La muerte del fiscal Nisman
 
Prensa
 

La muerte del fiscal Nisman

Por Angel Tello*

La triste noticia de la muerte del fiscal Alberto Nisman causa un profundo dolor a cualquier argentino de bien. Esto ocurre el día que debía presentarse ante el Congreso Nacional donde iba a precisar las acusaciones de encubrimiento que realizó sobre funcionarios del gobierno nacional y otras personas.

Esta desaparición constituye un retroceso para la investigación sobre el atentado a la AMIA, que en su momento significó la desaparición de 85 ciudadanos argentinos. Por sobre todas las cosas, es un golpe a la verdad, a la paz y a la justicia.

Cualquiera sea la circunstancia de la muerte del fiscal, constituye un hecho de suma gravedad institucional, debido a la causa que investigaba y a las imputaciones que había realizado de manera pública la semana pasada. El gobierno y la justicia deben dar respuestas contundentes sobre esto. Lo más importante en un país de derecho es encontrar la verdad y la justicia. La orden impartida por el Poder Ejecutivo acerca de la desclasificación de los documentos hasta ahora secretos de la causa, como la apertura de la feria judicial deben contribuir al aporte de los elementos fundamentales para esclarecer este abominable episodio y para continuar la investigación acerca de los responsables del atentado de 1994. Ello exige un tratamiento profesional, imparcial y objetivo de las verdaderas razones de su muerte.

Los servicios de inteligencia de un país no están para servir los favores del gobierno de turno o para perseguir a los ciudadanos, sino para ponerse a disposición del Estado más allá del partido que circunstancialmente gobierne, proveyendo al decisor en tiempo y forma las informaciones y análisis útiles para que éste adopte las medidas que correspondan a fin de protegernos a todos más allá de las simpatías políticas y salvaguardar los intereses de la Nación.

Dos atentados mayores sufrió la Argentina en la década de los noventa: contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994. Ambos episodios aún están sin esclarecer. La investigación y esclarecimiento permitirá determinar los grados de culpabilidad de los agentes internos que han colaborado con los terroristas y la eventual dependencia de éstos en relación a potencias extranjeras.

En su momento –para el caso AMIA- se señaló la participación de Irán como mentor intelectual y apoyo logístico de este atentado. Previamente, funcionarios del gobierno del Dr. Menem hablaban de la “pista siria”, por existir en ese entonces una división del grupo Hezbollah en Líbano entre una rama pro siria y otra pro iraní. Nunca se esclareció debidamente la pertinencia de esta “pista” y en muchas ocasiones se indicó que en las razones de fondo de este aborrecible atentado podían hallarse promesas no cumplidas en materia de ventas de armas formuladas durante la campaña presidencial del Dr. Carlos Menem.

Merece una consideración particular el nuevo escenario que actualmente se está desarrollando en el Cercano Oriente signado esencialmente por la confrontación entre las ramas chiita y sunita del Islam, ambas con el objetivo de ejercer su hegemonía sobre el mundo musulmán. Sorprendió hace algunos días la condena del líder de Hezbollah, el jeque Nasrallá, a los atentados de París, cuando las potencias occidentales caracterizan como terrorista a este grupo de obediencia chiita y aliado de Irán como también del presidente Assad de Siria. Ocurre que el crecimiento de Estado Islámico, sunita y financiado por Arabia Saudita y las petro monarquías del Golfo Pérsico, introduce un elemento de desestabilización en una región altamente sensible para los países industrializados. Todo ello debe ser pesado apropiada y responsablemente a la hora de establecer culpabilidades en el atentado que sufrimos todos los argentinos el 18 de julio de 1994. No cabe duda que estamos ante una nueva configuración geopolítica en el Cercano Oriente, en la cual los Estados Unidos y las potencias occidentales necesitan contar con nuevos aliados regionales que les permitan combatir con eficacia y erradicar a este flagelo terrorista hoy representado por el.

Por último, la desaparición de un misil antitanque de una unidad del Ejército Argentino en Arana, cuestiona la capacidad del Estado para proteger los bienes que la Nación le confía a sus Fuerzas Armadas. A ello se suman los servicios de inteligencia que, más allá de la ley que regula sus actividades, están exhibiendo niveles de autonomía contrarios a los valores republicanos y democráticos que dicen defender. Por todo ello debe esclarecerse de manera inmediata la muerte del fiscal Alberto Nisman y continuar sin descanso su investigación del caso AMIA, sin concesiones ni favoritismos, por la salud del país y de todos los argentinos. No deseamos regresar a los violentos enfrentamientos de los años setenta del siglo pasado que lo único que han dejado son rencores, miles de muertos y desaparecidos y un retroceso general de nuestra querida Nación.

 

*Docente e investigador de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

 

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