Un fiscal colgado del pincel
 
Prensa
 

Un fiscal colgado del pincel

Por Jorge Elbaum*
Las muertes y los suicidios relacionados con la política o la justicia siempre  tienen un halo de conspiración. Lo traumático de la muerte pone el foco en las bambalinas del poder, en los enfrentamientos y en los intereses en disputa. Lo que ya pasará a llamarse “el caso Nissman” remite, históricamente, al cruce entre poder y –probablemente-- psicología: un fiscal que cruza la raya de su cometido judicial e ingresa en los territorios farragosos y turbios de los llamados “servicios de inteligencia” tantos nacionales como extranjeros. Una oposición que exhibe obscenamente el cadáver como maniquí de sus limitaciones y una “familia judicial” que ya empieza a trasmutar en “famiglia”.  La muerte del fiscal deja un escozor trágico y sorpresivo. Los retazos deshilachados de lo que se llama la “oposición” se miran con complicidad mezquina y se preguntan, entre murmullos, cómo pueden sacarle el máximo rédito al cadáver todavía tibio. 
 
Sin embargo, en vez de apuntarle a lo obvio se internan en culpas, medias palabras y chapucerías de panel televisivo: Nissman se suicidó porque lo dejaron colgado del pincel. Porque le prometieron “escuchas” que no existían y/o falsas evidencias que terminaron siendo humo. Alguien (o varios sujetos complotados de diversos servicios, locales y extranjeros) lo utilizaron durante los últimos años, generando una dependencia “informativa” que tenía que poner sobre la mesa, frente a los diputados, la tarde que se suicidó. 
 
Algunos jugadores del tablero internacional fueron cambiando sus prioridades de acuerdo a la conformación de los enemigos de turno: Alberto Nissman terminó siendo cooptado por la CIA y el Mossad durante el conflicto por las plantas nucleares construidas por Teherán, alrededor de los años 2009 y 2010. En una deriva que los familiares de la muertos de la AMIA percibieron como obvia, el fiscal fue aislándose de quienes eran sus defensores más acérrimos  y se asoció con la derecha israelí representada por Beraja, la DAIA y la AMIA y con un nexo permanente con “La Emajada” llamado Alfredo Neuburger, retratado explícitamente en los wikiligs. 
 
En ese entonces el enemigo a ser “limado” era Ahmanidejad, presidente Persa, que se negaba a orientar la energía nuclear a fines pacíficos.  Una acusación contra los iraníes por la masacre de la AMIA  –y al mismo tiempo la negativa a profundizar la “pista Siria”—hubiesen o no evidencias servía en ese entonces para presionar a Teherán.  Nissman se introdujo en el juego escabroso del ajedrez internacional con una ingenuidad y ambivalencia constitutiva: creyendo ilusamente que escalaba en la jerarquía jurídica de la guerra contra el terrorismo, pero dependiendo de “informes” que siempre le “prometían” y no siempre llegaban a sus manos. Cuando la Presidenta descabezó la SI el escenario internacional ya había cambiado por completo: Irán ya no funge como el enemigo terrorista sino que ha devenido en un aliado de Estados Unidos, en su guerra contra el califato fundamentalista sunnita del ISIS.  El fiscal empieza a quedarse solo, en una tarea  que ya no postula  socios extranjeros. Por su parte, los informantes locales no tienen todo lo que han prometido y suelen habitualmente, frente a ocasiones del estilo, con un gesto adusto, recomendarte el arma más eficaz para que termines con tu vida.
 
*Sociólogo y ex Director General de la DAIA

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