Golpes Blandos. Consecuencias duras
 
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Golpes Blandos. Consecuencias duras

Por Carlos Ciappina*

“no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”.Rodolfo Walsh- 1969.

Asistimos desde hace varios años en nuestro continente a una nueva modalidad del golpismo. Entiéndase por golpismo lo que en nuestros sufridos países hemos aprendido a costa de lucha y dolor: expulsar a gobiernos impecablemente elegidos por la vía democrática y que , por la misma vía, proponen la construcción de sociedades más abiertas, inclusivas y solidarias. Hay un viejo golpismo y la lista es , por desgracia, extensa. Brutales dictaduras desalojaron a gobiernos como los de Jacobo Arbenz en Guatemala (1954), J.D. Perón en Argentina (1955), Salvador Allende en Chile (1973), Joao Goulart en Brasil (1964) , Isabel Perón en Argentina (1976), Lidia Gueiler en Bolivia (1980) y la larga lista continúa. Esas Dictaduras, con su carga represiva y genocida se mostraron implacables para con los pueblos pero sumisas y complacientes para con el gran capital nacional y transnacional y las potencias hegemónicas. Sus resultados: violaciones sistemáticas a los derechos humanos, corrupción generalizada, destrucción económica y cesión de la soberanía nacional a manos del capital transnacional y los organismo de crédito internacional.   

Hoy, esos Golpes brutales, con Juntas ( la palabra “Junta” y “Desaparecido” tiene triste uso global) impresentables en la pantalla de TV y lenguaje castrense,  parecen haber “pasado de moda”: los militares latinoamericanos a fuer de tanta barbarie han perdido prestigio y respaldo; aún de los sectores tradicionales, que inclusive  ya no proponen a sus hijos para que formen parte de las FFAA y los prefieren en las gerencias y directorios de organismos y empresas transnacionales , tarea menos riesgosa y mucho más lucrativa.

La intervención “directa” de los militares como punta de lanza política no es , al menos hoy, una opción viable.

¿El golpismo pues ha terminado? De ninguna manera. Si algo caracteriza a las derechas latinoamericanas es su vocación de dar la lucha política con todos los medios disponibles (legales e ilegales, usualmente ilegales) para recuperar el control hegemónico (económico, político-social y cultural).

Esa búsqueda de recuperar su hegemonía las lleva a colisionar permanentemente con los gobiernos democráticos de raíz popular y de programa nacional e inclusivo.

Así , la derecha ha inaugurado una modalidad que alguien a definido  como Golpes  Blandos. Nos apresuramos a señalar que el término es equívoco y lo aceptamos si hace referencia a la modalidad poco castrense de los golpes, aunque es limitado si nos atenemos a las consecuencias de estos golpes blandos en el caso de ser exitosos.

Con menos charreteras y con civiles a cargo,  el resultado será el mismo: retornar a los modelos societales excluyentes, con alto endeudamiento, pérdida de soberanía económica y política, desestructuracón de los avances sociales e individuales y empobrecimiento generalizado.

Hoy, luego de las experiencias de Venezuela (2002), Honduras (2007, golpe exitoso), Bolivia (2008), Argentina (2008), Ecuador (2010); Paraguay (2012, golpe exitoso) podemos esbozar las características de esta nueva modalidad:

a.      Transformar la agenda de una minoría en las necesidades de la mayoría: poner en agenda mediática casos particulares o situaciones puntuales para cuestionar la totalidad de las políticas nacional-populares.

b.      Como la agenda de la derecha es inconfesable (ajuste, desempleo, mayor dependencia del exterior, inequidad y “libre mercado”) la agenda mediática potencia al máximo reclamos puntuales, buscando crispar los reclamos y alcanzar algún tipo de movilización callejera. En un juego doble, los medios hegemónicos potencian y amplifican las situaciones puntuales (no importa aquí la verdad, esa despreciada por las corporaciones mediáticas) y ocultan y “desaparecen” toda política pública de carácter popular.  

c.      El objetivo es desgastar a la mayoría legal y legítima que gobierna; para que acorralada políticamente y mediáticamente , y presionada a través de mecanismos semi-legales caiga o renuncie (p. ej. Lugo en Paraguay o Zelaya en Honduras).         

d.      La estrategia golpista de la derecha tiene en el poder económico , los partidos conservadores minoritarios y los medios monopólicos sus apoyos y garantes.

e.      Los medios son todos válidos: En Venezuela (2002) fueron las grandes corporaciones (Fedecámaras) y los medios de comunicación; en Honduras (2009) la Corte Suprema de Justicia , los partidos opositores en el Congreso y las corporaciones mediáticas ; en Argentina (2008) las corporaciones terratenientes y el monopolio comunicacional privado; en Ecuador (2010) los reclamos policiales y las familias dueñas de los medios de comunicación; en Paraguay (2012) ambas  Cámaras del Congreso, la Corte Suprema  y los medios de comunicación.    

f.       Como puede observarse , en esta nueva modalidad golpista, las razones , modalidades y estrategias pueden variar de país a país; pero hay un dato que permanece : EL DISPOSITIVO MEDIATICO ES LA CONSTANTE Y FUNCIONA CON LA VIRULENCIA CON QUE ANTES OPERABAN LAS FUERZAS ARMADAS.

Si estas operaciones triunfan , el resultado será  , al igual que en la época de los golpes militares , una nueva Dictadura.

 Esto es central para entender la naturaleza de lo que está en juego en América Latina: Cualquier  resultado de estos golpes de “nueva escuela” redundará en una Dictadura: cada vez que gobierna una minoría impuesta por fuera de la elección popular, asistimos a una dictadura. No hay formas “legales” si los que gobiernan no son los que el pueblo eligió para que gobiernen. 

Si la política queda reducida a satisfacer los deseos y la agenda de las corporaciones económicas y mediáticas, que prescinden del voto popular y contra los deseos de la mayoría expresados en las urnas; es que se impone una dictadura.

Si moviliza la minoría de una minoría (digamos, por ejemplo el 0,50% de la población de un país) con toda la cobertura mediática nacional y del exterior y esa minoría se impone a los mecanismos democráticos , estamos en presencia de una dictadura.

Puede que los métodos hayan cambiado, los modos de la derecha parecen menos brutales y quizás  hayan ganado en sutileza, pero su objetivo de máxima sigue siendo el mismo: que una minoría concentre el poder y disponga de él en detrimento de las mayorías. Que unos pocos disfruten de todos los bienes materiales y simbólicos aún si esto significa hacerlo en un mar de pobreza , inequidad y desesperación.

Hoy , en nuestro país está en marcha un golpe institucional. Todas las características de un golpe de Estado de nueva modalidad están presentes. Basta con ver quienes nos convocan a marchar por una República que han vulnerado y pisoteado durante toda nuestra historia: las grandes corporaciones económicas nacionales y transnacionales, los fondos buitres, los sectores reaccionarios del poder judicial, los partidos opositores de raigambre conservadora ; todos articulados , vinculados y ampliados por la corporación mediática nacional e internacional son de la partida. Nada más lejano a la  búsqueda de justicia.

Para que haya justicia debe haber más democracia y no menos.     

*Historiador y profesor de la Facultad de periodismo y Comunicación Social de la UNLP

 

 

 

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