asistente social criminológico, y añadió: “No es posible que de acá salgan aún peor nuestros pibes, algo nos está pasando a nosotros como sociedad y también a los funcionarios penitenciarios para no hacer lo que la ley los manda a hacer. Como decía alguna poesía: recuperemos a este pobre Cristo que se ha hecho cargo de todas nuestras culpas, recuperémoslo ya, ahora”.

También recordó que en el año 2004 “con un puñado de compañeros” comenzaron una investigación para “ver quiénes eran los penitenciarios que martirizaban aquí; quiénes los penitenciarios médicos que martirizaban, porque no podemos olvidar que acá tenemos 30 desaparecidos y desaparecidas”, y analizó que ese trabajo “fructificó en lo que Carlitos Martínez, con tanta sabiduría, ha puesto en la película Condenados”.

La película de Martínez reconstruye los sucedido en la Unidad Penitenciaria Nº9 de La Plata durante la dictadura militar, y contó con la participación de actuales internos de esa dependencia. Condenados comienza con una escena que recrea el asesinato de Dardo Cabo “una de las figuras más emblemáticas de esta cárcel”, según Scatolini, quien recordó que la misma noche mataron a cuatro jóvenes más en otro centro clandestino: los hermanos Perdighé, Felix Escobar y Segundo Villagra.

“Con ‘La Cacha’ se terminó de cerrar un tramo significativo de esta historia, porque aquí fueron condenados Abel Dupuy (Director del Penal) y otros integrantes de lo que se llamaba La Patota, pero al “Oso” Acuña le dieron solo 7 años”, dijo el integrante de la Campaña Nacional Contra la Violencia Institucional, que se mostró conforme con la condena a reclusión perpetua que Acuña recibió por su participación en el CCD “La Cacha”. Scatolini conocía al violento agente penitenciario desde que trabajaba para el SPB, y también porque fue él quien le aplicó torturas durante horas en el Centro Clandestino de Detención que funcionó en las instalaciones de la antigua antena de Radio Provincia.

Durante el juicio que condenó a Acuña a reclusión perpetua, Scatolini relató que volvió a verlo en la calle y lo increpó: “Me dejaste en las puertas de la muerte, me arruinaste la vida”. El “Oso contestó: “No. Yo no te arruiné la vida. Yo te la salvé”.

El destacado asistente social criminológico recordó a varios de sus compañeros recluidos en la U.P Nº9, como a Juan Deghi, Miguel “Galleguito” Domínguez, Gonzalo Carranza y Guillermo Segalli: “Son compañeros ignotos, poco conocidos, pero para nosotros que los llevamos en el corazón, junto con otros compañeros que hoy están aquí peinando algunas canas o con dificultades para moverse, son motivo para no dejar de pelear por la justicia”.

También homenajeó a Braulio López, integrante del conjunto Los Olimareños. “Él, torturado, hizo por la memoria una canción que es una canción para los tiempos, porque se pregunta: ‘Quién dio la orden, quién dijo: Que se violaran a sus hembras, que se robaran a sus hijos”, concluyó Scatolini con la voz quebrada.

Eduardo Jozami, escritor y periodista, ingresó a la U.P Nº9 en octubre de 1976 luego de ser trasladado desde Devoto. “Siempre que estamos aquí, como en aquel acto memorable a treinta años del golpe en 2006, sentimos esos sentimientos contradictorios: por un lado estamos muy tristes porque uno solo de los compañeros que aquí desaparecieron o fueron asesinados, el recuerdo de uno solo de ellos bastaría para tener ese sentimiento de un dolor que con los años no cesa; pero al mismo tiempo sentimos la alegría de saber que hemos avanzado por el camino de la Memoria, la Verdad y la Justicia”, expresó.

Desde su traslado, Jozami creyó que la cárcel platense sería “difícil, con un régimen duro”, pero el asesinato y desaparición de Dardo Cabo y Roberto Pirles le mostraron que la situación podía empeorar: “Ese día en que se llevaron al “Palo” (Pirles) y a Dardo Cabo, nosotros empezamos a ver este lugar como un campo de concentración, es decir un lugar donde el exterminio no estaba excluido de las posibilidades. Eso generó, por un lado algún temor y algunas vacilaciones, pero por otra parte se reforzó el compromiso militante y además una sensación de solidaridad y amistad entre los compañeros que explica cómo después de casi 38 años nos seguimos acordando de los compañeros de pabellón y los recordamos como amigos”, recordó, y agregó: “Los militantes que habíamos caído presos asumimos un compromiso donde perder la vida era una de las posibilidades, pero al ser presos legales en este lugar, imaginábamos poder salir en libertad algún día y volver a militar”.

“Ese es también un sentimiento contradictorio: este es un recuerdo horrible porque este es un lugar horrible, pero al mismo tiempo, es en las situaciones más horribles en las que los seres humanos sacan de sí lo mejor que tienen dentro”, dijo el director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti que, en la misma línea que Scatolini, analizó la situación carcelaria. En este sentido, afirmó: “Para nosotros, el compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia y el compromiso político con este proceso que ha transformado en buena medida a la sociedad argentina desde el año 2003, es un proceso que no se puede detener en la puerta de las cárceles; es un proceso que no se puede detener en la puerta de las comisarías”, y añadió: “Nosotros queremos un país que honre a quienes murieron por luchar por una sociedad más justa y por la vigencia de los Derechos Humanos, por lo tanto queremos un país donde se afirme plenamente la vigencia de los Derechos Humanos”.

“Los compañeros que estuvimos presos aquí y los que murieron, peleábamos en contra de esas cosas, y hoy que estamos contentos, orgullosos, comprometidos con este proceso político que permitió terminar con impunidad también seguimos peleando por la afirmación integral de los Derechos Humanos y porque reine la justicia y la solidaridad”, concluyó Jozami.

El director de la película Condenados, Carlos Martínez consideró que “con cada compañero que me encuentro seguimos compartiendo aquellos valores y principios que nos movilizaron en la lucha en los años violentos, y son valores que están vigentes”, y recordó: “Juan Deghi salió de este penal caminando, y se lo llevaron después.  No apareció nunca más. Tampoco podemos olvidar que Jorge Julio López estuvo detenido acá y en 2006 se lo volvieron a llevar”.

Por su parte, el director Nacional de Formación e Derechos Humanos, Matías Moreno, destacó que al mismo tiempo en que se desarrolló la señalización de la Unidad Penitenciaria Nº9, la justicia condenaba a un represor por la causa de Campo de Mayo, lo que significó que “desde 2003, gracias y a partir de una decisión política y gracias a la lucha de los organismos de Derechos Humanos, ya son 560 los genocidas encarcelados”. Además, señaló que La Plata fue una de las ciudades más perjudicadas por la dictadura cívico militar, pero que “también es la ciudad que vio nacer a Estela, a Hebe, a Chicha y la compañera conductora que nos representa, Cristina Fernández de Kirchner”.

Los actos de señalización son organizados por la Secretaría de Políticas Reparatorias de la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia conjuntamente con la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. En todo el territorio provincial ya son 44 los Centros Clandestinos de Detención señalizados, y 96 en todo el país.

Cuando la tela se desprendió de la placa, las voces de los militantes se incrementaron una por una y, al grito de “¡Presentes!”, recordaron a Dardo Cabo, Roberto Pirles, Angel Georgiadis, Horacio Rapaport, Gonzalo Carranza, Guillermo Segalli, Juan Pettigiani, Miguel Domínguez, Rafael La Sala, Alberto Pinto, Marcos Ibañez, Juan Deghi, Juan Barrientos, Ramona Esther Gastiazoro de Brontes, Olga Lutiral, Nora Suárez, Omar Suárez, Delia Avilés de Elizalde Leal, Sofía Elizalde, Felipe Elizalde, Cristina Constantini, Matilde Vara, Sofía Ester Galansky, Pedro Alcides García, María Luz Martínez, Alberto Braicovich, Santiago Villanueva, Diana Conde, María Angela Elena Gassman y Eva Esther Núñez.

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